SUPLEMENTO

Rob Wallace: “Somos menos un ‘planeta tierra’ y más un ‘planeta granja’”

ENTREVISTA

ECOLOGÍA
Ilustración: Juan Atacho

Rob Wallace: “Somos menos un ‘planeta tierra’ y más un ‘planeta granja’”

Juan Duarte

Santiago Benítez Vieyra

Lihuen Eugenia

Rob Wallace es biólogo evolutivo, ecólogo e investigador en filogeografía en la Universidad de Minnesotta, EE. UU. Es uno de los más reconocidos académicos dedicados al estudio de la relación entre producción industrial de alimentos, agronegocio, destrucción ambiental y generación de patógenos como virus y bacterias con peligros pandémicos, temas sobre los que escribió en Grandes granjas, grandes pestes (2015), de próxima aparición en castellano, Neoliberal Ebola (2016) y Dead Epidemiologists, de próxima aparición. Estos temas conforman exactamente el combo que estamos experimentando con el Sars-cov-2 y la Covid-19, sus debates epidemiológicos y están en el centro del proyecto de creación de mega granjas porcinas que impulsa el gobierno argentino. De estos temas y otros hablamos en una extensa entrevista que nos concedió amablemente, que publicamos completa en video, y una transcripción en versión reducida.

¿Podrías contarnos cómo es la situación global de la producción industrial porcina? ¿Por qué este tipo de producción industrial de cerdos tiene potencial pandémico, y qué experiencias previas has estudiado?

Creo que la mejor forma de expresar nuestra situación actual es que ahora somos menos un “planeta tierra” y más un “planeta granja”. Esto es, que en la actualidad hay varias veces más ganado (en millones de toneladas de biomasa) que animales salvajes. Estamos en 1.000 millones de toneladas de biomasa de ganado en todo el mundo, en comparación con solo 50 millones de toneladas de vida silvestre. Así que hay muchísimo más ganado que vida salvaje. [...]

Hay muchos millones de hectáreas de tierra en todo el mundo que se están transformando en parcelas agrícolas para el ganado y los cultivos, y gran parte de esa tierra se está transformando según el modelo industrial. De hecho, la manera en que podemos pensarlo es que estamos cada vez más rodeados por ciudades de cerdos y aves de corral. Y ahora se ha incrementado la proporción de cerdos en el ganado. Según las estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO, por sus siglas en inglés], en 1960 se produjeron en un año 400 millones de cerdos a nivel mundial. En 2018 se produjeron casi 1.000 millones. Las exportaciones de cerdos entre países se han expandido de 15 millones en 2000, a más de 45 millones en 2018. Por lo que en menos de 20 años se ha triplicado.

China produce hasta la mitad del cerdo mundial, pero la mayor parte de esto lo destina al consumo interno. No exportan mucho realmente. La mitad de los 26 millones de productores de cerdos de China producen menos de 500 cabezas de cerdo al año.

La cosa es que Beijing se está moviendo hacia una creciente industrialización y consolidación nacional doméstica. China tiene el objetivo de satisfacer sus necesidades de carne de cerdo desde el exterior. Es sabido que en 2013 el grupo WH de China compró Smithfield, el gigante norteamericano de la industria porcina. Incluso cuando el consumo de carne estadounidense está disminuyendo, el sector porcino estadounidense se está expandiendo, construyendo nuevas granjas, nuevas plantas empacadoras de carne, agregando turnos de trabajo, y lo está haciendo para satisfacer la nueva demanda china. Sobre todo viniendo de un año en el que la mitad de los cerdos de China murieron o fueron sacrificados por el brote de peste porcina africana. Entonces, la decisión de exportar el modelo a Argentina sería solo un paso más en el proceso de expandir espacialmente toda su cadena de producción de commodities porcinas. Y obviamente es una reacción importante a la panzootia de peste porcina africana.

