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HISTORIA Y LUCHA DE CLASES

El Cordobazo y la juventud precarizada: reconstruir el hilo rojo

El Cordobazo las lecciones que aporta a la lucha de clases del presente contra el intento capitalista de hacer pagar los costos de la crisis a los trabajadores y el pueblo pobre. El papel de la juventud proletaria ayer y hoy.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Sábado 23 de mayo | 14:40

El último gran ensayo revolucionario de la clase obrera argentina tuvo un hito histórico que fue el Cordobazo del 29 de mayo de 1969. Una huelga general de protesta contra las medidas antipopulares del gobierno dictatorial de Juan Carlos Ongania, que desemboca en una huelga general política combativa y una semi-insurrección obrera y popular. No intentamos hacer un balance pormenarizado de los acontecimientos sino tomar algunos elementos para intentar plantear una lectura de la lucha de clases del presente.

Obreros y estudiantes

La alianza social que tejió el Cordobazo fue la de obreros y estudiantes. Pero más precisamente una joven clase obrera formada en gran medida en la década del ‘60 alrededor, fundamentalmente, de la moderna industria metal-mecánica. Y de un movimiento estudiantil producto de la masificación de la enseñanza universitaria. Dos mundos entrecruzados que serán quienes levanten las barricadas de aquel 29 de mayo. Los unía además el odio a una dictadura que quería imponer mediante la represión valores ultraconservadores dictados por el intregrismo religioso junto a una política económica liberal ruinosa para la mayoría del pueblo.

Desde mediados de la década del ‘50 y entrado los ‘60, Córdoba concentra la inversión extranjera en la industria automotriz y metal-mecánica, instalándose allí empresas como IKA-Renault, Fiat Materfer y Fiat Concord, Thompson Ramco, Grandes Motores Diesel, entre otras. Dicho proceso de inversión permitió que allí se concentrara un joven proletariado que se nutria en buena parte de las migraciones internas de la provincia. En 1964, el 8,7% de la clase obrera industrial en Argentina se concentraba en la provincia de Córdoba. En el mismo año la participación provincial en el producto nacional era del 24,6%. Para darse una idea, IKA Renault, producía en 1965 200 mil automóviles. Un joven clase obrera concentrada en la gran industria, relativamente bien paga, sujeta a ritmos de trabajo extenuantes y al despotismo fabril de las patronales y su agente, la burocracia sindical.

El Cordobazo quebró el espinazo de la dictadura de la autoproclamada Revolución Argentina y derrotó un ajuste económico de tipo liberal como el Plan Krieguer Vasena. Esta va a ser una de las claves para comprender el periodo posterior, con la semiinsurrección en la ciudad mediterránea, la clase obrera y el pueblo pegaron antes de que el país se estrellara de lleno contra los iceberg de la crisis económica.

El ascenso de la clase obrera argentina que inicia esa seim-insurrección se inscribe dentro de un periodo más general de lucha contra el imperialismo y el capitalismo a escala internacional.

De las barricadas callejeras a las barricadas sociales: la autoorganización

Uno de las consecuencias de las barricadas callejeras fue que las mismas fueron tomando cuerpo como barricadas sociales en las fábricas en las que se apoyó la ofensiva de la insurgencia proletaria y estudiantil. El producto más radical del Cordobazo fue la formación del los sindicatos clasistas en la Fiat, el Sitrac-Sitram.

Fundados en los ‘50 como sindicatos de empresa amarillos (pro-patronales), van a ser conquistados por la insurgencia de la juventud proletaria como instituciones de la democracia obrera y doble poder fabril. Entre ambos sindicatos contaban con 4000 afiliados y en el caso del Sitrac un cuerpo de 125 delegados. Van a plantear además, el germen de una alternativa de dirección clasista a la burocracia sindical peronista.

Eran lo que en la historia del movimiento obrero internacional se conoce como un consejo de fábrica. Una institución que une a todo el colectivo de trabajadores, disputa en el terreno de la producción el poder al despotismo patronal, los ritmos de producción y las condiciones laborales. Expresarán la rebelión de los trabajadores no solo contra la dictadura militar sino patronal, contra la explotación capitalista. 

