Política Venezuela

EL ESTADO ESPAÑOL ARRECIA SU INJERENCISMO

La injerencia imperialista y la política de Maduro

Este viernes, Rajoy llegó al extremo de convocar al Consejo de Seguridad Nacional para poner como principal punto la situación de Venezuela con el arrogante estilo de los viejos colonialismos europeos.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Sábado 28 de mayo de 2016

Fotografía: EFE

La rancia burguesía española a través de sus partidos y del gobierno oficial de Mariano Rajoy ha arreciado su injerencia imperialista en el país. Este viernes, el impresentable Rajoy llegó al extremo de convocar al Consejo de Seguridad Nacional para poner como principal punto de orden del día la situación del país bajo la quimera de “preocupación” por los españoles residentes en Venezuela, una fantochada en el cínico y arrogante estilo de los viejos colonialismos europeos cuando quieren justificar el envío de paracaidistas a intervenir en algún país africano, por ejemplo.

Esto se da en el marco en que el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) está planteándose iniciar la semana que viene los trámites para suspender la pertenencia de Venezuela a ese organismo buscando aplicar la Carta Democrática que prevé, en caso de aplicarse, la intervención en el país. Así como también se prepara el Mercosur para apuntalar a la derecha local, cuando el jueves a pedido de Paraguay se ha “solicitado” una reunión para “discutir” Venezuela, siendo que este viernes Argentina ya se pronunció a favor, y no es de dudar que Temer de Brasil apoye la iniciativa.

Hacia el final de la tarde también el G7 hacía su parte en la injerencia imperialista al emitir un comunicado desde Japón, donde se encuentran reunidos, en el que llamaba al gobierno de Maduro a "respetar los derechos fundamentales, los procesos democráticos, las libertades y el imperio de la ley", con un claro cinismo pues los presidentes de estos países son claros violadores a los derechos humanos y les importa un comino el llamado “imperio de la ley” con sus intervenciones militares. Estamos hablando de países como Alemania, Canadá, Estados Unidos Francia, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea.

Las diversas variantes de intervencionismo en el país

La “comunidad internacional”, es decir, el imperialismo y sus agentes más cercanos, acentúa la presión contra el gobierno de Maduro, para obligarlo a renunciar a la pretensión de impedir o postergar el referéndum revocatorio. Este descarado intervencionismo tiene dos variantes: una, que parecería ser la línea compartida por Obama y el Papa, busca un compromiso o pacto, para abrir paso a una “transición”, para lo cual un canal político apropiado sería el referéndum, lo que depende de un acuerdo entre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), sectores conciliadores del chavismo y el ala más negociadora de la derecha proimperialista, la que representa básicamente Capriles Radonski, que es, dentro de la MUD, la que impulsa con más énfasis la línea del referéndum.

Maduro, obviamente, se opone por el momento a habilitar el revocatorio, ya que significa renunciar a su propia continuidad en el poder, sacrificio que por ahora no entra en sus planes: responde con el endurecimiento del carácter bonapartista de su gobierno, incluyendo el “estado de excepción”, y tantea cómo negar la habilitación del referéndum o al menos alargar sus tiempos lo más posible.

La otra línea imperialista, a la que se prende con tanto entusiasmo el imperialismo español, considera que es poco probable que el referéndum sea la mejor forma de “salir de Maduro” y opta por mayor presión desde afuera, buscando encubrirse con la demagogia democratista de que “Venezuela es una dictadura” para justificar un cerco diplomático y sanciones mayores a las que ya impuso Washington (por ahora de poca amplitud y valor más bien político). Lo acompañan en esta línea dura sectores de los “halcones” republicanos en Estados Unidos, así como de la derecha colombiana y continental; y dentro de la oposición venezolana, serían sectores como los de Leopoldo López y Ramos Allup los que prefieren un endurecimiento contra el gobierno.