Pero es un cambio en la forma en que China se ve a sí misma en el escenario mundial. En cierto sentido, está en la puerta de entrada de su ciclo de acumulación. Se está moviendo para convertir dinero en capital. Se está moviendo para globalizar sus redes de mercancías de una manera en que no lo había hecho hasta ahora. EE. UU. parece estar al final de su ciclo de acumulación, convirtiendo el capital nuevamente en dinero. En esencia, tratando de retirar el dinero de sus cuentas. Se está retirando de ser quien lleva adelante el sistema capitalista global como lo venía haciendo desde la Segunda Guerra Mundial, así que ha sido bastante sorprendente durante el brote de covid-19 ver qué tan acelerados estaban estos procesos.

Ahora bien, ¿qué está cambiando en la forma en que se producen cerdos? ¿Qué tiene esto que ver con la evolución y la propagación de patógenos? Y sí, tienen mucho que ver en varios aspectos. De hecho, nuestro grupo ha rastreado ese tipo de expansiones y producción industrial porcina hasta un brote o una pandemia que ya sucedió: en 1994, cuando se instituyó el tratado de libre comercio de América del Norte, el TLCAN, el sector cárnico estadounidense inundó con carne barata el mercado mexicano, destruyendo la producción nacional mexicana de cerdos. Por lo que los productores mexicanos incluso tuvieron que vender sus granjas a multinacionales como Smithfield o comprar a sus vecinos para poder competir con los Smithfields mundiales.

Y eso cambió la forma en que México producía sus cerdos, giró más hacia un modelo industrial. Los cerdos industriales se crían por miles. Más cerdos, en manadas más grandes, en menos granjas. Son generados de entrada desde un menor número de razas, por lo que se elimina la diversidad de animales involucrados. Pero se necesita esa diversidad para evitar que los patógenos circulen por más granjas. Si son todos iguales, si estás tratando con un monocultivo de cerdos, entonces cualquier patógeno que encuentre un par de cerdos en un establo de repente puede descifrar el sistema inmunológico de cerdos a lo largo de muchos kilómetros.

Así que el cerdo proporciona, como si dijéramos, una especie de alimento para la gripe: los cerdos están todos amontonados; y de la biología evolutiva aprendimos que al aumentar la tasa de transmisión o aumentar el acceso a cerdos susceptibles selecciona los patógenos más letales, tenés todas estas nuevas cepas emergiendo, más letales, que son ligeras en el viento, de modo que pueden moverse de un lugar a otro e infectar a muchos cerdos… Y así tenés por supuesto gripe porcina, tenés lo que se llama PRRS [síndrome reproductivo y respiratorio porcino], tenés PED [diarrea epidémica porcina], PPV [parvovirus porcino]... No voy a entrar en detalles de cada uno más que para decir que de repente lo que eran patógenos enjaulados, marginalizados, ahora tienen acceso a miles sino millones de cerdos a los que no lo habían tenido anteriormente.

La otra cosa acerca de criar cerdos así es que cuando los amontonás de esta manera también los conducís a una especie de depresión de su sistema inmunológico. Entonces, ahí hay otro medio por el cual las defensas que podría tener el cerdo, tanto a nivel individual como a nivel poblacional, son despojadas por el sistema industrial, el cual está dedicado a generar dinero, no está necesariamente dedicado a producir una ecología saludable en la cual criarlos. Y todo el daño que resulta de producir cerdos de esta manera, ya sea la generación patógenos, ya sea los desechos no tratados de las granjas, ya sea la explotación de los trabajadores del sector, o de los granjeros contratados, todo ese daño ese daño se externaliza a cualquier otro, menos a las empresas involucradas. Si juntáramos todo ese daño, todo esos costos involucrados y luego lo incluyéramos en el balance general de esas empresas, todas esas empresas quebrarían.

Es por eso que las operaciones porcinas son tanto una cuestión de paradigma político como industrial. Necesitan el apoyo de los políticos locales para que les permitan salirse con la suya contaminando el medio ambiente, destruyéndolo, destruyendo la vida silvestre local, destruyendo las economías de los pueblos, y las economías locales alrededor de las cuales muchas comunidades rurales han podido existir hasta ese momento.

