TRIBUNA ABIERTA

Las palabras del poder

A la redacción de La Izquierda Diario Venezuela nos ha llegado el siguiente artículo para su publicación, como parte del debate en la izquierda lo publicamos en nuestra sección Tribuna Abierta.

Jueves 22 de junio de 2017

No es la primera vez que hay muertos. La lista es larga : Jairo Ortiz Bustamante, Oliver Villa Camargo, Miguel Angel Colmenares, Brayan Principal, Paola Andreina Ramírez Gómez, Almelina Carrillo, Juan Pablo Pernalete, Jésus Leonardo Sulbaran...faltan muchos. Y la sangre sigue derramándose.

Nos duelen, pero lo que nos afecta mucho también es que los demás que siguen de pie, siguen ensuciados, difamados y amenazados. Ya no sabemos, si ser terrorista significa quemar basura y romper cristal o afirmar su oposición al gobierno. Dicen que si vamos a la calle, somos de la derecha fascista. No obstante, leyendo el periódico, no ví ninguna referencia al fascismo en una concentración este 13 de junio, en Bellas Artes, Caracas. Curiosamente, la pancarta principal afirmaba : « Ni con el Gobierno ni con la MUD. No a la represión Estatal, no al pago de la deuda. Que la crisis la paguen los ricos. » Acostumbrados a una cierta clave de lectura para interpretar los movimientos sociales (desestabilización, terrorismo), esta oposición embrionaria crea mucha confusión, y nos deja incómodos frente al desequilibrio entre las palabras que tenemos, y lo que vemos o leemos. ¿Por qué tenemos tal palabra terrorista y tal pancarta, tal palabra, y tal marcha ? Hay una apertura muy grande entre las dos. Si el gobierno se refiere a los paramilitares, los colectivos o a un grupo armado minoritario, no bien identificado, sería importante precisarlo porque ahora la palabra terrorista cae sobre todo el mundo. Parece que protesta, no hay. No se puede. Ni lucha ni protesta, sólo terrorismo y terroristas. El sencillo hecho de criticar al gobierno o de exigir que cese la represión nos hace caer en esta categoría. Muy cómoda la categoría porque es extensible, todos ellos que levantan la voz acaban atrapados por su tela. Frente a tal dispositivo lingüístico e ideológico, nos toca callarnos. Está hecho para eso.

Al contrario, nos toca identificarnos. Saber quiénes somos nosotros, y quiénes son ellos. Contra quienes luchamos, y desde que bando. Vamos a saltar. Pero de dónde a dónde. Nos toca quitarnos estas palabras de la cabeza que impiden pensar, impiden actuar. Más allá de todo el poder que tiene la cúpula, se adueña de las palabras. Tiene el derecho de nombrar. Hacer y deshacer la realidad, a su gusto, como quiere. Cuando hay marchas, se dice que hay desestabilizaciones contra Venezuela, pero cuando se pide una investigación sobre la corrupción para detener el desfalco de la nación estimado por varios economistas entre 300 y 500 millardos de dólares, no se hace nada. Mientras esperamos las palabras, como « desestabilización al país », « sabotaje » o « guerra económica » por tal desfalco, las mismas no vienen. Son tercas. Sea llegan demasiado temprano sea demasiado tarde, o fuera de lugar. Si todavía se usan conceptos « bolivarianos » con abundancia es para esconder la escasez de justicia y de soberanía del pueblo. Dicho más claro : el gobierno « esconde una agenda anti socialista y anti democrática, tras un superficial lenguaje de apariencia « socialista » y pantalla antiimperialista », como dice Gonzalo Gómez Freire, dirigente histórico de la izquierda venezolana y cofundador del medio alternativo aporrea. Así es la situación. Hablan de soberanía pero venden el Arco Minero a las multinacionales. Cantan el coro de la Constitución Bolivariana, pero la violan diariamente. Hablan de Estado de Excepción pero ahora es el Estado normal, y los derechos ciudadanos se vuelven la excepción. En este baile las palabras cambian de bando, cambian de pareja, o pierden su sentido primario. Revisado por el poder actual, ser de la Revolución Bolivariana significa callarse. Estar en Atención y seguir el camino abierto por la vanguardia, Maduro, Diosdado y sus amigos.

Hay que tener memoria para no aceptar este golpe de estado lingüístico. Con respecto a la creación de la Constitución Bolivariana, Luisa Ortega Díaz precisa que « todos los grupos de cultura, indígenas, obreros, todos participaron de esta constitución en 1999. El Presidente Chávez fue el impulsor de esta Constitución. Fue un proceso abierto, popular, participativo, protagónico del pueblo venezolano. Fue el pueblo quien, a través de un referendo consultivo, aprobó esta Constitución. » Frente a eso, se quiere hacer una Asamblea Constituyente sin partidos, sin participación, sin que se repita la consulta al pueblo en un referéndum. Violación del artículo 411 de la Constitución Bolivariana, pero no pasa nada. El gobierno tiene el poder de quitar el sentido a una frase. Es el que escribe la historia. Mejor funciona cuando nadie los contradice. Si algunos lo hacen, como Edgardo Lander, tienen la etiqueta de reaccionarios. Por memoria, a Boaventura de Sousa Santos, le cuesta aceptarlo, porque se acuerda, porque lo conoce : desde que lo conozco, dice, « estuvo presente en todas las luchas de izquierda de estos 20 últimos años » Da igual, tu etiqueta te la da el gobierno, y si no manifiestas por él un apoyo servil va a convertir tus sueños en pesadillas, y tu combate a favor de los demás en un combate « reaccionario » en contra de los demás.

Porque tienen memoria, porque se dicen socialista, no se le permite a la organización Marea Socialista presentarse a elecciones. Las instituciones controladas por el gobierno definen a través del nuevo Reglamento Electoral quién se puede presentar o no. Aquellos que no pertenecen a los grandes aparatos polarizados (como GPP o Marea Socialista) no aparecen.

Mientras el gobierno siembra confusión y mentiras hay que ser firme con los principios. Decir que la protesta pacífica, el sufragio y el respeto del voto son derechos legítimos. No es un lujo para el pueblo que el CNE restablezca el cronograma electoral : es su deber. Igual, debería ser el deber de las instituciones, un deber a la vez moral y jurídico, defender a los más pobres, a la mayoría de la población que actualmente aguanta una crisis sobre su espalda por privilegiar a los corruptos responsables del desfalco y fuga de capitales. El poder está en falta, porque prefiere que el pueblo pobre siga aguantando la crisis a tomar medidas que van en contra de los intereses de los privilegiados. Si las medidas políticas del gobierno y del TSJ van en contra de la democracia y de la Constitución Bolivariana, la crisis actual va en contra del derecho a la vida, e igual, de la Constitución Bolivariana. Según el artículo 91 todo trabajador y trabajadora « tiene derecho a un sueldo suficiente que le permita vivir con dignidad ». Debe ser « ajustado cada año, tomando como una de las referencias el costo de la canasta básica. » En Venezuela, no es así.

Para que los derechos no se conviertan en letras muertas hay que recuperar las palabras robadas por el poder, y el dinero robado por los corruptos. No dejarse insultar e intimidar. Seguir denunciando la estafa mientras afirmamos quiénes somos nosotros y lo que queremos por Venezuela. Paso a paso, el pueblo de pie, rebelde a las provocaciones violentas y al gobierno, va a seguir su lucha para no dejarse robar la dignidad. Lo apoyeramos contra la calumnia y para que pueda ocurrir un cambio social.






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