SUPLEMENTO

El lapsus freudiano

Juan Duarte

reseñas
Ilustración: Romina Echevarria

El lapsus freudiano

Juan Duarte

A propósito de The freudian slip, de Sebastiano Timpanaro (Londres, Verso, 2011).

El libro de Sebastiano Timpanaro [1] que reeditó hace unos años la editorial inglesa Verso resulta singular al menos en dos aspectos. En primer lugar, se trata acaso de uno de los últimos intentos de realizar una crítica marxista del psicoanálisis. Se publica por primera vez en 1974, el mismo año en que Perry Anderson publicaba Consideraciones sobre el marxismo occidental, en el cual intentaba ajustar cuentas con la tradición de un marxismo que, producto de la derrota de la revolución y tras la Segunda Guerra, se centraría en problemáticas filosóficas y culturales abandonando el debate de la estrategia política, rompiendo la unidad entre teoría marxista y práctica que había caracterizado a la tradición clásica [2]. El autor, miembro de la New Left Review dirigida por Anderson, liga esta tradición a una posición acrítica del psicoanálisis. Con la crisis del estalinismo y derrota del ascenso obrero, señala,

… un sector de intelectuales giraron, aún en Europa del este, hacia una lealtad acrítica hacia las ideologías de esa otra cultura burguesa [“decadente-refinada”] –que va del neopositivismo al psicoanálisis o el estructuralismo– y hacia una confusión de arte de vanguardia, aun en sus formas más exhibicionistas, con política de vanguardia [176] [3].

Desde entonces, auge posmoderno mediante, es difícil encontrar críticas marxistas de envergadura a Freud. Timpanaro se dirigirá a

… ese pequeño número de marxistas occidentales o aspirantes a marxistas que se rehúsan a hacer un regalo de objetividad científica a la burguesía y al reformismo, y a identificar al conocimiento simplemente con la práctica –abandonando así el materialismo y regresando inconscientemente a tendencias del siglo XIX de activismo burgués o de socialismo utópico, en lugar de desarrollar el “socialismo científico” que Marx y Engels querían y deseaban hallar [174].

Asimismo, planteará la necesidad urgente de una refundación leninista de un comunismo revolucionario-científico, para el cual ambos términos son inseparables.

Un segundo aspecto que hace singular al libro es el ángulo de ataque elegido por el autor: la crítica a la interpretación de los “lapsus” por parte de Freud en su libro La psicopatología de la vida cotidiana, mediante las herramientas de una rama de la filología clásica, el análisis textual. Es que Timpanaro tenía una formación académica especializada en la crítica textual griega y latina. Dedicado a la disección de textos de Lucrecio, Marcial, Virgilio, Ovidio y Séneca, entre otros, fue discípulo del reconocido Giorgio Pascuali [4].

Ya en el terreno específico de las relaciones entre marxismo y psicoanálisis, el Timpanaro comienza delimitándose tanto de quienes

… pretenden una fusión o integración entre psicoanálisis y marxismo, como de quienes pretenden liquidarlo mediante la simple suma de sus errores. Al contrario, apunta a desmitificar un modo de razonamiento presente en otras obras freudianas –en particular en La interpretación de los sueños y en general, en todos aquellos escritos dominados por el trabajo de “interpretación”, que pertenece al aspecto anticientífico del psicoanálisis [12].

El término “anticientífico” –señala–, implica un “ensamble de objeciones diversas del marxismo hacia el psicoanálisis, interrelacionadas pero no idénticas”: en primer lugar, su carácter ideológico

... incapaz de ir más allá del horizonte “ideológico” delimitado por los intereses de clase de la burguesía: que expresa una profunda crisis de su clase, pero busca resolverlos en el marco del orden social burgués [12].

La segunda objeción, ligada a la primera, es que el psicoanálisis “amplió la brecha entre psicología y neurofisiología”, transformándose en una teoría general de la humanidad de corte shopenaueriano y metafísico, al mismo tiempo que recayó en posiciones naturalistas (El porvenir de una ilusión, de 1927, por ejemplo).