Tengo un ejemplo clásico de esto en términos de cómo se dio este giro hacia el modelo industrial y cómo impactó en brotes y a los patógenos: en 2009 emerge la gripe porcina H1N1 precisamente desde este tipo de granjas industriales en las afueras de la ciudad de México; emerge como una infección humana extendida por todo el mundo, contagiando a millones de personas. Todos conocemos esa historia. Pero 2009 no parecía ser tan virulento o tan mortal como ahora sabemos que puede ser el Covid-19, y aún así mató a más de 500.000 personas en ese primer año.

Algunos trabajos de filogeografía, que mapean los brotes basándose en la genética de los patógenos, pudieron demostrar que EE. UU. y Canadá, (que en el escenario mundial son los mayores exportadores de cerdo), también son los mayores exportadores de gripe porcina. Un trabajo similar mostró que la gripe porcina de 2009 en México fue sembrada por primera vez por cepas que ya circulaban en los EE. UU. y Eurasia. Entonces, de alguna manera, todas esas cepas alrededor del mundo pudieron converger vía EE. UU. a México. Y fueron capaces de intercambiar sus segmentos genómicos, de modo que se produjo un nuevo patógeno llamado gripe porcina H1N1. Entonces sí, el tipo y la escala de producción tiene todo que ver con la aparición y propagación de estos nuevos patógenos pandémicos.

Acá en Argentina hay resistencia contra estas grandes granjas, ¿qué alternativas podemos pensar a este modelo industrial de producción?

Claro. No es un tema cerrado, nada es un hecho que no se pueda cambiar, así que aliento mucho los esfuerzos para intentar impedirlo. Aconsejaría evitar esa suerte de reacción xenofóbica que ha estado ocurriendo aquí. EE. UU. culpa a China por el Covid-19 y todo eso, pero ese tipo de nacionalismo por supuesto tiene una serie de razones: una, que los EE. UU. y China están muy integrados en términos de sus directorios corporativos entrelazados, hoy en día tenés obviamente a Smithfield comprada por el Grupo WH, pero eso va en la dirección opuesta; muchísimas inversiones extranjeras directas yendo desde los EE. UU. hacia China; algunas de las investigaciones que se han realizado sobre el SARS fueron cofinanciadas por el gobierno chino y el Instituto Nacional de Salud de los EE. UU.… Así que esta especie de forcejeo, esta especie de guerra fría entre los EE. UU. y China, algo que he llamado el “teatro pandémico”, esta suerte de obra que están montando en un intento de culpar al otro país y esencialmente intentar lavarse las manos de la responsabilidad en la emergencia de estos patógenos, podés ver algo similar a lo de aquí muy probablemente pasando en Argentina. Podemos condenar el influjo de capitales internacionales hacia Argentina para destruir su producción local, pero no se trata necesariamente de los chinos. Quiero decir, tenés latifundio local y una burguesía local en Argentina que le están dando la bienvenida a China y su incursión en nuevas operaciones con cerdos, como vía de destrucción de los pequeños productores [smallholders]. Así que es un escenario complejo pero no al punto de que no podamos hacer nada al respecto.

En términos políticos, diría que los chinos están tratando de externalizar los costos de su producción. Ellos tuvieron la Fiebre Porcina Africana que básicamente destruyó la producción china de cerdos, incluso antes de que emergiera la Covid-19. Así que están buscando otros países básicamente para absorber el daño ambiental que necesitan para poder continuar teniendo cerdos. [...]

Esta es una pelea entre el proletariado global, pequeños productores y campesinos de todo el mundo básicamente contra estos directorios burgueses entrelazados operando a través de los países y utilizando el nacionalismo para dividir y conquistar de un país a otro.

Ahora, en cuanto a logística de lo que podemos hacer con la producción de cerdos, hay pequeños productores en todo el mundo que crían cerdos simplemente como lo vienen haciendo hace tiempo. Esto no quiere decir que estemos atrapados en el tiempo, en un tiempo pasado, Le temps perdu y un tiempo que ya pasó; siempre hay nuevas ideas surgiendo de parte de estos granjeros, pequeños productores, en cuanto a cómo tener un mejor crecimiento en sus cultivos y ganado, de una forma que sea saludable para el ambiente y sus economías locales. Estas formas alternativas se han estado desarrollando en todas partes del mundo hace algún tiempo.

