SEMANARIO

Karl Marx: comunista, revolucionario… ¿ecologista?

ENTREVISTA A KOHEI SAITO

entrevista
Ilustración: Left Voice

Karl Marx: comunista, revolucionario… ¿ecologista?

Left Voice

Kohei Saito es un profesor asociado de política económica de la Universidad de Osaka y autor de Ecosocialismo de Karl Marx, ganador del premio Deutscher. También es editor del Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) [Obras completas de Marx y Engels] que incluye muchos de los cuadernos de ciencias naturales de Marx, anteriormente no publicados. La revista Left Voice, cuyo diario digital en inglés del mismo nombre forma parte de la Red Internacional La Izquierda Diario, conversó con él acerca de la contribución crítica de Marx para entender y confrontar la crisis ecológica que nos acecha. Aquí presentamos su versión traducida al castellano.

En la introducción de tu libro Marx´s ecosocialism [El ecosocialismo de Karl Marx Karl] escribes que durante muchos años los ecologistas e incluso los marxistas han creído que Marx sostenía un punto de vista prometeico y que no era crítico con la tecnología desarrollada por el capitalismo. ¿De dónde viene esta idea y por qué ha seguido persistiendo?

Una razón obvia es que Marx no terminó El capital. Marx estudió ansiosamente ciencias naturales en sus últimos años, pero fue incapaz de poder integrar plenamente todos sus nuevos hallazgos en él. A pesar de que planeó elaborar asuntos ecológicos en el volumen 3, especialmente reformulando su teoría de la renta de la tierra, no pudo llegar muy lejos, e incluso el volumen 2 del capital no se publicó mientras vivía. Pero en cambio, Marx dejó algunos cuadernos de ciencias naturales. Desafortunadamente nadie les ha prestado la suficiente atención ni tampoco hay mucha gente que los lea hoy en día. No fueron publicados durante un largo tiempo aunque ahora el “Marx-Engels-Gesamtausgabe” (MEGA) [las obras completas de Marx y Engels] los publica en su cuarta sección.

¿Por qué sucedió este abandono? Creo que los llamados marxistas tradicionales trataron el proyecto materialista como un sistema dialéctico cerrado, que explicaba todo el universo, incluida la historia de la humanidad y de la naturaleza. En este sentido los marxistas no pusieron la atención suficiente en sus manuscritos económicos y menos en sus cuadernos, que documentan el carácter incompleto de El capital.

Por supuesto hubo marxistas que rechazaron esta lectura omnipotente; son los actualmente conocidos como “Marxistas occidentales”. Rechazaban el marxismo tradicional, sin embargo reprochaban a Engels con dureza ser el fundador confuso del marxismo tradicional, quien erróneamente extendió la crítica dialéctica de la sociedad capitalista a sistema científico del universo. Consecuentemente cuando los marxistas occidentales expulsan a Engels y a su dialéctica de la naturaleza, también excluyen la esfera de naturaleza y de las ciencias naturales de su análisis. Por ello, la seria relación de Marx con las ciencias naturales fue ignorada tanto por marxistas tradicionales como occidentales.

Pero hoy en día nadie cree realmente en esta omnipotencia integral de la teoría de Marx y el “MEGA” muestra visiblemente la relación entre Marx y las ciencias naturales. De manera que necesitamos encontrar un enfoque alternativo a los textos de Marx, y esta es una oportunidad para utilizar la apertura del proyecto de una forma productiva con nuevos materiales. En otras palabras, mirando sus manuscritos económicos y sus cuadernos de ciencias naturales, podemos aprender de Marx cómo desarrollar una crítica ecológica al capitalismo del siglo XXI. Esta es una tarea práctica y teórica urgente para la izquierda actual como humanos que estamos haciendo frente a una seria crisis ecológica global bajo el sistema capitalista neoliberal.