La tercera apunta al método, al cual define como

... capcioso y sofístico, resistente a cualquier verificación, rápido para forzar interpretaciones para recoger pruebas preordenadas, empleadas por Freud y los freudianos en sus explicaciones de lapsus, sueños y síntomas neuróticos [14].

Ilustración: Romina Echevarria

Asociaciones no tan libres

Timpanaro señala que la tarea de la crítica textual es

… indagar el origen de las alteraciones sufridas por los textos en el curso de sus transcripciones sucesiva, de modo de corregir aquellos errores persuasivamente o establecer cual de dos o más variantes derivadas de diferentes fuentes es la original, o más aproximada [19].

Si bien los lapsus caen dentro del rango de alteraciones análogas a las que enfrenta la crítica textual (incluso hay toda una sección de La psicopatología… dedicada a errores de lectura y transcripción), y Freud discutió y citó un trabajo clásico sobre el tema [5], no hubo interés recíproco desde el campo de la filología y la crítica textual.

El autor centra su análisis en dos interpretaciones de lapsus “canónicas” del libro: “aliquis” y “signorelli-boticelli-boltraffio”. La historia del primero es famosa: un joven judío charla con Freud en un tren sobre la situación oprimida de los judíos en Austria-Hungría e intenta concluir su sentido discurso con la línea que Virgilio pone en boca de Dido abandonado por Eneas y a punto de suicidarse: Exoriare aliquis nostris ex ossibus ultor (“Dejemos que alguien –aliquis– surja como un vengador de mis huesos”). Pero el paciente no puede recordar la palabra aliquis, e invierte dos términos, nostris ex por ex nostris. A partir de allí, Freud va a derivar con el paciente, que esos cambios están relacionados con una situación particular y delicada de su vida.

Para cualquier filólogo, señala el autor, se trata de un caso bastante obvio de banalización, el mecanismo por el cual “una forma estilística más arcaica, volada e inusual”, más alejada de la herencia cultural-lingüística de la persona, es reemplazada por una forma más común. Timpanaro recorre erudita y profusamente varios casos similares y muestra –convincentemente– cómo en el alemán del joven judío, tal construcción es intraducible literalmente (también en italiano, francés e inglés) y particularmente difícil aún para filólogos y traductores, por lo que la banalización es más que comprensible. Por el contrario, Freud practica un “análisis” mediante una “asociación libre” mediante el cual el joven encadena aliquis con reliquiem-liquidation-Flüssigkeit-Fluid, lo cual Freud interpreta como expresión del temor inconciente de convertirse en padre. “Lo dejo a su criterio”, le dice al joven, y le asegura que no hay casualidad en el lapsus. Para el autor,

... debajo del brillo de los fuegos artificiales intelectuales, pocos procedimientos pueden ser considerados tan anticientíficos como el que sigue Freud en este y otros casos análogos [...] uno puede arribar a un punto singular desde cualquier punto de partida [43].

Si cualquier imperfección u olvido sobre la línea de Virgilio, razona, puede tomarse por síntoma de algo, el concepto de relación causal pierde todo sentido y se podría impugnar el método de Freud con cualquier contraejemplo. Pero es más, ante la explicación del joven, completamente racional (exoriare era la primer línea de la oración, por eso el reemplazo), Freud lo acusa de “ser escéptico”.

Entonces, concluye, el método interpretativo de Freud podría resumirse –siguiendo a Deleuze– como “cualquier cosa que digas, significa otra cosa” [46]. Y sostiene que el método de Freud no resiste la crítica del criterio de falsabilidad popperiana, dado que es incapaz de concebir un hecho empírico que, de ser verdadero, refutaría la explicación teórica [6]. Este análisis será recurrente, con numerosos ejemplos.

El análisis de “Signorelli-boticelli-boltrafio”, por otro lado, demostrará ser una banalización involuntaria y un caso de “desmejoramiento”, otro mecanismo conocido en crítica textual. Pero detrás de estos “lapsus”, y mediante otra asociación (Herzegovina-Bosnia-Signorelli, Traffoi-Boltraffio), Freud descubre… la expresión de la idea inconsciente de “muerte” y “sexualidad”. Timpanaro incluso llama la atención de las “asociaciones dependientes de traducción” que presuponen un dominio inverosímil de lenguas extranjeras al nivel de la lengua materna, una especie de “inconsciente políglota”.