Los pequeños productores, ellos solos, producen carne más que suficiente para una dieta saludable para todos nosotros, no necesitamos involucrarnos en operaciones industriales para producir la carne que el mundo necesita. Esa es una gran mentira que impulsa el agronegocio: que necesitan tomar el mundo para poder alimentar al mundo; eso no es cierto, está lleno de comida.

Pero lo que hacen los pequeños productores es producir sus alimentos bajo lo que se llama economía natural. Esto es, teniendo en cuenta el sol, el suelo, las estaciones y el clima, y se preocupan por los ciclos de vida de sus cultivos y ganado. No producen comida con el modelo industrial, el cual es amontonar los cerdos, hacerlos crecer unos meses y luego embarcarlos a todo el mundo, sin importar en qué ciclo de su vida se encuentra el animal. Y ocurre que los pequeños productores, que están comprometidos en este tipo de economía natural, también están protegiéndonos mejor de que los peores patógenos puedan volverse pandemias mortales. [...] a nivel biológico esta diversidad actúa como una especie de cortafuegos que impide que cualquier patógeno se extienda a través de una región, les impide desplazarse desde el límite de los bosques directo hacia las capitales regionales y desde ahí hacia las redes globales de transporte, que es lo que están haciendo muchos de estos patógenos.

A diferencia de la producción industrial, los pequeños productores permiten que su ganado se reproduzca en el mismo sitio. Así que supongamos que tienes un brote en tu establo, y resulta que es un brote mortífero y mata a la mayoría de las aves de corral, puede ocurrir que tengas un par de gallinas todavía en pie, y puede ocurrir por azar, pero podría ser que sea por alguna peculiaridad en su sistema inmunológico que les permita sobrevivir al patógeno, a la enfermedad. Podés usar a aquellas que aún están sanas, estas sobrevivientes, para actuar básicamente de progenitoras de la siguiente generación; podés criarlas y tener todo un grupo de ellas protegidas contra el patógeno que todavía estará circulando afuera.

En otras palabras, puedes usar la selección natural en la granja como una especie de herramienta mediante la cual proteger a tu ganado, tus aves de corral y por extensión a los seres humanos involucrados. Y puedes hacerlo en tiempo real, de una forma que la producción industrial no puede, porque no hay reproducción de nuevos animales en granjas locales en animales confinados en operaciones de feedlot. Nada de eso, todos las reproducciones se hacen offshore a nivel de los abuelos, se hacen de manera que crezcan y engorden rápidamente, y que tengan pechugas más grandes por ejemplo en las aves de corral; y no tiene nada que ver con proteger a los animales. En el mejor de los casos lo haces con una vacuna o llenándolos de antibióticos. Pero lleva mucho tiempo desarrollar una vacuna, como lo estamos sufriendo ahora con el covid-19, y algunos brotes aquí en los EE. UU., como la influenza h5n2 entre los pavos, no tuvieron una vacuna hasta que el brote ya había pasado.

Así que mi punto es que mucho de lo que está pasando ahora en términos de los pequeños productores, de las granjas locales, podría hacerse también con una planificación regional, no tiene por que ser meramente de granja en granja. Se puede hacer de manera de encerrar y marginalizar patógenos con la potencialidad de convertirse en pandemias.

¿Por qué tantos en la comunidad científica pasaron por alto el potencial pandémico en el origen de lo que estamos atravesando hoy? Sabemos que estás por publicar un libro sobre los orígenes de la actual pandemia.

Bueno, esta es la parte curiosa: lo tenían y se les pasó, ambas cosas al mismo tiempo. Ahora, ¿cómo pasa eso? Ciencia y capitalismo se remontan un largo camino a sus orígenes mutuos [...].

