Política Venezuela

ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU

Maduro en la ONU: tendiéndole la mano a Donald Trump

Maduro mantuvo en el aire su asistencia a la Asamblea General de Naciones Unidas, pero finalmente viajó a Nueva York. En medio de su fuerte retórica anti Estados Unidos se terminó transformando en solo una pantalla para terminar tendiéndole la mano a Donald Trump.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Jueves 27 de septiembre | 11:31

En un discurso cargado de verborragia durante la Asamblea General de la ONU, Maduro terminó tendiéndole la mano a Donald Trump, indicando que está dispuesto a sentarse con el presidente estadounidense para hablar de temas bilaterales.

"A pesar de las inmensas diferencias históricas, ideológicas y sociales, yo estoy dispuesto a estrechar la mano de Donald Trump y a sentarnos a hablar sobre los asuntos de nuestra región. Son los diferentes los que deben dialogar, y poner en la mesa su capacidad de palabra. Yo estoy dispuesto a hablar sobre todos los temas que quiera hablar", indicó Maduro. Enfatizando que lo haría "con la agenda abierta y todos los temas que quiera hablar el Gobierno de EE.UU. con franqueza, con sinceridad".

Durante el día hubo fuertes rumores de un posible encuentro entre ambos mandatarios, cuestión que fue negada al final por representantes de la Casa Blanca. Dicho rumor se originó por declaraciones del propio Trump que estaría abierto a reunirse con Maduro "si eso ayudaba a Venezuela".

Luego de que el martes estuvo plagado de declaraciones de Estados Unidos, empezando por Trump con afirmaciones del tipo que el de Maduro "es un régimen que francamente, podría ser derrotado muy rápidamente si los militares deciden hacer eso", como el del vicepresidente, Mike Pence, alimentó la idea de un posible conflicto regional militar por supuestos movimientos internos de tropas venezolanas hacia el estado Táchira fronterizo con Colombia, al declarar que “Estados Unidos siempre estará del lado de nuestros aliados para su seguridad y el régimen de Maduro haría bien en no poner a prueba la determinación del presidente de EE.UU.” Incluso volviéndose a agitar la “opción militar” en Venezuela. Todo esto acompañado por representantes del Grupo de Lima que atendían el llamado de Estados Unidos para presionar al gobierno de Maduro.

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Aún están frescos los comentarios de Maduro sobre Trump cuando éste recién llegaba a la presidencia de Estados Unidos. Días antes de que asumiera, Maduro llegó a afirmar a comienzos del 2017 que: "Hoy por hoy nadie sabe qué puede hacer el presidente Donald Trump", para agregar contundentemente que, "No me sumo a las campañas de odio contra Donald Trump que hay en el mundo (…) Yo me pregunto a cuento de qué. Porque nosotros sabemos bastante de guerras sucias". Días antes incluso sostenía que "Peor que Obama no será". Afirmaciones que se pueden leer en un artículo publicado ese año en este diario.

Todo esto cuando ya Trump había tomado toda una batería de medidas xenófobas, racistas e intervencionistas que tomó en las primeras semanas de gobierno hacia decenas de países, solo que hasta ese momento Venezuela “no había aparecido” en su mira. Incluso cuando ya diversos analistas habían alertado que Trump tendría “una aproximación más agresiva a la crisis en Venezuela”, y las propias afirmaciones del entonces secretario de Estado, Rex Tillerson estaban para confirmarlo. Se trataba de una verdadera canallada y de completo cinismo, llegando a embellecer al entrante gobierno de Trump con sus declaraciones.

Con todo esto, dado el caso en que se hubiese dado o se diera una eventual reunión de Maduro con Trump, no sería descabellado sostener, siempre y cuando Estados Unidos le permitiera una sobrevida, llegar a acuerdos con el imperialismo yanqui. Si partimos de la base que en medio de la catástrofe económica que vive el país Maduro tomó la clara opción entre los acreedores internacionales y el pueblo de Venezuela, decidiendo pagar casi 80 mil millones de dólares en concepto de deuda externa a los buitres internacionales provocando una gran calamidad en el pueblo, por qué no pactaría con Donald Trump. Pero esta variante no se da no porque el gobierno de Maduro no lo deseara sino porque Estados Unidos no le quiere dar margen, de allí las crecientes amenazas de Trump en el último período y que fueron más acentuadas este martes.

En otro orden de cosas, en su discurso Maduro, llegó hasta no hacerse responsable por la catastrófica situación del país, llegando hasta negar el éxodo de venezolanos por la crisis económica imperante, sosteniendo que se trata de una fabricación del exterior. Una tesis que no es nueva, hasta no hace poco la actual vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez llegó a negar la misma sosteniendo, por lo contrario, que el país es el mayor receptor de migrantes a nivel internacional, cuestión que contrasta con la cruda realidad.

