Géneros y Sexualidades

RESEÑA

Amores homosexuales en el siglo XIX

Graham Robb es autor del libro “Extraños. Amores homosexuales en el siglo XIX”. Recibido en Oxford en lenguas modernas, Robb reconstruye una historia de la homosexualidad en el siglo XIX.

Domingo 26 de junio de 2016 | 20:13

“Los homosexuales deben ser colgados, azotados, castrados y enviados a su país”. La frase podría pensar uno, sale de un oscuro archivo de la Inquisición española del siglo XII. O de un manual de moral victoriana de fines del XIX. Sin embargo es cercana a nuestro tiempo: en la avanzada Gran Bretaña, en 1986.

Uno de los méritos de “Extraños” en parte es desandar aquella imagen contrastante entre un siglo XIX oscuro, escenario de una ominosa persecución y un siglo XX que lucía por su tolerancia y la apertura sexual. En el mismo camino impugna la idea de que la homosexualidad y su figura no fueron construidas sino hacia 1870 por un conjunto de circunstancias: el desarrollo capitalista y los discursos de las ciencias modernas, como la medicina y la teoría judicial. Desde esta óptica no existiría experiencia homosexual antes de que fuera formulada discursivamente.

Es así que en la búsqueda de “un punto de vista más alegre del pasado” Robb sostiene que la experiencia homosexual del siglo XIX fue más variada y extensa de lo que se cree. Para ello se vale de un cuerpo de fuentes profundamente analizadas: autobiografías, novelas, diarios personales, informes médicos, étc. Reconstruye de esta manera un abanico de situaciones que van desde el secreto o la mirada criminalizadora hasta momentos de relativa libertad y exposición que ilumina un aspecto poco rescatado por el relato homosexual del siglo XX.

Las sombras de la opresión

El Código Penal de la Revolución Francesa de 1791 despenalizó las relaciones sexuales entre varones al no hacer referencias a ella. Antes de terminar el siglo XIX los actos homosexuales dejaron de estar prohibidos en Bélgica, Italia, Luxemburgo, Mónaco, Portugal, Rumania y España. En los Estados Unidos las condenas fueron raras hasta la década del ochenta del mismo siglo.

La legislación antihomosexual en Francia se reintroduce en 1942 con el régimen de Petain y en la década del sesenta las penas por indecencia homosexual aumentaron de seis meses a tres años de cárcel. Lo mismo para Alemania, cuya legislación nazi de 1935, donde un simple beso o apretón con la mano podía mandar un hombre a la cárcel, sobrevivió a la Guerra Mundial y los pocos homosexuales sobrevivientes de los campo de concentración fueron enviados a cárceles.

Y donde más claro caló este tipo de legislación persecutoria fue en Gran Bretaña, donde hacia mediados de siglo se dieron una de las décadas donde más juicios por sodomía se concretaron.

A través de un minucioso análisis del cuerpo de leyes o de los discursos médicos Robb prueba la manera en que el siglo XX es testigo de un recrudecer en las prácticas contra la homosexualidad. De hecho señala que los intentos de “curarla” fueron raros antes de los ochentas del siglo XIX. Imputar todo el peso de la represión a estos años no es más que prolongar la sombra la legislación más abiertamente antihomosexual del siglo XX.

Un mapa de la homosexualidad en el siglo XIX

Si en la primera parte del libro el autor se ocupa de las sombras de la opresión, su segunda parte describirá la sociabilidad homosexual y los primeros movimientos de solidaridad y organización homosocial en palabras de Graham.

Dedicado a reconstruir la manera en que hombres y mujeres homosexuales se descubrieron a sí mismos e hicieron contacto con personas parecidas, Robb reconstruye el mapa de la sociabilidad homosexual en la Europa y los Estados Unidos del siglo XIX. En este mundo “descifrar los mensajes codificados no era simplemente una inconveniencia, podía ser un arte placentero por derecho propio”. La jerga no verbal era tan o más importante que las palabras. Los corbatines rojos en Estados Unidos, Brasil, Rusia e Italia, las cintas de terciopelos y botas rojas de los homosexuales de San Petersburgo, la mano sobre la cadera en Holanda; todas ellas manifestaciones que a plena luz del día construían códigos a partir de los cuales identificar a propios y ajenos.

