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ELECCIONES PRESIDENCIALES COSTA RICA

Elecciones atípicas en Costa Rica

Sábado 3 de febrero

Elecciones atípicas en Costa Rica.

70 años de estabilidad

Costa Rica ha realizado elecciones invariablemente desde 1953, año en que finaliza el conflicto militar más importante de la historia del país y del cual surgieron una serie de instituciones de carácter político, religioso, social y económico -la Segunda República- que permiten todavía hoy, después de décadas de administración neoliberal, mantener estándares de salud y de economía que casi siempre han logrado posicionar a Costa Rica entre los primeros cinco países de América Latina respecto de calidad de vida, acceso a la salud, a la educación, entre otros. Estos logros se conquistaron en una dialéctica peculiar en la cual la clase obrera fue derrotada y desorganizada después de su derrota militar en el 48, pero cuyas conquistas sociales pervivieron dentro del estado burgués. Del conflicto militar surgió el principal partido de la historia del país, el Partido Liberación Nacional (PLN), que desde sus inicios fue un partido socialdemócrata, anticomunista, y de grandes y -sobre todo- pequeños propietarios agrarios.

Durante la revolución centroamericana, en la década de los ochenta, Costa Rica tuvo un tratamiento económico especial de parte de los Estados Unidos, creando un búnker democrático al cual le ayudaba con casi un millón de dólares diarios durante todo el conflicto revolucionario. Esto asienta aún más la estabilidad democrática del estado y también genera las condiciones para la aparición de otro partido burgués, el socialcristiano Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). Se crea entonces un manejo bipartito de las instituciones del estado que duró otros 30 años.

Una perspectiva de “cambio”

Hace 4 años las elecciones fueron ganadas por el Partido Acción Ciudadana (PAC), una ruptura de Liberación Nacional en medio del debate centroamericano por el TLC con los Estados Unidos -donde el movimiento de masas costarricense fue vanguardia en Centroamérica. El PAC entra en escena 70 años después de la victoria militar de Liberación Nacional y es la manifestación de que hay una ruptura importante en la realidad nacional. En la medida en que el TLC se implementó y se profundizó la precarización laboral, el ataque a las conquistas sociales y demás, así también se empezó a dar una ruptura entre la pequeña burguesía urbana y rural y la gran burguesía, que culmina en la existencia de dos partidos separados.

El PAC llegó al poder con una cifra histórica de 1 300 000 votos, en una segunda ronda donde se apoyó en todas las clases sociales urbanas y rurales, salvo la propia burguesía, contra Liberación. La expectativa de cambio que generó fue enorme. Y su resultado tétrico. A toda velocidad, el gobierno del PAC desarmó al principal sindicato del país por su ubicación estratégica, SINTRAJAP de los muelles del Caribe y entregó la operación portuaria al imperialismo holandés. No modificó ni una de las prácticas neoliberales, al punto que hoy sale del gobierno con un escándalo de corrupción donde la propia figura del presidente fue salvada exclusivamente por manejos políticos -a lo Temer en Brasil.

Como nota que parecía curiosa en su momento, el PAC también introdujo un cambio cualitativo, ya que puso en su gabinete a un pastor protestante, miembro de la Iglesia Luterana, lo que era una gran modificación en un estado confesional donde hasta hace unas décadas el papel simbólico de la Iglesia era indiscutido para toda la burguesía.

El PAC en general promovió un clima conservador, contra la movilización callejera y procurando vehicular por vías administrativas institucionales todas las discusiones políticas que venían de la izquierda y de los movimientos sociales, mientras que las discusiones políticas que venían de la derecha y de la burguesía, simplemente las asumió de hecho. En la medida en que el cambio del PAC no se transformó en una modificación de las condiciones de vida de las más amplias masas, entonces el descontento social buscó y encontró su propio camino.

En un ambiente cada vez más conservador, cada vez más anti trabajador, anti derechos de las mujeres y anti derechos a la comunidad LGBT, empezó a crecer y movilizarse una derecha reaccionaria vinculada a la Iglesia Católica y a las iglesias evangélicas y protestantes, que abiertamente rompen las reglas liberales constitucionales y usan sus púlpitos para predicar la palabra y alcanzar diputados.

Estas movilizaciones se han dado en los últimos años como una respuesta a las movilizaciones callejeras pro-derechos de la comunidad LGBT y las mujeres, por el derecho al aborto, al estado laico, etc. Es decir, el clima electoral que vivimos es el propio que se da cuando se han dado las más grandes movilizaciones progresistas o reaccionarias en el país.

