Internacional

ELECCIONES PRIMARIAS EN ESTADOS UNIDOS

Donald Trump y Hillary Clinton: los grandes ganadores del Supermartes

El martes 1 de marzo tuvo lugar la instancia más importante de las primarias estadounidenses: el “Supermartes”. Hillary Clinton y Donald Trump cosecharon victorias decisivas para consolidar sus candidaturas.

Juan Cruz Ferre

Editores de Left Voice

Miércoles 2 de marzo de 2016 | Edición del día

Donald Trump se impuso con un liderazgo indiscutido en 7 de los 9 estados con resultados disponibles al cierre de esta edición. Los únicos territorios donde no ganó fueron el estado de Texas, cuna del candidato apoyado por el Tea Party, Ted Cruz, y Oklahoma. Texas era la última esperanza de Ted Cruz de mantenerse vivo para lo que resta de las primarias, y una derrota hubiera significado una ventaja irreversible para Donald Trump. Muy por detrás, el favorito del oficialismo republicano, Marco Rubio, sigue sin ganar un solo estado, aunque podría alcanzar una victoria en Minnesota.

La jornada fue lúgubre también para Bernie Sanders, quien apenas obtuvo una victoria contundente en su estado, Vermont, y un triunfo estrecho en Oklahoma. El resto de los estados -incluido el gigante Texas-, al menos en los resultados parciales, fueron conquistados por Hillary Clinton.

Hillary venía de una victoria por goleada en el estado de Carolina del Sur, donde este fin de semana derrotó a Bernie Sanders por 73,5% a 23%. Más contundente aún fue el voto entre la comunidad negra: un 85% votó por Hillary.

Se esperaba que esta preferencia por Hillary en la comunidad negra tuviera un peso decisivo en el Supermartes de este año, dado que la mayoría de los estados en esta contienda poseen una proporción importante de votantes afroamericanos. Aunque todavía se esperan los resultados finales de Alaska, Colorado y Minnesota, el número de delegados en juego en estos estados es mucho menor.

En Arkansas el resultado estaba claro desde mucho tiempo antes. La popularidad de los Clinton en este estado, donde Bill Clinton fue gobernador durante 12 años es indisputable. Los resultados parciales, con 8% de los asambleas (caucus) reportados, le dan una ventaja abrumadora.

Supertrump

La victoria de Trump viene a confirmar lo que pronosticaban las encuestas y a justificar el espanto en el establishment del partido republicano. El pánico al interior del partido republicano cobró fuerza en los últimos días y se transformó en una campaña furibunda en su contra.

No solo los candidatos y referentes del partido republicano han redoblado sus ataques contra el magnate de la construcción, sino que además los medios de prensa liberales y conservadores (New York Times y Washington Post entre otros) se sumaron de lleno a la campaña anti-Trump. Lo han hecho a través de artículos de opinión y notas resaltando su perfil xenofóbico contra mexicanos y musulmanes, o su postura evasiva (en lugar de condenar claramente) cuando se le cuestionó el apoyo público que recibió de David Duke, dirigente nacional del Ku Klux Klan.

Lo cierto es que aunque Trump goce de gran popularidad entre la base republicana (mucho más conservadora que la población general), es un candidato relativamente débil para enfrentar al candidato demócrata en las elecciones generales.

Sus declaraciones explícitamente racistas y machistas, sus burlas hacia personas con incapacidades (particularmente a un periodista con problemas motrices) y su estilo políticamente incorrecto despiertan un rechazo amplio y enérgico en la población general.

Sin embargo, su discurso populista ha encontrado buena recepción en estratos de las clases medias y populares que sufren las consecuencias de la crisis económica y encuentran en sus palabras una expresión de su hartazgo o el reflejo de profundos prejuicios contra los inmigrantes o las minorías étnicas.

Más cerca de la nominación

La victoria de Trump fue contundente. La gran incógnita es hasta dónde el partido republicano cerrará sus filas y apoyará su candidatura en caso de ganar las internas. Ya son demasiadas las voces que se alzan en su contra dentro del establishment republicano y que advierten el peligro tanto de su nominación para las generales como de su eventual presidencia para la imagen del gobierno estadounidense hacia adentro y hacia fuera.

Por su parte, la victoria aplastante de Hillary Clinton es un espaldarazo para su candidatura que la sitúa en una posición prácticamente inalcanzable para Sanders. La ilusión de amplios sectores “progre” o incluso de la izquierda se desvanecen rápidamente ante estos resultados. El autoproclamado “socialista” del estado de Vermont queda prácticamente fuera de combate.

El Supermartes

Aunque las elecciones primarias de los partidos republicano y demócrata se estiran a lo largo de todo el año electoral, el primer martes de marzo coinciden las elecciones en un número variable de estados (este año, 12) y se disputan cientos de delegados de cada partido (en esta ocasión, 865 demócratas y 595 republicanos).

Por esta razón se considera el “Supermartes” una instancia casi definitoria en la carrera por la nominación presidencial. Una tendencia marcada en esta jornada es muy difícil de revertir en lo que queda de las primarias. La mayor apuesta del día estaba puesta en Texas, donde se jugaron 155 delegados del partido republicano y 222 del partido demócrata. La totalidad de delegados de ambos partidos (2.472 y 2.123 respectivamente) se reúne al final de las primarias para elegir al candidato para las elecciones generales.

En el caso del partido demócrata, además de los delegados “ganados” en las elecciones internas, existen unos 700 “superdelegados” conformado por diputados, gobernadores y otros miembros del partido demócrata en funciones, que votan en la convención al igual que el resto. Esto hace que el partido se asegure que el candidato elegido para las elecciones generales, en última instancia, sea alguien que cuente con la aprobación del establishment demócrata.

Aunque hasta este momento Bernie Sanders había logrado mantenerse cerca de Hillary Clinton en los resultados de las urnas, las posibilidades de ganar la nominación del partido demócrata siempre estuvieron condicionadas por este mecanismo profundamente antidemocrático.







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