SEMANARIO

¿Otro Marx?: una polémica con Dussel a propósito de la comunidad agrícola en Rusia

Ángel Arias

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Fotomontaje: Juan Atacho sobre pintura de E. Capiro.

¿Otro Marx?: una polémica con Dussel a propósito de la comunidad agrícola en Rusia

Ángel Arias

Son varios los autores que han señalado la posición de Marx alrededor de la vitalidad o no de la comunidad agrícola rusa (obshchina) como un “viraje” en lo que sería una posición europeísta o eurocéntrica del desarrollo social [1]. Dussel verá aquí “otro Marx”, distinto al del método científico que ha ostentando en el resto de su obra: el autor decolonial propone conseguir un Marx “ético”, diferente del Marx “científico”, distinto del Marx del materialismo histórico, que es lo que sería, según él, la base del eurocentrismo y de una concepción teleológica de la historia.

La consulta de los revolucionarios rusos

Como señala Dussel, uno de los países donde El Capital generó más debate entre el movimiento revolucionario fue Rusia, donde los “populistas” eran el sector más dinámico y grande del movimiento revolucionario de la época. Es célebre la consulta que le hicieran –Vera Zasúlich mediante– a Marx:

Una de dos: o bien esta comuna rural, libre de las exigencias desmesuradas del fisco, de los pagos a los señores de la administración arbitraria, es capaz de desarrollarse en la vía socialista, o sea de organizar poco a poco su producción y su distribución de los productos sobre las bases colectivistas [...]
O si, por el contrario, la comuna está destinada a perecer no queda al socialista, como tal, sino ponerse a hacer cálculos, más o menos mal fundados, para averiguar dentro de cuántos decenios pasará la tierra del campesino ruso de las manos de éste a las de la burguesía y dentro de cuántos siglos, quizá, tendrá el capitalismo en Rusia un desarrollo semejante al de Europa occidental.

Querían, en fin, una opinión sobre “la teoría de la necesidad histórica para todos los países del mundo de pasar por todas las fases de la producción capitalista”.

La respuesta de Marx

a. Contra una teoría suprahistórica. Las especificidades.

Marx cuestionará a un autor que, en su nombre, afirma la inevitabilidad de la destrucción de la comunidad en sentido capitalista:

A todo trance quiere convertir mi esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo en la Europa Occidental en una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ellos concurran [...] (Esto es hacerme demasiado honor y, al mismo tiempo, demasiado escarnio) [2].

En su respuesta a Vera Zasúlich dirá:

Al tratar de la génesis de la producción capitalista, yo he dicho que su secreto consiste en que tiene por base “la separación radical entre el productor y los medios de producción” (pág. 315, columna 1 de la edición francesa de “El Capital”) y que “la base de toda esta evolución es la expropiación de los agricultores. Esta no se ha efectuado radicalmente por el momento más que en Inglaterra... Pero todos los demás países de Europa Occidental siguen el mismo camino” (lugar citado, col. 2). Por tanto, he restringido expresamente la “fatalidad histórica” de este movimiento a los países de Europa Occidental [3].

Agrega Marx que en su esbozo histórico señala “la conversión de la propiedad enana de muchos en propiedad colosal de unos cuantos”, la suplantación de la propiedad privada basada en el trabajo personal por la propiedad privada capitalista, es decir, “el cambio de una forma de la propiedad privada en otra forma de propiedad privada. Habiendo sido jamás la tierra propiedad privada de los campesinos rusos, ¿cómo puede aplicárseles este planteamiento? [4]. Marca claramente esta diferencia entre el proceso en Europa occidental descrito por él y el caso ruso: aquí se trataría de la conversión de una forma de propiedad común.

