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Spartacus: La historia de una rebelión de esclavos en la antigua Roma

Spartacus es una serie de televisión emitida por la cadena estadounidense Starz entre el 2010 y el 2013, cuenta con cuatro temporadas donde narra la vida como gladiador del legendario esclavo tracio hasta convertirse en el principal líder de la tercera guerra servil entre 73 y 71 a.n.e. que puso en jaque al todopoderoso Imperio romano.

David Rivas

Sociología UCV / @DavidRivasLTS

Domingo 23 de septiembre de 2018

La serie creada por Steven S. DeKnight en el 2010 tenía sobre sus espaldas la misión de relatar el épico enfrentamiento de Espartaco contra el antiguo Imperio romano, también bajo la inmensa sombra de otros productos culturales como la famosa Espartaco (1960) de Stanley Kubrick, protagonizada por Kirk Douglas y una de las figuras históricas más icónicas dentro del ideario político sobre revueltas y revoluciones.

La serie solo puede definirse como “brutal y descarnada”, con un alto contenido de violencia y escenas eróticas que atrapa la atención de inmediato del espectador, pero que solo son condimentos que aderezan una obra mucho más completa.

Una historia sangrienta

La primera temporada (13 capítulos) se subtitula “Sangre y Arena”, relata la caída del protagonista (Andy Whitfield) como esclavo romano obligado a divertir con su sangre y la de sus iguales a nobles, ricos, políticos y plebes en los coliseos de Capua, convirtiéndose en poco tiempo en un gladiador reconocido dentro del medio y llenando los bolsillos de su “Dominus” Quinto Léntulo Batiato (John Hannah). Esta primera temporada marca un nivel de calidad en la serie que la convertirá en toda una revelación, su estilo exagerado y casi caricaturesco recuerda a obras como Sin City (2005) y 300 (2006), ambas producciones de Frank Miller. También podemos ver los enrevesados pactos, traiciones y venganzas de las clases altas en roma, con implicaciones políticas de por medio, estas últimas tratadas de forma genial por los guionistas, aunque con su dote ficcional que caracterizan a estas producciones.

La primera temporada va in crescendo, tanto en la acción como en la evolución de los personajes y termina muy por arriba con la revuelta de Espartaco aliado con Crixo el “galo” (Manu Bennett) y Enomao “el doctore” (Peter Mensah), con el resto de gladiadores contra su amo Batiato y su esposa Lucrecia (Lucy Lawless).

Precuela y un bache en la serie

La segunda temporada es más bien una miniserie de 6 capítulos (Dioses de la arena, 2011) que funciona a modo de precuela relatando la formación de Batiato como lanista y desarrollando personajes importantes para el resto de la serie como Crixo y Enomao, también la aparición de uno de los personajes más sólidos de las futuras temporadas, que no es más que el celta Gannicus (Dustin Clare). Esta temporada, aunque mantiene la calidad de su antecesora, se justifica por la desagradable noticia del diagnóstico de linfoma no-Hodgkin de su protagonista Andy Whitfield, la producción se hizo para permitir la recuperación de esté, la cual no llegó y lastimosamente falleció a finales del 2011.

La tercera temporada (10 capítulos) es la más floja, parece haber una reducción de las escenas de acción por las de trama política, sin embargo, estas llegan a ser forzadas en algunos casos y aunque vuelven personajes de la primera temporada como Ashur (Nick E. Tarabay) el esclavo traidor, Cayo Claudio Glabro (Craig Parker) Pretor y antagonista principal, su esposa Ilithyia (Viva Bianca) y por último Lucrecia que parece estar representando otro personaje del que vimos en pasadas temporadas. También es la entrada de un nuevo Espartaco, el actor Liam McIntyre, que se ve flojo y desencajado en las primeras de cambio pero que se va asentando conforme avanza la trama, para mostrarnos un Espartaco más sólido en la cuarta temporada.