Lo que quiero decir es que la ciencia estaba dedicada a tratar de frenar brotes pero siempre fue importante asegurarse que como científico o como agente de salud vos no hicieras nada que se interponga en el camino de los negocios de la burguesía. Y así vemos todo tipo de esfuerzos incómodos para tratar de abordar lo que estaba sucediendo: en 1997, cuando la influenza aviar h5n1 surgió del sur de China y se desparramó hacia Hong Kong matando un montón de gente, esto llamó la atención de los expertos mundiales en salud. Típicamente, la ONU está dividida entre gente que protege fuertemente el territorio, pero la h5n1 asustó a suficiente gente ahí, por lo que algunos límites fueron derribados y vos tenías conferencias convocando a científicos y otros expertos en Salud de la FAO (Food and Agriculture Organization), de la OMS (Organización Mundial de la Salud), OiE (Organización Mundial por la Sanidad Animal), todos en la misma sala, para trabajar en lo que se llamó One Health. One Health es la noción de que la salud de la vida silvestre, la salud del ganado, la salud del medio ambiente y la de los seres humanos están todas interrelacionadas entre sí. La mayoría de la gente en todo el mundo ya lo sabía, pero solo en un sistema capitalista, cuando básicamente separaste tanto a todos, perdés el cuadro de que la vida del ganado, la vida silvestre y los humanos están interrelacionados. [...]

Así que se comprometieron a desarrollar esto llamado One Health pero lo han hecho de una manera muy peculiar: básicamente lo han desplegado como una especie de medicina colonial de nueva generación, así que lo que hacen es enfocarse en las coordenadas de GPS donde puede haber surgido un brote y a menudo culpan a los grupos indígenas locales o a los pequeños agricultores, o algún tipo de deforestación o alguna práctica como comer arbustos, o enterrar a sus muertos de una forma particular, que lleva al evento de desborde. Y por supuesto, muchos de estos esfuerzos en One Health están siendo cada vez más financiados por multinacionales, todos, desde Cargill hasta Hormel, Johnson & Johnson… todos con intereses en asegurarse de poder participar en la deforestación y liquidar a los pequeños agricultores y los pueblos indígenas, sacándolos del área. Así que One Health ahora se usa como herramienta para limpiar zonas de indígenas y pequeños agricultores, pero hay muchos que escapamos a eso, que lo rechazamos y ahora estamos a favor de lo que se llama Structural One Health: sí, toda la vida silvestre, del ganado y de los humanos está interrelacionada, pero hay que pensar en estas cosas estructuralmente. Nos corrimos de esas geografías absolutas, basadas en donde realmente ocurrió un brote hacia la comprensión de que las cosas son relacionales. Estas geografías relacionales en las que algo en algún lado del mundo afecta algo en el otro lado. Y le prestamos cada vez más atención a los llamados circuitos del capital: el capital se mueve alrededor del mundo, la inversión extranjera directa se mueve en todo el mundo, y en nuestro grupo converge la noción de que ciudades como Nueva York, Londres y Hong Kong, y quizá Buenos Aires, son los peores focos de enfermedades dado que son centros de capital que están financiando la deforestación y los desarrollos que llevaron al desbordamiento de todas estas estas nuevas infecciones en este siglo.

¿Qué visión tenés sobre el agronegocio y el rol de los gobiernos en nuestra región?

Es muy remarcable cómo la clase capitalista [...] opera conjuntamente, tienen directorios entrelazados y esto tiene efectos profundos en todo tipo de cuestiones, desde producción, transporte y management hasta exportaciones e importaciones.

Entonces hay un profundo cambio sobre cómo se produce la agricultura en América del Sur, de tal manera que se pierde de vista lo importante. El foco en el acercamiento de China es algo para preocuparse, digamos, mirás el mapa de Argentina y casi no tenés cerdo. Pero con la noción de que tendrías un nivel de concentración como el de China o EE. UU., estás en un gran problema, no es bueno. En China hay “hoteles de cerdos”, con edificios de 13 pisos y miles de cerdos por piso… no querrías nada igual. Digo, está muy fuera de escala ahí, pero no querrías un monocultivo de cerdos que básicamente va destruir tus cuencas hidrográficas. Acá en Iowa, en el estado justo al sur de donde estoy, básicamente tienen tanta mierda de ganado y cerdos fluyendo sin tratar que todas las cuencas hidrográficas están contaminadas. Tenés cuencas que pueden tener 350.000 personas en ellas pero están soportando los residuos porcinos equivalente ciudades enteras como México DF, Tokio y Nueva York combinadas. Mierda porcina sin tratar, y no querés eso en tu medioambiente. Quiero decir, va a destruir tu medioambiente, tus economías locales, toda la plusvalía que surja de eso va a ser exportada o va a ir para las elites locales. A eso apunto acá, no se trata solo de China, se trata de las burguesías locales que están en el negocio de intentar insertarse en otra commodity internacional y con seguridad intentando vender río abajo a la gente de Argentina, y en este caso, como si dijéramos, un río de mierda.

