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El (nuevo) apoyo del PCV a Maduro, o la triste historia de “no es un cheque en blanco”

Aunque previsible, el respaldo del PCV a la candidatura de Maduro en las venideras presidenciales, y la lógica bajo la cual se mueve dentro del acuerdo de 17 puntos con el partido de gobierno, merecen ser discutidos.

Humberto Zavala

Venezuela | @1987_zavala

Domingo 11 de marzo | 13:08

Al aproximarse las elecciones presidenciales del 20 de mayo donde el gobierno de Maduro persigue su relegitimación, prevalece el cuadro económico catastrófico (hiperinflación, depauperación, hambre, colapso de industrias básicas y servicios públicos, emigración masiva y todo tipo penurias para el pueblo trabajador), la ANC con poderes plenipotenciarios y supraconstitucionales que había prometido soluciones al país cumple sus primeros seis meses mostrando ningún éxito, salvo en la militarización progresiva en todos los ámbitos de la vida pública, especialmente en cuanto a la represión de la protesta obrera y popular.

En este marco, uno de los aliados permanentes del PSUV en la coalición oficialista del Gran Polo Patriótico (GPP) desde su conformación, el Partido Comunista de Venezuela (PCV), resolvía en su XIV Conferencia Nacional llegar a un Acuerdo Unitario Marco PSUV-PCV emitido con fecha del pasado lunes 26 de febrero, firmado por representantes de ambas organizaciones.

El documento sostiene en su último punto que: “El PCV, sobre la base del presente acuerdo y de los diversos puntos de coincidencia con el PSUV […] asume la candidatura del compatriota Nicolás Maduro Moros” Más allá de lo previsible de este nuevo respaldo electoral, consideramos perentorio resaltar algunos elementos clave de este paso en falso pero evitando en lo posible reducir el debate a la pura y simple delimitación de principios con dicha organización.

Sobre los acuerdos en el papel y el papel de los acuerdos

Este nuevo apoyo a la reelección de Maduro para el período 2019-2025 se fundamenta en 17 puntos de acuerdo mutuo, que pueden leerse en el portal del PCV (aquí), el razonamiento utilizado para intentar justificarlo no es novedoso, lo explican a partir de una creciente “agresividad injerencista del imperialismo estadounidense y sus aliados europeos contra el proceso bolivariano venezolano… nuestra soberanía nacional e integridad territorial” junto a la necesidad de cerrar filas en torno a “la perspectiva de liberación nacional que se impulsó a partir de la victoria popular encabezada por el Comandante Presidente Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998”.

Es decir que 20 años después de la proclamada “victoria popular” electoral de 1998, estando hoy mucho más lejos de una efectiva “liberación nacional” (¡ni qué hablar de socialismo!) a partir de contrarreformas como la Ley de Inversiones Extranjeras, la entrega de nuestros recursos naturales a trasnacionales rapiña y su remate a futuro a través del Petro, el PCV plantea sencillamente que es solo dentro de la perspectiva del “frente antiimperialista” con el partido burgués gobernante como lograrían este objetivo político.

¿Cuál sería el instrumento de esta nada novedosa perspectiva? El Acuerdo Unitario Marco que promete “la constitución de una instancia orgánica de dirección colectiva y unitaria de las organizaciones políticas y sociales patrióticas y revolucionarias para el análisis, la construcción y la coordinación de acciones políticas y de gestión de gobierno” (Punto 4) y “reuniones bilaterales periódicas” para analizar “propuestas estratégicas que están siendo planteadas por el PCV para coadyuvar el buen desarrollo de los planes y políticas del Estado y el Gobierno en beneficio del pueblo y de la liberación nacional” (Punto 15).

Así es más claro que el partido que se autoproclama como “expresión de los intereses de la clase obrera y el pueblo” aspira mayor participación en el actual régimen, haciendo su contribución al “buen desarrollo de los planes y políticas de Estado y el Gobierno” en los marcos de una profunda crisis de legitimidad tanto para el Gobierno como para sus partidos aliados, donde la enorme fuerza social potencialmente avasallante de la clase trabajadora y los sectores populares solo quedan reducidas a moneda de cambio para negociar nuevas cuotas de poder con el Gobierno.

Todo apunta a que el PCV tiene la mirada fijada en las próximas elecciones legislativas que necesita adelantar la ANC fraudulenta para sacudirse la derrota electoral del 6D, de esto, el punto 16.8 es lo suficientemente enfático: “trabajaremos por garantizar una fórmula unitaria de carácter electoral que garantice efectiva presencia y fortalecimiento de nuestras organizaciones en las elecciones legislativas a nivel nacional, estadal y municipal”. En una entrevista de hace un año será el propio secretario general de la organización quien responda sobre el valor de los acuerdos con el PSUV:

“El GPP se ha convertido, históricamente, en un aparato que funciona cuando vienen los procesos electorales para llegar a unos acuerdos electorales y luego para mantener una especie de status quo… que no profundizan en la práctica política… y eso obviamente va matando la organización, porque si la organización no tiene sentido práctico, pierde la razón de su existencia. Podríamos afirmar que el GPP tiene muy poca existencia práctica.”

