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Biden lidera la batalla por reabrir las escuelas, pero los docentes se defienden

Hay una verdadera unidad bipartidista en torno a la agenda de reapertura de escuelas gracias a la alianza entre Joe Biden y los sindicatos.

Viernes 12 de febrero | 21:09

El día de Navidad, el maestro Patrick Key de la escuela primaria de Georgia, murió de complicaciones a causa del coronavirus. Unos días después, el distrito confirmó la muerte de otros dos educadores: Dana Johnson, una maestra de escuela primera y Cynthia Lindsey, auxiliar docente. Tres maestros murieron en menos de un mes.

Este es el precio de reabrir las escuelas.

A través del país, todavía hay muchas regiones con altas tasas constantes de infección y muertes. Incluso con las escuelas cerradas, una de cada tres personas en Los Ángeles contrajo coronavirus. Y ahora, hay un ataque total contra los sindicatos docentes para forzar planes inseguros y hacer que ellos y los estudiantes vuelvan a las aulas. Viene desde arriba, con la administración de Biden poniendo la reapertura de escuelas al comienzo de todo en su lista de prioridadespara los primeros 100 días. Los gobernadores locales, cortes, y la prensa siguieron su ejemplo tratando de demonizar a los maestros que están protestando para proteger su propia seguridad, la de sus estudiantes y la de las comunidades. Esto es lo que la unidad bipartidista de Biden prometió desde el día de las elecciones: la unidad de los funcionarios demócratas y republicanos, Forbes, el Wall Street Journal y el New York Times. Esta semana, mientras los docentes alrededor de todo el país peleaban por protegerse de los planes de reapertura inseguros, Joe Biden dijo que las escuelas cerradas constituían una “emergencia nacional”. El mensaje es claro para los funcionarios locales y para el público general: no importa si es inseguro; es hora de reabrir.

Más allá de los políticos y los medios de comunicación, el consenso en torno a las reaperturas se extiende a los llamados campeones de la clase trabajadora, incluido el liderazgo de los sindicatos de docentes que han dado la espalda a los maestros de base y las comunidades que sufren los efectos de la pandemia. De hecho, mientras los docentes de Chicago y Filadelfia arriesgan sus vidas para permanecer alejados hasta que las escuelas sean seguras, el New York Times salió con un artículo en su primera página sobre los esfuerzos del presidente de la Federación Estadounidense de Maestros (AFT), Randi Weingarten, para obligar a los maestros y estudiantes a regresar al aula. La preocupación por los estudiantes es solo una fachada para ganarse el apoyo debido a estos ataques en contra de los educadores. La reapertura de escuelas son un eje para que toda la economía vuelva a funcionar en aras de las ganancias capitalistas.

Pero contra viento y marea, los maestros están dando una gran pelea.

Si bien el aprendizaje a distancia es difícil, la solución no es la reapertura prematura y peligrosa de las escuelas. Tampoco es la solución hacer volver a los estudiantes a edificios superpoblados y mal ventilados sin pruebas sistemáticas y masivas de coronavirus. La responsabilidad de controlar la pandemia está directamente en manos del gobierno. No debería depender de los políticos capitalistas que ya tienen la vacuna decidir cuando está bien que los maestros regresen al aula. Los maestros, estudiantes y miembros de la comunidad deben discutir y decidir por sí mismos cuando es seguro reabrir.

La pelea por la reapertura de las escuelas

Los Estados Unidos fallaron espectacularmente en su esfuerzo de respuesta al coronavirus. Esta falla se llevó cerca de unas 500.000 muertes, desproporcionadamente devastadoras para las comunidades negras y morenas. Y estas muertes son el efecto directo de la negativa del Estado en todos los niveles de tomar medidas apropiadas para proteger a la clase trabajadora, incluyendo el cierre del trabajo no esencial y el pago de las personas para que puedan quedarse en sus casas. Tempranamente en la pandemia, la clase capitalista empujó la reapertura de los negocios y mantuvo la economía abierta a toda costa; forzaron a los trabajadores no esenciales a trabajar sin las medidas de seguridad adecuadas, mientras que al mismo tiempo culpaban a las reuniones individuales por la propagación exponencial del virus. Y a pesar de que hubo pausas en el virus, el Estado se negó a utilizar los recursos del país más rico del mundo para producir la cantidad necesaria de pruebas e invertir en suficientes esfuerzos de rastreo que eran necesarios para mantener el virus bajo control. Y aunque ahora hay al menos dos vacunas disponibles en los Estados Unidos, las patentes privadas impiden que se produzcan y distribuyan a gran escala.