Señala que Chernichevsky –principal teórico populista– “ha planteado en algunos artículos notables” el asunto de si la comunidad rural “sin necesidad de conocer todos los tormentos de ese sistema [el capitalismo], podrá recoger todos sus frutos por el camino de desarrollar sus propias peculiaridades históricas”, y

… he llegado al siguiente resultado: si Rusia sigue marchando por el camino que viene recorriendo desde 1861 [5], desperdiciará la más hermosa ocasión que la historia ha ofrecido jamás a un pueblo para esquivar todas las fatales vicisitudes del régimen capitalista [6].

b. La crítica a los liberales, al argumento de “las leyes económicas”.

Marx, de una manera simplemente aleccionadora, se posiciona para develar el cinismo y la hipocresía de quienes desde el liberalismo intentan mostrar la inviabilidad de la comunidad agrícola adosándosela a “leyes económicas”, mientras ocultan el papel perjudicial que para ésta han jugado las hostilidades a que se ha visto sometida por la acción del Estado y las clases dominantes, “desencadenado en el seno de la comunidad misma el conflicto de intereses ya existente y ha desarrollado rápidamente sus gérmenes de descomposición”; así estos liberales muestran “las heridas causadas a la comunidad [...] como síntomas naturales de la decrepitud de ésta”.

Dussel propone encontrar entonces un Marx “ético” (político) en contraposición al Marx “científico”, que tomaría partido por lo colectivo contra lo individual-privado per se, como principio, sin atender a consideraciones científico-históricas.

... el Marx que nos importa no es el que “entró en crisis” en Europa –allí era un Marx “científico” para el positivismo, teleológico históricamente, materialista dialéctico, etc. “Nuestro” Marx se sitúa, en cambio, en el nivel de las necesidades vitales básicas: es un Marx económico-antropológico, ético [7].

c. Las tensiones propias de la comunidad.

Marx señala cómo la acción desde fuera ha desarrollado el conflicto de intereses ya existente en la misma, acelerando así los síntomas de su descomposición, no habla de sus posibilidades desde un punto de vista “ético”: “Se comprende con facilidad que el dualismo inherente a la ‘comunidad agrícola’ puede servirle de fuente de una vida vigorosa [...] Pero no es menos evidente que este mismo dualismo puede, con el tiempo, convertirse en fuente de descomposición”.

Expone con cierto detalle cómo el elemento de apropiación privada existente en la misma puede actuar como “un disolvente de la igualdad económica y social”. Cuestiona a tantos cuantos hablan de su inviabilidad histórica de manera superficial, abstracta o cínica, pero lo hace desde el materialismo histórico, desde el estudio concreto de la dinámica de la comunidad en sus determinaciones económicas y sociales, en sus potencialidades y amenazas propias.

Ahora bien –continúa–, ¿quiere eso decir que, en cualesquiera circunstancias, el desarrollo de la “comunidad agrícola” deba seguir este camino? En absoluto. Su forma constitutiva admite la siguiente alternativa: el elemento de propiedad privada que implica se impondrá al elemento colectivo o éste se impondrá a aquél. Todo depende del ambiente histórico en que se halla...

d. Desarrollo desigual y combinado. El “ambiente histórico”.

Hay un aspecto central, presente en la perspectiva que traza Marx, que Dussel pierde de vista, como lo es la inserción de Rusia en el contexto más general de la economía mundial. Contra los que sí o sí se empeñaban en que Rusia debía atravesar por las mismas fases y tiempos de la implantación del capitalismo como en Europa occidental, Marx señala cómo toda una serie de adelantos y métodos “cuya elaboración ha costado siglos a Occidente” se han introducido en Rusia “en un abrir y cerrar de ojos”, imbricándose en una sociedad en que perviven elementos precapitalistas [8].

... en Rusia gracias a una combinación única de las circunstancias, la comunidad rural, que existe aún a escala nacional, puede deshacerse gradualmente de sus caracteres primitivos y desarrollarse directamente como elemento de la producción colectiva a escala nacional. Precisamente merced a que es contemporánea de la producción capitalista, puede apropiarse todas las realizaciones positivas de ésta, sin pasar por todas sus terribles peripecias [9].