La triste historia de “No es un cheque en blanco”

Antes de que los fraseólogos más disciplinados del partido nos mareen con el argumento infaltable contra “ultraizquierdistas” acerca de los compromisos en la política, hay que decirlo, nada hay más falaz que el pretexto de que este no significaría un cheque en blanco a Maduro, como seguramente tampoco lo fue el apoyo a Medina Angarita, gracias al cual se eliminó el inciso sexto que prohibía la propaganda comunista y se promulgaron algunas reformas “nacionalistas”, pero como contraprestación se avaló la creación artificial una burguesía industrial autóctona con fuerte financiamiento estatal y la cooptación de los sindicatos por el Estado.

O como tampoco lo fue el respaldo a Larrazábal y la Junta de Gobierno del 58’, que sucedió a la dictadura perezjimenista aunque de ahí haya salido nada menos que el Pacto de Avenimiento Obrero-Patronal con Fedecámaras que posibilitó el ascenso del Puntofijismo; seguramente tampoco lo fue el acuerdo con el socialcristiano Caldera en el 93’ que ciertamente cumplió con la absolución al líder del 4F pero de ahí salió su segundo período presidencial donde mostró su talante más neoliberal.

Hay que reconocerles que de todos los compromisos “que no son cheque en blanco”, con el chavismo establecieron uno verdaderamente a prueba de balas:

Bajo Chávez: Que la “constituyente” del 99’ no sometiera a consulta siquiera el IVA, ni las tercerizaciones, ni la deuda externa, ni la antidemocrática Ley Electoral “puntofijista”. Que el propio Chávez haciendo caso omiso de la advertencia del “golpe inminente” realizada por el propio PCV en su XI Congreso Nacional (marzo 2002) y dejara correr el golpe con cientos de víctimas para luego garantizar la impunidad de importantes sectores burgueses. Que luego de la derrota del paro patronal y del imperialismo (2002-2003) en manos de la clase obrera venezolana, Chávez procediera al desmantelamiento de las pocas experiencias de control obrero, como en PDVSA Oriente. Nada de esto fue motivo para romper alianzas.

En las narices de parlamentarios del PCV: Que se promulgara un cuerpo de nuevas leyes que atentan contra la autonomía sindical, la autoorganización y las luchas obreras. Que en dicho período aumentara el cerco y represión a las luchas obreras (Sidor, Ferrominera, Sanitarios Maracay, Mitsubishi), la impunidad con el sicariato patronal (contra dirigentes sindicales de Mitsubishi, dirigentes de UNETE Aragua, etc.) Que se cerraran acuerdos nefastos con el Uribismo y con Santos; Que se postulara la candidatura de Cordero Lara un genocida responsable de la Masacre de Cantaura (candidatura que por cierto el PCV también apoyó), y se garantizara la impunidad a los crímenes contra los Yukpas y Sabino Romero. Todavía no es suficiente para romper alianzas.

Desde Maduro: Que este iniciara el mismo 2013 profundizando los paquetazos, devaluaciones y ajustes antipopulares. Que desaparecieran a Alcedo Mora y los hermanos Vergel por denunciar la corrupción en PDVSA. Que avanzaran con la Resolución 8.610 del MinDef, las OLP y los Estados de Excepción, la criminalización de la protesta y la represión en los barrios, y la persecución de dirigentes obreros y populares. Que avanzaran en la entrega del Arco Minero del Orinoco. Que instauraran el fraude “constituyente” (spot 1, spot 2, spot 3 y spot 4), utilizada incluso para secuestrar los 11 mil votos del PCV en las municipales de Alcaldía de Libertador (Anzoátegui), mismo método utilizado en Simón Planas (Lara). Claramente no ha sido motivo para romper alianzas.

Solo este año: Que aumentara la persecución y hostigamientos a las luchas obreras: Metro de Caracas, Lácteos Los Andes, Corpoelec. Represión Brutal a los movilizados de Carabobo el 20 de febrero. Esto tampoco.

Incluso después del Acuerdo Unitario con el PSUV: Que el gobierno reprima de forma brutal a manifestantes en Playa Grande Carúpano (donde muere Argenis Serrano de 33 años). Que ilegalmente se mantenga privado de libertad al dirigente de Fetraelec Elio Palacios mientras que es despedido ilegalmente Denny Brazón dirigente sindical de Conatel. Ni así ha sido motivo para abandonar el acuerdo.

Por lo que ya no se justifica el pseudo argumento de que tal acuerdo fue decisión mayoritaria en un Congreso Nacional y ellos se rigen “por el principio de centralismo democrático”, como vemos pura retórica. También es demostración de que el punto 16.5 que habla del “el respeto a todos los derechos de las y los trabajadores” acaba de ser faltado por ambos partidos ante sus propias bases y el pueblo en general.