Maduro también solicitó que se designe un delegado especial para que se investigue el presunto atentado que habría sufrido el cuatro de agosto de este año. Indicando que "Pido que se nombre un delegado especial que conduzca una investigación independiente sobre el atentado terrorista el cuatro de agosto. Todas las preparaciones se hicieron y financiaron desde el territorio de Estados Unidos”. Un pedido difícil que se concrete.

Más aún, Maduro llegó hasta pedirle a Trump que nombre a funcionarios del FBI para que formen parte de esta propuesta de investigación. “…Que bueno sería [que] atendiera el llamado que le he hecho para que el FBI, con profesionales y científicos de alto nivel, se incorpore en esta investigación y ayude a la justicia venezolana a esclarecer la verdad y solo la verdad”. La policía federal estadounidense actuando en territorio venezolano.

Aunque Maduro no desaprovechó su oportunidad para lanzarse contra algunos países latinoamericanos, al afirmar que “algunos funcionarios diplomáticos de Chile, Colombia y México son referidos, por los autores materiales, como facilitadores de su fuga luego de realizar el ataque terrorista". Precisamente Colombia y Chile fueron dos de los seis países americanos que este miércoles remitieron a la fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) una petición para que “investigue supuestos crímenes de lesa humanidad en Venezuela”.

Junto a ellos, Argentina, Paraguay, Perú y Canadá sellaron también la misiva, que lleva la firma de los líderes, y que va acompañada de “informes elaborados por expertos internacionales que documentan entre otras cosas ejecuciones extrajudiciales, torturas y detenciones arbitrarias”. Una decisión incluso avalada por la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, la ex presidenta chilena, Michelle Bachelet, al sostener que hay que "respetar" la petición de seis países "soberanos" a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI).

Se trata de seis países representantes del derechismo continental que se movía más por orden de Estados Unidos y para quedar bien con dicho país. De allí que el objetivo de este movimiento, sin precedentes desde la creación de la Corte, lo que busca es aumentar la presión internacional sobre el Gobierno de Maduro para forzar su salida, buscando imponer un gobierno más funcional a los intereses de Estados Unidos. Pues lejos están estos países como tampoco Estados Unidos por algún tipo de interés sobre cuestiones de “democracia” o derechos humanos en Venezuela, de allí el cinismo descarado de estos países, que no tienen la mínima moral para hablar de estos asuntos.

Pero también esta tensión de Estados Unidos con Venezuela hay que verla en el contexto del acercamiento bastante grande que está teniendo el gobierno venezolano con China, ante la catástrofe económica. Es decir, que el hecho que haya escalado tanto la retórica contra Venezuela en las últimas semanas, y que Maduro vaya a extenderle la mano a Trump para una eventual negociación, está relacionado justamente con que acaba de cerrar un “negocio” con China (que tiene condiciones terribles para el pueblo venezolano ya que el país asiático establece una serie de condiciones parecidas a las que tiene con países africanos) buscando dar una sobrevida a la alta burocracia chavista, pues estas negociaciones de Venezuela con China ocurren en medio de la “guerra comercial” y arancelaria que ese país mantiene con Estados Unidos (por “iniciativa” de Trump) y que ha venido escalando, lo que esto tiene consecuencias políticas.

Por eso también es que el resto de los países de América Latina se quieren despegar y aparecer más alineados con Trump, como Chile, México, Colombia Argentina, etc., y que les dé el visto bueno buscando dejar a Venezuela como el país “malo” de la región, ya que Venezuela es el caso del país latinoamericano más cercano a China. Esta es la explicación también de sus movimientos ante la CPI contra Venezuela, y no cuestiones de “democracia” o derechos humanos que dicen alardear.

Como vemos, rápidamente se puso al descubierto lo falso antiimperialismo de Maduro. Apenas este martes, el ministro de relaciones exteriores, Jorge Arreaza, hasta hacía alusión a Vietnam frente a una eventual intervención militar. Así vemos que es toda una pose de “antiimperialismo” con que se llena la boca ahora, pero que es de puro papel y no pasan de huecas declaraciones. El discurso de Maduro, más allá de sus partes altisonantes, está para demostrarlo. Como vemos, lejos está Maduro de tomar medidas antiimperialistas frente alto nivel de agresividad que desarrolla Estados Unidos, acompañado por sus aliados del derechismo continental.

Hay que rechazar contundentemente toda esta injerencia y agresión imperialista, y rechazar toda la política cipaya de la derecha continental, todo lo cual no implica avalar en modo alguno al gobierno de Maduro. Son los trabajadores en alianza con los pobres de la ciudad y el campo, con una política completamente independiente, los que deben ser los abanderados del rechazo a toda injerencia y agresión imperialista. Son sus intereses los que están en juego y no los de la alta burocracia chavista en el gobierno, ni los de la oposición de derecha.







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