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ELECCIONES EN BRASIL

Después del atentado contra Bolsonaro: ¿cómo queda el panorama electoral?

Todos los analistas reconocen que el ataque contra el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro fue un punto de inflexión en las elecciones brasileñas, que lo empujan "a punta de cuchillo" a la segunda vuelta, aunque el escenario continúa polarizado.

André Augusto

Natal | @AcierAndy

Domingo 9 de septiembre | 16:27

Todos los analistas reconocen que el ataque al candidato ultraderechista Jair Bolsonaro fue un punto de inflexión en las elecciones brasileñas. Todo parece indicar que el candidato del PSL fue empujado "a punta de cuchillo" a la segunda vuelta de estas elecciones manipuladas por el autoritarismo judicial.

Según la Dirección de Análisis de Políticas Públicas de la Fundación Getúlio Vargas (DAAP-FGV), el ataque fue el evento de mayor repercusión inmediata en Twitter desde las elecciones de 2014. El monitoreo calculó la impresionante cifra de 3,2 millones de referencias, discutiendo los procedimientos médicos, referencias al discurso de odio del candidato, la violencia en las elecciones y, sobre todo, cuestionamientos a la veracidad del acontecimiento. Movió a todo el espectro político, y le dió a Bolsonaro 24 horas de propaganda electoral propia en "cadena nacional".

Según el monitoreo de la DAAP-FGV, sin embargo, el cuchillazo no hizo que suba el apoyo al candidato, al menos no en el primer momento.

A pesar de eso, es probable que Bolsonaro suba algunos puntos porcentuales en la próxima encuesta de intención de voto, por efecto de la empatía que puede causar en un espectro del electorado que está más allá de su base sólidamente establecida. Es decir que su tasa de rechazo, que era de 44%, puede tender a caer relativamente en el los próximos días, posteriores al ataque.

La estocada parece haber sellado su paso al segundo turno de las elecciones, excepto que haya grandes cambios inesperados.

El principal resultado del episodio ocurrido en la ciudad minera de Juiz de Fora, puede ser el naufragio de las últimas posibilidades de fortalecimiento del "candidato de centro", Geraldo Alckmin (del neoliberal PSDB) . Este resultado es contrario a lo que quisiera el "poder real", la oligarquía judicial, la gran prensa, las camadas mayoritarias de la burguesía y los militares.

Los polos que se retroalimentan desde el comienzo de las elecciones, Lula/Haddad y Bolsonaro, son los que emergen del episodio como los principales contendientes de la disputa electoral.

De las principales tendencias que analizaremos abajo, surge la necesidad de combatir el autoritarismo del poder judicial, en defensa del derecho del pueblo a decidir a quién votar, haciendo emerger una izquierda con independencia de clase capaz de batallar por fracciones revolucionarias en el movimiento obrero -contra la burocracia sindical- para enfrentar verdaderamente a la derecha y los golpistas. Algo que solo puede hacerse de forma completamente independiente del PT.

El cuchillazo a Bolsonaro dejó gravemente herida a la campaña de Alckmin

El ataque a Bolsonaro no modificó la característica central de estas elecciones: el no estar siendo disputada por el centro, sino por los "polos opuestos" del régimen. Al contrario, agudizó esa característica. La batalla electoral es peleada por los representantes de los "extremos", lo que describe la continuidad de lo que el marxista italiano Antonio Gramsci denominaba crisis orgánica (o crisis de autoridad estatal, que es económica, política y social, y se refleja en la separación entre sectores sociales y sus representaciones políticas tradicionales).

Alckmin no es el candidato de los "extremos". Apostó desde el principio en ir "lo más a la derecha dentro de lo permitido por el centro", asumiendo puntos programáticos de Bolsonaro, como la política esclavista contra los trabajadores, con la "responsabilidad de gestión" que el reaccionario excapitán no tiene. La única esperanza que tenía el "tucano", como se los llama a los partidarios del neoliberal PSDB, es tomar un porcentaje de votos de Bolsonaro. Esa transferencia de una parte de los votos de Bolsonaro a Alckmin, que ya era difícil por la lealtad de la base electoral del excapitán, luego del acontecimiento del jueves es muchísimo más improbable, para decir lo mínimo.

De hecho, el discurso cínicamente "pacífico" con el que Bolsonaro se presentó en sus redes sociales, aun en el hospital luego de la cirugía, tendría más posibilidades de tomar una parte pequeña de votos de Alckmin que lo contrario.

