Géneros y Sexualidades

Luchemos contra la arremetida del Episcopado venezolano contra los derechos de las mujeres y la comunidad Lgtbi

El reciente comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) es de antología y merece ser rechazado con contundencia por lo que es: un nuevo intento de traficar sus dogmas y principios eclesiásticos como si fuesen "valores humanos" para oponerse al ejercicio de las libertades sexuales y reproductivas de las personas, como el derecho al aborto y los de la comunidad sexodiversa.

Humberto Zavala

Venezuela | @1987_zavala

Lunes 29 de marzo | 18:50

Cuando se trata de arremeter contra los derechos humanos el episcopado no se anda con rodeos, a través del comunicado publicado en su portal el pasado 22 de marzo apuntan contra lo que consideran una gran amenaza: los derechos de las mujeres y de la comunidad sexodiversa, además llaman "a todos los fieles católicos y personas de buena voluntad (...) a hacer sentir su voz, y a unir esfuerzos en todos los sentidos para impedir que estas leyes se aprueben en nuestro país" (sic.) y a "los legisladores, sean creyentes o no en Cristo, deben escuchar la voz de su conciencia y actuar con la sabiduría que proviene del temor de Dios".

La CEV se ufana del atraso del país en materia de derechos

A 22 años del proceso constituyente que promulgó la Constitución de 1999, en el cual según la Asociación Venezolana para una Eduación Sexual Alternativa (AVESA) la iglesia católica intentó infructuosamente ir más allá en sus pretenciones de incorporar el "derecho a la vida desde la concepción", y a pesar de las dos décadas en que tanto se habló de "revolución", no hubo en lo fundamental ningún avance importante en materia de derechos sexuales y reproductivos ni para las mujeres y ni para la comunidad sexodiversa.

La CEV en un derroche de alarde sobre el poder de los vínculos de su iglesia con el estado venezolano se ufana de los más de 140 años de atraso que tiene el país respecto de una serie de derechos sexuales y reproductivos postergados:

"el sentir del pueblo venezolano, amante de la vida, se expresa en la Constitución Nacional y el ordenamiento jurídico venezolano. En Venezuela, siempre se ha cuidado y defendido la vida humana desde el instante de su concepción hasta el momento de la muerte natural. También se ha promovido la unidad de la familia y la dignidad de los seres humanos, creados por Dios a su imagen y semejanza, varón y hembra (...) ante la real posibilidad de imponer, por parte de una minoría, todo un nuevo ordenamiento legal que trastoque el sentido de la vida y se implante una nueva dimensión de la cultura de la muerte entre nosotros, elevamos nuestra voz de alerta en defensa de esos grandes valores humanos."

Actualmente resulta alarmante y bochornoso cómo el país no cuenta con ningún tipo de políticas públicas que promuevan una educación sexual integral y laica en los liceos, hasta donde existen registros oficiales, las del país son una de las cifras más altas de embarazos adolescentes y embarazos no deseados, como decíamos en un reciente artículo de cara al 8M: "Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, hacia el 2014 la tasa de fecundidad de las jóvenes entre 15 y 19 años era de 93 por cada mil mujeres, el pasado 2016 llegó a 95 por cada mil (...) Para el 2019, tres de cada diez mujeres que daban a luz en los centros de salud públicos en Lara eran menores de 18 años de edad".

En cuanto al acceso a los anticonceptivos: "Según el boletín de Convite realizado en el 2019, los métodos anticonceptivos son escasos en un 90%, parches y aros vaginales arrojaron un 100% de ausencia en las cinco principales ciudades del país. Los anticonceptivos inyectables un 99.2%, los intrauterinos en 96.5% e implantes 89.5%. Las pastillas anticonceptivas en las farmacias tienen un desabastecimiento del 68% y las pastillas de emergencia un 77.4%. Los condones masculinos son los más ’accesibles’, aunque solo el 23.9% escasean, están muy por arriba del salario mínimo".

Ante estas condiciones, el estado venezolano es uno de los pocos en el mundo con una legislación que continúa penalizando de manera inflexible el derecho al aborto, una reciente muestra de ello es el caso de Vanessa Rosales procesada por su activismo en pro del derecho al aborto en el país y por brindar asistencia para una interrupción voluntaria del embarazo a través de un método farmacológico a una niña que había sido violada.

La CEV celebra este estado alarmante y bochornoso de cosas, por supuesto también se opondrá como tantas veces lo hizo antes a la educación sexual integral y laica en las escuelas y liceos, así como al acceso a los anticonceptivos, así como también se ufana del artículo 77 de la Constitución que restringe los derechos conyugales únicamente a parejas heterosexuales, haciendo un verdadero alarde de su obscurantismo religioso y sus pretensiones inquisitoriales contra mujeres y comunidad LGTBI.

