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La educación a distancia para los jóvenes universitarios es una ficción difícil de asimilar

Días atrás el ministro de educación universitaria, Cesar Trómpiz declaraba que el 90% de las universidades del país se habían sumado al “Plan Universidad en Casa”, pero algunas organizaciones estudiantiles y de profesores desmienten esta versión develando las innumerables dificultades que implican la educación a distancia en el país.

David Rivas

Sociología UCV / @DavidRivasLTS

Viernes 1ro de mayo | 22:36

La educación, fue uno de los primeros sectores sociales que pararon sus actividades apenas se dio a conocer los primeros casos de COVID-19 en el país el pasado 13 de marzo, las universidades públicas del país ratificaron horas después el decreto de paralización de actividades por parte del Ejecutivo nacional.

Se abría un angustiante escenario para muchos jóvenes que combinaban sus estudios con trabajos de medio tiempo o rebusques por internet en medio una de las peores crisis económicas que ha sufrido la nación, con el pasar de los días muchos estudiantes universitarios veían con preocupación la posibilidad de seguir sus estudios en la cuarentena.

El Gobierno nacional hablaba de “estudios a distancia” por medio del “Plan Universidad en Casa”, pero a diferencia de la educación básica y media, la universitaria varía mucho dependiendo de que carrera cursa el estudiante en cuestión, siendo algunas más prácticas, dependiendo de laboratorios, talleres o personalización de la evaluación asignada.

César Trómpiz, ministro del Poder Popular para la Educación Universitaria, el pasado 14 de marzo por medio de llamada telefónica en un programa de la televisión estatal anunciaba que el 90% de las universidades públicas del país se habían unido al “Plan Universidad en Casa”. Pero, ¿en qué consiste este plan?, el ministro responde “desde el uso de la llamada telefónica y mensajes de texto hasta las dos herramientas más utilizadas el correo electrónico y mensajería a través de la red social WhatsApp”.

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Las directrices del mentado plan parecen más ficción que realidad, pues con el déficit de educadores para el sector universitario ¿cómo sería factible aplicar clases por medio de “llamadas telefónicas”? Pero si a lo que se refiere el ministro es a llamadas por plataformas de internet como Skype, WhatsApp o Zoom, sigue estando difícil la cosa, pues el servicio de internet en el país es extremadamente limitado, pues algunos expertos indican que solo el 60% de los hogares cuentan con una conexión de internet estable.

Las otras opciones también son poco alentadoras, pues es imprescindible que el estudiante cuente con algún teléfono inteligente para poder comunicarse por correo o mensajes de WhatsApp, además de un plan de datos, que aunque el ejecutivo nacional ordenó no cortar las líneas, la verdad es que se siguen cortando si no se pagan a tiempo.

Pero tomando en cuenta que el estudiante cuente con estos últimos requisitos, no queda otra que poner en duda el método didáctico que permita continuar con el semestre.

¿Cómo afrontan los profesores el “plan del Gobierno”?

Para los profesores la situación no es muy distinta en cuanto a infraestructura para cumplir el dichoso plan, salvo que muchos tienen que cubrir con su misero salario los planes de internet o telefónicos que emplearan en dar las clases online.

Los rangos de sueldos de los profesores universitarios van desde los 588 mil bolívares, para la escala de instructor a dedicación exclusiva, hasta los 959 mil para un profesor titular también a dedicación exclusiva, esto equivaldría en dólares a un rango entre los 3 y 5 dólares respectivamente.

Otras variantes que hacen prácticamente imposible cumplir con el plan del Gobierno para las universidades sería la preocupante escasez de profesores titulares disponible. Y es que se estima que en la Universidad Central de Venezuela (UCV), una de las más importantes del país, más del 62% de los profesores son jubilados, otros tantos solo dan clases ad honorem y el porcentaje de profesores dedicados a tiempo completo es poco comparado con las cuotas óptimas para una Universidad. Esta situación es debido a la terrible precariedad de los profesores universitarios y la migración de muchos de ellos por la crisis del país.

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Tomando en cuenta que aún bajo estas paupérrimas condiciones queden profesores con la dedicación y el tiempo para seguir el plan, tendría este que dividirse entre las asignaciones y el plan académico y las vicisitudes que impone la cuarentena, el mísero salario y el cuidado de sus propios hijos si es que los tiene.

¿Y las autoridades?

Las autoridades de la Universidad Central de Venezuela (UCV) también determinaron la suspensión de clases el 13 de marzo, pero dejaron en manos de las facultades la decisión de continuar o no las clases a distancia.

En la UCV, las facultades de Medicina, Odontología, Veterinaria, Agronomía y Farmacia suspendieron cualquier tipo de actividad a distancia con el alegato de que son “carreras prácticas que dependen de laboratorios y talleres”. Humanidades y Educación por su parte también se negaron a aplicar cualquier plan a distancia. Arquitectura por su parte abrió el curso de algunas optativas teóricas que se pueden ver de forma intensiva por modalidad online.

Algunas otras carreras están aplicando planes de lecturas y guías en acuerdo con los estudiantes, pero todavía queda un limbo inmenso que no está recibiendo clases de ningún tipo en un panorama lleno de incertidumbre.

La Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela (Fapuv) insiste en que no hay medios garantizados para continuar la las clases a distancia. En un comunicado la Fapuv indica que “si existe tal plan, no es del conocimiento de las universidades, ya que el Ministerio no ha presentado una propuesta estructurada, con objetivos claros, actividades a desarrollar, plazos, responsables y presupuesto.” Las declaraciones desmienten tajantemente al ministro de educación superior al declarar que “90% de las universidades del país se habían sumado al Plan Universidad en Casa”.

Los grandes perjudicados son los estudiantes.

La crisis que atraviesa el país desde hace varios años pone en jaque a miles de jóvenes que tienen que decidir entre estudiar en la universidad, precarizarse con salarios de menos de 3 dólares o emigrar a otro país con salarios precarios, ausencias de derechos por ser “ilegales” y aguantando ataques xenofóbicos.

Esta es la realidad de los jóvenes en el país, donde algunos pocos aún pueden mantenerse en la universidad con trabajos de medio tiempo mal pagados.

El plan del Gobierno sin una infraestructura adecuada por años de desinversión en educación, internet y telefonía celular empujarán a la deserción a la mayoría de ellos que no podrán seguir el ritmo de clases a distancia por falta de mecanismos o por vivir el día a día para conseguir los insumos básicos para ellos y sus familias en medio de la cuarentena.

La lógica en estos casos no puede ser el “sálvense quien pueda”, debe haber elementos básicos de organización entre los estudiantes junto con los centros de estudiantes para evitar la deserción y atender casos particulares que impliquen la imposibilidad de ver algún contenido a distancia, junto con los profesores asignados barajar métodos flexibles para la enseñanza que no impliquen dejar afuera a muchos por no contar con lo que parece básico pero que en Venezuela se hace extraordinario, una línea telefónica y una conexión a internet.

En cuanto al “Plan Universidad en Casa” es más que evidente que es una parafernalia más del Gobierno para dar la impresión de que “toda marcha sobre ruedas”, pero que no tiene en cuenta la realidad de la universidad venezolana o simplemente la pasa por alto para la propaganda oficial.






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