Internacional

CRISIS POLÍTICA

Claves para entender la situación política brasileña

Delaciones y renuncias golpean al gobierno golpista. Claves para entender las encrucijadas de la crisis política brasilera.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Sábado 18 de junio de 2016 | 07:32

Las delaciones de Sérgio Machado, expresidente de Transpetro, causaron un gran impacto en el edificio golpista. Provocando la caída de tres ministros y dejando al propio Temer en la mira. La creciente rivalidad entre el procurador general de la República, Rodrigo Janot, y el presidente del Senado, Renan Calheiros (que afirmó “soy Dilma") abren posibilidades de que la próxima votación en el Senado sea favorable a un retorno de la petista (los senadores que declararon votar contra Dilma no suman hasta el momento 40 votos, siendo necesarios 54 para la aprobación del impeachment).

1. Temer y la búsqueda de estabilidad por la mano del “mercado”. Los límites de esta operación

Temer llegó al poder por un frente golpista que involucraba a múltiples actores, cada uno con su propia agenda, pocas cosas los unían. Básicamente sacar a Dilma y promover un gobierno que aplicara ajustes más duros y rápidos de los que Dilma venía implementando. La economía y los ataques a los trabajadores pueden ser la fortaleza de este gobierno que recibe ataques diarios en su frente político a partir de los escándalos de corrupción que investiga la Operación Lava Jato, afectando a sus ministros e incluso a su figura. Estas dificultades reabren las divergencias de este frente y agregan elementos de mayor inestabilidad política en el país.

Las primeras semanas, especialmente con la aprobación de un paquete millonario de reajustes para el poder judicial, y toda la casta política, le rindió duras críticas. No estaba cumpliendo con la misión asignada.

La propuesta de techo a los gastos públicos según la inflación y la divulgación de los resultados de la economía que muestran algún nivel de atenuación de la recesión dejaron a los empresarios más amigables. Todos los medios y la patronal se esfuerzan concientemente en enfatizar los datos positivos e incluso inflarlos. La Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) se apresuró a darle su apoyo, repitiendo que quiere ver la agenda de ajustes implementada. El diario Estado de São Paulo publicó una editorial afirmando que los avances en la economía solo podrán darse si avanza la estabilidad del gobierno. Y este viernes (17) publicó un nuevo editorial planteando que puede ser que el gobierno sea corrupto, como se expuso en la denuncia de Machado, pero la misma se refiere a un período anterior al mandato que no puede, por tanto, ser anulado, y que la tarea económica del país es más importante. A pesar de que, para este mismo diario, el fin del gobierno de Dilma era una tarea de limpieza de la moral pública.

Uno de los principales resultados que Temer tiene para mostrar fue iniciado bajo el gobierno de Dilma y ahora él recoge sus frutos, es un importante avance en la tasa de explotación de los trabajadores. Con la inflación, la desvalorización del real, el aumento del desempleo y la rotatividad del trabajo, el salario medio de los brasileros ya cayó casi un 17% en dólares. Las empresas exportadoras agradecen, sus ganancias aumentan rápidamente. Si el escenario de la economía mundial persiste, las commodities mantienen la tendencia de revalorización y los Estados Unidos no aumentan sus tasas de interés, es posible que los resultados específicos de este mes se extiendan, atenuando el apuro de los ataques de la patronal, sin por ello atenuar los recortes en la salud y educación y el aumento del desempleo.

Por otro lado, la perspectiva del “Brexit” a ser votada la semana que viene estremece a los mercados financieros y representa, como “evento organizado”, el factor político más importante que otorga inestabilidad a la situación mundial. Por eso no se pueden descartar escenarios internacionales más convulsivos y sus efectos sobre la economía y la política nacional. Pero al día de hoy esta es la única playa que ofrece algún sol a Temer. Y no es suficiente para darle refugio, pues las denuncias de corrupción no se detienen y la necesidad de votar ajustes, al mismo tiempo que aguarda la votación final del impeachment, lo deja entre la espada del “mercado” y la “pared” de la mayoría de los dos tercios en el Senado. A modo de ejemplo, no puede votar ninguna medida que desagrade a un senador o a su base electoral bajo pena de perder votos. Necesita agradar al mercado, sin arriesgar la mayoría que depende de 5 votos. Es decir, incluso la economía que actúa como fuente para un escenario de estabilidad del gobierno golpista de Temer, ofrece riesgos y límites. Lo último que su gobierno, sin ninguna legitimidad y bajo la mira de los actores de la Operación Lava Jato, quiere es una presión del “mercado” que implique su destitución para que por la vía de nuevas elecciones asuma uno más ajustador.