Desde el comienzo de la pandemia, la batalla por las escuelas estuvo debajo del foco, dado el rol vital que cumplen los educadores en la economía capitalista y en la vida de las familias. Después de todo, no sólo las escuelas educan a la siguiente generación de trabajadores, si no que también proveen cuidado esencial de niños para la clase trabajadora. Tal como el titular del Bloomber News declaró: “Escuelas cerradas significan economía cerrada”. El Brookings Institution mostró que tan solo un mes de escuelas cerradas en todos los Estados Unidos, le cuestan a la economía más de $50 billones en pérdidas de producción, o un 0,2% del PBI. Es por eso que tempranamente, la clase capitalista se alineó detrás de los intentos de Trump para forzar maestros y estudiantes de vuelta a las aulas - si los padres tienen que quedarse en sus casas para cuidar a sus hijos, entonces ellos tampoco pueden ir a trabajar y hacer dinero para los capitalistas- .

En la primera ola del virus, los docentes de algunas ciudades efectivamente pelearon contra el empuje a la reapertura. Los docentes de Los Ángeles y los de Chicago, fueron a paro en 2019 y están entre los más notables. El Sindicato Nacional de Docentes habló en contra de la reapertura insegura desafiando a Donald Trump y los políticos locales.

Siendo una de las fuerzas trabajadoras sindicalizadas más grandes del país, los maestros están entre los pocos sectores de trabajadores que pudieron levantarse contra los jefes que intentan forzarlos a volver al trabajo en condiciones inseguras. A diferencia de muchos trabajadores en la industria del restaurante, por ejemplo, que también están enfrentando condiciones insalubres similares, los maestros son capaces de usar su derecho a la organización para proteger sus intereses. Sus acciones de protesta hacia los esfuerzos capitalistas de sacrificar su vida en pos de sus ganancias, es parte de una larga historia que posiciona a los maestros de lleno en el medio de la militancia laboral, especialmente en los últimos años. En Chicago y en Los Ángeles, los mismos maestros que están protestando por las reaperturas son los que fueron a paro en los últimos años, siguiendo el ejemplo de los docentes en Virginia del Este, Oklahoma y Arizona.

Familias y estudiantes fueron puestos en una posición imposible como resultado de la desastrosa inacción alrededor de la pandemia, forzados a ir al trabajo y manejar como pudieran el aprendizaje a distancia de sus hijos. Esto es exponencialmente más difícil por el hecho de que el 14% de los chicos en los Estados Unidos no tienen acceso a internet en su casa en Abril de 2020. Mientras los hijos de familias pudientes están en condiciones de contratar tutores privados, los hijos de la clase trabajadora tienen que hacerse valer por sí mismos o quedarse atrás. Los políticos están intentando atribuir este “año perdido” de educación a los sindicatos “codiciosos” y enfrentar a las familias con los docentes, pero la verdadera causa de este horrible escenario es un gobierno que durante casi un año se ha negado a responder adecuadamente a la pandemia debido al precio que tendría sobre las ganancias capitalistas.

Además, es falso decir que todos los padres quieren la reapertura de las escuelas para mandar a sus hijos de vuelta. Esta falsa afirmación hecha por muchos de que son los niños y las familias negras y latinas las que quieren abrir, simplemente no es cierta. A pesar del esfuerzo propagandístico en masa pensado para convencer al público de reabrir las escuelas, una reciente encuesta de coronavirus de Axios/Ipsos mostró que el 55% de los padres negros y 40% de los padres latinos reportaron que estaban extremadamente o muy preocupados sobre las reperturas de las escuelas en sus comunidades tan rapidamente. En Chicago, solo el 19% de todos los estudiantes regresaron al aula durante las tres semanas que las escuelas abrieron el año pasado, y más de dos tercios de las familias negras y latinas quieren permanecer alejadas.

Sin embargo, los políticos están empujando a las escuelas a su reapertura antes de que sea seguro hacerlo. Esto significa una variedad de cosas, dependiendo de la ciudad: puede significar una reapertura antes de que las tasas de infección por coronavirus hayan estado constantemente debajo de cierto umbral, antes de que una adecuada ventilación haya sido garantizada en las escuelas, o antes de que la facultad, el personal y un número significativo de miembros de la comunidad hayan sido vacunados.