Tu libro está dedicado a rescatar la crítica ecológica de Marx al capitalismo continuando con el trabajo llevado a cabo por ecosocialistas como Paul Burkett y John Bellamy Foster. ¿Por qué crees que el análisis ecológico de Marx es tan importante para la izquierda y para los ecologistas hoy en día?

Sí, mi planteamiento es claramente una continuación de la teoría de la “fractura metabólica” defendida por Foster y Burkett. Uno de los objetivos de mi libro es defender el concepto de fractura metabólica en contra de la reciente crítica realizada por Jason W. Moore. Es bastante evidente hoy en día que la producción de masas y el consumo bajo el sistema capitalista ha influenciado enormemente el paisaje global y es causa de la crisis ecológica. La teoría marxista por tanto también necesita responder a esta situación con una clara demanda práctica para imaginar una sociedad sostenible alternativa al capitalismo. Esta es la perspectiva básica del “ecosocialismo”.

Creo que el Esto lo cambia todo de Naomi Klein nos ha dado un análisis muy convincente y concreto sobre cómo la regeneración de la idea marxista de la fractura metabólica puede abrir nuevos imaginarios para un proyecto ecosocialista en el siglo XXI. Muestra cómo han emergido movimientos radicales en cuyos objetivos merece la pena poner esfuerzo. Como ella sostiene, si queremos limitar el aumento de la temperatura a 2 grados centígrados para 2100, es necesario reducir la gran cantidad de emisiones de carbón anuales, empezando ahora mismo en los países industrializados. Pero no es posible para las élites capitalista globales y sus compañías aceptar esta propuesta porque saben que ese proyecto es incompatible con las condiciones necesarias para la acumulación de capital.

Es por ello que el Acuerdo de París es insuficiente para conseguir la reducción de emisiones de carbón, pero Trump no acepta ni siquiera esa tasa de reducción. También hemos estado presenciando en las últimas décadas la total incompetencia de las élites globales para tomar cualquier medida seria en contra del cambio climático. Debemos darnos cuenta de que el problema no es simplemente el neoliberalismo sino también el capitalismo. Es por ello que Klein reclama el ecosocialismo, “una nueva manera de democracia ecosocialista, con la humildad de aprender de las enseñanzas de los indígenas sobre las tareas para las futuras generaciones y la interconexión de toda la vida, parece ser la mejor forma para la supervivencia colectiva de la humanidad”. El antagonismo entre rojos y verdes tiene que ser disuelto.

La primera mitad de tu libro se centra en la idea de Marx de metabolismo entre seres humanos y naturaleza. ¿Puedes contarnos acerca de cómo los ecosocialistas están aplicando la teoría de la fractura metabólica a las varias crisis ecológicas que estamos presenciando actualmente? ¿Cómo difiere la teoría de Marx de otras teorías ecológicas?

Marx reconoce clara y críticamente el poder destructivo del capital y argumenta que la perturbación en el metabolismo universal de la naturaleza inevitablemente socava las condiciones materiales para un desarrollo libre y sostenible del ser humano. El carácter de robo inherente al desarrollo de fuerzas productivas capitalistas no contribuye a un progreso que conduzca a la sociedad futura. Marx intenta analizar cómo la lógica del capital se aparta del eterno ciclo natural y en definitiva causa discordia en la interacción metabólica entre los humanos y la naturaleza. Bastante reconocido es su análisis de este punto con referencia a la crítica de la moderna “agricultura del robo” (“Raubbau”) de Justus von Liebig, que toma del suelo toda la nutrición que puede sin devolverla. La agricultura del robo es dirigida por la maximización del beneficio, que es simplemente incompatible con las condiciones materiales del suelo para la producción sostenible. Así emerge un serio distanciamiento entre la lógica de la valorización del capital y del metabolismo de la naturaleza, la cual crea fracturas metabólicas entre la interacción humana y el medio ambiente.

