Política Venezuela

SENTIDOS COMUNES Y CRÍTICA DE CLASE

“Los venezolanos no producimos nada” (II)

La burguesía lleva décadas viviendo de la renta petrolera, sin desarrollar la producción nacional, pero le es funcional la ideología sobre la “cultura rentista del venezolano”, o la crítica limitada a la corrupción e incapacidad de los gobiernos, para evadir su responsabilidad histórica.

Ángel Arias

@angelariaslts

Martes 20 de diciembre de 2016

La burguesía (junto al imperialismo): responsable del atraso nacional

En el anterior artículo dábamos cuenta cómo ese sentido común que endilga al venezolano, en general, la responsabilidad por “no producir”, cierta identidad cultural “rentista”, no es sino un velo ideológico que oculta, tanto el saqueo y las imposiciones imperialistas en toda la era petrolera, como al interior de nuestra sociedad la responsabilidad histórica de la burguesía nacional, que siempre recibió recursos de la renta sin que eso redundara en el desarrollo de las capacidades productivas nacionales.

Es claro que no puede pensarse que el atraso en el desarrollo nacional es responsabilidad, por ejemplo, de los obreros que solo cuentan son su fuerza de trabajo y su “poder” en la economía no vas más allá del control que tienen sobre la máquina en la que les toca trabajar, o de las empleadas de un banco que no deciden absolutamente nada sobre los usos de la banca nacional, de los trabajadores petroleros que no deciden nada del destino de la renta, o de los desempleados crónicos convertidos en cuentapropistas, cuyo control de la economía no va más de su carro de “perro caliente” o la moto con la cual “taxea”. Tampoco de los campesinos sin tierra o pobres, que tanto con la “reforma agraria” adeca de los 60’s, como con la “guerra contra el latifundio” de Chávez, no pasaron de controlar sino partes marginales de las tierras y los recursos para producir.

Es una clase social minoritaria, pero poderosa y dominante, la responsable de que en un siglo el destino del país no haya sido otro sino el del rentismo petrolero. Porque no es que no haya habido políticas como las que sugerían los intelectuales orgánicos de la burguesía que hablaron de “sembrar el petróleo”: invertir la renta en facilidades y estímulos a la agricultura y la industria nacionales. Pero la burguesía nacional ha optado siempre por ser preferentemente importadora, fugar capitales, alentadora y vividora del festín de las corruptelas del momento, y siempre subordinarse a los intereses imperialistas en la economía nacional.

La impostura del chavismo

Decíamos que la burguesía salía por lo general ilesa en los sentidos comunes de la crítica nacional, que apuntaba sobre todo a los políticos, sin embargo, cabe reconocer que con el chavismo se cargaron las tintas sobre esta… aunque más en el discurso que en la realidad.

Ante la férrea oposición del grueso de la burguesía nacional a las reformas políticas y económicas de Chávez, que la llevaron incluso a desconocerlo y querer tumbarlo por vías de fuerza, este pasó de un discurso fundamentalmente “anticorrupción” y de “soberanía nacional”, a enfilar dardos también contra esta. Sin embargo, era mucho más lo altisonante de la denuncia y la crítica al parasitismo de la burguesía nacional, que la intención real de acabar con eso.

Y no podía dejar de ser en lo fundamental una impostura porque, como hemos escrito: “el gobierno siempre consideró a la burguesía como la aliada natural (o ‘necesaria’) de la ‘siembra’ [del petróleo]: el desarrollo económico se haría orientando parte de la renta hacia un empresariado ‘nacionalista y productivo’, en combinación con el propio Estado actuando como empresario (o banquero) en áreas específicas. ‘Queremos un sector privado nacionalista, comprometido con el pueblo de Venezuela y con la patria’, insistía siempre Chávez”.

En los primeros años del chavismo, la mayoría de la burguesía, representada por los partidos en la oposición, su gremio más representativo (Fedecámaras) y la burocracia sindical de la CTV, protagonizó paros patronales (10-D 2001, abril 2002), saboteo de la economía con un largo lockout de dos meses (2002-2003) y paro-sabotaje de PDVSA, fue aliada clave del imperialismo para los golpes de Estado. A lo largo de década y media, ha fugado capitales y profundizado la desinversión, sin olvidar los episodios de especulación y acaparamiento. Es decir, la clase capitalista ha hecho “méritos” para merecer ser despojada de su poder económico, por antinacional y hostil a las mayorías trabajadoras, sin embargo, Chávez jamás dio ningún paso serio en ese sentido.

No dio ningún paso en este sentido porque aunque tuviera la oposición de la mayoría del empresariado, a lo que mal llamó “socialismo del siglo XXI” no era sino apenas un proyecto que aspiraba a un “desarrollo nacional” capitalista, y por eso repitió la historia de todos los regímenes burgueses anteriores en el país: alimentar con la renta petrolera nuevos sectores burgueses. Los Ruperti, Van Dam, Pérez Abad, el propio Cisneros, son algunos de los nombres que destacan. Cámaras patronales como Fedeindustria, la Corporación Bolivariana de la Construcción, la Federación Bolivariana de Ganaderos (Fegaven), o asociaciones empresariales como la “Frente de Empresarios Socialistas de Venezuela”, entre otras, expresan los sectores burgueses en los que se apoyó el chavismo.

