Cultura

77 ANIVERSARIO DE SU ASESINATO

Trotsky y el cardenismo

Continuando con la presentación de sus elaboraciones sobre México, aquí nos referimos a su análisis del cardenismo.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Sábado 19 de agosto de 2017 | 13:05

En su exilio mexicano, Trotsky realizó una importante labor de actualización y profundización en torno a la teoría de la revolución para los países de desarrollo capitalista atrasado (como planteamos aquí). Fue fundamental para ello el análisis del cardenismo y sus principales acciones, que puede encontrarse también en el libro Escritos Latinoamericanos, compilación publicada por el Centro de Estudios y Publicaciones León Trotsky.

Comprendiendo al cardenismo

El 12 de mayo de 1939 Trotsky escribía “La industria nacionalizada y las administraciones obreras”, donde explicaba la política cardenista, donde planteaba:

En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y las compañías petroleras [1].

Hay que decir que la reflexión de Trotsky va más allá de lo que sucedía en México, y busca proporcionar herramientas para comprender la dinámica “pendular” que asumen los acontecimientos en la región durante esos años. La idea de que “puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de la dictadura policial”, puede asociarse al resultado que tuvieron varios de los procesos mencionados, con el ascenso de Anastasio Somoza o Fulgencio Batista. Ahora bien, es indudable que la riqueza conceptual de este escrito se ve en torno al cardenismo y constituye una aportación indudable a la comprensión de los regímenes políticos en los países semicoloniales y dependientes del imperialismo.

Esta conceptualización consideraba la relación dinámica que en nuestros países se establece entre las clases fundamentales de la sociedad y el imperialismo. Los movimientos del cardenismo no podían, para Trotsky, disociarse de un contexto donde las potencias imperialistas se dirigían a la próxima conflagración mundial y allí ponían todos sus esfuerzos. Y donde la estrella del imperialismo británico iba en declinación, en tanto que los Estados Unidos no contaban todavía con la hegemonía que construirían posteriormente, cuestión de enorme incidencia en América Latina. Esta situación fue la base que le permitió a Cárdenas, como dice Trotsky, “disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros”. Esto, por supuesto, combinado con el hecho de que contó con el apoyo de las organizaciones obreras y campesinas, todo lo cual le proporcionó importantes márgenes de maniobra para impulsar medidas como las expropiaciones petroleras de 1938.

Como muchos resaltaron antes, Trotsky evitaba el mecanicismo y el esquematismo vulgar. La Teoría de la Revolución Permanente y sus consideraciones sobre el estado obrero ruso dan cuenta de ello. La definición de bonapartismo sui generis surge de un análisis preciso y fino de la realidad internacional y nacional, la cual permite comprender el posicionamiento del cardenismo y sus giros, sin dejar de apreciar su carácter de clase ni de sostener una postura independiente.

Desde ese ángulo Trotsky explicaba las expropiaciones de los ferrocarriles y las compañías petroleras. Éstas, mientras “se encuadran enteramente en los marcos del capitalismo de estado”, representaban una medida “de defensa nacional altamente progresista” [2] ante el imperialismo. De allí el revolucionario ruso afirmaba que la clase obrera internacional debía defenderlas ante el ataque de la burguesía imperialista, sin condicionar esto al hecho de que la expropiación no fue bajo control de los trabajadores y se entregaron indemnizaciones a las empresas imperialistas.

Esto no se confundía con el apoyo político al gobierno. Trotsky no veía en las nacionalizaciones cardenistas y la reforma agraria “desde arriba” el camino para la construcción del socialismo. Por eso afirmaba que “para los marxistas no se trataba de construir el socialismo con las manos de la burguesía, sino de utilizar las condiciones que se presentan dentro del capitalismo de estado y hacer avanzar el movimiento revolucionario de los trabajadores” [3].

