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Trump acusó a Bannon de haber "perdido la cabeza" por el Rusiagate

El escándalo por las relaciones de Trump con Rusia volvió a estallar este miércoles, de la mano del exestratega jefe del magnate, Steve Bannon. Trump lo cruzó y se desvinculó de él.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Miércoles 3 de enero | 20:31

El escándalo por las relaciones que el equipo de campaña de Donald Trump tuvo con Rusia, antes de ganar las elecciones, volvió a explotar este miércoles, a tan solo tres días de haber comenzado el año. El asunto parece no dejar tranquilo al magnate neoyorquino que a pesar de negar cualquier tipo de relación con la llamada "trama Rusa", viene acumulando denuncias y declaraciones que sugieren todo lo contrario.

La última de estas denuncias salió de la boca del antiguo estratega jefe de Trump, Steve Bannon, en una entrevista que dio al autor de un libro y que fue filtrada por el diario británico The Guardian. La acusación fue tan delicada (incluyendo a su hijo y yerno), que Trump explotó en un ataque de ira.

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Trump acusó en la tarde de este miércoles a Bannon de haber "perdido la cabeza" y dijo que no tiene "nada que ver" con su Presidencia.

"Steve Bannon no tiene nada que ver conmigo ni con mi Presidencia. Cuando fue despedido, no solo perdió su trabajo, perdió la cabeza", afirmó Trump en un duro comunicado difundido por la Casa Blanca.

Trump se pronunció así después de que el diario británico The Guardian publicara el extracto de un libro en el que Bannon califica de "traición" y "antipatriota" la decisión del hijo del mandatario, Donald Trump Jr., de reunirse en junio de 2016 en Nueva York con la abogada rusa Natalia Veselnitskaya.

El comunicado de Trump supone una abrupta ruptura con Bannon, que fue su último jefe de campaña y se convirtió en su estratega jefe y una de las figuras más poderosas en la Casa Blanca desde enero de 2017 hasta agosto, cuando fue despedido sin más explicaciones y regresó a la publicación ultraconservadora y supremacista Breitbart News.

Incluso después de su despido, Trump había seguido defendiendo a Bannon, que ahora es un activista contra el aparato del partido republicano y a favor del populismo nacionalista que dio alas al presidente.

"Steve finge estar en guerra con los medios de comunicación, a los que llama el partido de la oposición, pero pasó su tiempo en la Casa Blanca filtrando información falsa a los medios para hacerse parecer más importante de lo que era. Es lo único que hace bien", aseguró Trump en su comunicado.

"Steve rara vez estuvo en una reunión a solas conmigo y solo finge haber tenido influencia para embaucar a unos pocos que no tienen acceso ni tienen ni idea, a los que ha ayudado a escribir libros falsos", añadió el mandatario en referencia a la obra de Michael Wolff en la que aparece citado Bannon.

Un golpe a Bannon y un guiño a los republicanos

Trump también minimizó el papel de Bannon en su campaña electoral, al asegurar que se incorporó a la misma una vez que el ahora presidente ya era candidato republicano. Más allá de la forma en la que quiera borrar su papel, lo cierto es que Bannon jugó un rol importante tanto en el último tramo de la campaña como en los ocho meses que fue estratega jefe del presidente.

Sin embargo, Trump quiere aprovechar esta situación para matar dos pájaros de un tiro y cargarle a Bannon las últimas derrotas republicanas, tratando de congraciarse con la bancada republicana en el Parlamento, con la que estuvo peleado gran parte de su primer año, logrando finalmente una victoria con la votación de una reforma tributaria regresiva como no de veía desde la época de Reagan.

En esa tónica Trump siguió su ataque a Bannon: "Steve tuvo muy poco que ver con nuestra victoria histórica, que se logró gracias a los hombres y mujeres olvidados de este país (...) pero sí tuvo todo que ver con la pérdida de un asiento en el Senado en Alabama que los republicanos habían retenido durante más de 30 años. Steve no representa a mi base electoral: solo actúa pensando en sí mismo".

El presidente se refería a la elección especial del pasado diciembre para cubrir un escaño del Senado por Alabama, para la que Trump había respaldado a un aspirante republicano, Luther Strange; pero Bannon impulsó a otro candidato, Roy Moore, (que Trump luego apoyó) que acabó perdiendo contra un demócrata tras ser acusado de abuso sexual a menores.

Trump presumió de tener muchos "miembros republicanos del Congreso y candidatos" que defienden sus prioridades y que quieren "recuperar nuestro país e impulsarlo hacia arriba, en lugar de simplemente quemarlo todo", en referencia a Bannon.

La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, aseguró después que Trump se mostró "furioso y disgustado" tras enterarse de la "ridícula acusación" de Bannon de que su hijo había cometido "traición".

"(Bannon) ha atacado al hijo del presidente de una forma absolutamente indignante y sin precedentes", denunció Sanders en su conferencia de prensa diaria, y añadió que la última vez que Trump habló con Bannon fue "a comienzos de diciembre".

Mamushkas

El escándalo del Rusiagate se parece bastante a la tradicional muñeca rusa. A pesar de la intención de Trump de hacer girar la atención hacia sus aventuras en el terreno internacional (de Jerusalén a Corea del Norte) y de mostrar a la reforma tributaria como un éxito de gestión, la investigación sobre la conexión rusa sigue su curso. Los escándalos se suceden unos tras otros y el circulo se cierra cada vez más cerca del presidente.

Hace tan solo un mes el exasesor de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn que duró apenas unos días en su puesto por el escándalo de rusiagate, declaró haber mentido al FBI sobre este asunto y se mostró dispuesto a cooperar con la investigación.

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Trump viene tratando de patear lo más que puede la investigación que, de comprobarse cierta, significaría que la campaña del magnate uso ayuda rusa para embarrar la campaña de la demócrata Hillary Clinton. Tras la renuncia de Flynn en febrero del año pasado, Trump forzó la salida del director del FBI James Comey, al que le había sugerido que dejara pasar la conducta de Flynn sin abrir investigación.

Finalmente en mayo, Robert Mueller fue nombrado consejero especial, para que investigase la presunta intromisión rusa en las elecciones de 2016. En las últimas semanas Trump envió mensajes públicos a Muller diciendo que seguramente haría una buena labor y que no intentaría entorpecer a su gobierno, lo que se podría leer como un consejo o una amenaza.

Las declaraciones que se conocieron hoy de Bannon en las que afirma que hubo una reunión en la Trump Tower de Nueva York entre el hijo de Trump y su yerno, deja a todos a unos centímetros del precipicio.

Por eso la respuesta de Trump fue brutal. Es que las mamushkas se vienen cerrando una dentro de la otra, y lo hacen de forma cada vez más acelerada. Se trata de un juego que tiene relativa autonomía y que no se tapa con tuits vulgares sobre el tamaño del botón nuclear de Kim Jong-un, ni sobre la futura ayuda a los manifestantes en Irán, ni sobre sus declaraciones sobre Jerusalén. Estos no hacen más que prender fuego distintas zonas del planeta, pero en Washington también hay un barril de pólvora, y nadie está seguro de cuando pueda explotar.






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