Hay aquí una noción “anticipada” –podría decirse– de desarrollo desigual y combinado. Si bien Marx no está teorizando al respecto ni usando la categoría, y se está refiriendo solo a las peculiaridades de Rusia, asoman claramente elementos (en términos muy similares) de lo que décadas después León Trotsky teorizará y generalizará para el conjunto de países, arribando a la noción del capitalismo mundial como totalidad.

En la comunidad agrícola, dice Marx, existen tensiones propias que la hacen oscilar entre su desarrollo o su disolución, lo cual dependerá, en última instancia, del “ambiente histórico”. Rusia, dice, “no vive aislada del mundo moderno”, por eso: “la existencia simultánea de la producción occidental, dominante en el mercado mundial, le permite a Rusia incorporar a la comunidad todos los adelantos positivos logrados por el sistema capitalista sin pasar por sus Horcas Caudinas” [10]. Remarca que:

La mejor prueba de que este desarrollo de la “comunidad rural” responde al rumbo histórico de nuestra época es la crisis fatal que experimenta la producción capitalista en los países europeos y americanos […] crisis que terminará con la eliminación del mismo, con el retorno de la sociedad moderna a una forma superior del tipo más arcaico: la producción y la apropiación colectivas.

La comunidad agrícola, una forma arcaica de propiedad colectiva, pervive en la época en que está planteada la superación del capitalismo por un modo de producción y apropiación colectiva moderno, las particularidades de una y otra forma de propiedad común se verían las caras en una imbricación que no está resuelta de antemano, pero que en todo caso no implicaría la conversión de la propiedad común de la comunidad en propiedad privada capitalista.

Dussel se apoya en Marx… ignorándolo (y a la historia)

Dussel parece querer ver solamente el aspecto desigual del desarrollo histórico, pero no la combinación operada en la totalidad mundial del capitalismo. Toma un fragmento de Marx, “Para salvar la comunidad rusa hace falta una revolución rusa […] Si la revolución se produce en su tiempo oportuno, si concentra todas sus fuerzas para asegurar el libre desarrollo de la comunidad rural, ésta se erigirá pronto en elemento regenerador de la sociedad rusa y en elemento de superioridad sobre los países sojuzgados por el régimen capitalista” [11], y extrae una conclusión: “la ‘comuna rural’ debe ser el punto de partida de la regeneración de Rusia si se produce la revolución rusa (y Marx no habla para nada de la necesidad de una revolución socialista en la Europa Occidental como condición necesaria para ello)” [12].

Ignorando por completo todos los otros planteamientos de Marx –expuestos en el mismo texto que Dussel cita–, hace un análisis bastante superficial, poco riguroso, para afirmar tajantemente que éste no contaba con la perspectiva de una revolución socialista en Europa –achacándole tal conclusión a Engels, en supuesta contraposición con la lógica de pensamiento sostenida por Marx–, sino solo con una “revolución rusa”.

Si bien Marx mostrará en otro momento su interés por el impacto que podría tener en Europa una revolución en Rusia contra la autocracia, revolución que no necesariamente sería socialista, nuestro autor decolonial se niega a reconocer la relación que establece Marx en esta cuestión específica, entre las posibilidades de sobrevivencia y desarrollo de la comunidad y su existencia en el mismo tiempo histórico que las condiciones para la revolución proletaria en Europa. Es obvio que Marx falló en los tiempos de su pronóstico sobre el inicio de la revolución socialista en Europa, pero lo que no puede ocultarse es que contaba con esa perspectiva.

Dussel lo niega para no concluir que en la perspectiva trazada por Marx el destino de la comunidad estaba atado a las condiciones y fuerzas propias del desarrollo capitalista “europeo” u “occidental”, lo que sería un pecado de “eurocentrismo”. Y por lo mismo evita mencionar qué podría inferirse, según lo señalado por Marx, sobre el carácter de clase y las fuerzas que harían esa revolución, que le permitiría a la comunidad ser elemento de superioridad de la sociedad rusa ante los países “sojuzgados por el régimen capitalista”.