La gota que derramó todo: el Matrimonio Igualitario

La gota que derramó el vaso fue el Matrimonio Igualitario. La orientación del PAC desde que entró en el gobierno consistió en detener la presentación de un proyecto de Matrimonio Igualitario por iniciativa popular, ya que este proyecto de ley aglutinó de hecho a miles de personas que se movilizaron durante todo el gobierno previo. En su afán de contener las movilizaciones pero al mismo tiempo lograr reivindicaciones, el PAC optó por consultar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos si debía dar igualdad de derechos a toda la población. La Corte responde afirmativamente y el gobierno del PAC emitió una posición según la cual es de acatamiento obligatorio la respuesta de la Corte y da una orden ejecutiva para garantizar la implementación del Matrimonio Igualitario.

La respuesta de la derecha evangélica se demostró de manera simple en las encuestas. Fabricio Alvarado, un ex periodista, cantante y “salmista”, pasó de estar en los puestos más bajos de predilección de votos, a encabezar la encuesta. Es este hecho, que ha sido retomado por el New York Times, la DW o rtnoticias, el que cambió todo el panorama electoral. Es el “atractor” que ordena a todos los demás elementos. Por desarrollo desigual y combinado, el Matrimonio Igualitario es de hecho la discusión política más determinante actual en Costa Rica, porque implica reconocer que la familia patriarcal burguesa no existe de hecho para las más amplias masas y que esa forma jurídica es obsoleta, lo que no es bajo ninguna circunstancia una discusión menor.

Las perspectivas electorales

Es así como llegamos a una situación donde la derecha evangélica, que ya juega un rol político importante en otros estados de América Latina como Brasil o Guatemala, se ha convertido hoy por hoy, en la novedad electoral de la campaña y está luchando por entrar a la segunda ronda, lo que abriría una inestabilidad muy ajena a las tradiciones políticas del país, dentro de las cuales la finalización de la campaña electoral significaba una suerte de paz social asumida.

En este momento ninguno de los principales partidos logra llegar siquiera al 20% de intención de voto y dentro de los 5 principales, hay 2 que eran minúsculos un año atrás, uno de los cuales es evangélico y el otro presenta a un candidato bonapartista a la Trump. Después Liberación, los socialcristianos y el PAC luchan con porcentajes electorales por debajo del 15% de intención de voto. Es obvio que habrá una segunda elección pero no es nada obvio quiénes participarán de ella.

Las reacciones

Las reacciones a este panorama electoral no se han hecho esperar. Cuando el evangélico Fabricio Alvarado apareció por primera vez encabezando encuestas, el imperialismo castigó de manera inmediata los bonos en dólares de Costa Rica. El reformista (o neoreformista) Frente Amplio, que en la anterior campaña electoral sacó 9 diputados y hoy no sabe si saca alguno, incluso llamó al Papa Francisco a intervenir en las elecciones para ponerle coto al evangelismo. El Papa ni lo percibió.

En la vida social del país se percibe una preocupación latente debido al hecho de que nadie se siente representado plenamente en ninguno de los partidos mencionados. Se discute ya en círculos académicos que la existencia de una derecha evangélica es expresión de la pérdida de identidades sociales. En realidad es la clase trabajadora, que ha sido desorganizada varias veces desde el 48 y nunca en función de sí misma, la que está sin identidad. Primero por la burguesía y el imperialismo con su dominio económico sobre la vida de los trabajadores, pero después por la debacle del viejo Partido Comunista y por la actitud cínica del Frente Amplio de no plantear una orientación para la clase trabajadora. Es por ello que el evangelismo abunda en los barrios obreros.

En opinión de los compañeros y compañeras que militamos en Organización Socialista hemos llamado a votar al Partido de los Trabajadores como una manera de demostrar la molestia por la situación política en que nos ha dejado el gobierno del PAC y los 30 años de capitalismo neoliberal. Pero parece difícil que en una campaña tan reaccionaria la izquierda radical pueda obtener buenos réditos electorales.

Sea cuál sea el ganador de las elecciones Costa Rica se prepara para un cambio que no fue al que aspiró. La crisis capitalista del 2008 no cerrada de todo, la precarización laboral, el ataque a las conquistas históricas y la aparición de una corriente política evangélica cuyos integrantes ¡hablan en “lenguas”1! o hacen alarde incluso de la no necesidad de tener conocimientos en general para llevar adelante la vida, ponen un futuro sombrío. Esta no es la reforma protestante, es la reacción protestante, pro burguesa, pro imperialista (a pesar de la oposición del imperialismo) pro patriarcal.

El futuro, sin duda, será de lucha. Se empiezan a generar condiciones para un ataque a la clase trabajadora de conjunto. Esa es la aspiración de Liberación, del PAC y del capital. Los trabajadores lo sienten y se agrupan en lo primero que encuentran. Pero cuando desde los púlpitos empiece el ataque a la vida de las trabajadoras y trabajadores, la confianza de la clase en las pastores se pondrá en tela de juicio. El futuro, insistimos, será de lucha. Y sabrá recibir a quienes tengan un plan de organización para la clase trabajadora.

Costa Rica: Elecciones 2018. Llamamos a votar al Partido de los Trabajadores.






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