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Guaidó mostró pocas fuerzas en las calles en su llamado a movilización

La oposición mostró una vez más pocas fuerzas en la convocatoria de una marcha este martes que se dirigiría hacia la Asamblea Nacional, lejos de la capacidad de movilización de los primeros meses del año pasado. También lo hizo el chavismo sin más músculo que el que muestra sus habituales manifestaciones públicas. Pero marchas y contramarchas en el marco en que avanzan las negociaciones entre ambos sectores, tal como se expresa en el logrado para avanzar hacia un nuevo CNE.

Martes 10 de marzo | 22:42

Guaidó regresó al país el pasado 11 de febrero y durante todo ese tiempo se limitó a declaraciones generales en la dinámica de siempre, cuando se esperaba que realizara pronunciamientos de peso y que se reanimaran las acciones de la oposición con nuevas políticas con capacidad de mover a sus huestes. Tuvo que pasar prácticamente un mes para el llamado a una nueva movilización nacional que en Caracas no sobrepasó las 2 mil personas, y de menor tenor en diversas ciudades del interior.

Desde que saliera desde Chacao la marcha duró unos 30 minutos hasta su llegada a Chacaíto, donde se encontró con bloqueo de la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Guaidó tomó un megáfono declarando que en la marcha estaba "la representación legítima del pueblo de Venezuela", en referencia a un grupo de diputados que intentaban llegar hasta el Palacio Legislativo.

Pero se dio lo que ya se sabía, el impedimento del paso por esa ruta, como viene aconteciendo desde hace varios años que el Gobierno evita que la oposición pueda llegar al centro de la ciudad con sus marchas. Con gases lacrimógenos y represión de por medio, la marcha fue rápidamente dispersada, lo que fue facilitado por la poca presencia de manifestantes.

Con la manifestación dispersada Guaidó se limitó a decir que "hoy Venezuela está cumpliendo sus objetivos" al visibilizar "la lucha" contra el Gobierno de Nicolás Maduro y mostrar que los opositores son mayoría. "Hoy si quisiéramos, sin duda, podríamos pasar, hoy los cobardes son los que se ocultan", dijo Guaidó, pero en realidad con una manifestación bastante escuálida poca era la capacidad de sobrepasar el fuerte cordón policial.

A partir de allí, seguramente con un libreto ya planificado, declaró que iban a hacer la sesión de la Asamblea Nacional en la calle y pidió un aplauso a quienes definió como los "amigos" de los opositores, los presidentes de EE.UU., Donald Trump; Brasil, Jair Bolsonaro; Colombia, Iván Duque, y Ecuador, Lenín Moreno. Es decir, los representantes del derechismo continental y del representante de la Casa Blanca que buscó entronarlo en la presidencia el 23 de enero del año pasado en el marco de toda una tentativa golpista.

Como hemos explicado en un reciente artículo, Guaidó emprendió su reciente gira internacional en momentos de división y debilidad de la oposición, lejos de la capacidad de movilización de enero y febrero del año pasado. También en el marco de movimientos palaciegos del Gobierno de Maduro, en el marco de un intento autoritario de hacerse de una Asamblea Nacional afín, desde comienzos de enero.

Si en la gira internacional que realizó recientemente le fue relativamente bien al representante de la oposición, siendo recibido por primeros ministros como en Inglaterra y Alemania, e incluso por el presidente Macron de Francia, y fundamentalmente el encuentro que tuviera con Donald Trump en Washington, esto no se reflejó en el plano interno. Pero la ratificación de apoyos internacionales, que si bien le sirviera de una bocanada de aire fresco a la oposición toda y, en particular, a la figura de Guaidó, para buscar revitalizar su alicaída situación –, lo expresado en las calles este martes es que no bastan tales apoyos para reforzar su figura en el plano nacional.

Aunque ha servido para avanzar en los acuerdos entre la oposición liderada por Guaidó y el Gobierno de Maduro, tal como se expresa en lo que han logrado formalizar en los últimos días, una serie de acuerdos para que el Parlamento pueda nombrar a los nuevos miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE), hasta ahora controlado por el chavismo. El pacto alcanzado entre el oficialismo y la oposición supone el primer paso para una convocatoria de elecciones.

En la negociación del acuerdo parlamentario participaron representantes de la bancada legislativa del chavismo, de la oposición (Guaidó) y del grupo de disidentes vinculado a Luis Parra. Por eso no fue casualidad las declaraciones de Ramos Allup de que había que preparase para las elecciones parlamentarias “sin dejar de pelear por las presidenciales”.

El chavismo también salió a las calles buscando mostrar fuerza, manteniéndose en los parámetros normales, apoyado por el aparato del Estado, en una zona de Caracas sobre la que mantiene el control. A esta marcha no se presentó Maduro pero sí varios de los principales dirigentes del chavismo, como Diosdado Cabello, entre otros.

Guaidó salió con la demagogia de hacer votar en la sesión de hoy de la Asamblea Nacional que lidera lo que se ha dado en llamar “Pliego Nacional de Conflicto” a la que se han plegado representantes de la burocracia sindical vinculada a los partidos de la oposición que actúan entre los trabajadores y donde abonan para el trabajo político de la oposición patronal. El discurso de los representantes del Gobierno no pasó del cinismo de siempre en medio de la catástrofe económica y social y donde viene aplicando severos planes de ajuste antiobreros y antipopulares.

Los trabajadores y el pueblo no deben dejarse engañar por esta derecha con las promesas de este martes y su “Pliego Nacional”, y nada tienen que buscar en la marcha de la oposición, tampoco en los llamados de la marcha del gobierno que no es más que para afianzar sus intereses. Por eso la clave para tener una política con independencia de clase, como trabajadores, está en la movilización independiente y en la lucha no solo contra el gobierno sino también enfrentando a la oposición de derecha.






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