Y ciertamente no deberían estar distraídos pensando que esto se trata solo de China, sino también de la burguesía local intentando apoderarse del resto de las tierras que puedan tener los pequeños productores, o incluso antes de eso, manipulandolos entre trampas financieras y productivas, que nos les dejan ninguna otra opción que vender sus granjas a los chinos o cualquier otra subsidiaria (va a ser una coproducción chino-argentina). Y eso es exactamente lo que sucedió alrededor del mundo, lo que está pasando en todas partes. Estoy hablando de China comprando Smithfield Food en EE. UU., lo que fue un gran golpe, pero también al revés, de fondos de inversión de EE. UU. como Goldman Sachs, que compró 300 granjas porcinas y de aves en provincias no muy lejanos al sur de Wuhan hace unos años. [...]

Entonces cuando nos mandan a la guerra entre un país y el otro, se trata más de una pelea local entre la hermandad de la burguesía que mandan a las hijas e hijos de los granjeros y trabajadores industriales que son los que se mueren en el campo de batalla alrededor de todo el mundo. O en el caso del Covid, son dejados tosiendo en sus sillones. Esto es otro ejemplo de esto, una pandemia motorizada por los cambios del capitalismo sobre el uso de la tierra, donde los peores daños ahora son descargados sobre los pueblos del mundo.

Y típicamente las y los trabajadores sufren las peores comorbilidades que llevan a las muertes por Covid. [...] Esto proviene de un circuito del capital que se extiende desde cualquier lugar en Argentina finalmente vía EE.UU. o directamente hasta China. Y esta es la mejor manera en que tenemos que pensarnos y organizarnos estratégicamente. [...] tenemos que llegar al momento en que el internacionalismo derrote a la globalización.

Vos has venido investigado cómo el Covid impactó en sectores de la clase obrera y minorías étnicas en EEUU. ¿Qué puntos podrías destacar sobre la situación en EE. UU.?

En los EE. UU. y según entiendo también en Brasil, las plantas de procesamiento de carnes están racializadas, en el sentido de que acá en EE. UU. los negros, los latinos, los inmigrantes son la mayoría de los trabajadores en estas plantas y fueron unas de las primeras golpeados en las comunidades rurales. Hay una horrenda simetría ahí entre el hecho de que fueron los cambios en el uso de la tierra para agricultura en China los que dieron lugar a la emergencia del Covid-19 esparciéndose desde murciélagos a humanos, y luego, al mismo tiempo en los EE. UU. ese mismo tipo de desarrollo de agronegocios llevó a la emergencia del Covid-19 en áreas rurales. Y en parte es porque las plantas de procesamiento de carne son para muchos condados la forma más directa por la cual, incluso los más aislados, están interconectados con la red de producción global de commodities.

Colaboraron en la producción: Iriel Surai, Nico Tesla, Leonardo Pérez, Juan Ignacio Román, Paula Pagliaro

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Juan Duarte

Redacción Ciencia y Tecnología | tw: @elzahir2006
Nació en Mendoza en 1979. Es psicólogo y docente universitario en la UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y de la agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda. Editó Genes, células y cerebros de Hilary y Steven Rose, y Leon Trotsky y el arte de la insurrección (1905-1917) de Harold Nelson (Ediciones IPS, 2017) y escribió en El psicoanálisis y la revolución de Octubre (Ed. Topía, 2017).

Santiago Benítez Vieyra

Dr. en Biología, Investigador de CONICET. Agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda.
Dr. en Biología, Investigador de CONICET.
Agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda.

Lihuen Eugenia

Redacción Ciencia y Tecnología
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