Acá Espartaco tiene que lidiar con las diferentes tribus y etnias que están a su mando, los galos, celtas, germanos y demás esclavos, también podemos ver el comienzo de las diferencias con Crixo. Termina como lo cuenta la historia refugiándose en el monte Vesubio y enfrentando a su más acérrimo contrincante hasta la fecha, Cayo Claudio Glabro.

Un final a la altura de la leyenda

La serie tiene un cierre espectacular y regresa de sus cenizas tras la floja tercera temporada, las escenas de acción, violencia y sexo abundan como toque característico de la serie, podemos ver por fin al ejército de esclavos que según cuenta la historia llegó a contar hasta 100 mil hombres al mando de Espartaco y Crixo. Se dejan personajes atrás, gastados argumentalmente, y aparecen nuevos personajes antagonistas, Tiberio Licinio Craso (Christian Antidormi), Cayo Julio César (Todd Lasance) y Marco Licinio Craso (Simon Merrells) con la fuerza necesaria para rivalizar con Espartaco, Crixo, Gannicus y Agron (Dan Feuerriegel).

Las actuaciones sobresalen y las producción se ve mucho más pulida en esta última temporada pero lo que más impacta es su empeño en relatar episodios históricos documentados de las hazañas de Espartaco, tomando en cuenta el carácter de la serie cabría esperar que se tomaran más licencias creativas, pero a pesar que sí existen, la más notable es la del personaje de Tiberio Craso y Julio César, el resto son bien argumentadas y presentadas de forma que sirven para enganchar al espectador sin convertir la serie en un “fanfiction” sobre la vida de Espartaco.

Los esclavos que escapan de sus amos en busca de unirse a la rebelión, el entrenamiento de esclavos alejados de la elite guerrera de gladiadores que engrosan las filas contra Roma, el pacto de Espartaco con piratas de Cilicia, las diferencias cada vez más notables de estrategias entre Espartaco y Crixo que llegan hasta su superación final en dos ejércitos, algunas estrategias militares empleadas por Espartaco más o menos representadas en la serie y las batallas finales a campo abierto son parte de las pinceladas de ficción histórica que nos deja esta última parte.

El capítulo final, no tiene sorpresa pues narra la caída de Espartaco a manos de las legiones romanas comandadas por Marco Craso, sin embargo, cuenta con la energía suficiente para convencernos de que no fue una derrota para los rebeldes sino el comienzo de una leyenda que hasta hoy representa la primera de las grandes rebeliones de esclavos que cuenta la historia. Acá el actor Liam McIntyre termina de agarrarle la onda al papel y nos brinda en su último capítulo las escenas más memorables de combate de la serie.

De una revuelta a una revolución

Aunque la serie nos narra las diferencias estratégicas entre Espartaco y Crixo, alrededor de si atacar la ciudad de Roma, esta seguida por Crixo, o huir fuera de los límites de la república para vivir como hombres y mujeres libres, representada por Espartaco, lo cierto es que los pocos datos históricos solo nos cuentan la separación de estos dos en diferentes ejércitos por diferencias, sería interesante saber cuáles eran esas diferencias estratégicas, militares o políticas de ambos guerreros.

Espartaco era un hombre libre que cae en la esclavitud por la mano del Imperio romano y que es obligado a divertir a los nobles y ricos,. Prisionero, despojado de su cultura, su nación y hasta su propio nombre, decide rebelarse junto con sus iguales, otros esclavos en su condición, contra su amo, empleando lo que luego se conoció como guerra de guerrillas, escuadrones ligeros que atacaban rápido y se retiraban, logró sobrevivir por un tiempo junto con los restantes 70 gladiadores fugitivos, pero pronto supo que no era suficiente, para lograr su libertad y la de sus hermanos debía enfrentar al propio imperio, millares de hombre y mujeres acudían a él como el único posible de guiarlos hacia la libertad, se escapaban o formaban pequeñas revueltas. Logro tener más de 100 mil personas a su mando e hizo temblar el corazón del imperio. No por nada es, según un juego de confesiones que tenía Marx con sus hijas, su héroe histórico favorito.






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