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Mundial femenino de fútbol: ahora que sí nos ven, hablemos de desigualdad

¿Cuán cierto es que el fútbol femenino no despierta interés? ¿Es verdad que es "poco rentable"? ¿Por qué las futbolistas reciben salarios más bajos? De sentidos comunes y luchas por la igualdad en torno al fútbol, lo que deja el Mundial de Francia 2019.

Lucía Ortega

@OrtegaLu_

Miércoles 26 de junio

Sin lugar a dudas, las pibas lo hicieron. Hay un antes y un después del Mundial femenino de Francia 2019. Pero mientras acá muchas y muchos festejábamos por el importante desempeño de nuestra selección y por el reconocimiento que empieza a tener el futbol femenino, el economista liberal Javier Milei se enojó porque comienzan a visibilizarse las desigualdades de género en ese deporte.

Escuchá la columna de Lucía Ruiz sobre este tema en El Círculo Rojo por Radio Con Vos (FM 89.9)

Milei protestó contra un tuit de la ONU en el que se mostraba que un solo jugador, en este caso Messi, tiene ingresos que prácticamente duplican el de 1.693 jugadoras juntas de las 7 mejores ligas del mundo (42,6 millones de dólares anuales).

Frente a esto, tuiteó “Si les parece injusto el pago a los hombres sería bueno que se pregunten ¿por qué no se llenan los estadios como el Barcelona? o ¿el mejor equipo femenino podría ganarle al Barcelona?”.

Esta explicación inmediata de por qué existen las desigualdades de ingresos entre hombres y mujeres, en particular en el fútbol, es la más difundida y escuchada. La idea de que “el fútbol femenino mueve menos dinero y por eso ganan menos”. Algo así también plantean en los hechos la FIFA y las federaciones de fútbol en general.

El fútbol femenino es el deporte en equipo más practicado por las mujeres en todo el mundo. Se calcula que hoy en día más de 40 millones practican el deporte a nivel mundial.

Y no es sólo una explicación: para algunos, como para Milei, esa idea es casi una propuesta; para ellos esas desigualdades se deberían mantener. Porque en última instancia implica que la brecha salarial entre mujeres y varones, no solo las de las jugadoras de fútbol, sino la de todas las mujeres (que es actualmente un 20 % en todo el mundo y 27,5 % en Argentina), se basa en que las mujeres somos “peores”, “menos capaces” o “menos productivas” que los hombres.

La verdad es que no sabemos qué sucedería con un partido así y, por otro lado, ¿cuán definitorio puede ser?. Pero sea cual fuese el resultado, lo cierto que hay las mujeres tenemos que atravesar enormes obstáculos para poder practicar fútbol, especializarnos y vivir de eso.

La pelea de las pibas

En líneas generales, podemos distinguir 3 planos en los que se expresa la desigualdad en el fútbol:

1) La profesionalización

En muy pocos países el fútbol femenino es profesional (EEUU, Brasil, México, Colombia, Inglaterra, Noruega, China), y ello se alcanzó gracias a importantes peleas.

El fútbol femenino es el deporte en equipo más practicado por las mujeres en todo el mundo. Entre el 2006 y el 2018 se incrementó la participación de las mujeres en un 60 %. Se calcula que hoy en día más de 40 millones practican el deporte a nivel mundial. No obstante, la mitad de las futbolistas no reciben ningún salario, de acuerdo al Sindicato Mundial de Futbolistas (Fifpro).

Las diferencias con el fútbol masculino son notables. En Estados Unidos, por ejemplo, mientras que la selección de varones recibió de la FIFA 9 millones de dólares por llegar a octavos de final en el mundial de Brasil 2014, la femenina recibió sólo 2 millones por proclamarse campeona en Canadá 2015.

FIFA aportó un total de 30 millones de dólares para las selecciones femeninas, que contrasta con los 400 millones que repartió para Rusia 2018: a los seleccionados de varones les aportó más de 10 veces que a los femeninos.

El 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, las jugadoras norteamericanas demandaron ante la Justicia a la federación de fútbol de Estados Unidos por discriminación salarial. Si bien está establecido que las jugadoras de la selección deben cobrar por lo menos 40 mil dólares, la brecha con los varones es de un 40 % (una de las brechas más bajas, en Colombia las mujeres ganan el 1 % en relación a los varones y en Argentina hasta hace pocos meses no cobraban directamente nada).