La urbanización también traía aparejada la aparición de comunidades gays y lesbianas. Organizados en clubs o círculos se reforzaba así un sentido de identidad social. Detrás de eufemismos como el “Club degli Ignoranti” de Roma o la “Réunion Philanthropique” de Bruselas, se escondían en realidad espacios de sociabilización homosexual. De los cafés del Souris y Le Rat Mort en Montmarte, los lugares de encuentro de lesbianas a la calle Unter den Linden en Berlín, los muelles de Barcelona o la isla de Capri, la meca homosexual europea, se desarrollaba una intensa vida homosexual.

Si bien Robb señala la imprudencia de prolongar hacia el pasado la historia del movimiento de los derechos homosexuales, también encontramos en el siglo XIX algunos hitos o primeras agitaciones de resistencia gay. En la Francia de 1848, en la cárcel de Riom, los presos se amotinaron cuando un joven homosexual fue separado de su pareja. Cuando las autoridades decidieron limpiar los Campos de Elíseos hubo enfrentamientos entre la policía y los homosexuales.

Hacia finales del XIX aparece el Comité Científico y Humanitario del doctor berlinés Magnus Hirschfeld. A diez años de su fundación contaba con 500 miembros y corresponsales en toda Europa. El comité trató de organizar el derecho de los visitantes a los homosexuales encarcelados y brindó protección legal a las lesbianas contra sus maridos violentos. También expidió certificados médicos a los miembros que vestían según el otro sexo obtener permisos de travestismo de la policía. Hasta intentó organizar la autodenuncia de 1000 homosexuales a la policía como mecanismo de protesta.

El discurso de la homosexual del siglo XX opacó la riqueza de la vida homosexual del siglo XIX. Robb recrea la creatividad y el ingenio a la hora de afrontar las adversidades de estos “extraños” para construir sus propias relaciones acordes a sus deseos.

La homosexualidad en la sociedad.

La percepción de la homosexualidad era más común de lo que se cree. La literatura fue unos de esos terrenos donde se manifestó. Uno de los puntos mejor demostrados es el trasvasamiento de los discursos literarios y los discursos médicos sobre la homosexualidad. El discurso médico no hace más que repetir prejuicios sobre la homosexualidad en la literatura. Pero existe otra manera en que la literatura expresa la experiencia homosexual. A través del análisis de la alegoría Robb demuestra la manera en que se podía crear un mundo separado en los cuales las referencias hacia la homosexualidad eludieran los controles morales y brindasen una visión menos opaca sobre los gays y las lesbianas.

Robb analiza casi una centena de escritos literarios, personajes y noveles. Desde cuentos infantiles hasta los de detectives de Arthur Doran Gray, existe toda una posible lectura de clásicos de la literatura en clave gay. Ni los relatos del “Patito Feo” de Hans Christian Andersen escapan de ellos, Robb se encarga de recordar que el famoso patito feo al principio es confundido de género y es obligado a poner huevos.

“Extraños” es una sugerente invitación a rescatar uno de los períodos más creativos de la historia homosexual como también derribar algunas aquellas visiones más concesivas sobre el propio presente. La historia de la homosexualidad del siglo XIX, leída en profundidad, revela una historia en muchos aspectos precursora de la cultura homosexual contemporánea.

1.- En un corto pasaje de Historia de la Sexualidad, Foucault sostiene que la homosexualidad es un invento reciente del discurso. Esta idea generó una influencia duradera. Robb señala este enfoque sugiere, por lo tanto, que la homosexualidad no existió hasta que inventó la palabra y subsidiariamente popularizó, según el autor, de que los homosexuales carecían de una herencia real antes de los setenta del siglo XIX.






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