Para ampliar, ver: Rumbo a un 8M de lucha: tres banderas y los desafíos del movimiento de mujeres

Traficando el dogma eclesiástico como si fuesen "valores humanos"

A pesar del obscurantismo genético de la institución eclesiástica, desde su pasado remoto hasta el más próximo y vivo pasado inquisitorial, pese a todos sus vínculos con sanguinarias dictaduras, golpes de estado y de su complicidad con la pederastía de su propio personal, así como de su oposición obstaculizante y rechazo de todo avance científico, la CEV declara cínicamente ante nuestros ojos que: "Todo ser humano debe ser respetado en su dignidad, de donde brotan sus derechos, en especial el más fundamental de todos, como lo es el derecho a la vida (...) el valor sagrado de la vida desde su inicio hasta su término".

Cabe preguntarse: ¿de qué "dignidad humana" nos habla la CEV? ¿A qué se refieren por "vida humana"? ¿A qué se refieren por "valores humanos"? Desde el comienzo de la llamada "edad Moderna", especialmente de la Ilustración hacia esta parte, tanto el derecho como la ciencia moderna han desplazado gran parte del discurso clerical que pontificaba el dogma de que sin recurrir a Dios y a su fe, el hombre se encontraría en medio de un universo hostil y la vida carecería de sentido, sin embargo, la función espiritual y moral que la iglesia ha continuado ejerciendo sobre los Estados (incluso laicos) ha impedido terminar definitivamente con ese dogma que sigue tomando parte en los debates parlamentarios y algunos aspectos del código civil.

A propósito, las bizantinas discusiones acerca del "carácter sagrado de la vida desde la concepción" no tienen ningún asidero en las definiciones "humanas" de "humanidad" sostenidas por las más variadas disciplinas científicas y humanísticas, como la paleoantropología, el psicoanálisis, la antropología social y filosófica, o la biología, y sí con especulaciones metafísicas y religiosas sostenidas por las diferentes instituciones eclesiásticas.

Se requiere partir de una fundamentación ética completamente laica para poder hablar propiamente de derechos humanos, para evitar así las trampas de recurrir al dogma religioso y al iusnaturalismo, cuando se trata de nociones que contradicen los designios de la fe religiosa muchas veces las propias leyes burguesas expresan su herencia colonial heteropatriarcal cuando vulneran el principio fundamental que utiliza el derecho moderno (burgués) para legitimarse, según el cual las capacidades sensoriales, intelectuales y emocionales de los individuos son moralmente relevantes, y por tanto, son estas características moralmente relevantes las que nos acreditan de derechos ante la ley.

Ahora bien, desde un punto de vista de ética biomédica, Joseph Fletcher en Humanhood. Essays in Biomedical Ethics (Prometheus Books, 1979) atribuye a lo humano características básicas como: inteligencia mínima, autoconciencia, autocontrol, sentido del tiempo, sentido del futuro, sentido del pasado, capacidad para relacionarse con otros, comunicación, control de la existencia, curiosidad, una lengua y actividad del neocórtex.

La institución eclesiástica que el episcopado venezolano representa no reconoce la humanidad ni los derechos humanos de las personas sexodiversas, pero sí de lo que no llega a ser más que un proyecto de ser humano, un apéndice del cuerpo de la mujer, como lo son los cigotos y embriones carentes de sistema nervioso central y por ende de casi todas esas características básicas, con ello no se cansan de demostrar que su verdadero conflicto es contra la libertad de decidir de las personas sobre sus propios cuerpos y sus propias vidas, especialmente de aquellas más vulnerables que careciendo de los más básicos medios materiales de subsistencia y cultura, les aseguran su clientela.

Para ampliar, ver: Intervención de Alberto Kornblihtt en Diputados: "Un embrión no es lo mismo que un ser humano"

La iglesia, el Estado venezolano y el llamado "nuevo orden mundial"

Otro de los ardides a los que acude el comunicado de la CEV consiste en presentar las demandas históricas de movimientos de mujeres y comunidad sexodiversa como si fuesen parte de un complot internacional dirigidos por oscuros intereses del poder dominante. Pero estas demandas no son ni nuevas, ni "importada por una moda foránea", ni mucho menos obedientes a un complot del poder dominante. Pero como veremos, en Venezuela al menos desde 1979 existen antecedentes claros de estas luchas por arrancarle derechos al estado venezolano y a su legislación todavía influida por los oscuros intereses eclesiásticos.