Esta diferencia se da a pesar de que ellas fueron 3 veces campeonas del mundo, mientras los varones ni siquiera se clasificaron al último mundial de Rusia 2018. Lo mismo podemos decir de las Matildas (jugadoras australianas), que si hubieran llegado a salir campeonas del Mundial solo hubiesen recibido el 50 % de lo que los varones recibieron solo por clasificarse para Rusia.

¿Por qué el seleccionado femenino de EE.UU. es uno de los mejores? Posiblemente una de las causas sea la jerarquía que se le da a la práctica del fútbol entre las mujeres, por ejemplo, en los colegios. Este desarrollo comenzó en los años `70. Ya para 1991, cuando Estados Unidos ganó el primer mundial de la FIFA, había más de 120 mil niñas y adolescentes que practicaban fútbol en los colegios.

Con respecto los mundiales femeninos, recién en el de China 2007 fue la primera vez que se empezaron a pagar premios a los equipos femeninos en un torneo de selecciones. Ahora en Francia, la FIFA aportó un total de 30 millones de dólares (el doble que el mundial anterior) para las selecciones femeninas, que contrasta con los 400 millones que repartió para Rusia 2018.

Un número bastante gráfico: a los seleccionados de varones les aportó más de 10 veces que a los femeninos. Solamente la selección francesa, que salió campeona en Rusia, se quedó con 38 millones; es decir, más de lo que se repartió a todos los seleccionados femeninos juntos que participaron del actual mundial.

Una anécdota muy simbólica la aportó el seleccionado alemán: las futbolistas germanas grabaron un spot contra el machismo en el que se menciona al pasar un juego de té, que se les otorgó como premio por ganar la Eurocopa en 1989. Al año siguiente el seleccionado de varones salió campeón en Italia 90 y recibió dólares contantes y sonantes, ningún juego de té.

Hay que decir que en los últimos años hubo importantes avances, pero sin embargo aún no son suficientes. En el caso de las futbolistas noruegas, se les ofreció el mismo premio que reciben los hombres si llegan a una final.

En Latinoamérica, hace dos años se profesionalizó el fútbol femenino en Colombia y este año en Argentina la AFA anunció un inicio de profesionalización, después de lo que fue el escándalo en la Copa América del año pasado en Chile y de la enorme pelea de las jugadoras por ser escuchadas.

La plata a repartir por año será de 24 millones de pesos para los 16 equipos que juegan en la Primera División del fútbol femenino. Con ese dinero, los sueldos estarían en torno a los 13 mil y los 15 mil pesos, que son los salarios básicos de los futbolistas de la Primera C.

2) La visibilidad de los torneos

Hasta hace poco se escuchaba que “el fútbol femenino no le interesa a nadie”. Eso es refutado por los datos. Si bien todavía hay una mayor popularidad de los torneos masculinos, el último mundial femenino rompió récords de rating y de asistencia a los estadios. A esta altura ya se vendieron más de un millón de entradas en Francia 2019.

Los partidos cuentan con un promedio de 20 mil entradas vendidas. El partido inaugural -entre las locales de Francia y sus pares de Corea del Sur- tuvo 45 mil asistentes y ya están agotadas las entradas para ver la final, las dos semifinales y varios de los partidos de fase de grupos se agotaron previamente. Para ver a Argentina contra Escocia hubo más de 28 mil personas en el estadio.

Importante asistencia de público en el Stade des Alpes de Grenoble para el partido Alemania-Nigeria.
Importante asistencia de público en el Stade des Alpes de Grenoble para el partido Alemania-Nigeria.

Con respecto a la audiencia por televisión, también se están rompiendo records con millones de televidentes: en Francia hay mediciones que cuentan 11 millones de televidentes, en Inglaterra y Alemania 6 millones, y Brasil con casi 20 millones, en los primeros partidos jugados. En algunos casos la cantidad es muy cercana a la audiencia que tuvo el torneo masculino. La FIFA apuesta a llegar a los mil millones de espectadores (el doble que en el mundial anterior).

En relación a la pregunta de cuánto mueve el fútbol femenino, no es nada despreciable la cifra que arrojan los balances. Se invirtieron alrededor de 70 millones de dólares para este mundial y el retorno para el país anfitrión, Francia, estaría alrededor de 500 millones (difícil determinar cuál será la ganancia para la FIFA).

En comparación con el mundial masculino de Rusia 2018, los números son más pequeños: entonces se gastaron 2.000 millones y retornaron alrededor de 6.000 millones. En términos de la ganancia comparada con la inversión realizada, lo que rindió el mundial femenino es más del doble. Nadie puede decir que no es un negocio rentable. Y es por eso que se le está prestando también cada vez más atención como potencial nicho de negocios.

