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MIGRANTES

Muerte de inmigrantes: debate en Estados Unidos y “conciencia tranquila” de AMLO

La imagen del padre e hija salvadoreños ahogados en el Río Bravo el pasado domingo 23, no solamente ocupa al tema de la crisis de la migración centroamericana (mayoritaria), africana y el Caribe, sino que alertan sobre el tipo de país en el cual se avanza.

Jueves 27 de junio | 22:36

Convivir con los Estados Unidos (la primera potencia imperialista del mundo) no es nada fácil, pero no se puede enfrentar esta realidad siendo complacientes con los designios políticos, económicos, diplomáticos y militares.

A través de décadas de gobiernos priístas y su continuidad con los gobiernos panistas de la “alternancia”, México se fue haciendo cada vez más parte del engranaje que requieren los planes hegemonizadores del coloso del norte. Y en materia de política migratoria, esos gobiernos fueron aceptando cada vez más las leyes discriminatorias y violatorias de los derechos humanos por los Estados Unidos, que provocaron la muerte de miles de mexicanos y expulsiones que separaron a muchas familias.

Es decir, que nadie puede decir a los mexicanos ni a sus gobiernos, lo que significa una frontera militarizada, o las redadas y maltratos de la border patrol a nuestros connacionales. Ni mucho menos, las injustificables muertes en el desierto y el río Bravo de tantos que quisieron alcanzar el llamado “sueño americano”.

Sin embargo, resulta (aparentemente) paradójico que un gobierno que venía denunciando las políticas públicas, migratorias y militares (entre otras más), diera un salto en la subordinación a Washington, como en la deshumanización de su política migratoria y la militarización de la frontera norte y la frontera sur del país.

Cuando la “conciencia moral” expresa un carácter político

Cuando los medios de comunicación del mundo, e incluso algunos políticos estadounidenses, comparan la foto de Valeria, la niña salvadoreña ahogada a orillas del Río Bravo, con Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años ahogado en una playa de Turquía al intentar llegar a Grecia en 2015, el presidente mexicano, López Obrador, muestra una insensibilidad que sorprende a muchos.

Esta muertes (con Valeria murió también su padre) abrieron un debate en los Estados Unidos contra el endurecimiento de la política migratoria del presidente Donald Trump; algunos congresistas y candidatos demócratas (en debates rumbo a las elecciones presidenciales del 2020) se mostraron indignados contra la política migratoria de Trump.

En el mismo sentido, The New York Times publicó en su editorial: “Nadie con conciencia puede mirar la foto de un solicitante de asilo y su niña de 23 meses muertos en la orilla del río Grande y aceptar el status quo”

Sin embargo, el presidente de México cuestionado por su subordinación a la política migratoria estadounidense, dijo tener la conciencia tranquila. Es decir, acepta como algo natural las muertes provocadas por la política de la Casa Blanca en materia migratoria.

Incluso Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados y miembro del Morena, declaró críticamente; “Lo que está ocurriendo en el país es inaceptable, porque no se puede entregar la carne humana por presión de la gran potencia” (Milenio, 26-jun-2019).

Sin embargo, no podemos quedarnos solamente con un juicio sobre la conciencia moral de AMLO; esta declaración es toda una posición política que expresa una dinámica de subordinación del gobierno mexicano ante los Estados Unidos. Una subordinación que ha llevado a que el ejército mexicano (ahora como Guardia Civil) impida el tránsito de inmigrantes en la frontera sur, así como el cierre de dicha frontera.

Esto es algo que no vimos ni con Felipe Calderón -que inició la militarización de diversas regiones del país-, ni con Peña Nieto. Sólo que ahora el combate no será contra el narcotráfico, sino contra los migrantes centroamericanos y africanos. Para lo cual habrá retenes en las principales carreteras del país. Este escenario no lo esperaban los millones que votaron por López obrador y el Morena.

De esta manera, un gobierno que se define como progresista y antineoliberal, se ha propuesto la tarea de facilitarle a Estados Unidos la solución del problema migratorio (política que objetivamente, es funcional a la campaña electoral por la reelección de Trump en la presidencia).

Y es que, con su estrategia de evitar toda confrontación que moleste al magnate estadounidense xenófobo racista y misógino, AMLO se mete indirectamente -pero a sabiendas- en las elecciones de los Estados Unidos. A cambio, Trump dice que México está haciendo bien la cosas; es decir, muestra su docilidad al imperialismo yanqui.

Si AMLO piensa que la entrega de soberanía calmará las presiones de Trump, se equivoca; el magnate yanqui ya le agarró el modo al tabasqueño y le exigirá más. Y para ello usará la amenaza latente de la elevación a los productos mexicanos.

De “hermano mayor” de América Latina, a “hijo menor” de los Estados Unidos

Estados Unidos no tiene amigos, solo intereses, dijo John Foster Dulles, secretario de Estado de Dwigth Eisenhowert en los cincuentas. De ahí para acá los intereses de los Estados Unidos se han multiplicado en nuestro país. Las principales empresas transnacionales se han instalado en México usándolo como mano de obra barata, además de apropiarse -vía a las constantes reformas a la Constitución- de los recursos naturales estratégicos.

En la zona fronteriza con los Estados Unidos, existen cientos de empresas maquiladoras que han mostrado la sobreexplotación a que someten a los trabajadores mexicanos. Los paros y tomas de empresas en Ciudad Juárez, hace unos años, y recientemente en Matamoros, fueron producto del hartazgo ante tanta explotación “amistosa”.

El subordinación a la Casa Blanca, del gobierno “antineoliberal” de López Obrador, pasa a desempeñar un rol policiaco en el tema migratorio, afectando así a la población de los países centroamericanos que pueden llegar a los Estados Unidos. Incluso ha provocado el reclamo del gobierno de Guatemala por la forma en que el INM trata el tema de las detenciones de sus connacionales.

México se está convirtiendo en el brazo ejecutor de una política criminal e inhumana. Tan sólo de diciembre de 2018 a mayo de este año, las deportaciones de inmigrantes pasaron de 5 mil 717 a 15 mil 659. (El País, 27-jun-2019).

¿Hasta dónde llegará la política colaboracionista y de subordinación de AMLO a su amigo Trump?






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