SUPLEMENTO

Lenin, Trotsky y Gramsci: crisis, situación revolucionaria y dualidad de poderes

Juan Dal Maso

DEBATES
Ilustración: @059jorge

Lenin, Trotsky y Gramsci: crisis, situación revolucionaria y dualidad de poderes

Juan Dal Maso

A propósito del artículo “Crisis orgánica y situaciones revolucionarias. Notas y discusiones para el presente” de Agustín Santella.

Introducción

En un intento de reflexionar sobre la pertinencia de las categorías marxistas de situación revolucionaria y crisis orgánica para la comprensión de la coyuntura actual, internacional y nacional, Agustín Santella retoma ciertos debates. Con ellos, pretende ofrecer una definición más precisa de lo que es una situación revolucionaria, presentando los que a su entender son problemas en el uso de la categoría en el marxismo clásico en general y en las corrientes militantes en particular.

Santella toma para esto tres conceptualizaciones. La clásica definición de situación revolucionaria de Lenin, la de Trotsky sobre la dualidad de poderes como elemento característico de toda revolución y la de crisis orgánica de Gramsci. Busca establecer distinciones entre las tres definiciones y desde ahí proponer una lectura del concepto de situación revolucionaria:

... este artículo propone discutir los conceptos de crisis y situaciones revolucionarias. Si bien el entendimiento de las situaciones revolucionarias ha sido y es fundamental para la estrategia, su definición teórica es inadecuada o contradictoria. El objetivo de estas notas es afinar estos conceptos. En la primera, la situación revolucionaria es resultado de la misma crisis, que hace imposible la continuidad de la dominación de clase. En una segunda acepción, lo peculiar de la situación revolucionaria es la dualidad de poder. Gramsci ha acuñado el concepto, muy usado, de crisis orgánica que no solo refiere a la economía, sino al poder como fenómeno global. Por tanto, a las relaciones entre crisis y situación revolucionaria, debemos agregar una exploración en torno del sentido de las crisis orgánicas, ya que en estas también el poder entra en crisis, no solo la economía. La crisis orgánica plantea el cuestionamiento de la dominación de clase, pero que no equivale al sentido de las situaciones revolucionarias. En estas últimas no solo el poder de la clase dominante entra en crisis sino que este es confrontado por el poder de las clases subalternas. Por tanto, también debemos diferenciar crisis orgánica de situación revolucionaria.

La diferenciación entre crisis orgánica y situación revolucionaria se puede resumir en dos aspectos. Uno tiene que ver con que son instancias de distinta duración. Una crisis orgánica puede abarcar diversas situaciones. El otro es que en la definición de crisis orgánica, las "acciones históricas independientes" no aparecen, es decir, lo característico es la crisis del Estado y la hegemonía de la clase dirigente, pero sin una respuesta desde abajo que pueda superarla. Agustín retoma esta distinción, pero propone sobre todo rediscutir el concepto de situación revolucionaria. Quien escribe estas líneas, dicho sea de paso, aparece en nota de pie como alguien que distingue situación revolucionaria de crisis orgánica, pero limita aquella a la “definición equívoca” de Lenin. Agradezco la gentileza de Agustín de tomar como referencia mi libro El marxismo de Gramsci, aunque como veremos tengo que debatir con la afirmación posterior por razones teóricas y políticas.

Luego de un repaso sobre diversas caracterizaciones de situaciones revolucionarias, entre los que menciona específicamente a Beba Balvé, el libro Insurgencia Obrera de Ruth Werner y Facundo Aguirre (con quienes compartimos la militancia en el PTS) y otro texto de Portantiero, Santella señala que si bien tradicionalmente se ha utilizado la definición leninista, esta es problemática.

Según su interpretación, el problema del concepto de situación revolucionaria de Lenin es que es equívoco, “usado especialmente de modo ambiguo haciendo que no sea útil para su finalidad”. Y señala que esto “sucedería porque no atiende a lo específico de la revolución”, que consiste en la emergencia de “un nuevo poder de las clases subalternas que entra en una prueba de fuerzas (había escrito el joven Trotsky) entre las fuerzas sociales”.