La CEV insiste en presionar "a quienes tienen la tarea de legislar, para que no se dejen llevar por presiones de quienes, con la excusa de un nuevo orden mundial [...] ha buscado imponer en el mundo entero una mentalidad contraria al derecho a la vida y la integridad de la persona humana y la familia" que consistiría en "legislaciones a favor del aborto, de la eutanasia y de la ideología de género con todas sus implicaciones. Lo hacen apelando a un falso concepto de modernidad, inventando ’nuevos derechos humanos’ y justificando posturas reñidas con el designio de Dios".

Pese a lo que quisiera la CEV con intenciones de dominación teológico-morales, la lucha por el reconocimiento de los derechos para la comunidad LGBTI en Venezuela cuenta con antecedentes como la fundación del movimiento Entendido, por iniciativa de Edgar Carrasco en 1979, la primera ONG que se ocupa de los problemas y demandas de la comunidad homosexual en el país nace en 1994 por iniciativa de Oswaldo Reyes bajo el nombre de Movimiento Ambiente de Venezuela, cuatro años más tarde se conforma la Alianza Lambda y al año siguiente varias asociaciones científicas suscriben la Declaración Universal de los Derechos Sexuales, incluso la Asamblea Constituyente de ese año cuenta con Reyes como primer candidato abiertamente gay, pero como es sabido termina imponiéndose la continuidad del atraso en materia de libertades sexuales.

Por su parte la lucha por el derecho al aborto en Venezuela tiene un motor propio desde que en 1976 apareciera a orillas de una carretera el cuerpo sin vida de Angélica María Toledo, quien murió víctima de un aborto clandestino, e inspiró la publicación del libro de Giovanna Mérola En defensa del aborto en Venezuela (Editorial Ateneo de Caracas, 1979) donde advierte que su castigo fue doble: "pagó con su vida la existencia de una ley absurda y aberrante, y luego su cuerpo -el cuerpo del delito-, fue tratado como un desecho, que había que hacer desaparecer, por el médico que se sentía condenado por la ley".

Ya entonces, la militante del colectivo feminista venezolano Persona, aseguraba que "Las 400.000 mujeres que abortan anualmente en Venezuela representan un rechazo colectivo a la actual ley vigente. Igualmente se seguirá promoviendo la desigualdad ante la ley, ya que la actual legislación discrimina a las mujeres de las clases menos favorecidas [...] mientras sectores minoritarios que gozan de mejor posición económica eluden la ley sin dificultades".

No son las históricas demandas de las clases y grupos subalternos por mayores libertades y garantías para ejercer derechos sexuales y reproductivos quienes complotan con el poder dominante, sino la propia institución eclesiástica por medio de órdenes como el Opus Dei y misiones evangelizadoras las que alineadas con ingentes financiamientos oscuros atentan contra los derechos y conquistas fundamentales.

Una pelea unitaria internacionalista y de clase por los derechos negados

Esta virulenta arremetida del episcopado venezolano demuestra no solo su evidente necesidad de presión internacional sobre los Estados para mantener posiciones de dominio, demuestra entre otras cosas que:

  • el flanco de ataque de estas instituciones es muy variado, comprende las libertades sexuales y reproductivas de todas las personas, especialmente de las mujeres trabajadoras y pobres de todas las edades y procedencias étnicas hasta las distintas identidades sexodiversas, un abanico nada minoritario de conjunto.
  • están surtiendo efecto tanto las luchas como las conquistas de los diferentes pueblos a nivel internacional contra las legislaciones atenazadas por el alto clero, y por tanto, la necesidad de que intervengamos de manera internacionalista,
  • por necesaria y progresiva que sea cualquier conquista parcial en el marco de estas legislaciones no solo no son suficientes para el ejercicio de estas libertades y para una vida sin discriminaciones, sino que tampoco hay garantía de un curso evolutivo de inclusión, progresividad e irreversibilidad en los derechos,
  • en lo único sólido en que se puede confiar es en la fuerza de nuestra propia organización y en las luchas que podamos emprender en cualquier coyuntura nacional y en cualquier lugar del mundo contra la opresión del estado heteropatriarcal y las injerencias eclesiásticas en la vida pública.

En este sentido es necesario primeramente rechazar con contundencia este y todo intento de ataques contra los derechos sexuales y reproductivos de las personas, al mismo tiempo desarrollar una lucha unitaria donde intervengan decididamente las organizaciones feministas, de DD.HH., comunidad LGTBI, de la mano con la pelea al interior de las organizaciones de la clase trabajadora contra el conservadurismo antiderechos, anudando toda lucha por los derechos democráticos a una lucha por la completa separación de la iglesia del estado, finalmente, para vencer al obscurantismo religioso en todos los terrenos se requiere de instrumentos adecuados como el avance de una fuerte organización internacional de las mujeres, comunidades sexodiversas y la juventud trabajadora.






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