Primero fue Trump, quien presionó al departamento estatal de educación a reabrir y se rehusó a dar pautas federales sobre planes de reapertura; los docentes lucharon heroicamente para rechazar esos esfuerzos. En la actualidad, dos tercios de las escuelas están al menos parcialmente remotas. Pero ahora la urgente demanda de volver a las aulas viene de Biden y todo el Partido Demócrata, los mismos políticos que los sindicatos docentes hicieron campaña con tanta fuerza para elegir. A lo largo de la elección, Biden fingió ser un defensor de los maestros, promoviendo varios eventos con su esposa, Jill Biden, quien enseña en un colegio comunitario, para demostrar que se relaciona profundamente con las luchas de ellos. Su primer plan de política importante fue su plan de educación y, a lo largo de su campaña, afirmó que la enseñanza es “la profesión más importante en los Estados Unidos”.

Con Biden en la Casa Blanca, la presión sobre la reapertura de escuelas se incrementó en cada nivel. Mientras que él además está promoviendo vacunas, el lanzamiento de estas mismas fue desastroso, y la mayoría de los docentes no fueron vacunados, mucho menos las familias y los miembros de la comunidad a quienes sirven. Como Trump, la preocupación principal de Biden es cómo la reapertura de escuelas mantiene la economía en funcionamiento y aumenta las tasas de ganancia capitalista. Él mismo lo dijo: “Piensen en todas las personas que pueden volver al trabajo, todas las madres y padres solteros que se quedan cuidando a sus hijos”. Trump impulsó las reaperturas sin siquiera fingir preocuparse por los intereses de los maestros. Biden, por otro lado, es el “policía bueno”: lleno de cumplidos y “empatía” por la difícil situación de los docentes, pero manteniendo la misma agenda asesina.

Demonizando a los sindicatos docentes

El impulso por reaperturas inseguras fue de la mano con la demonización de los sindicatos de docentes por parte de los políticos y medios de comunicación.

Recientemente, Forbes publicó un artículo titulado “Lo que funcionarios escolares de Chicago y D.C pueden aprender sobre la huelga de controladores de tráfico aéreo de 1981”. El artículo recuerda alegremente la política anti-obrera de Ronald Reagan, quien rompió la huelga de los controladores aéreos al despedir a más de 11.000 trabajadores. Esta fue una de las mayores derrotas del movimiento obrero estadounidense y fue el comienzo de más ataques neoliberales contra la clase trabajadora. El artículo sugiere que las escuelas adopten la misma política con los maestros de Chicago y D.C. Los autores dicen: “O ellos (los funcionarios locales) ceden cobardemente ante la extorsión sindical, o hacen lo correcto y hacen cumplir la ley y el sentido común. El futuro de millones de estudiantes, literalmente, está en juego. Acá hay una pista para los funcionarios electos de Ronald Reagan: “aplasta a los sindicatos docentes”. Forbes está haciendo un llamamiento descarado para romper la huelga federal.

De manera similar, David Brooks del New York Times argumenta:

“Son niños negros y morenos que viven en ciudades con alcades progresistas y sindicatos poderosos, y esos son los lugares donde se ha cerrado el aprendizaje en la escuela. Lectores, muchos de nosotros nos involucramos en las marchas del Black Lives Matter el verano pasado. Supongo que te preguntarías, ¿te importan las vidas de los negros solo cuando sirven a tu propósito político? Si no es así, ¿no deberíamos estar todos marchando para que los niños negros y morenos regresen a las escuelas de manera segura ahora mismo?”

Este argumento se hace eco de la retórica usada por los fanáticos de las escuelas autónomas durante los años de Obama que intentaron enfrentar a los sindicatos con las comunidades de color con el propósito de privatizar las escuelas públicas. Ahora, lo están utilizando para enviar a profesores y estudiantes a escuelas inseguras, exponiéndose a ellos mismos y a sus comunidades al coronavirus.

El multimillonario y ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomber, también dice que Biden necesita “defender los sindicatos docentes”. El líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, (R-Ky), argumenta que las reaperturas de escuelas están siendo bloqueadas por “sindicatos ricos y poderosos que donan enormes sumas a los demócratas y obtienen un dominio absoluto sobre la educación en muchas comunidades”. Al final, todos están del mismo lado en un acuerdo bipartidista: los sindicatos de docentes deben apartarse y dejar que las escuelas vuelvan a abrir.