Sosteniendo que las “acciones históricas independientes” de las masas aparecen como algo vago en la definición de Lenin, Santella reivindica como una definición más específica de situación revolucionaria la de Trotsky sobre dualidad de poderes. De modo tal que en lugar de una situación revolucionaria que aún no se ha transformado en revolución, tendríamos una situación caracterizada por el desarrollo de la revolución misma a través de estas dos condiciones: la dualidad de poderes y la guerra civil. Parecería que ante las dificultades para explicar cómo una situación revolucionaria deviene revolución, opta por hacer una superposición de ambos conceptos, de la cual Trotsky sería el antecedente y Santucho el continuador. Pero veamos primero si efectivamente la posición de Trotsky es la que interpreta Agustín.

Situación revolucionaria según Trotsky

En primer lugar, cabe señalar que Trotsky nunca propuso su conceptualización de la dualidad de poderes como un concepto alternativo al de situación revolucionaria de Lenin. Su interés estaba puesto en intentar presentar la dualidad de poderes y la guerra civil como rasgo característico de toda revolución, pero siempre mantuvo la distinción entre situación y proceso, porque no toda situación que puede definirse como revolucionaria con los parámetros de Lenin se desarrolla como proceso revolucionario con los parámetros de Trotsky. Desde el punto de vista de una “dinámica virtuosa” de la revolución permanente, entre situación y proceso mediaba el nivel de organización de la clase trabajadora y los sectores populares (tanto desde el punto de vista de la auto-organización como del de la construcción de partido revolucionario). De modo tal que Trotsky pensó su desarrollo del problema de la dualidad de poderes como continuidad y no como alternativa a la fórmula leninista, entre otras cosas, porque ambas definiciones hablan de momentos diferentes dentro de lo que sería un proceso revolucionario.

Trotsky tuvo ocasión de abordar este tema en una conversación con el trotskista norteamericano Glotzer, cuya transcripción fue publicada en el periódico The Militant y lleva por título “¿Qué es una situación revolucionaria?”. En esas líneas, Trotsky retoma similares coordenadas a las planteadas por Lenin, en el marco de un debate sobre la coyuntura y las tareas de la Oposición de Izquierda en el Reino Unido y la India en 1931, aunque agrega mayores elementos sobre la dinámica de las distintas clases, para definir lo que es una situación revolucionaria. Además señala que una situación revolucionaria es la apertura de un período en el cual se plantea la lucha de la clase trabajadora por el poder y por lo tanto el problema de su organización revolucionaria. En todo momento distingue situación y proceso:

1. Para analizar una situación desde un punto de vista revolucionario, es necesario distinguir entre las condiciones económicas y sociales de una situación revolucionaria y la situación revolucionaria misma.
2. Las condiciones económicas y sociales de una situación revolucionaria se dan, hablando en general, cuando las fuerzas productivas de un país están en decadencia; cuando disminuye sistemáticamente el peso del país capitalista en el mercado mundial y los ingresos de las clases también se reducen sistemáticamente; cuando el desempleo ya no es simplemente la consecuencia de una fluctuación coyuntural, sino un mal social permanente con tendencia a incrementarse. Estas son las características de la situación de Inglaterra; podemos decir que allí se dan y se profundizan diariamente las condiciones económicas y sociales de una situación revolucionaria. Pero no debemos olvidar que a la situación revolucionaria la definimos políticamente, no sólo sociológicamente, y aquí entra el factor subjetivo, el cual no consiste solamente en el problema del partido del proletariado, sino que es una cuestión de conciencia de todas las clases, por supuesto fundamentalmente del proletariado y su partido.
3. La situación revolucionaria sólo se da cuando las condiciones económicas y sociales que permiten la revolución provocan cambios bruscos en la conciencia de la sociedad y de sus diferentes clases. ¿Qué cambios?
a) Para nuestro análisis tenemos que tener en cuenta las tres clases sociales: la capitalista, la clase media, el proletariado. Son muy diferentes los cambios de mentalidad necesarios en cada una de estas clases.
b) El proletariado británico sabe muy bien, mucho mejor que todos los teóricos, que la situación económica es muy grave. Pero la situación revolucionaria se desarrolla sólo cuando el proletariado comienza a buscar una salida, no sobre los carriles de la vieja sociedad sino por el camino de la insurrección revolucionaria contra el orden existente. Esta es la condición subjetiva más importante de una situación revolucionaria. La intensidad de los sentimientos revolucionarios de las masas es uno de los índices más importantes de la madurez de la situación revolucionaria.
c) Pero la etapa siguiente a la situación revolucionaria es la que permite al proletariado convertirse en la fuerza dominante de la sociedad, y esto depende hasta cierto punto (aunque menos en Inglaterra que en otros países) de las ideas y sentimientos políticos de la clase media, de su desconfianza en todos los partidos tradicionales (incluyendo al Partido Laborista, que es reformista, vale decir conservador) y de que deposite sus esperanzas en un cambio radical, revolucionario de la sociedad (y no en un cambio contrarrevolucionario, o sea, fascista).
d) Los cambios en el estado de ánimo de la clase media y del proletariado corresponden y son paralelos a los cambios en el estado de ánimo de la clase dominante. Cuando ésta ve que es incapaz de salvar su sistema, pierde confianza en sí misma, comienza a desintegrarse, se divide en fracciones y camarillas.
4. No se puede saber por adelantado, ni indicar con exactitud matemática, en qué momento de estos procesos está madura la situación revolucionaria. El partido revolucionario sólo puede descubrirlo a través de la lucha por el crecimiento de sus fuerzas e influencia sobre las masas, sobre los campesinos y la pequeña burguesía de las ciudades, etcétera; y por el debilitamiento de la resistencia de las clases dominantes.