Marx plantea que la comunidad podría sobrevivir “Si en el momento de la emancipación las comunidades rurales se viesen en unas condiciones de prosperidad normal”, si se asegura el “libre desarrollo” de la misma, y si se dan “la necesidad económica” y “las condiciones materiales” para “el tránsito del trabajo parcelario [fuente de apropiación privada] al colectivo”. Haría falta, sigue Marx, quitarle de encima el peso de la usura, que “la inmensa deuda pública, pagada en su mayor parte a cuenta de los campesinos, al par que otras sumas enormes, concedidas por mediación del Estado (siempre a costa de los campesinos) a los ‘nuevos pilares de la sociedad’ convertidos en capitalistas” se empleasen en el fomento de la comunidad rural, y que se rompiera con la gran concentración de la tierra en manos de los terratenientes y el Estado. Se pregunta también, “¿cómo conseguir los equipos, los fertilizantes, los métodos agronómicos, etc., todos los medios imprescindibles para el trabajo colectivo?”, y se responde que la comunidad “se halla en un ambiente histórico en el que la producción capitalista contemporánea le ofrece todas las condiciones de trabajo colectivo”.

¿Qué tipo de revolución en Rusia habría de garantizar estas “condiciones normales” a la comunidad agrícola? ¿Qué carácter de clase tendría que tener la revolución que quebrara la gran propiedad terrateniente y pusiera la tierra en manos de la comunidad campesina, le quitara de encima el peso de la usura, pusiera a su disposición los recursos que se iban en deuda pública y demás incentivos a los “modernos” capitalistas, así como los adelantos de la técnica capitalista? No podría ser sino una revolución anticapitalista, con el proletariado y su programa como factores claves y determinantes de la misma.

Dussel tiene “a su favor” que Marx habla de “revolución rusa” en general, sin embargo, la revolución que efectivamente ocurrió y llevó a cabo las transformaciones que Marx señalaba como necesarias para quitar el peso hostil a la comunidad fue una revolución proletaria; a su vez, esta revolución no se dio “a tiempo” y la comunidad sucumbió al ambiente hostil. Lo que podría haber quedado algo confuso hacia el último cuarto del siglo XIX, está bastante claro a la luz de lo sucedido luego… y Dussel no está escribiendo en el XIX sino a finales del XX.

Un fallo: el intento de conseguir aquí un Marx no científico, no materialista histórico

Dussel sostiene la tesis de que Marx no habría roto con el eurocentrismo en sus trabajos científicos, ni aun en “el último Marx”, pero que sí puede observarse un “viraje” en textos que no son propiamente “científicos” sino más “políticos”; el Marx que interesa rescatar, dice, es aquel donde este desarrolla un discurso político, donde sus afirmaciones estarían “dentro del campo opinable, intuitivo (en el sentido de “hipótesis”, “pálpitos”, “perspectivas” pero no “categorías”) [13]. Parado en esta idea, señala que en una época “Marx exageró la importancia de las naciones europeas, de la burguesía, y por ello no pudo captar ni el problema ‘nacional’, ni el ‘popular’ o del campesinado, sino solamente la función histórica del proletariado”, pero que al final de su vida experimentó un “viraje” –en torno a la cuestión de la comunidad agrícola rusa– que lo llevó a considerar al campesinado (ruso), y no al proletariado ni al desarrollo europeo, como base de la “regeneración de Rusia”. Pretende así encontrar “otro Marx” que no cuenta para su perspectiva con las fuerzas económicas, y el conflicto de clases, propios del capitalismo “occidental”.