2. División e inestabilidad en el frente golpista

El frente golpista unió intereses dispares. Los caciques del PMDB, las diferentes alas tucanas (PSDB), los medios y buena parte del poder judicial. Cada uno de estos actores propone salidas diferentes para la crisis. Aécio Neves (PSDB y ex candidato presidencial) defendía nuevas elecciones a través de la anulación de la lista Dilma-Temer por acción de Tribunal Superior Electoral, propuesta similar a la hecha por el gran diario nacional Folha de São Paulo. Serra (PSDB), con menores chances en una elección directa, busca primero lograr mayoría al interior de su propio partido y segundo en las urnas, prefería alguna solución indirecta como un llamado “semi parlamentarismo” (que significa en la práctica alejar a Temer en 2017 y que el nuevo presidente sea electo por el Congreso). De los grandes medios el Estado de São Paulo era el más enfático en la defensa del impeachment.

En el poder judicial luego de que todas las alas actuaran juntas en respaldo al golpe, dejando en vigor la decisión de Gilmar Mendes que impidió la pose de Lula como ministro, a pesar del absurdo constitucional de esta medida cuando todavía no había asumido, ahora hay claras señales de divisiones a su interior. Hay sectores que trabajan por la impunidad general luego del golpe (Gilmar Mendes), otras que quieren una línea dura (Janot) y una tercera de Teori que busca seguir el trabajo de demolición de los partidos del régimen y del gobierno de Temer sin que esto implique mandar a prisión a muchos políticos. Esta línea de Teori se combina más con la línea de otros medios como O Globo, que habla de una “refundación del sistema político” por la acción del poder judicial y la presión popular.

Si ya había divergencias de intereses previos al golpe, el accionar de cada uno de los actores del frente golpista genera mayor inestabilidad. Entre ellos, seguir con la Operación Lava Jato o ponerle fin, estabilizar o no al gobierno de Temer, cambiar o no el sistema partidario, promover nuevas elecciones y otros roces que multiplican las divergencias.

3. Avanza la Operación Lava Jato, avanza la imprevisibilidad

La Operación Lava Jato luego de haber contribuido a la instalación de Temer en el poder está ahora en un rumbo que genera mayor inestabilidad. Lejos de significar un combate a la corrupción y un resarcimiento de los billones robados de los cofres públicos, cada delator está logrando devolver una parte de lo que declara que se llevó, indicar algunos nombres y cumplir una leve condena en sus mansiones. Ahora que la Operación avanza contra el PMDB e incluso sobre sectores del PSDB, no es posible encontrar ni una crítica que provenga de sectores del PT. Todos aplauden este fortalecimiento de un brazo arbitrario y represivo del Estado brasilero, siempre y cuando afecte a los adversarios.

Esta posición ya encontraba fuerte eco en la izquierda nacional con figuras como Luciana Genro del PSOL reivindicando un “Lava Jato hasta el final”, y al PSTU festejando cada acción de Janot como si fuese un paso adelante de su “Fuera Todos” y no el fortalecimiento del Estado capitalista y su poder de árbitro, que más temprano que tarde, se volverá contra los trabajadores. Como parte de esa política, el PSTU en la dirección mayoritaria de la Central Sindical Popular (CSP-Conlutas), central que cumplió un papel funcional al golpe de la derecha, ahora amenaza a quien quiera detener el Lava Jato, desarmando a los trabajadores estratégicamente al no levantar una política independiente de las instituciones del Estado capitalista.