Como lo definió el marxista italiano Antonio Gramsci para los consejos de fábrica de los años 20 en Turín: "Al constituir ese aparato representativo la clase obrera realiza la expropiación de la primera máquina, del instrumento de producción más importante: la clase obrera misma". Estas instituciones contenían dentro suyo el germen del gobierno obrero y popular que se coreaba en las barricadas del Cordobazo. 

El clasismo cordobés se pronunciaba contra la burocracia sindical, el imperialismo y el capitalismo y planteaba la lucha por el socialismo. En marzo de 1971 los trabajadores del Sitrac-Sitram van a protagonizar junto a la juventud plebeya el Viborazo. La experiencia de combate y organización va a durar desde marzo de 1970 hasta octubre de 1971, donde la planta de Concord va a ser ocupada militarmente y sus dirigentes detenidos.

La continuidad de estas organizaciones de combate de la clase obrera en el periodo va a estar dada por las comisiones internas anti-burocráticas que se forjaron al calor de la lucha contra la política del Pacto Social de Perón, cuya finalidad va a ser desviar el ascenso obrero y popular y reconducirlo a la alianza con la burguesía nacional. Las comisiones internas formarán las coordinadoras interfabriles en junio y julio de 1975 para enfrentar el plan de ajuste liberal y fondomonetarista del ministro de Economía Celestino Rodrigo, impulsado por el gobierno de Isabel y López Rega ante el estallido de la economía. Desde la posición estratégica de la industria del conurbano bonaerense, impondrán la huelga general política que derrote el plan de ajuste de Isabel Perón y expulse a López Rega del poder.

Si bien no es el objetivo de esta nota, hay que señalar que las causas de la derrota de la insurgencia obrera y estudiantil en los 70 hay que buscarlas no solo en la violencia genocida del terrorismo de Estado, sino en el papel de sus direcciones: el peronismo, la burocracia sindical que desvío primero y luego combatió la insurgencia social con las bandas fascistas de la Triple A y de la guerrilla de Montoneros y ERP que con una estrategia que combinaba de guerra de aparatos y conciliación de clases, bloquearon el avance hacia la independencia política de los trabajadores y el surgimiento de un partido de la clase obrera que dirigiera la lucha contra la burguesía y el imperialismo.

La derrota setentista y el precariado laboral

La derrota del ‘76 sentó las bases de la ofensiva neoliberal que terminará de imponerse en los ‘90 bajo el mando del gobierno peronista de Carlos Menem. En esa década, y como parte de un fenómeno internacional de retroceso de la clase trabajadora, la privatización de los servicios públicos, la flexibilización laboral, la precarización del empleo, el salto en la desocupación y la pobreza estructural van a dar lugar a una nueva configuración de la clase obrera, dividida y atomizada por las patronales y la burocracia sindical.

La actual realidad de la clase trabajadora configurada por esas características ha decantado hoy día en un proletariado más extendido y con mayores posiciones estratégicas sobre las cuales multiplica su poder social: 17 millones de asalariados, 3 millones de desocupados, 300 mil trabajadores de la economía popular, casi 3 millones de jóvenes entre los 16 y 24 años integran la fuerza de trabajo.

La clase trabajadora con sus familias es una amplia mayoría nacional de casi 30 millones de personas. Su debilidad es la división de sus filas que limita enormemente que el gran poder social objetivo que tiene se manifieste con toda su potencia. Una nueva clase trabajadora que, además de su posición en la industria, tiene enorme peso en los servicios y una juventud proletaria precarizada concentrada en las telecomunicaciones, el comercio y el llamado capitalismo de plataformas. A diferencia de la juventud proletaria setentista se enfrentan a la amenaza permanente del desempleo y a salarios miserables. Si antes se peleaba por reducir el tiempo de trabajo, ahora se lucha por el trabajo y por salarios que alcancen apenas niveles de subsistencia. 