Ambas variantes se complementan, porque a fin de cuentas “salir de Maduro” reclama un acuerdo con el pilar fundamental del régimen de dominio político del chavismo, las FANB, y si bien entre la oficialidad hay debates internos, prima el “bolivarianismo” de los altos mandos, forjados bajo Chávez. Una mayor injerencia internacional pondría límite al reafirmamiento bonapartisa de Maduro y a un eventual “autogolpe”. Pero tanto podría ayudar a abrir una cuña entre las distintas alas del chavismo, facilitando una negociación, como abroquelarlo ante la amenaza intervencionista.

Que el abanderado de la intervención “democrática” sea el imperialismo español que apadrinó a Carmona en el golpe abril de 2002, puede hacer resurgir sentimientos antiimperialistas entre el pueblo que, a fin de cuentas, es el discurso en que trata de encubrirse Maduro cuando justifica el “estado de excepción” y las maniobras militares con la amenaza externa. Precisamente el riesgo de polarizar por demás es una advertencia que Capriles hace a sus aliados en la MUD. Entre otras cosas, porque está latente el temor a “estallidos sociales” dada la enorme tensión social y política en medio de la brutal crisis económica.

La derecha española pide intervenir abiertamente en Venezuela

Hasta no hace pocos días, el derechista y fiel heredero de Franco, Albert Rivera de Ciudadanos, bajo la venia del también franquista Rajoy, estuvo en Caracas para su apoyo abierto a la derecha del país y sus planes destituyentes. La oleada intervencionista de la burguesía española ha llegado al extremo que el tema “Venezuela” es punto de centralidad de casi toda la prensa de este país y de sus principales políticos, de cara a apuntalar a como dé lugar los planes de la derecha criolla.

Otro gran defensor de “la democracia y la libertad” que estuvo hace pocos meses en Venezuela fue el “socialista” Felipe González, que contó con el aval del gobierno español para representar la política imperialista de “cercar” al gobierno de Maduro y presionar para una salida conservadora y por derecha frente a la crisis. Una cruzada que comparte nada menos que con otro expresidente español, el conservador José María Aznar. El currículum estos “adalides de la democracia” habla por sí solo. Aznar fue el responsable de la participación española en la guerra de Irak junto a Bush, y es líder del ala “neocon” del PP, un partido fundado por franquistas. González, fue el artífice de los “GAL”, grupos de paramilitares formados para reprimir a la izquierda vasca durante su gobierno.

La reunión del Consejo de Seguridad Nacional del Estado Español se produce inmediatamente después del viaje de Albert Rivera a Venezuela. Para que se tenga una idea del significado de la convocatoria de este organismo, la última reunión del Consejo Nacional de Seguridad se celebró en noviembre de 2015 para tratar nada más y nada menos que “la amenaza terrorista en España”.

Rajoy habla que apela al Consejo de Seguridad Nacional por “los españoles residentes en Venezuela”. Quién le puede creer semejante argumento si se trata de un gobierno que actualmente mantiene a un 28,6 por ciento de su población en riesgo de pobreza y exclusión social, según la encuesta de condiciones de vida publicada por el INE de Estado Español, donde el desempleo llega al 21%, y solo en la mitad de la legislatura de Rajoy se registró un millón 017 mil 800 empleos destruidos. No, el verdadero objetivo del gobierno español, además de servir de política distracción para sus asuntos internos y el uso de la crisis del país para objetivos políticos precisos internos, es realmente apuntalar a una derecha que apunta a aplicar en el país planes reaccionarios y proimperialistas.