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Digamos de paso que en esta reflexión de Trotsky aparecen elementos de la definición leninista pero también otros que Gramsci tomaba para la de crisis orgánica, lo cual tiene que ver con que son conceptos diferentes pero relacionados. Pero lo principal que nos gustaría destacar es que Trotsky presenta la situación revolucionaria no como proceso revolucionario en estado desarrollado con soviets y guerra civil sino como inicio posible de este.

¿Santucho vs. Santucho?

Según Agustín, el enfoque de Trotsky tal como él lo interpreta, es decir, como definición de situación revolucionaria solamente cuando hay dualidad de poderes y guerra civil: “fue usado también en los análisis marxistas argentinos, más notoriamente por el PRT-ERP en los años 70” y también por la OCPO, “aunque con la diferencia de que esta organización sostenía que no se había abierto este tipo de situación en la realidad, mientras que el PRT sí lo afirmaba en sus documentos”.

Pero esta asociación entre la posición de Santucho y la de Trotsky reviste ciertas imprecisiones. Por un lado, es cierto que Santucho utilizó las categorías de doble poder y guerra civil para pensar el desarrollo de un proceso revolucionario en la Argentina. Un texto como Poder burgués y poder revolucionario sintetiza bien su planteo del problema. Pero cabe destacar que, en este trabajo, Santucho utiliza el término situación revolucionaria como apertura de un período de lucha de clases que desemboca en la revolución y también como resultado de ese proceso. Al mismo tiempo, distingue entre “situación revolucionaria” (Febrero de 1917) y “crisis revolucionaria” (Octubre de 1917), como consumación de la primera, y momento específico de lucha directa por el poder. Veamos:

Configurada una situación revolucionaria, de acuerdo a las enseñanzas marxistas-leninistas, comienza a plantearse en forma concreta, inmediata, el problema del poder, la posibilidad de que el proletariado y el pueblo derroquen a la burguesía proimperialista y establezcan un nuevo poder revolucionario obrero y popular. El momento en que la toma del poder puede ya materializarse es denominada por el marxismo-leninismo crisis revolucionaria, que es la culminación de la situación revolucionaria, el momento del estallido final, momento que debe ser cuidadosamente analizado por el Partido Proletario para lanzar la insurrección armada con las máximas posibilidades de triunfo. Pero entre el inicio de una situación revolucionaria y su culminación en crisis revolucionaria, media un período que puede ser más corto o más largo en dependencia de las características concretas del país. En la URSS la situación revolucionaria se inició en febrero de 1917 y la crisis revolucionaria se presentó en octubre del mismo año.