La juventud precarizada además, se encuentra al margen de toda organización ya sea sindical o de los movimientos sociales. Así lo confesó Héctor Daer en una entrevista a la Revista Crisis, ante la pregunta de porque los sindicatos dejaban afuera a los trabajadores precarizadxs: Modifica el principio de que un sindicato incorpora únicamente trabajadores en relación de dependencia. Esto también va a pasar con las plataformas, para las que es muy probable que se sancione un estatuto. Lo que hay que hacer es regularlo, aunque no es fácil porque no hay una jornada de trabajo. La realidad es que Rappi tiene la central en Colombia, Glovo es española, y vos decís: "los ponemos todos en la ley de contrato de trabajo". Pero no sé si da, porque si Glovo y Rappi se van los diez mil venezolanos vienen y me prenden fuego".

La juventud precarizada bajo el coronavirus

La pandemia del coronavirus ha sido un golpe certero al capitalista que se debate en una crisis profunda. producto de la cuarentena ha destacado a muchos de los componentes de la juventud precarizada como parte de la fuerza de trabajo esencial y ha condenado a otra parte a la incertidumbre de las rebajas salariales y el desempleo. En esta situación la crisis golpea antes que la clase obrera lo que permite la iniciativa de los empresarios en la guerra de clases con su política de reforma laboral de hecho.

La crisis sanitaria, económica y social que atraviesa al capitalismo mundial amenaza la vida y la supervivencia de la clase trabajadora. Las luchas presentes de conjunto y de la juventud precarizada en particular, adquieren un carácter defensivo contra un ataque brutal de las patronales que cuentan con la complicidad del gobierno de Alberto Fernández que deja hacer a su antojo a los empresarios como lo demuestra el acuerdo de la UIA, la CGT y el Ministerio de Trabajo sobre suspensiones y rebajas salariales para tomas solo un ejemplo.

Sin embargo, la juventud precaria, comienza a mostrar signos de vitalidad y espíritu de combate. Tienen a favor que la legitimidad del capitalismo esta cuestionada y comienza a gestarse embrionariamente una conciencia de que el capitalismo no va más y que nos ha llevado a esta situación desesperante. Hay distintos fenómenos de autoorganización entre las cuales destaca, por ejemplo, La Red de precarizadxs que protagonizaron el último 14 de mayo una primer movilización nacional diciendo presente en la actual crisis. Si bien aún son fuerzas incipientes las que se ponen en movimiento, son una campana de resonancia de la situación de toda la clase trabajadora. Se suman a los obreros fabriles que como en Mondelez o Penta, y trabajadores y trabajadoras de la salud , enfrentan los despidos, suspensiones, rebajas salariales y se plantan contra la falta de recursos para enfrentar el COVID en la primera línea.

Reapropiarse del Cordobazo

Esta incipiente fuerza militante de la red de precarizadxs discute una nueva demostración este 29 de mayo, reivindicando con una acción de lucha, un hito histórico de la historia de la insurgencia obrera y popular. No es menor, la clase trabajadora de conjunto esta llamada necesariamente a protagonizar nuevas gestas revolucionarias y aprender de los fenómenos de autoorganización de y de las experiencia de combate pasada, para empezar por ahí la reconstrucción de las nuevas formas de organización que recompongan la unidad de la clase obrera y el pueblo pobre para derrotar a los empresarios, banqueros y terratenientes y obligarlos a pagar el costo de la crisis.

El marxista Antonio Gramsci sostenía que: “Cada grupo social tiene una "tradición", un "pasado" y propone a éste como el único y total pasado. Aquel grupo que, comprendiendo y justificando todos estos "pasados", sepa identificar la línea de desarrollo real, y por ello contradictoria, pero en la contradicción capaz de superación, cometerá "menos errores", identificará más elementos "positivos" sobre los que apoyarse para crear nueva historia”.

Para los socialistas revolucionarios, esa tradición, ese pasado, es un hilo rojo a reconstruir por las nuevas generaciones de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud. Es traer al presente, bajo la forma de lecciones y teoría la experiencia histórica de los trabajadores, para construir nuevas relaciones de fuerza a favor de la lucha de clases de los explotados y oprimidos y una fuerza política revolucionaria de los trabajadores, las mujeres y la juventud que haga posible la conquista de su emancipación.






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