Política Venezuela

POSTALES DE UN PAÍS EN CRISIS

Una empanada para cuatro

La gran crisis económica que se descarga brutalmente contra el pueblo trabajador sigue aportando, sin cesar, escenas sobre las miserias de la sociedad capitalista.

Ángel Arias

@angelariaslts

Martes 10 de enero | 23:00

Una esquina cualquiera entre Manicomio y Los Frailes, en uno de esos talleres informales de reparación de motos. Uno de esos variados nichos donde encuentran ocupación y sobrevivencia muchos de esa población urbana que el capitalismo dependiente –y rentístico– arroja al margen.

En este taller siempre hay varias personas, además del mecánico, está el ayudante, el otro que está esperando que revisen su moto, el pana del mecánico, el otro que pasa en moto desde la parte de arriba del cerro para solo para saludar y ver “¿qué hay?”.

El panita mecánico está fajado con la moto, pero tranquilo –experto en su trabajo–, se acerca otros de los “personajes” del barrio, el viejo que se gana la vida con su carrucha, cargando la basura y cachivaches de la gente de más arriba hasta el container de abajo, o viceversa: “Coño Junior, regálame un cigarrito ahí papá”. Son pasadas las 7 de la noche y está haciendo el friíto de enero. Sin levantar la mirada de la pieza de la moto: “Dale pues, agárralo”. Ahora si levanta la cara, “¡Mira!, pero te lo fumas aquí”… y se ríe de la joda, el viejo también se ríe, y se va con su dosis de “nebulización”.

Se le activa la memoria a otro:

– Coño loco, por cierto, en estos días estaba en Antímano donde un pana, era temprano, y el pana me dice: “Vamos a comernos unas empanadas ahí”. Vamos pues. Bajamos para el puesto y estábamos ahí y llega un chamito, como de 12 años, que si le podía brindar una empanada. Dale pues, ¡pero te la comes aquí!

La cara del pana echando el cuento va cambiando.

– Bueno, ni siquiera le habían terminado de dar la empanada y el carajito ya se estaba yendo. “¡Mira, epa, no, te la comes aquí!”. Coño, cuando el carajito llevaba como la mitad de la empanada se llegaron tres chamitos más, más pequeños, y lo ven, y el chamito me ve con pena y me dice: “es que me la iba a ir a comer con mis tres hermanitos”.

Nada más echar el cuento se vuelve a avergonzar el pana. Es la vergüenza de alguien del barrio, de quien no es ajeno a esta realidad, de quien comparte con esos chamitos ser parte de esa “gente trabajando, pa’ que la vida no les duela” (y sin embargo les duele). Pero no es la vergüenza de la clase capitalista y sus políticos (en el gobierno y en la oposición), que continúan descargando brutalmente la crisis sobre los trabajadores y el pueblo pobre, haciendo prevalecer la razón empresarial.

El pana nos contó cómo terminó el asunto, luego que el niño le dijo por qué se iba a ir con la empanada: “¡Brindados todos! Una empanada para cada uno. ¿Qué iba a hacer?”.






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