Aunque Marx en El capital trata este problema de la fractura metabólica en relación con el agotamiento del suelo, no hay que limitar su alcance. De hecho, Marx intentó aplicar este concepto teórico a varios temas en sus últimos años, tales como la deforestación y los recursos ganaderos. Por ello Marx se alegraría de ver cómo hoy en día hay intentos de aplicar su marco teórico como herramienta para analizar la crisis ambiental actual. Por nombrar algunos, la ecología marina de Longo, la agroindustria ganadera de Ryan Gunderson, o el cambio climático de Del Weston son excelentes ejemplos de esta aplicación ecosocial de la teoría de la fractura metabólica de Marx.

Una diferencia obvia entre la aproximación ecosocialista y otras teorías ecológicas es la idea de que mientras el sistema capitalista persista, hay una tendencia hacia la degradación de las condiciones materiales de producción. En otras palabras, el mercado no puede funcionar como un buen mediador para la producción sostenible a diferencia de la persistente creencia liberal de que el capitalismo verde es de alguna manera posible en el futuro próximo. El tiempo que nos queda es muy corto. Bajo estas condiciones, la esperanza liberal de que el mercado de emisiones de carbono u otras transacciones mercantiles puedan resolver el cambio climático solo funciona como una herramienta ideológica para distraernos de confrontar el peligro y la amenaza real, como si el mercado fuera a resolver automáticamente el problema sin nuestro compromiso consciente para cambiar radicalmente el modelo de producción existente. Los liberales son muy peligrosos en este sentido.

La segunda parte de tu libro se centra en la visión de Marx de las posibilidades de alcanzar la “agricultura racional” bajo el capitalismo y cómo esa visión cambió con el tiempo mientras continuaban sus investigaciones. ¿Marx concluyó que la destrucción ecológica causada por el capitalismo no puede resolverse dentro de los límites del capitalismo?

El joven Marx era bastante optimista sobre el desarrollo capitalista de las tecnologías y las ciencias naturales. Asimismo, creía que estas prepararían las condiciones para una agricultura sostenible en el socialismo. De todas formas, mientras escribía El capital, empezó a enfatizar que la mayor aspiración de la producción capitalista no era la producción sostenible sino la valorización del capital. Marx entendió que básicamente no importa si una gran parte del planeta se vuelve inapropiado para la vida mientras la acumulación de capital sea posible. Correspondientemente, Marx se dio cuenta de que el desarrollo tecnológico está organizado como “las fuerzas productivas de capital” lo que lleva al completo desarrollo de los aspectos negativos de las tecnologías, de manera que no pueden funcionar como base material para la sociedad socialista.

El problema es perceptible en el hecho de que el capital puede sacar provecho incluso del desastre ecológico. Esta tendencia es claramente visible en lo que ha hecho el “desastre capitalista” neoliberal en las últimas décadas, tal y como Klein documenta en detalle. Si este es el caso, entonces es incorrecto asumir que el final de la “naturaleza barata” impondría una gran dificultad en la acumulación del capital, como James O’Connor indicó con su teoría de la “segunda contradicción del capital”. Entonces el capital puede seguir sacando beneficio de la actual crisis económica inventando nuevas oportunidades empresariales, como la geoingeniería, los OMG, el mercado de emisiones de carbono y los seguros por desastres naturales. Así que los límites naturales no llevan al colapso del sistema capitalista. Puede seguir incluso sobrepasando estos límites, pero el actual nivel de civilización no puede existir sobre ciertos límites. Por eso un serio compromiso con el calentamiento climático requiere simultáneamente una lucha consciente contra el capitalismo.

Puntualizas que durante el final de su vida, Marx tomo consciencia del peligro del cambio climático como resultado del manejo irracional de la naturaleza por la sociedad - una increíble visión que escribió hace un siglo y medio. ¿Cómo entendía Marx el cambio climático?