Fan de la selección española se saca una selfie con la arquera Sandra Panos.
Fan de la selección española se saca una selfie con la arquera Sandra Panos.

Por último, las diferencias también se observan en el mercado de pases: según la FIFA, el total de transferencias internacionales de jugadoras entre clubes de todo el mundo no alcanza al medio millón de dólares, son 577 operaciones. Un promedio de 885 dólares por transferencia. O sea, no llega ni a los mil dólares, frente a cualquier transferencia modesta a nivel local que está cerca del millón de dólares.

3) Desigualdad de condiciones para la práctica del fútbol

Por último, hablemos de uno de los temas de trasfondo de la desigualdad: las dificultades para practicar el deporte, sólo por el hecho de ser mujeres. En este plano se presentan desde los estereotipos sociales hasta límites materiales por tener que trabajar para mantenerse y además ocuparse del hogar (porque todavía son las mujeres las que más se encargan de eso).

Milagros Menéndez, la autora del primer gol de Argentina frente a Escocia, relata en una entrevista realizada por Leila Grayani para La Izquierda Diario que de chica el técnico le propuso a su familia que le corten el pelo para hacerla pasar por un varón para que pueda jugar en la liga porque no aceptaban mujeres. Por suerte su familia no lo permitió.

Todas nosotras tenemos seguramente alguna anécdota, o algún episodio de la vida cotidiana en el que por ser mujeres entienden que no podemos “opinar de fútbol”, que “no nos interesa”, que “no sabemos”. También existe el prejuicio de que “no sabemos jugar”. Las formas de discriminación y los estereotipos que hay que enfrentar ya son una primera traba para el desarrollo de ese deporte.

Alex Morgan, estrella de la selección estadounidense, saluda a su hinchada.
Alex Morgan, estrella de la selección estadounidense, saluda a su hinchada.

Hasta la mejor jugadora del mundo, la noruega Ada Hegerberg, debió atravesar un momento bochornoso cuando fue a recibir el Balón de Oro por mejor futbolista en 2018. El presentador le preguntó si sabía hacer twerking, que es un movimiento de baile “sexy”. Imaginen la cara que puso Ada, que además este año también se puso firme en los reclamos por la igualdad y renunció a participar de los mundiales de la FIFA hasta tanto no se equiparen las condiciones estructurales con las de los hombres, más allá de lo salarial.

Existe el prejuicio de que “no sabemos jugar”. Y menos aún, jugar bien. Escuchamos sentencias como “¿Por qué vas a jugar al fútbol, que te hace piernas grandes? Mejor hacé natación, o tenis…”.

A la cuestión de los estereotipos podemos sumar que el hecho de no cobrar por la profesión hace que las mujeres deban dedicar horas a trabajar en otras cosas para poder vivir, y además hacer las tareas del hogar. En ese contexto, entrenar con la exigencia necesaria para la alta competencia se hace muy complicado. Las chicas cuentan que deben llevar a veces a los hijos a los entrenamientos si sus parejas no los pueden (o no quieren) cuidar, y turnarse entre ellas mientras practican.

Pateando una pelota, pateando el orden patriarcal

Cuando en 1971 el seleccionado argentino –hoy conocido como Las Pioneras- le ganó a las inglesas en un mundial en México, esas 17 mujeres habían viajado sin siquiera tener botines.

De allí hasta acá, muchas cosas han cambiado. Otras no tanto… Las condiciones adversas que tuvieron que atravesar las pibas en 2018/2019 para ir al Mundial de Francia son increíbles: tuvieron que bancarse que las hagan dormir en el colectivo para no pagarles el alojamiento, durante dos años no tenían ni competencias ni entrenador y les debían el viático de $ 140 pesos de ese momento para ir a entrenar, entre otros padecimientos.

Las pioneras de Argentina que vencieron a Inglaterra en México 1971
Las pioneras de Argentina que vencieron a Inglaterra en México 1971

Las pibas son un símbolo de lucha que excede su pasión por el fútbol. Ellas representan la pelea que día a día damos todas las mujeres por la igualdad, por el reconocimiento, por nuestros derechos, al calor de una marea verde que sigue viva, a pesar de que algunos nos quieran “unir” con celestes en las urnas.

Pero no hay que confiar en que el “mercado” va a igualarnos. Al contrario, es este sistema el que pone las diferencias de género por delante para dividirnos. Por ello, son cada vez más las mujeres que se están animando a patear una pelota, y por sobre todo, somos millones las que estamos queriendo patear este orden patriarcal.






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