Por eso el chavismo era orgánicamente incapaz de dar ninguna pelea real contra la burguesía como clase, tal como sosteníamos quienes en lucha por la independencia política de los trabajadores nos mantuvimos siempre por fuera del mismo.

Por eso, la distancia entre el discurso “antiburgués” y la realidad, por eso Maduro al mismo tiempo que discursea a los cuatro vientos contra la burguesía, crea planes y órganos –militarizados– para el “control” de los precios, la producción y la distribución, decomisa mercancía, no deja de tomar medidas favorables al empresariado: le autoriza constantemente los aumentos de precios; le subsidia las ganancias al exonerar de impuestos a vastos sectores empresariales (actividades agrícolas primarias y afines, importadores de bienes de capital y de alimentos, productores de hierro de los convenios con China, exportadores); les facilita préstamos de la banca y fondos públicos en condiciones favorables; les facilita los despidos de trabajadores o los deja pasar sin actuar; devalúa brutalmente el bolívar y el salario para “estimular” que traigan los dólares fugados y abaratar la mano de obra; etcétera.

Una crítica de clase consecuente

Ahora bien, aunque tiene sentido que los cuestionamientos al gran problema histórico del rentismo nacional se dirijan hacia los gobiernos, pues estos no existen independientemente de la clase dominante, sino que precisamente están a su servicio, una crítica que se quede en el gobierno o el régimen, por más ácida que sea, no pasa de una crítica parcial y, hasta cierto punto, superficial, sino va hasta el fondo cuestionando el régimen social del que son expresión estos regímenes. Esto es, una crítica a la dominación de clase, y no solo al poder de tal o cual partido, de tal o cual casta privilegiada transitoria.

Esto es importante porque, parafraseando el famoso sketch, “los gobiernos pasan, pero la burguesía queda”. Así, la fracción de la clase dominante que hoy es oposición, se prepara para gobernar sobre el balance de que lo que hace falta es salir de este gobierno y que venga otro… más servil a los capitalistas. Pero esta crisis no es solo la de un modelo político, ni mucho menos de un supuesto “socialismo”, es el fracaso de la burguesía y sus gobiernos, porque esta crisis hereda la atrofia del aparato productivo nacional de todas las décadas anteriores en que la burguesía vivió de la renta, y a su vez, tiene entre sus razones actuales la enorme fuga de capitales y desinversión por parte de los empresarios (tanto chavistas como opositores) en década y media de gobiernos de Chávez.

El chavismo fracasa como intento de un sector de los militares, la burguesía media y partidos de la izquierda reformista, de gestionar el capitalismo dependiente rentista hacia un mejor aprovechamiento de la renta para la acumulación nacional capitalista y el desarrollo de la industria y la agricultura, por lo cual mantuvo prácticamente intacto el poder económico de la clase capitalista. Es el fracaso de una apuesta burguesa, aunque haya sido la de un sector minoritario de la clase dominante. Lo que no ha dejado de tener continuidad en la era petrolera, en dictaduras, democracia puntofijista y chavismo, es la condición de clase dominante de la burguesía nacional.

Por eso, la clase obrera, los sectores populares, la juventud inconforme con la exacerbación del rentismo petrolero, deben sacar la conclusión que mientras el país siga atado a garantizar los intereses del capital imperialista y financiero internacional, y mientras la clase capitalista siga detentando su poder económico y siendo sujeto privilegiado del usufructo de la renta petrolera, seguiremos en la misma. Es decir, para cuestionar a fondo el rentismo, y para tener una posición clasista revolucionaria, no basta hoy tener una perspectiva antigubernamental, sino que debe ser también antiimperialista y anticapitalista.

Destronar a la burguesía y expulsar al imperialismo

En la raíz de la atrofia de la producción nacional está el carácter capitalista dependiente del país. Pesa sobre el país el papel subordinado que le impone el capitalismo imperialista (productor de materia prima e importador de casi todo lo demás), el yugo de la deuda externa que desangra nuestra economía, la succión de recursos naturales y riquezas que hacen las transnacionales instaladas en el país. Pero también, esa clase social vividora de la renta que lleva décadas recibiendo subsidios y recursos, y ha sido totalmente incapaz de llevar adelante el desarrollo del país, la burguesía nacional.

Hemos dicho en otro texto:

La conclusión estratégica es que la renta no puede ser aprovechada seriamente para el desarrollo del país mientras el capitalismo imperialista siga ejerciendo su dominación sobre el cuerpo económico de la nación, y mientras la burguesía nacional siga controlando gran parte de los recursos. No hay ‘siembra del petróleo’ posible sin desarrollar la movilización revolucionaria del pueblo trabajador, poner en pie de combate a las mayorías nacionales (incluyendo su armamento), para desconocer la deuda externa, nacionalizar sin pago las principales empresas y capitales imperialistas, expropiar y socializar los monopolios y grandes propiedades de la burguesía nacional. Es decir, sin una verdadera revolución antiimperialista, obrera y socialista”.

Mientras tanto, cuando la próxima vez que en cualquier conversación escuchemos decir eso de que el problema es que “los venezolanos” no producimos, expliquemos que en realidad es una clase minoritaria a la que hay que destronar, porque es totalmente incapaz de llevar adelante ninguna verdadera independencia frente a los intereses imperialistas, y porque es en sus manos que la economía nacional está sujeta al atraso y a estas crisis que, dicho sea de paso, nunca las pagan ellos sino que nos las descargan a nosotros.






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