Foster afirma que Marx debe haber asistido a la clase de John Tyndall acerca del efecto invernadero, y que por eso conocía la causa del calentamiento global de hoy en día. Mi razonamiento es en parte distinto ya que no hay evidencias directas para demostrar la familiaridad de Marx con este tema. Sin embargo, examiné sus cuadernos sobre la obra de Carl Fraas El clima y el mundo vegetal a través del tiempo que leyó a principios del 1868. El libro habla sobre el cambio climático, como el resultado, no del efecto invernadero sino de una excesiva deforestación, que cambia la circulación local del aire y las precipitaciones. El análisis de Fraas extendió los intereses de Marx en el carácter de robo de la producción capitalista sobre el agotamiento del suelo, y en algún sentido, evaluó la teoría de Fraas incluso más que la de Liebig.

Incluso si Marx no sabía las causas exactas del calentamiento climático, no es una gran carencia, porque Marx no proclamaba haberlo explicado todo. Hasta el último momento de su vida estaba entusiasmado por integrar nuevos descubrimientos de ciencias naturales en su análisis de la fractura metabólica. Fue incapaz de alcanzar plenamente su objetivo y El capital quedó sin terminar. Pero su crítica de la política económica es suficientemente elástica para incorporar el reciente progreso científico. Dado que su crítica de la fractura metabólica aporta una fundación metodológica para un análisis crítico de la actual crisis ecológica global, es nuestra tarea hoy en día corroborar y mejorar la ecología de Marx para el siglo XXI desarrollando un análisis sintético de política económica y ciencias naturales como una crítica radical al capitalismo. Esto es exactamente lo que gente como Brett Clark y Richard York, así como otras personas anteriormente mencionadas, están llevando a cabo ahora.

Utilizando el ejemplo del agotamiento del suelo irlandés debido al colonialismo Británico Marx expone cómo la expansión del capital por todo el mundo está directamente vinculada a la crisis ecológica en los países coloniales. ¿Qué lecciones podemos sacar de este ejemplo, y qué nos cuentan acerca de sobrepasar la crisis ecológica actual, de escala mucho mayor?

En el pasaje principal del concepto de la fractura metabólica, Marx escribió que el modo de producción capitalista “produce condiciones que provocan una fractura irreparable en el proceso de interdependencia entre el metabolismo social y natural prescrito por las leyes naturales del suelo. El resultado de esto es el despilfarro de la vitalidad del suelo, y el comercio acarrea esta devastación fuera de los límites de un único país. (Liebig)”. Con una expansión de la acumulación capitalista, la fractura metabólica se convierte en un tema global.

La teoría de Marx se muestra correcta, como estamos presenciando hoy en día, especialmente con el cambio climático. Como he dicho, el cambio climático no pone fin al régimen del capital. En cualquier caso, el capitalismo es mucho más elástico en ello, este sistema social es probable que sobreviva y continúe acumulando capital incluso si una crisis ecológica aumenta la destrucción del planeta y produce una masa ecológica proletaria por todo el mundo. La gente rica probablemente sobreviviría, mientras que los pobres son mucho más vulnerables al cambio climático, a pesar de ser mucho menos responsables de la crisis que los ricos. Los pobres no poseen medios tecnológicos y financieros para protegerse a ellos mismos de las catastróficas consecuencias que derivarán del cambio climático. Luchar por la justicia climática claramente incluye un componente de lucha de clases, como fue el caso del colonialismo británico en Irlanda e India.

Mientras el cambio climático podría cambiar toda nuestra vida, cambiar el cambio climático cambiaría el capitalismo. Así es como el ecosocialismo comprende la crisis ecológica y la fractura metabólica como contradicción central del capitalismo. Marx fue uno de los primeros ecosocialistas desde el momento en el que reconoció este punto cuando encontró una “tendencia socialista” en la alerta de Carl Fraas acerca de la excesiva deforestación y del cambio climático. Es por ello que superar la alienación de la naturaleza es una tarea central para ambos, verdes y rojos, que solo puede ser realizada fuera del capitalismo y no dentro del “capitalismo verde”.

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