Eso porque, para hacerse de una parte de los votantes de Bolsonaro, el tucano necesitaba atacarlo. Ahora todos los observadores reconocen que Alckmin no podrá usar contra el candidato del PSL las mismas armas que venía usando. A partir del lunes, tendrá que cambiar su estrategia, teniendo en cuenta que todo lo que diga Bolsonaro, en cama en el hospital, será ventilado en la tapa de todos los medios de prensa, y reverenciado por su base electoral.

La resultante es que la campaña de Alckmin sale gravemente herida de la primera semana de septiembre.

La ventaja del PT en la "polarización de los extremos"

El veto autoritario de la justicia electoral y la confirmación de la inelegibilidad de Lula por el decano de la Corte Suprema, Celso de Mello, fueron los movimientos "finales" en la exclusión de Lula de las urnas. Lo ocurrido en Juiz de Fora sacó temporalmente los focos de la censura a Lula, lo que usaba el PT para pautar las elecciones.

Además, ahora Bolsonaro también se ubicó como "político perseguido por el régimen", sacando a Lula el monopolio de esta rúbrica.

Sin embargo, Lula es parte del "polo opuesto" que disputa con Bolsonaro. Así como la solidez del excapitán se reafirma, eso tiene el efecto de elevar la figura de Lula (o más exactamente, del candidato por él ungido, Fernando Haddad), como quien puede bloquear la posibilidad de que el excapitán llegue al Planalto.

La nueva condición de Bolsonaro no impacta a la estrategia del PT como a la del PSDB. Basta recordar que, con oportunismo electoral característico, el ataque al reaccionarismo de la extrema derecha no era parte de la orientación de la campaña del PT, que le dejaba el trabajo a Alckmin.

Una encuesta de XP Inversiones, divulgada este viernes y realizada entre el 3 y 5 de septiembre, antes del atentado, muestra ya indicios de esta tendencia de fortalecimiento de "Haddad apoyado por Lula". Ya sin Lula, Bolsonaro aparece al frente con el 20% de las intenciones de voto, seguido por "Haddad apoyado por Lula" con un 14%. En este escenario, Alckmin aparece con solo el 8%. Cuando Haddad es presentado sin el apoyo de Lula, figura con el 8%.

Estos números se conocen tras un escándalo por la "manipulación contable" en la divulgación de una encuesta de Ibope que hizo el noticiero central de la Red Globo, ignorando los números de la transmisión de votos de Lula. Hasta el diario O Estado de S.Paulo -involucrado en la encuesta- se vio obligado a contradecir lo que la Globo consideraba inconfesable: la parte que votaría "con seguridad" a Haddad subió nueve puntos porcentuales, de 13% a 22%, desde el 20 de agosto, cuando Ibope hizo por primera vez esa pregunta. Y los que "podrían votar" pasaron del 14% al 17%.

Esos resultados son tendenciales y pueden cambiar con el correr de los días, pero indican de alguna forma el curso de los acontecimientos.

A esto hay que agregar el hecho de que el PT hará un acto oficial para sacramentar el comienzo de la "transmisión de votos" de Lula a Haddad el 11 de septiembre, que tendrá repercusión nacional y pondrá al PT en el centro de los reflectores. La máquina partidaria petista estará a todo vapor. Es probable que se refuerce la posición del PT en las elecciones, pudiendo amplificar la transferencia de votos a Haddad. Analistas como Breno Altman consideran que Haddad llegará a finales de septiembre con entre 22% y 25% de las intenciones de voto.

Dicho en otros términos, de manera indirecta la candidatura del PT, en modo "Haddad como encarnación de Lula" también entra en una nueva fase de las elecciones aprovechándose tendencialmente del mayor roce entre los "polos opuestos" del régimen.

Las bases electorales de los dos polos ven única y exclusivamente a su candidato como antídoto para anular al oponente. Eso termina por ejercer una fuerza gravitacional mayor, con capacidad para asfixiar el llamado "centro", en primer lugar a Alckmin pero también a Ciro Gomes y Marina Silva, que figuran con el 11% en la mencionada encuesta de XP.

Si admitimos la hipótesis de Marcos Coimbra de que el candidato del PSL le robó el lugar al PSDB en la disputa entre "petismo y antipetismo", con el riesgo de "terminar con el PSDB", podemos decir que en una disputa similar entre "bolsonarismo y antibolsonarismo", el PT sigue teniendo la primacía, aun con su estrategia de conciliación con las finanzas, los empresarios y la derecha, como destacó Haddad en una entrevista a la Globonews.