La cuestión de la dualidad de poderes aparece como parte del desarrollo del proceso revolucionario y no como su condición excluyente:

En el curso de la situación revolucionaria nace y se desarrolla el poder dual, es decir que la disputa por el poder se manifiesta primero en el surgimiento de órganos y formas de poder revolucionario a nivel local y nacional, que coexisten en oposición con el poder burgués. Una forma típica de órganos de poder dual fueron los soviets o consejos obreros y populares que se organizaron durante la Revolución Rusa, consistentes en Asambleas permanentes de delegados obreros, soldados y otros sectores populares, que asumían responsabilidades gubernamentales, en general opuestas a las intenciones del gobierno burgués. De esta forma las fuerzas revolucionarias se van organizando y preparando para la insurrección armada, para la batalla final por el poder para establecer después del derrocamiento de la burguesía un nuevo poder obrero y popular.

Tomando en cuenta estas referencias, parecería que el enfoque de Santucho tampoco era que la dualidad de poderes y la guerra civil son la condición para definir una situación como revolucionaria, tal como Santella atribuye a Trotsky.

Señalemos de paso aquellos aspectos en los que sí Santucho se despega claramente de Trotsky. Uno es la relación entre auto-organización y ejército guerrillero. Santucho enfatiza el desarrollo “de las fuerzas militares del proletariado y el pueblo” entendido como ejército revolucionario y propone formas de “poder local”. Estas formas se distinguen en el campo y en la ciudad. En esta última, deben aparecer como “enmascaradas” (por ejemplo a través de comisiones vecinales) para evitar la represión, mientras en el área rural serán bases de apoyo de las unidades guerrillas, de modo tal que la auto-organización aparece subordinada al desarrollo del Ejército guerrillero. La otra diferencia que se puede mencionar es que propone un “frente anti-imperialista” que divide de manera relativa las tareas socialistas de las democráticas y nacionales. Aquí no es la música de Historia de la Revolución rusa la que suena sino la del texto de Mao “¿Por qué puede existir el poder rojo en China?”.

En definitiva, ni Trotsky alternativizó la definición de Lenin, ni Santucho siguió la de Trotsky.

Dualidad de poderes y Estado integral

No obstante estas diferencias que señalo con el artículo de Agustín, creo que tiene el mérito de llamar a su manera la atención sobre la importancia de la dualidad de poderes. Es un tema central para pensar las formas que pueden revestir procesos revolucionarios en el mundo contemporáneo. La relativa “occidentalización” de gran parte de los Estados, aunque con las crisis políticas en curso, hace que la “dualidad de poderes” sea muy difícil de homologar al proceso de los soviets rusos, no por la forma de auto-organización (que ha surgido en cierta medida, con más o menos desarrollos en muchas situaciones históricas) sino por la circunstancia de que enfrentaban un gobierno provisional débil, que estaba a la cabeza de un aparato estatal que no había tenido tiempo de configurarse con claridad después de la revolución de febrero de 1917.

René Zavaleta Mercado cuestionó la generalización de Trotsky, afirmando que la dualidad de poderes se da con la contigüidad de revolución “democrático-burguesa” y socialista, pero no podría tener lugar en las revoluciones de países metropolitanos. Pero excluir la dualidad de poderes de una revolución, la transforma en una evolución gradual o por el contrario en un acontecimiento mesiánico. Y esto vale no solo para los tradicionales países capitalistas “avanzados” sino incluso para países periféricos occidentalizados. La diferencia entre la dualidad de poderes rusa y las formas que puede adquirir en “Occidente” (incluso el “periférico y tardío”) es que el surgimiento de formas de autodeterminación de masas se ve obstaculizado por el Estado a través de la estatización sindical (y otros mecanismos característicos de lo que Gramsci llamó Estado integral); y luego la posibilidad de que estos organismos adquieran funciones estatales es menos inmediata que en el ejemplo ruso, por la mayor solidez (relativa) del Estado. Es un proceso de “estatalidad asimétrica” entre el viejo poder en crisis y el nuevo poder en formación, que pone a su vez en primer plano el problema de la lucha por la hegemonía de la clase trabajadora en relación a otros movimientos y estratos sociales para socavar las bases del Estado [1].

Dicho sea de paso, este tema de la burocracia sindical y el Estado integral no aparece en el artículo de Agustín (aunque lo ha abordado en otros lugares) aunque sería fundamental para pensar la cuestión de la dualidad de poderes hoy.