Este tipo de demonización de maestros y sindicatos docentes es peligroso para toda la clase trabajadora. La Asociación Nacional de Educadores (NEA) es actualmente el sindicato más grande de los Estados Unidos y estos ataques a los maestros tienen como objetivo debilitar la capacidad de lucha de todos los sindicatos en el próximo período. Como Forbes sabe muy bien, romper la espalda de una lucha laboral puede despejar el camino para más derrotas aplastantes de la clase trabajadora.

Entregar los sindicatos

Lo que es aún peor, es que los sindicatos nacionales de docentes - que denunciaron enérgicamente a Trump - ahora aplauden a Biden. La NEA dice “el plan del presidente Biden proporciona una gran razón para el optimismo que tanto se necesita”. Pero el plan de Biden es esencialmente el plan de Trump: reabrir las escuelas.

Randi Weingarten de AFT, por ejemplo, apoyó las “huelgas de seguridad” contra las reaperturas bajo Trump, pero ahora bajo Biden, exige que los maestros “enfrenten sus miedos” y acepten reaperturas inseguras. Un perfil reciente del New York Times sobre Weingarten afirma que ella “pasa 15 horas al día en el teléfono, dice - con líderes sindicales locales, alcaldes, la Casa Blanca y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades”- tratando de averiguar cómo reabrir las tres cuartas partes de los sistemas escolares que permanecen total o parcialmente cerrados”.

En otras palabras, mientras los docentes de todo el país se están organizando con familias y comunidades para discutir las huelgas y otras acciones laborales para reabrir solo cuando sea seguro, su liderazgo sindical se pasa todo el día en el teléfono organizándose en su contra. El Times afirma que esta dinámica “pone a la Sra. Weingarten, líder de la Federación Estadounidense de Docentes de 1.7 millones de miembros, el segundo sindicato docente más grande del país y un aliado cercano del presidente Biden, en una situación difícil.

De hecho, está atrapada entre los intereses de los profesores y los intereses de Joe Biden, que gobierna únicamente en interés del capital. Cómo es su papel, ella está activamente del lado del estado en contra de los maestros.

Pero los docentes todavía están dando pelea, a pesar de la falta de apoyo por parte de los sindicatos nacionales docentes. Después de todo, estos sindicatos tienen vínculos estrechos con el Partido Demócrata y fueron patrocinadores centrales de Biden. Esto resalta la profunda falla del NEA y del AFT: se gastaron los fondos sindicales para que fuera elegido, y ahora está atacando directamente a los maestros y presionando reaperturas inseguras. Eso es en sí mismo una profunda traición al movimiento docente.

La batalla por reabrir las escuelas

En muchos distritos, las escuelas se abrieron irregularmente, teniendo que cerrar una y otra vez dado los casos de COVID en sus edificios. Algunos docentes pagaron las reaperturas inseguras con sus vidas. Otros se jubilaron a un ritmo alarmante: en Michigan, un tercio de los educadores están pensando en renunciar debido a la pandemia. Truthout habló con muchos de estos maestros, como Christine Vehar, una maestra de música, que dejó su puesto porque vive con su madre inmunodeprimida. O personas como Cheryl Dubberly, quien dijo: “No habría podido mantenerme a salvo porque era responsable de enseñar música a toda la escuela, de 500 a 600 niños. Este trabajo no vale mi vida”.

No es seguro, y los docentes lo saben

La batalla por la reapertura de escuelas ha sido más aguda en Chicago, donde el Sindicato de Docentes de Chicago (CTU) estaba en enfrentamiento contra la alcaldesa “progresista” Lori Lightfoot. Se suponía que los maestros regresarían al trabajo la semana pasada, pero luego de una intensa batalla con la CTU, el distrito escolar decretó un “período de enfriamiento”, mostrando la fuerza de la lucha de los maestros. Parece que se llegó a un acuerdo provisional después de que el sindicato estuviera a punto de convocar una huelga.

En Filadelfia, los docentes organizaron un paro por enfermedad y forzaron al alcalde a cancelar el llamado de reapertura de escuelas hasta que se completara el arbitraje. Esto está en marcha ahora mismo.

En Washington D.C, el distrito le pidió a un juez que detenga al Sindicato de Docentes de Washington participe de conversaciones sobre una posible huelga emitiendo una orden de restricción temporal. El distrito quiere que los maestros y estudiantes regresen a los edificios escolares por primera vez desde marzo. En noviembre pasado, los maestros de D.C organizaron un paro por enfermedad que mantuvo las escuelas cerradas.