Nuevamente podemos encontrar una explicación en la citada entrevista al secretario general Óscar Figueras: “Nadie pone objeción, en general, a las cosas que no los afectan [...] En general, tú no te das cuenta de los problemas y su esencia hasta que no te afectan [...] Si a ti te ponen una condición y tú la aceptas, yo no tengo que salir a decir que no la acepto, ese es tu problema. Nosotros no tenemos que salir a defenderle a la oposición derechos si ellos no los exigen, esa es su responsabilidad.”

Espanta pensar que si estos no son cheques en blanco, ¿hasta dónde llegarían si realmente lo fueran?

¿Por qué no hubo candidatura alternativa del PCV? Una respuesta a la Corriente Marxista – Lucha de Clases

Desde la Corriente Marxista – Lucha de Clases extendieron una carta al PCV con motivo de su XIV Conferencia Nacional en la que exhortaron “a los delegados de esta XIV Conferencia Nacional a optar por una candidatura alternativa […] Este candidato, no sólo deberá soportar las presiones de la burocracia, sino también de la burguesía, por lo que debe ser un cuadro probado en las luchas populares”, En otras palabras: “¡Al agua que nos mojamos!”

Tristemente siendo ellos parte de una corriente internacional (Corriente Marxista Internacional) que se jacta de poseer ascendencia en la única tradición marxista que pudo profundizar la lucha teórico-política contra el estalinismo desde sus orígenes, pero que sostiene posturas que dejan mucho que desear a su declarativo trotskismo.

Como mínimo han debido deducir de aquello que ya es tradición teórica (y práctica deplorable) tanto del PCV como del estalinismo a nivel internacional, el dogma que atribuyen a “nuestras características de nación dependiente y rentista” que según ellos nos imponen “objetivamente” una única perspectiva de “liberación nacional” a la que correspondería por antonomasia un “gran frente antiimperialista” de todas las fuerzas progresistas y nacionalistas, inclusive bajo el acaudillamiento por un largo período de la pequeña burguesía o burguesía emergente, relegando a un futuro indeterminado la lucha directamente anticapitalista de los obreros y las masas, correspondiente –para ellos– a una etapa separada y posterior, en otro período histórico. Todo esto, dicho sea, aunque los únicos ejemplos con que contamos en la historia nacional e internacional del siglo XX y XXI refuten esta mecánica.

En el momento actual, la lógica del PCV es derivar su apoyo a Maduro de condiciones de avance de agresiones imperialistas como su “fundamento objetivo”, pero esta avanzada “objetiva” del imperialismo y la derecha solo fue posible tras más de una década de férreo control y dispersión del movimiento obrero por el Estado a través de sus burocracias sindicales y políticas. Este bloqueo a que la clase obrera se afirmara como sujeto independiente del tibio nacionalismo burgués (a lo Chávez) hace parte de la mentada estrategia de “revolución por etapas” citada, bajo la forma de ese peregrino “frente antiimperialista” con sectores de la burguesía y con el mismo gobierno, que como vimos, más allá de los recurrentes roces con el imperialismo nunca ha dejado de favorecerlo a través de la aceptación de diferentes mecanismos de sujeción en detrimento del pueblo trabajador al que dice representar.

La actual crisis orgánica a la que asistimos es, como vemos, producto de la derrota de aquel gran consenso, que deja al descubierto al PCV y otras organizaciones del GPP intentando reavivar un decadente “frente popular” con un Gobierno profundamente impopular, y si advertimos lo ya una vez planteado por Clausewitz, las derrotas ocurren “por efecto del combate, bien tenga lugar este en realidad, o sea solamente presentado por un bando, y no aceptado por el adversario”, esto último traducido al lenguaje de la lucha de clases en el espíritu del marxismo clásico, resume la razón de la "crisis de dirección revolucionaria" contemporánea.

Si hoy estas direcciones no se muestran capaces de lanzar una candidatura alternativa a Maduro es solo porque Maduro es el candidato que mejor sigue representando su precitada estrategia, que de suyo no parte de la independencia de clase inherente a todo marxismo que se precie de tal en los 170 años que van desde el Manifiesto Comunista hasta aquí, o dicho de otro modo, porque no consideran que la clase obrera pueda ser sujeto de su propia liberación, y que por tanto deben dedicarse a apoyar a representantes de coaliciones políticas que involucran a explotados y explotadores.

Pero ya haciendo a un lado el anacrónico esquematismo “etapista” tradicional del PCV, resulta llamativo ahora sí, que una corriente que desde hace tantos años viene sosteniendo una suerte de “entrismo” en el PSUV para salir de su inmovilismo se vea en la necesidad de plantearle tareas a otra organización, como el caso del PCV, tareas en las que, hay que decirlo, a pesar de los años no ha podido avanzar un centímetro desde allí dentro.

Es por ello precisamente que los trotskistas de la Liga de Trabajadores por el Socialismo, insistimos en la necesidad de salvaguardar desde un principio la independencia de clase de los trabajadores en lo político y organizativo frente al chavismo y la pro imperialista oposición de derecha, bajo un programa de lucha que conecte las necesidades más sentidas de los trabajadores y pueblo pobre que actualmente sufren los embates de la crisis con la perspectiva de la democracia obrera antiimperialista y anticapitalista.






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