Por otra parte, resalta que el hecho de que sea el mismo paciente el que llegue a las conclusiones del análisis “ayudado” por el mismo Freud, no es prueba de cientificidad. Más aún, dedica un capítulo a mostrar cómo detrás del método de “asociación libre” y “atención flotante”, Freud despliega una serie de intervenciones explícitas que lo acercan a la mayéutica socrática o platónica, induciendo al paciente a llegar a las conclusiones que confirman su teoría, estimulándolo no solo a confesar su angustia sino también a afirmar la corrección de la explicación freudiana sobre su lapsus.

El autor analiza también la analogía freudiana entre juez-acusado, y analista-paciente, la cual revela generalmente una concepción autoritaria de la psiquiatría y la medicina e ignora la posibilidad de que, incluso lejos de una coerción violenta, un acusado pueda ser inducido por sugestión de un interrogatorio a “confesar” cosas que no hizo. Del mismo modo, recuerda que en La negación (1925), Freud afirma que cada negación de parte del paciente es una manifestación de resistencia y, así, una confesión involuntaria (incluso transformándola en regla heurística).

De esta manera, Timpanaro fundamenta bien cómo la explicación general-individual freudiana paga el costo de ser inmune a cualquier verificación real y subestimar las implicancias de un método científico. Freud expresaría, contradictoriamente, “una formación científica materialista y una formación cultural en la que predominan poderosos impulsos antimaterialisas y antiiluministas” [183]. Lo cual no implica –otro leit motiv del libro– “subestimar que Freud fue uno de los gigantes intelectuales de nuestro siglo y abrió nuevos horizontes incluso para la ciencia” [89].

En este punto es importante dejar señalado que estos problemas metodológicos que señala el autor han tenido consecuencias (nocivas) directas en la práctica misma del psicoanálisis por parte de Freud, que la reciente biografía de Elisabeth Roudinesco muestra con claridad [7].

Los lapsus y los buenos ciudadanos de Viena

Un aspecto muy valioso del libro es el análisis ideológico y social del desarrollo freudiano, que muestra por ejemplo cómo muchos de los ejemplos referidos por Freud proyectan ambiciones y frustraciones académicas propias del medio pequeñoburgués en el cual se movía Freud:

Quizá no sea estúpido sugerir que el psicoanálisis revela la huella de la síntesis singular de implacable espíritu crítico e implacable corrección burguesa […] la burguesía de las grandes ciudades y en Viena en particular, sintió una crisis de valores tradicionales, y un clima de sofisticada decadencia y psicologismo fue más palpable que en cualquier otro lugar [108].

Así, en La psicopatología... se expresarían diversos “tópicos prohibidos” que reflejaban un clima de crisis de estos pseudovalores dentro de la burguesía y la aristocracia, pero

... con importantes lagunas, aún si uno acepta que todos los “lapsus” tienen su origen en la represión: […] entre los sociales no encontramos uno referido a relaciones de clase, al antagonismo entre burguesía y proletariado [111].

Efectivamente, no hay rastros del miedo a la revolución, lo cual es inverosímil para nuestro autor teniendo en cuenta el carácter burgués de sus pacientes, en medio de un ascenso revolucionario (y su contraparte fascista), lo cual expresa

... un caso de “censura” impuesta, conciente o inconcientemente, por Freud […] no solo el proletariado no figura [en La interpretación de los sueños], sino que su ausencia resulta en una seria explicación seriamente deficiente de las neurosis de la burguesía [115].

El autor señala también, como uno de los aspectos más débiles de la teoría freudiana, la “interpretación del hombre prehistórico en un registro autobiográfico”, donde la situación edípica tiende a asumir las dimensiones de paradigma de todas y cada una de las relaciones humanas, apoyándose para ello en concepciones biológicas erróneas (Lamarck y la ley biogenética de Haeckel [8], sobre todo en Tótem y tabú).