4. Crecen las chances de la vuelta de Dilma y la conciliación con la derecha y los empresarios

En medio de las desinteligencias del frente golpista sin ser aun la probabilidad mayor, retornan las chances de Dilma de volver al poder. Esta chance se daría por la vía de que Temer pierda su mayoría de los dos tercios del Senado. Intentando atraer esta base de senadores, Dilma, Lula y sus emisarios vienen realizando reuniones. Además, en diversas entrevistas Dilma ha señalado que volvería al poder para convocar alguna forma de participación que implique el sufragio popular, sean nuevas elecciones o un plebiscito para decidir su continuidad o no en el cargo.

Tal como hicieron en todos sus años de gobierno, como intentaron frenéticamente frente a la votación del impeachment en la Cámara, la estrategia petista es la de los “arreglos” y la conciliación de clases con la patronal y la derecha. Quieren convencer a los parlamentarios de la derecha, empresarios, que pueden ser un camino más seguro para que el país pase por nuevas elecciones y, por esta vía, lograr un nuevo gobierno ajustador, respaldado por las urnas.

Como parte de esta estrategia de conciliación, se subordinan las jornadas de “lucha contra el golpe” promovidas por centrales sindicales como la CUT y la CTB, promoviendo días de “resistencia” para que queden registradas, mientras no toman una sola medida de apoyo a las luchas en curso, como las de la juventud y los trabajadores de las universidades estaduales paulistas, que en la Universidad de San Pablo se enfrentan a la represión, la de los profesores de Río de Janeiro y de Río Grande do Sul. Aíslan, fragmentan, silencian y derrotan las luchas, convirtiéndose en uno de los pilares de los ajustes de los golpistas. Actúan como freno para enfrentar los despidos en la industria, la privatización de Petrobras y no desarrollar una verdadera batalla para derribar al golpista Temer.

5. Basta de métodos de conciliación con la derecha y los empresarios por parte del PT

Un programa independiente para el país pasa por atacar a los capitalistas y sus políticos. La política burocrática de las centrales sindicales petistas contra la organización de los trabajadores es la contratara del “pacifismo con responsabilidad” de Lula con los empresarios, los parlamentarios, magistrados y jueces golpistas. La burocracia sindical petista es uno de los principales pilares de sustentación de los ataques a los derechos laborales y del sistema de seguridad social y los recortes presupuestarios, desde una posición no golpista y discursivamente opositora al gobierno de Temer.

La única forma de derrotar estos ataques es rodeando de solidaridad las luchas en curso y, como están haciendo en Francia, confiar en la fuerza del movimiento obrero unificado con la juventud.

Lo que las centrales sindicales callan es lo que deberíamos cuestionar para levantar un plan de emergencia frente a la crisis. Es necesario impedir los despidos y la reducción salarial. Toda empresa que alegue falta de recursos para mantener los salarios y empleos debe abrir su contabilidad para mostrar dónde fue el dinero que ganó; contra la inflación y el desempleo que aumentan la tasa de plusvalía absoluta extraída por la patronal, debemos levantar escala móvil de salarios y de horas de trabajo, reduciendo la jornada sin reducción salarial, ocupando a todos los que están en condiciones de trabajar. Las que amenacen con el cierre o despidos en masa, deben ser ocupadas y puestas a producir bajo control obrero y bajo responsabilidad del Estado que garantice las materias primas. Esas medidas anticapitalistas, de autodefensa obrera, exigen naturalmente un choque con el régimen político de los capitalistas, por eso son “olvidadas” por el PT.

Dilma busca replantear el pacto de 1988, de la transición democrática, con la misma derecha y llamando al pueblo a participar de la misma con un mero sí o no en un plebiscito. Al contrario de esto, una nueva Constituyente Libre y Soberana, impuesta por la lucha de los trabajadores, debe atacar este pacto tutelado por los militares y defender los derechos exigiendo que todos los jueces sean electos, revocables y ganen los mismo que una maestra, y lo mismo para los políticos de alto escalafón; que elimine el pago de la deuda pública y estatice bajo control obrero las empresas públicas estratégicas, que haga que los capitalistas paguen por la crisis, expulse al imperialismo y contribuya a que los trabajadores reconozcan los límites de toda “democracia” conviviendo con la FIESP, los ruralistas y las bancadas de la Iglesia y pasen a defender una forma superior de gobierno, un gobierno de los trabajadores anticapitalista.






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