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Grupo de Puebla: entre la retórica progresista y la impotencia frente a la derecha y el imperialismo

Se realizó virtualmente el V Encuentro del Grupo de Puebla que representa al progresismo regional. El presidente de Argentina, Alberto Fernández, planteó el malmenorismo contra la derecha como estrategia continental.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Sábado 16 de mayo

En su intervención en el foro del progresismo latinoamericano Alberto Fernández volvió a plantear que la crisis del coronavirus "dejó al descubierto la desigualdad, que el capitalismo financiero concentró en muy pocos, grandes recursos, y que concentró en muchos, grandes dolores y pobreza". Mientras esto sucedía se anunciaba que los bonistas que están negociando la oferta argentina de reestructuración de la deuda externa presentaban su contrapropuesta, una semana después de que el Gobierno argentino pagó USD 324 millones al FMI. Al estilo del tero pone el grito contra el capital financiero en los foros internacionales, mientras deja los huevos en el nido del sometimiento donde mandan los mecanismos de expoliación por parte de ese mismo capital financiero al que se señala como responsable de la miseria.

El Grupo de Puebla propondría una moratoria de un año en el pago de la deuda externa a los países del G20, es decir que la estrategia de la reestructuración de la deuda sería el denominador común del progresismo latinoamericano.

El llamamiento es apoyado por el Nobel de economía Joshep Stiglitz, quien reclamó a los buitres "actuar de buena fe" y reivindicó que la política de Fernández y su ministro de Economía, Martín Guzmán, es una oportunidad para que el capital financiero solucione el tema de la deuda externa "de manera ordenada, eficiente y sostenible" en medio de la pandemia.

Stiglitz parece pretender que el capital financiero deje de lucrar, que el imperialismo deje de actuar imponiendo su voluntad a las naciones oprimidas y que estas se hagan cargo, como la Argentina, de presentar un plan sustentable para pagar deudas odiosas contraídas, como en el caso argentino, con el fin de financiar la fuga de capitales.

En síntesis, en lugar de proponer el desconocimiento soberano de la deuda externa, la nacionalización del sistema financiero y el comercio exterior para enfrentar la especulación de los buitres y los monopolios, los progresistas reunidos virtualmente alientan la reestructuración de una deuda ilegal, ilegitima y fraudulenta, es decir negociar el sometimiento al imperialismo.

Denominadores comunes

El presidente argentino también señaló que el camino para cerrarle el paso a la derecha es la unidad de las fuerzas progresistas: "El gran secreto para que Latinoamérica pueda asumir este desafío es que las fuerzas progresistas se unan, caso contrario ayudamos mucho a que la derecha conservadora sobreviva y siga manejando las cosas como lo hizo todo este tiempo". Y agregó a modo de ejemplo que “España esté gobernada por el PSOE y Podemos es una prueba de que esa unidad es posible y necesaria”.

La comparación con el Estado Español es llamativa. El gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tomaron tardíamente las medidas sanitarias necesarias para no perjudicar la producción y el funcionamiento de los negocias capitalistas. Debido a esta subordinación a los intereses empresarios al día de la fecha, se registran 230.183 contagios confirmados por prueba PCR y 27.459 muertes. Como la epidemia ha desescalado, el mismo gobierno se ha apresurado a dictar la salida de la cuarentena para permitir que vuelva a funcionar la economía, cediendo a las presiones empresariales en dicho sentido.

Este último punto, ceder a las presiones empresariales, es un denominador común entre el peronismo en el poder en Argentina y la coalición centroizquierdista española.

Sánchez e Iglesias no solo han volcado 100 mil millones de euros a la banca para que inyecten liquidez, que como señalan en La Izquierda Diario en el Estado Español (parte de la red internacional de La Izquierda Diario) “es en realidad un rescate bancario por anticipado. Los bancos están empleando estos avales para refinanciar los créditos ya existentes. De esta manera, en caso de aumento de la morosidad, será el Estado quien se hará cargo de los impagos”.

Tanto Alberto Fernández como Sánchez-Iglesias, han anunciado un rescate de los empresarios multimillonarios, haciéndose cargo el Estado de la mayor parte de los salarios y migajas para el sistema sanitario y la supervivencia del pueblo trabajador.

Una coincidencia entre ambos gobiernos es que mientras el argentino alentó y convalidó un acuerdo entre la UIA y la CGT que habilita suspensiones y rebajas salariales de hasta el 25%, mientras que a las trabajadoras y trabajadores informales sólo se les otorga un ingreso extraordinario de 10 mil pesos (que aún hoy está por verse si lo recibirán la totalidad de ellos), el gobierno español habilitó a las empresas a no hacerse cargo de las cargas patronales y ha rebajar el salario de sus trabajadores.

Recordemos que poco antes del acuerdo mencionado anteriormente el presidente acusaba de miserables a los empresarios como Paolo Rocca -el dueño de la multinacional Techint- por despedir trabajadores y anunciaba la suspensión de despidos por 60 días, para a los días habilitar los despidos que realizó esa empresa y presentar las suspensiones con rebaja salarial como una defensa de los puestos de trabajo.

Pero además ambos gobiernos comparten el hecho de no atreverse a afectar ningún interés capitalista. Basta ver el abandono sin pena ni gloria del proyecto de impuesto a las grandes fortunas por parte del peronismo como la renuncia a poner fin a la reforma laboral del PSOE-Unidos Podemos.

La derecha agazapada

Entre los componentes del Grupo de Puebla se encuentran Evo Morales, Lula Da Silva y Dilma Rouseff, víctimas de golpes proimperialistas que dieron lugar a gobiernos de derecha reaccionarios.

En el caso de Brasil tanto Lula como Dilma gobernaron al servicio de la gran burguesía. El PT brasileño llevó adelante un ajuste brutal sobre las condiciones de vida del pueblo que minó sus propias bases y permitió el avance de los golpistas. El progresismo petista capituló sin lucha frente al golpismo.

En el caso del MAS en Bolivia Evo Morales terminó su mandato aliado al agro-bussisnes y reprimiendo a los movimientos sociales y pueblos originarios que se oponían a la entrega del Amazonas. La decisión de forzar la reelección a pesar de haber perdido un plebiscito que se pronunciaba en contra, alentó a esos mismos aliados del gobierno a llevar adelante un golpe cívico-eclesiástico y militar sangriento que fue valientemente enfrentado por el pueblo de El Alto mientras el MAS también, capitulaba sin lucha.

Ni que hablar de José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente socialista del Gobierno español, que no solo llevo adelante un ajuste contra el pueblo sino que además envió tropas para participar de la ocupación imperialista de Afganistán y posteriormente de los bombardeos a Libia en el 2011.

El malmenorismo continental predicado por Alberto Fernández y el Grupo de Puebla, en reemplazo de una política de ruptura con el imperialismo, propone una moratoria para reestructurar la deuda externa.

En vez de afectar los intereses de empresarios, banqueros y terratenientes, cobrándole impuestos progresivos y afectando sus ganancias para reordenar la producción y combatir la pandemia, proponen rescatar al capital y afectar los ingresos de los trabajadores. En fin, en lugar de enfrentar a la derecha, que espera agazapada, proponen asumir parte de su agenda como si esa fuera la manera de cerrarle el paso.






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