Otro eje de análisis agudo del autor apunta a cómo La psicopatología… revela una relación de antagonismo, y al mismo tiempo de colaboración, entre Freud y sus “conejillos de indias”. Cómo el creador del psicoanálisis utiliza técnicas de sugestión sobre la “mala conciencia” de la burguesía respetable acerca de sus deseos sexuales reprimidos, la cual es inducida fácilmente a admitir las interpretaciones más descabelladas sobre sus propios lapsus. Así, el psicoanálisis habría dejado de generar escándalo moral para convertirse en una moda, y la explicación de los “lapsus” paso a ser un “pasatiempo refinado”.

En el mismo sentido, recorre varias veces la idea –tematizada al mismo tiempo por Michel Foucault [9]– de que las funciones del psicoanálisis sirven de pasatiempo a miembros de la nueva burguesía que la aceptan como sustituto moderno para la antigua confesión católica de pecados. Para esto compara a la vieja burguesía tradicional hostil a Freud que desdeñaba la confessio oris (obligación de decir la verdad sobre sí mismo) con la nueva, que voluntariamente se entregaba no solo a aquella sino a una contritio cordis (contrición del corazón).

Buenos aportes y los problemas de omitir la dialéctica marxista

El libro avanza en la desmitificación propuesta de la teoría freudiana mediante la caracterización de sus límites ideológicos, su deriva hacia un psicologismo alejado de las pretensiones científicas iniciales, sus contradicciones metodológicas y una naturalización socialmente conservadora. Son aspectos básicos para una apropiación crítica posible de los núcleos de verdad de la teoría freudiana por parte del marxismo, y en ese sentido hace un muy buen aporte.

Al mismo tiempo, Timpanaro plantea correctamente la necesidad de una psicología construida desde el marxismo (“de la cual Marx y Engels solo aportaron puntos de partida”) y aporta valiosos insights.

A la hora de referenciarse en una psicología tal, el autor retoma –no sin críticas– a Wilhelm Reich por su énfasis en atacar las causas sociales de las neurosis (frente al materialismo contemplativo de Freud) [10] y al Politzer de la Crítica de los fundamentos de la psicología (1928), quien desde una perspectiva “ultrafreudiana”, crítica que no sea consistente con su propia concepción de psicología como “drama individual” y caiga en categorías abstractas deshumanizadoras, demandando una psicología “concreta” que tenga en cuenta las frustraciones y opresiones propias de una sociedad antiigualitaria.

Pero hay que resaltar que resulta problemática la contraposición que hace el autor entre lo que considera un tipo de “causalidad mágica” (Cassirer) de intenciones (inconcientes, muerte y sexualidad) y las causas meramente neurofisiológicas o lingüísticas de corte asociacionista (del tipo del sostenido en su momento por el conductismo, o por las neurociencias hoy) supuestas por la crítica textual. Este deslizamiento constante hacia un tipo de psicología de corte neurofisiológico y asociacionista lo lleva incluso a tomar por válida la posibilidad de conjugar el psicoanálisis con la reflexología pavloviana.

Se trata de un enfoque incorrecto, que expresa otro más profundo y grave: la ausencia total, en todo el libro de una aproximación dialéctica –implícitamente muy poco y explícitamente, nada– a la psicología (en vano buscaremos si quiera el término en el libro). Quizá las referencias a Popper, aunque con todos los reparos, no sean sin consecuencias… chi lo sa. Lo cierto es que, por más que critique correctamente las tendencias materialistas premarxistas de Freud [11], él mismo –Timpanaro, al dejar de lado la dialéctica de los autores del Manifiesto Comunista– parece tender hacia ellas. En este sentido, aunque también recorre y complementa varios de los tópicos desarrollados por Lev Vygotski en su apropiación crítica del psicoanálisis, carece de la piedra que le permitió a este último poner en pie un programa sólido para una construir una psicología desde el marxismo: la dialéctica marxista [12].

