Política

EDITORIAL

El virus de la desigualdad capitalista

Se produjo un aumento de la desigualdad y la cantidad de multimillonarios en el contexto de la pandemia. Un prueba más de la barbarie a la que conduce el tren loco del capitalismo.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 27 de septiembre | 22:33

Imagen: Enfoque Rojo
  •  El otro día en una entrevista con algunos periodistas y analistas políticos me hicieron una pregunta clásica que se le hace a las personas de izquierda: ¿En qué país del mundo funciona un sistema social como el que vos proponés? Digamos, un régimen social no capitalista o socialista.
  •  La pregunta puede tener dos tipos de respuestas:

    a) Una podría deslizarse hacia a una larga discusión histórica sobre los experiencias como la rusa, la china o la cubana que, pese a las deformaciones o degeneraciones aberrantes –en algunos casos– de sus sistemas políticos y sociales, permitieron que países atrasados se conviertan en potencias o en el caso de Cuba, una isla asediada que sobrevivió y alcanzó resultados impensables en campos como la medicina o la educación.

    b) Pero, la alternativa puede ser contestar con otra pregunta: ¿Dónde funciona el capitalismo? Y por “funcionar” no me refiero simplemente a existir, sobrevivir o imponerse; sino funcionar, es decir, solucionar o dar respuesta a los problemas de la sociedad.

  •  Algunos hablan de los países nórdicos (Noruega, Dinamarca) con índices sociales mejores que el resto del mundo, aunque si uno pone la lupa sobre algunas experiencias saltan desde los problemas de violencia contra las mujeres hasta los guetos de inmigrantes. Los pilares y las especificidades de los “milagros nórdicos” son para discutir largo y tendido.
  •  Pero, al margen, todo el mundo capitalista no funciona, funciona pésimo o, mejor dicho, anda muy bien para minorías privilegiadas y no funciona para las mayorías. Cualquiera que mire la realidad de EEUU o Europa, para no hablar de África o nuestra región, Latinoamérica, puede constatarlo.
  •  Dos hechos actuales lo demuestran: los muertos en el mundo por el Covid-19 ya alcanzan el millón de personas, mientras que treinta y tres millones son las infectadas. En ese contexto y ante la presencia de los que algunos califican como la peor crisis económica y social de la modernidad (la economía de EEUU se contrajo en 10 % interanual en el segundo semestre, la española cayó un 17, 8%, el Reino Unido -21,7%, Alemania-11,3%; Francia,-18,9%; Italia,-17,7%; en nuestra región, Perú se desplomó con un 30 % de caída), sin embargo, aumenta la desigualdad y hay una guerra geopolítica y monopólica por la vacuna.
  •  En nuestro país, la brecha entre el 10 % más rico y el 10 % más pobre se amplió respecto al mismo período del año pasado. El índice Gini es un indicador de la desigualdad en la distribución del ingreso entre cero y uno: cuanto más se aproxima a cero, mayor es la igualdad y cuanto más se acerca a uno, mayor es la desigualdad. Acá pasó de 0,434 a 0,451. El 10 % de la población más rica pasó a percibir 19 veces más ingresos que el 10 % más pobre. La brecha es tres veces mayor que hace un año, cuando la diferencia era de 16.
  •  Esto se debe, entre otras cosas, a que de un total de casi 9 millones de asalariados, se observó una caída anual de 1,3 millones con ingresos sin descuento jubilatorio y de 259.007 en aquellas que perciben ingresos con descuento. El mayor impacto recayó sobre aquellos con peores condiciones de trabajo, salarios promedio más bajos y/o menos estables, como pueden ser los trabajadores informales, cuentapropistas y monotributistas.
  •  América Latina, la región más desigual a nivel mundial y una de las más golpeadas por la pandemia, experimentó durante los últimos cuatro meses un significativo ensanchamiento de la brecha entre los más ricos y el resto de la población. Desde marzo pasado, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia, los 73.000 "milmillonarios" (personas con un patrimonio superior a los mil millones de dólares) aumentaron su fortuna en 48.200 millones de dólares. En la región surgió un nuevo "milmillonario" cada dos semanas, según un análisis del ranking de las personas más ricas que publicó la revista Forbes entre marzo y julio. En paralelo al incremento descomunal del patrimonio de este sector más rico, unas 140 millones de personas (es decir, un poco más de la mitad de la población laboralmente activa de la región) subsisten gracias a trabajos informales y una de cada cinco vive en un barrio carenciado.
  •  Una vez que pasó esa ilusión de que el Covid-19 era un virus “democrático”, quedó en evidencia que a los ricos, las consecuencias de pandemia los molestan o los inquietan, pero a los pobres, los destrozan.
  •  Con respecto a la vacuna, Eduardo Febbro escribió hoy en Página 12 que hay quienes definen su investigación y producción como una competencia feroz entre Estados y grupos farmacéuticos. Según, Robert Silverman, miembro de Oxfam América (una organización no gubernamental): “Los cálculos exponen un sistema roto que protege los monopolios y las ganancias de las corporaciones farmacéuticas y favorece a las naciones ricas, mientras que restringe artificialmente (restringe artificialmente) la producción y deja a la mayoría de la población mundial esperando más de lo necesario por una vacuna” ¿Por qué se produce esto?: entre otras cosas, porque las naciones que tienen muy poca capacidad para investigar o producir se asociaron de alguna manera y las que tienen más capacidad o potencia siguen por las suyas. En el medio, mantienen las patentes y los derechos sobre las investigaciones.
  •  Entonces, ¿dónde “funciona” el capitalismo? ¿en los países en los que ante la peor crisis de la modernidad, los ricos la aprovechan para hacerse más ricos y los monopolios manipulan la producción de la vacuna para su guerra comercial?
  •  Esta semana se cumplieron 80 años de la muerte de Walter Benjamin, un lúcido intelectual de izquierda, alemán que murió perseguido por el nazismo. En una de sus Tesis sobre el concepto de Historia decía que la revolución más que un resultado inevitable debía ser la interrupción de una evolución histórica que conduce a la catástrofe. Aseguraba que las revoluciones antes que “locomotoras de la historia”, tal vez sean “el acto por el cual la humanidad que viaja en el tren tira del freno de emergencia”.
  •  La pandemia no demostró que el capitalismo no funciona, eso simplemente lo confirmó porque estaba más que demostrado. Quizá la enseñanza que dejó es que para evitar un camino al abismo se torna urgente meter el freno de emergencia.




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