“Situación pre-revolucionaria”: ¿verbalismo o precisión estratégica?

Aprovecho la ocasión para tratar un tema relacionado directamente con todos estos problemas, especialmente con el del apartado anterior. Siempre se ha criticado al trotskismo por el uso del término “situación pre-revolucionario”. Se lo condena como una especie de truco para mezclar las ganas de que haya una situación revolucionaria, con el reconocimiento de que esto aún no ocurre, de modo tal que se presenta de manera forzada una situación como antesala de otra, como si esto hiciera que nos acercara más a la revolución.

En Trotsky, el uso del término aparece en algunas ocasiones de modo más “corriente”, como lo anterior a la situación revolucionaria, por ejemplo en la misma cita de la dualidad de poderes que toma Santella, o en ciertos parágrafos del Programa de Transición

Sin embargo, en ¿Adónde va Francia?, lo utiliza en un sentido mucho más específico, no como una situación anterior a la situación revolucionaria, por una cuestión temporal, sino de relación de fuerzas. El debate es con el stalinismo y su lectura de que la situación “no es revolucionaria” (en marzo de 1935):

Afirmamos: el diagnóstico de la Internacional Comunista es radicalmente falso. La situación es tan revolucionaria como puede serlo con la política no-revolucionaria de los partidos obreros. Lo más exacto es decir que la situación es prerrevolucionaria. Para que esta situación madure, hace falta una movilización inmediata, fuerte e incansable de las masas en nombre del socialismo. Esta es la única condición para que la situación prerrevolucionaria se vuelva revolucionaria. En caso contrario, si se continúa marcando el paso en el mismo lugar, la situación prerrevolucionaria se volverá contrarrevolucionaria y llevará a la victoria del fascismo.

A diferencia de un término introducido de manera “verbalista” (es decir, creyendo que cambiando las palabras se crea un concepto), Trotsky está aquí dando cuenta del problema que señalábamos en el apartado anterior. La situación pre-revolucionaria no es necesariamente lo que viene antes de la situación revolucionaria, sino expresión de las dificultades para que esta se desarrolle plenamente por el rol de las direcciones obreras sindicales, populares y políticas integradas al Estado. Agustín no aborda directamente la definición de “situación pre-revolucionaria” pero lo mismo que dice sobre la conceptualización de Lenin se le podría aplicar, si mantenemos su propuesta de lectura que consiste en enfatizar los elementos subjetivos como indicadores para definir una situación. A esto nos referiremos brevemente para terminar.

Algunas conclusiones

El artículo de Agustín Santella tiene el mérito de intentar volver a discutir (sin atribuirse un análisis exhaustivo sino en forma de notas para una investigación) el problema de la situación revolucionaria y su conceptualización. En los apartados anteriores, intentamos tomar su propuesta y debatimos por qué su lectura de Trotsky y Santucho es unilateral y tiende a confundir situación y proceso. Aquí agregaremos que esta unilateralidad en la interpretación parecería tener relación estrecha con un problema de abordaje conceptual. Me refiero particularmente al intento de definir una situación por sus componentes subjetivos. Contra el uso facilista del concepto de situación revolucionaria que intentaría hacerla encajar en realidades muy alejadas del modelo teórico, Agustín propone torcer y subir también la vara de modo tal que una situación de este tipo solo pueda definirse cuando existen en grado muy avanzado ciertos procesos subjetivos que implican el desarrollo de la revolución misma. Lo que no quedaría claro en esta forma de leer la cuestión es cómo se da la evolución de una situación en la que no hay crisis ni cuestionamiento a la clase dominante a una de emergencia de un nuevo poder. Cuestión estrechamente relacionada con los problemas de la práctica política.

NOTAS AL PIE

[1Para un desarrollo un poco más detallado de este tema, me permito remitir a mi libro Hegemonía y lucha de clases. Tres ensayos sobre Trotsky, Gramsci y el marxismo, Bs. As., Ediciones IPS, 2018, pp. 75/85.
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Juan Dal Maso

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Nacido en Bs. As. en 1977, vive en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Integrante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 1997, es autor de diversos libros y artículos sobre problemas de teoría marxista. Forma parte de la Asociación Gramsci Argentina.
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