La proyección electoral que hacemos se da en el marco de las principales tendencias actuales, dentro de una elección manipulada por la oligarquía judicial con la ayuda de los medios. Por eso no podemos descartar otros itinerarios con otros desenlaces. Difícilmente el gobierno que surja de esta situación de polarización social escapará de grandes eventos de la lucha de clases.

Una disputa dentro del PT?

Como síntesis podemos decir que Bolsonaro se fortalece, Alckmin tendrá enorme dificultad para sacarle votos a Bolsonaro (apuesta máxima de campaña para entrar en la segunda vuelta) y el PT empezará de hecho la operación de transferencia de votos de Lula hacia Haddad, con la ventaja de la "polarización de los extremos".

Sin embargo, más allá del universo de las disputas electorales, existe una batalla "sorda" en los bastidores de uno de los dos "polos", que dejaremos indicado para desarrollar en un próximo análisis.

Hay una cantidad de opiniones de distintos observadores sobre las razones que explican el retraso en la sustitución de Lula por Haddad, aun con las medidas autoritarias de la justicia que dejan claro que el expresidente no estará en las urnas.

La mayor parte de las opiniones converge en la idea de que mantener a Lula como candidato hasta ahora tenía como objetivo la transferencia de votos a su sucesor.

El analista Rodrigo de Almeida presenta un contrapunto interesante, a su manera: "En la estrategia concebida y ejecutada desde la cárcel, Lula actuó todo el tiempo no para hacer viable al sucesor de una candidatura condenada a ser impugnada, sino para hacerse viable a sí mismo, política y criminalmente".

Desde este punto de vista, el eje de la preocupación no es la candidatura del PT, sino el destino del propio Lula, que ordenó sus decisiones. Haddad sería convertido en un "mensajero" de Lula, un vocero completamente manejable que le permita preservar buena parte del poder al interior del PT. Esta política de Lula, como se sabe, hace mucho contraría al "poder real", que patalea en los medios de prensa, en las Cortes (¿y en los cuarteles?) para que Lula elija a un sustituto con autonomía, que elimine la necesidad de negociación con Lula y asfixie su figura.

No es descabellado pensar que la demora en "ungir" a Haddad se dió para que el ungido surgiese sin ninguna autonomía, con el menor poder posible, y a sabiendas de que todos sus votos "son votos de Lula".

Una advertencia silenciosa de un líder de masas que reniega de perder cualquier cuota de poder, y que no pretende ningún indulto en una eventual presidencia de Haddad, sino probar su inocencia, como alegó Haddad a la Globonews.

¿Sería una nueva versión en un escenario histórico distinto, de la consigna "Cámpora al gobierno, Perón al poder" (ahora "Haddad al gobierno, Lula al poder"), alentada por el peronismo en Argentina de mediados de los años 70?

Una izquierda basada en la lucha de clases, socialista y revolucionaria

Bolsonaro le arrebató la representación de la derecha antipetista a los tucanos; Lula está preso y, aunque no le guste, si desea ganar las elecciones tendrá que nombrar a un sustituto. La crisis orgánica a la que nos referíamos más arriba cambió, por lo tanto, la forma tradicional de la representación de la derecha, ahora más salvaje.

Sin embargo, en el caso de la representación tradicional del movimiento obrero, vemos una "revitalización senil del PT". ¿Por qué senil? Porque desaparecieron las condiciones materiales que permitían concesiones reformistas en la década de 2000. Un eventual gobierno de Haddad será una versión desmejorada del "Dilma 2", chocándose más o menos rápidamente con las ilusiones alimentadas durante la campaña electoral.

El carácter senil que ya se diseña en esta revitalización del PT es el fundamento del por qué hay que preparar, teórica y prácticamente, una izquierda anticapitalista y revolucionaria, para cuando las masas terminen de hacer su experiencia con el PT. Porque como decía Börne, nada es tan duradero como el cambio.

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Desde el Movimiento Revolucionario de Trabajadores, impulsores de Esquerda Diário, a la vez que defendemos irrestrictamente el derecho de las masas a decidir su voto por quién quiera, no apoyamos el voto al PT y criticamos duramente su estrategia de conciliación de clases, que abrió el camino al golpe institucional.

Pero más que nunca, es necesario que se fortalezca una izquierda que apueste a la lucha de clases de los trabajadores, las mujeres y la juventud, con un programa de independencia de clase de los trabajadores que supere la conciliación petista.






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