En un aspecto, el propósito de Dussel es fundamentar que, desde las ideas de Marx, se puede concebir un desarrollo histórico en el que los países sin gran desarrollo capitalista no deban “esperar” un dogmático “cumplimiento de las etapas del desarrollo” para hacer sus revoluciones hacia una socialización de la producción, es decir, mostrar que no hay tal “plantilla” por la cual deban pasar todos los pueblos. Por supuesto, no podemos menos que estar de acuerdo. El problema está en que para Dussel esa idea de que en un país determinado –en este caso la Rusia del último cuarto del siglo XIX– al socialismo no necesariamente le precede el capitalismo, ese no tener que transitar la “plantilla”, puede darse prescindiendo de las fuerzas y sujetos sociales incubados por ese desarrollo del capitalismo en otras latitudes en el mismo tiempo histórico. Lo concibe como un proceso desconectado del mundo real en que existe, es decir, en buena medida, abstractamente.

Por otro lado, este desarrollo de Dussel está puesto en función de fundamentar, “desde el marxismo”, la perspectiva en América Latina de revoluciones “nacional-populares”, que no “proletarias”, donde la cuestión de clase es diluida en la cuestión “nacional-popular” [14].

Finalmente, no podemos dejar de mencionar la importante coincidencia que hay entre esta perspectiva que asume Marx ante la comunidad agrícola rusa (la obshchina) y la que asume José Carlos Mariátegui, el mismo de “ni calco ni copia”, ante la comunidad indígena en el Perú (el ayllu), porque muestra la fuerza del método materialista, dialéctico-concreto, que desde la crítica decolonial se pretende despachar como portador de la “colonialidad”.

*Este es una versión resumida de un artículo cuya versión completa se publicó en La Izquierda Diario Venezuela, texto que a su vez corresponde a un apartado del capítulo III del trabajo inédito Elementos para una reivindicación de la concepción marxista de la historia y su pertinencia para América Latina, a propósito de la crítica decolonial, presentado en 2009 para obtener el título de Sociólogo en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

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NOTAS AL PIE

[1Ver Néstor Kohan, Marx en su (tercer) mundo, 2.da edición (corregida y aumentada), La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2003; y Enrique Dussel, El último Marx (1863-1882) y la liberación latinoamericana, México, Siglo Veintiuno Editores, 1990.

[2Citado en Dussel, ob. cit., p. 254.

[3Karl Marx, “Proyecto de respuesta a la carta de V. I. Zasulich”, este es el primer borrador de respuesta, versión disponible en el Marxists Internet Archive (MIA); todos los énfasis son de Marx.

[4Ídem (énfasis de Marx).

[5Se refiere a la “emancipación” de los campesinos de la servidumbre, decretada por el Zar Alejandro II, que buscaba una cierta modernización liberal del campo ruso.

[6Citado en Dussel, ob. cit., p. 254.

[7Dussel, ob. cit., p. 268.

[8Dice Marx: “¿acaso ha tenido Rusia que pasar, lo mismo que el Occidente, por un largo período de incubación de la industria mecánica, para emplear las máquinas, los buques de vapor, los ferrocarriles, etc.? Que me expliquen, a la vez, ¿cómo se las han arreglado para introducir, en un abrir y cerrar de ojos, todo el mecanismo de cambio (bancos, sociedades de crédito, etc.), cuya elaboración ha costado siglos al Occidente?”.

[9Énfasis nuestros.

[10Énfasis de Marx.

[11Citado por Dussel, ob. cit., p. 264.

[12Dussel, ob. cit., p. 258 (énfasis del autor).

[13Dussel, ob. cit., pp. 269-270.

[14Este aspecto se aborda en el último capítulo del trabajo inédito que da pie a este artículo.
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Ángel Arias

Delegado de base del MinTrabajo @angelariaslts
Sociólogo venezolano, nacido en 1983, ex dirigente estudiantil de la UCV, militante de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y columnista de La Izquierda Diario Venezuela, actualmente delegado de base de los trabajadores del Ministerio del Trabajo.
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