Mundo Obrero Venezuela

EL CASO DE LA ESTAFA CON LAS BOLSAS DE COMIDA

Una jornada de lucha de los trabajadores del Ministerio del Trabajo

Ante el cambio de ministro y la incertidumbre nos activamos. Un paso al frente: una comisión de voceros para controlar la distribución de la comida y velar por el cumplimiento de las promesas.

Viernes 6 de enero

Este jueves 05 tuvimos un nuevo episodio de la lucha de los trabajadores del Ministerio del Poder Popular para el Proceso Social de Trabajo, para evitar la consumación de la estafa con la venta de unas bolsas de comida, tal como publicamos en su momento por este medio.

Apenas se supo ayer la noticia del cambio de ministro, se activaron las alarmas por la posibilidad de que, si ya con la gestión actual, no teníamos garantía de la entrega íntegra de todas las bolsas de comida que los trabajadores compramos, la gestión entrante se desentendiera de la situación. Es así que hoy nos concentramos frente al despacho del ministro para exigir respuesta. Los directores del Despacho y de Personal salientes, Nelson Pinto y William Coronado, respectivamente, fueron los interlocutores con las decenas de trabajadores que nos movilizamos.

Compromiso por escrito

Los representantes del ministro saliente insistieron con que el ministerio se haría responsable, inclusive la gestión entrante, con quienes ya se había conversado el asunto. Sin embargo, seguía sin haber ningún compromiso siquiera por escrito, y la situación actual es que del total de trabajadores, no todos han recibido siquiera la primera de las dos bolsas de comida que pagaron a mediados de diciembre, y no hay fecha de cuándo se recibirá la segunda bolsa.

De tal suerte, parte de las exigencias, además de la de tener fechas concretas de entrega de la comida, fue el dejar constancia por escrito del compromiso del ministerio.

Que la estafa no quede impune

Las promesas, además, no calmaron la indignación con toda la situación a la que hemos venido siendo sometidos con este asunto, fundamentalmente, los sobreprecios, la falta de productos ofrecidos, y todo el entramado del tráfico de influencias.

Mientras con soltura los directivos hablaban de trabajadores como “saqueadores”, ni una sola palabra dedicaban a fustigar a los funcionarios y funcionarias involucrados en el asunto, hasta que las invectivas y voces de los trabajadores pusieron la cuestión sobre el tapete. Investigación y asumir las responsabilidades administrativas o penales a que haya lugar, era la exigencia de los trabajadores.

Sobre este punto, solo generalidades decían, pero como ya los trabajadores no se conforman con ese mareo de palabras, no tardó en que una voz les dijera con firmeza lo que todos sabemos: “¡Nada en concreto, pero si un obrero se lleva un bombillo, hasta el SEBIN traen inmediatamente!” Ciertamente, como decía Alí, la policía siempre es eficiente cuando se trata de los pobres: hacía poco a un obrero acusado de llevarse un implemento del trabajo, de inmediato lo sacaron esposado del ministerio... mientras se trata con mano de seda a quienes desde las altas esferas del poder estafan a cientos de trabajadores, por ejemplo.

Un acumulado de problemas y deudas con los trabajadores

Como son muchos los problemas acumulados, comenzando por una contratación colectiva vencida hace años, no dejaron de aflorar: la dotación de ropa a los obreros, por ejemplo, que no se ha concretado y de paso se hizo mediante un proceso en el que no hubo la licitación de rigor ni se dejó participar, como corresponde, a los representantes de los trabajadores.

Una comisión de voceros como herramienta de los trabajadores

Como aún hay en existencia en el ministerio bolsas de comida, trabajadores sin recibirla y denuncias de que se estaban sacando bolsas del ministerio sin saber a qué destino, algunos propusimos que se conformara una comisión de voceros y voceras electos por los trabajadores para auditar lo de las bolsas, verificar la existencia, los listados y entenderse con el ministerio para velar por que se hagan los compromisos por escrito y se entreguen las bolsas íntegramente a los trabajadores.

El fundamento lo planteamos en estos términos: los trabajadores no tenemos confianza en las autoridades del ministerio que tienen en sus manos el proceso de entrega, y tenemos todo el derecho a que nuestros ojos vean realmente todo lo que hay que ver, que aquellos que consideremos nuestros mejores compañeros y compañeras para esa labor, tengan acceso a toda la información y estén encima del proceso.

De la misma concentración salió la comisión y tuvo un inicio con buen pie, auditó lo que queda de comida, tanto donde el ministerio autorizó como donde no querían autorizar, se levantaron actas, etc. Se supo de comida guardada en una oficina donde no permitían revisar, al respecto se consiguió una breve entrevista con el propio Oswaldo Vera –ministro saliente–, quien autorizó revisar en unos lados pero no en esa oficina, sin embargo, la determinación de la comisión se hizo valer, aún sin autorización oficial, en cuanto se pudo se fue hasta ese lugar y se verificó, por ejemplo, que el número de bolsas de comida era el doble de la que los directivos –incluido el ministro– habían declarado.

Aprovechar el impulso para organizarse

En lo inmediato, esta comisión tiene varias tareas prácticas por delante: totalizar la cantidad de bolsas de comida disponible, verificar los listados de trabajadores que han recibido y los que no, elaborar actas de todo, reunirse con las autoridades del ministerio para organizar la entrega y presionar, junto al resto de los trabajadores, por el compromiso por escrito y las fechas de entrega de la totalidad de las bolsas de comida lo más pronto posible.

Hay sin embargo una tarea organizativa que debe desarrollarse simultáneamente: ampliar y consolidar la representatividad de la comisión. Los compañeros y compañeras que resultamos voceros tenemos una legitimidad dada por la asamblea, sin embargo, somos aún pocos como para representar al conjunto de compañeros: la idea de que en cada dirección y división del ministerio los trabajadores escojan sus voceros, para ampliar la representatividad de esta comisión, debiera llevarse a la práctica.

Por otro lado, es indispensable que desde la comisión tengamos los mecanismos para mantener constantemente informados a nuestros compañeros de todo lo que sepamos, de los pasos que se den, etc., y sobre todo, tener en claro que la última palabra de cualquier decisión la deben tener las asambleas donde participen todos los compañeros y compañeras que quieran.

Ya en otra ocasión, cuando el anterior ministro Jesús Martínez convocó a una “asamblea de trabajadores”, se mostró el acumulado de inconformidades entre los trabajadores, pero también la necesidad de organizarnos. Esta comisión de hoy es una representación provisional, para esta circunstancia específica, sin embargo, la ocasión es una buena oportunidad para intentar dar pasos en la organización de los trabajadores en el ministerio (, más allá de la coyuntura, porque la debilidad en este terreno es una de las cosas que nos tiene a la defensiva en muchos aspectos y calándonos cualquier cantidad de situaciones que nos afectan.




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