En California, el gobernador Gavin Newsom sostiene que las escuelas deberían encontrar la manera de reabrir, a pesar de que Los Ángeles es ahora el epicentro de la pandemia en Estados Unidos. Newsom propuso ofrecer $2 mil millones en incentivos para reabrir escuelas primarias, a partir de este mes. En California, ninguno de los distritos escolares se encuentra en el rango de “baja transmisión”. Los sindicatos docentes de muchas ciudades importantes frenaron las reaperturas forzadas.

En Cincinnati, los docentes perdieron una batalla contra la reapertura de las escuelas después de que un juez desestimó una demanda del sindicato de maestros por motivos de seguridad. La ciudad no alcanzó los niveles de tasa de infección acordados para reabrir y, sin embargo, los tribunales los obligaron a hacerlo.

En Virginia, el superintendente del condado de Fairfax presentó un plan para que los estudiantes comiencen a regresar el 16 de febrero, pero el sindicato dice que 8 de cada 10 maestros carecen de confianza en el plan y menos del 10% se sienten seguros para regresar. Si bien Fairfax apunta a las vacunas como el camino a seguir, se cancelaron las citas de los maestros debido a la escasez en todo el país. Y los profesores no están solos en la lucha. Las familias de todo el país también organizaron acciones de solidaridad con los docentes. Por ejemplo, padres y estudiantes de las escuelas públicas de Chicago, así como de las escuelas del condado de Orange, CA, organizaron un paro por enfermedad en solidaridad con los maestros.

El camino a seguir

Los docentes, en especial los de Chicago y Filadelfia mostraron mucha disposición a luchar, lo cual es un gran ejemplo para toda la clase trabajadora. Los docentes y otros trabajadores son esenciales y podemos hacer temblar a todo los políticos capitalistas y sus medios de comunicación. Pero ahora mismo, cada una de estas peleas está separada y desconectada. Y cada ciudad está empezando a ser removida mediante demandas y acuerdos previsionales.

En lugar de organizarse para reabrir las escuelas, los sindicatos nacionales de educación deberían coordinar todas las luchas docentes en una lucha nacional contra las reaperturas inseguras y por una política pandémica adecuada para toda la clase trabajadora que ponga nuestras necesidades por encima de las del lucro capitalista.

Es esencial que los docentes llamen a sus sindicatos nacionales y exijan que dejen de presionar por reaperturas inseguras y que dejen de aliarse con los capitalistas contra la clase trabajadora. Fundamentalmente, es hora de que los trabajadores hagan un examen de conciencia. La estrategia de donar fondos y tiempo a los demócratas sólo ha atado al sindicato a los intereses del capital. Joe Biden ha dejado muy claro que está en contra de los maestros. Es hora de que los sindicatos dejen de donar fondos y energía a los capitalistas y sus partidos. Pero hacer esta ruptura requiere más acciones dentro de los propios sindicatos: deben estar dirigidos por trabajadores de base que se reúnan, debatan y decidan dónde se asignan sus fondos y cómo luchar por sus intereses.

Y los maestros, los padres y los miembros de la comunidad deben ser los que decidan cuándo y cómo es seguro reabrir las escuelas, en discusión con los científicos y en base a los datos de las pruebas. No debería depender del presidente Biden o de los políticos desde la seguridad de sus oficinas.

Y en lo que respecta a la reapertura, no hay opción que pueda conciliar la seguridad de los profesores, estudiantes y toda la clase trabajadora con la necesidad capitalista de mantener la economía totalmente abierta. Necesitamos pagar a los trabajadores no esenciales para que se queden en casa e implementen un programa amplio y vasto de pruebas de rastreo. Necesitamos que todos los fabricantes posibles que produzcan pruebas de COVID-19 sean nacionalizados y produzcan el doble o el triple de la cantidad de pruebas que tenemos ahora para que cada comunidad tenga un sitio de prueba alrededor de su cuadra. También significa que la producción y distribución de la vacuna debe nacionalizarse bajo el control de los trabajadores; necesitamos que todas las fábricas que puedan producir una vacuna la estén produciendo, necesitamos que las escuelas se conviertan en centros de vacunas y un programa de empleo en torno a la distribución de vacunas en, por un lado pruebas y rastreo por el otro.

Biden, los demócratas y los republicanos tienen otro plan: una reapertura insegura de la economía mientras la gente sigue muriendo por la pandemia. Los profesores no pueden ni deben aceptar esto. Es hora de luchar.

Esta es una traducción del artículo Joe Biden is Leading The Battle to Reopen Schools, But Teachers Are Fighting Back originalmente publicado en Left Voice.

Traducción: Lucía Maquieyra






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