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NOTAS AL PIE

[1Las referencias a esta edición se harán entre corchetes al final de la cita. Todas las traducciones son propias. Hay versión en idioma español: Timpanaro, Sebastián, El lapsus freudiano: psicoanálisis y crítica textual, Madrid, Grijalbo, 1977.

[2Ver Díaz, Ariane, “Anderson y un mapa polémico del marxismo”, IdZ 35, noviembre-diciembre 2016.

[3Perry Anderson analizará luego, en Tras las huellas del materialismo histórico (1983), cómo la crisis del marxismo en los ‘60 con epicentro en Francia, revalorizó la figura de Freud dentro de la izquierda, mediada por el ascenso de un estructuralismo y posestructuralismo althusseriano influido por Lacan, dando lugar a la lectura más difundida desde entonces al compás del avance neoliberal. Posteriormente la otra tendencia, neopositivista, informará el avance del reduccionismo biologicista de las neurociencias. Ambas marcan los polos –reduccionistas– del mapa de la psicología actual en nuestro país.

[4Su obra La génesis del método Lachmann (1963) le dio reconocimiento internacional. Escribió también Classicismo e illuminismo nell’ Ottocento italiano (1965) y Praxis, materialismo y estructuralismo (1970), trabajos de historia intelectual alrededor de la obra de Giacomo Leopardi. Antiestalinista y crítico del maoísmo, militó en el PSI hasta su alianza con la Democracia Cristiana (1964), formando el PSIUP, donde militó hasta mediados de los 70.

[5Versprechen und verlesen (Stuttgart, 1895), del lingüista Rudolf Meringer y el psicólogo Karl Mayer.

[6A pesar de que Timpanaro apela con esto a la teoría de Popper sobre el desarrollo de la ciencia, se desmarca de las derivas políticas –antisocialistas– de Popper.

[7Ver Freud S., En su tiempo y en nuestro tiempo, Buenos Aires, Debate, 2015. Reseñamos este libro en Duarte, J., “Deconstructing Freud”, IdZ 25.

[8Este aspecto, clave y de múltiples consecuencias –negativas– para el pensamiento de Freud, fue criticado en profundidad por el paleontólogo y especialista en evolución Stephen Jay Gould (Ontogenia y filogenia. La ley fundamental de la biogenética, Barcelona, Crítica, 2010). Por su parte, Lev Vygotski había analizado críticamente la utilización de esta “ley” haeckeliana en psicología, muy presente no solo en psicoanálisis sino en el amplio espectro de teorías psicológicas que buscaron referenciarse en Darwin. Ver Vygotski, L. “La ley biogenética en psicología y en pedagogía”, en Vygotski, L., El desarrollo cultural del niño y otros textos inéditos (G.Blanck, comp.), Buenos Aires, Almagesto, 1998.

[9Foucault, M. (1976), Historia de la sexualidad, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002.

[10“No hay nada más paradójico que saber que la familia está lejos de ser un ambiente idílico […] y limitarse a curar sus daños, antes que buscar cómo prevenir esos daños suprimiendo la institución misma”[110].

[11Un aspecto muy interesante de la biografía de Roudinesco –que Timpanaro parece desconocer– es que el creador del psicoanálisis se referenció fuertemente, en el pensamiento filosófico de Ludwig Feuerbach, justamente contra quienes Marx y Engels sentaron las bases filosóficas de su concepción materialista de la historia.

[12Ver Duarte, Juan, “El Capital como inspiración en la teoría de Vigotsky”, IdZ 18, abril, 2015 y “Vygotski y las claves para una apropiación crítica del psicoanálisis”, en Carpintero, E. (comp.), El psicoanálisis y la revolución de octubre, Buenos Aires, Topía, 2017.
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Juan Duarte

Tw: @elzahir2006 IG: @juanmaduarte.
Nació en Mendoza en 1979. Es psicólogo y docente universitario en la UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y de la agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda. Editó Genes, células y cerebros de Hilary y Steven Rose, y Leon Trotsky y el arte de la insurrección (1905-1917) de Harold Nelson (Ediciones IPS, 2017) y escribió en El psicoanálisis y la revolución de Octubre (Ed. Topía, 2017).
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