Pero Maduro apuesta al diálogo que buscan Zapatero y UNASUR que tiene la bendición de EEUU

Frente a toda este injerencismo que viene del otro lado del atlántico, Maduro ha buscando hacer un estruendoso ruido pero que no pasa de las palabras, y más allá de la cháchara altisonante, apuesta a la mediación de los ex presidentes Rodríguez Zapatero del Estado Español, Leonel Fernández de República Dominicana y Martín Torrijos de Panamá. Pero se trata de una mediación a la que también apuesta Estados Unidos, buscando poner sus fichas en donde puede para asegurarse sus intereses. Por eso, este mismo viernes trascendió que John Kerry, telefoneó al ex presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero para “respaldar sus esfuerzos por facilitar un diálogo entre el Gobierno de Venezuela y la oposición venezolana”, y que EE.UU. “está listo para ayudar en lo que el Sr. Zapatero y las partes consideren útil”.

Recuérdese que Zapatero y los otros dos ex presidentes latinoamericanos, se reunieron la semana pasada primero con Maduro, y después con el presidente de la Asamblea Nacional, el derechista Henry Ramos Allup; el jefe del grupo opositor de diputados, Julio Borges, y el excandidato presidencial Henrique Capriles, entre otros dirigentes de la plataforma de la MUD. Encuentro sobre el cual Maduro se sintió satisfecho, y no fue casualidad que tras sendas reuniones, tanto desde el gobierno como desde la oposición se mostraron “su interés en abrir un nuevo periodo de diálogo nacional".

Rechazo frontal y sin concesiones a toda injerencia imperialista

Recientemente Maduro ha decretado un Estado de excepción. Frente al mismo hemos afirmado categóricamente que este Decreto busca fortalecer los aspectos más bonapartistas, es decir autoritarios, del gobierno, algo opuesto a los intereses de los trabajadores y el pueblo, y así lo hemos denunciado.

Maduro pide más poder para que “el gobierno se defienda y defienda al país”, pero en rigor, busca “poder” para conciliar con el imperialismo aplicando una política de ajustes y concesiones a la burguesía y el imperialismo, que se expresa en el “sinceramiento” gradual de precios recientemente anunciado, en la entrega al capital extranjero de la Franja Minera del Orinoco, en el remate de las reservas de oro nacionales para pagar a rajatabla la deuda externa, en la militarización de los barrios populares con el argumento de la “inseguridad” y el temor al estallido social, en la criminalización de las luchas obreras y populares, etc.

Este curso no es el que permita defender la soberanía nacional ni frenar el avance de la derecha. Todo lo contrario, los trabajadores necesitan para derrotar todo avance reaccionario, venga de donde venga, y defender sus intereses, las más amplias libertades democráticas, de organización y movilización, algo que el gobierno ya viene retaceando.

La oposición de derecha, organizada en la MUD, que se envuelve en la demagogia democrática, representa lo más rancio de la burguesía nacional, que con su impostura “democrática” no deja de representar a quienes gobernaron décadas imponiendo sin tapujos la voluntad de las minoritarias clases propietarias del país, además de garantizar la expoliación el país por parte de los capitales imperialistas. Es una fracción de la clase dominante con un marcado carácter antinacional, que no se propone siquiera resistir a la dominación de las potencias imperialistas sobre el país, sino que al contrario, se propone facilitarla.

Debe haber absoluta claridad en la izquierda: el rechazo frontal y sin concesiones a toda injerencia imperialista y de sus agentes en el país es inseparable a la denuncia del curso bonapartista de Maduro, tanto como el rechazo a este curso, es inseparable de delimitarse categóricamente del campo de la derecha y el imperialismo, con su demagogia “democrática”.

Insistimos una vez más, para los trabajadores, resulta de primera importancia ligar la lucha contra la injerencia imperialista a la lucha por sus demandas fundamentales y un plan de emergencia obrera y popular de salida a la crisis, en una clara alianza de los distintos sectores obreros y populares de la ciudad y el campo. Para eso es fundamental la total independencia política y de clase, por eso una vez más insistimos, contra el “estado de excepción”, y también contra la derecha reaccionaria, son los trabajadores y el pueblo pobre los que pueden abrir el camino a una salida progresiva a la crisis nacional.






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