Su análisis del gobierno de Lázaro Cárdenas se distancia también de quienes buscaron un Trotsky cardenista. La crítica sobre la estatización de las organizaciones obreras lo muestra comprendiendo que Lázaro Cárdenas buscaba establecer un control férreo del régimen burgués sobre el movimiento obrero. La cuestión de los sindicatos es una de las más profundas discusiones que pueden encontrarse en los Escritos Latinoamericanos.

Allí afirmaba que en México los sindicatos “se han transformado por ley en instituciones semiestatales, y asumieron, como es lógico, un carácter semitotalitario” [4], criticando su estatización e incorporación al PRM. Y afirmaba que los gobiernos de los países coloniales o semicoloniales, asumen en general un carácter bonapartista o semibonapartista, determinado tanto por la presión del capital extranjero como por la acción de las clases sociales en pugna, siendo que “difieren entre sí en que algunos intentan orientarse hacia la democracia, buscando el apoyo de obreros y campesinos, mientras que otros implantan una cerrada dictadura policíaco militar” [5].

El carácter bonapartista de los gobiernos semicoloniales se expresaba también en la dinámica que adquiere la relación con los sindicatos:

… o están bajo la tutela del estado o bien, sujetos a una cruel persecución. Este tutelaje está determinado por las dos grandes tareas antagónicas que el Estado debe encarar: atraer a toda la clase obrera, para así ganar un punto de apoyo para la resistencia a las pretensiones excesivas por parte del imperialismo y, al mismo tiempo, disciplinar a los mismos obreros poniéndolos bajo control de una burocracia [6].

Y sostenía que la administración obrera de las empresas nacionalizadas auspiciada por el gobierno,

… no tiene nada que ver con el control obrero de la industria porque al final de cuentas, la administración se hace por intermedio de la burocracia obrera, que es independiente de los obreros pero por el contrario depende totalmente del estado burgués [7].

Trotsky ya no volvió a escribir sobre la deriva del cardenismo. Pero presenció su giro conservador, con la sucesión del candidato “moderado”, Manuel Ávila Camacho, al punto que Cárdenas dijo “El señor general Múgica, mi muy querido amigo, era un radical ampliamente conocido.Habíamos sorteado una guerra civil y soportábamos, a consecuencia de la expropiación petrolera, una presión internacional terrible. ¿Para qué un radical?”.

Cortejo fúnebre de León Trotsky

El movimiento “pendular” del cardenismo hacia el conservadurismo, y los aspectos analizados por Trotsky presentados antes, son muestra de los límites del nacionalismo burgués.

La caracterización y conceptualización marxista del cardenismo como una forma de bonapartismo sui generis, permitía comprender los zigs y los zags, y su carácter de clase. Y es una herramienta teórica política para aproximarnos -considerando por supuesto las diferencias existentes- a la experiencia de los gobiernos “posneoliberales” en América Latina, su ascenso y agotamiento. Así como para sostener una postura independiente frente a otras variantes burguesas “opositoras” que sostienen un discurso de reforma y humanización del capitalismo, como es el caso del Morena y Andrés Manuel López Obrador.

El análisis de los sindicatos en América Latina -que ilustra claramente su relación con el estado, y la política que tuvieron desde el cardenismo mexicano hasta el peronismo argentino- conserva toda su vigencia. Así como la postura de Trotsky sobre recuperar a los mismos como organizaciones para la lucha, conquistando su independencia respecto al estado y expulsando al charrismo.

Estas elaboraciones de Trotsky son parte fundamental del bagaje marxista para entender la realidad latinoamericana de ayer y de hoy, y enriquecen la estrategia política para su transformación revolucionaria.

Notas

[1] Trotsky, León, “La industria nacionalizada y la administración obrera”, publicado sin firma en Fourth International, agosto 1946. Tomado de Trotsky, ob. cit., p. 154.
[2] Trotsky, León, “México y el imperialismo británico”, en Trotsky, ob. cit., p. 98.
[3] Trotsky, León, “La industria nacionalizada y la administración obrera”, en Trotsky, ob. cit., p. 155.
[4] Trotsky, León, “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”, ob. cit., p. 158.
[5] Ibídem, p. 161.






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