Internacional

Escenas de un país en crisis

La semana política en América Latina estuvo concentrada en los viajes de Obama por Cuba y Argentina. En Venezuela, el gobierno nacional decretó feriado toda la semana argumentando ahorro energético.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Jueves 24 de marzo de 2016 | 23:12

Cuando se quiere engañar al pueblo

Maduro anunció que más de 6 millones de venezolanos se movilizarán por el asueto: “Esta semana santa se está rompiendo récord de movilización”. Aunque el dato carece de veracidad y de por sí puede resultar exagerado, allí no está el detalle, lo que busca hacer creer el gobierno es que el pueblo se encuentra disfrutando en las playas, en las montañas, o visitando sus familias, y que dispone de suficientes ingresos económicos para poder hacerlo. Pero en las terminales de autobuses, que es por donde viaja el grueso del pueblo, los pasajes de larga y media distancia están por las nubes, y no se observa el abarrotamiento del que habla Maduro.

Claro que en un país con un poco más de 28 millones de habitantes, según el último censo nacional, los estratos A, B y C lo componen el 20 % de la población. ¿Es a ellos a quienes se refiere Maduro? Pero vamos a darle el derecho a la duda y que un sector importante del estrato D (35,9 %) agarró sus maletas, y que no faltaron los del estrato E, que es donde se encuentran los más pobres (44,15 %), agarró sus cachivaches y viajando como sardinas en los autobuses interurbanos al menos llegó a las playas más cercanas.

Pero no, esta no es la realidad, la crisis azota en el país, siendo el pueblo trabajador el que más la viene sufriendo. En estos días de asueto, más que para las playas, la montaña o ver familiares, lo que en verdad el pueblo aprovechó fue para ver cómo resuelve el conseguir su abastecimiento básico y de higiene personal –no importa la marca, lo que haya–, pues las colas se volvieron interminables. Un típico paisaje a la salida de los supermercados, incluyendo al de los chinos, es que se ven salir personas exactamente con el mismo producto en sus bolsa de plástico, y solamente ese, un par de paquetes de harina de maíz precocido, un litro de aceite o un kilo de jabón para lavar ropa. Y la típica pregunta, “¿Qué están vendiendo?”, para terminar concluyendo: “Lástima que hoy no me corresponde por mi número de cédula”.

Y te aumentan oficialmente los precios

La tan pomposa Agenda Económica Bolivariana que el gobierno ha presentado para salir de la crisis económica reinante, en los hechos hasta el momento, de beneficios al pueblo prácticamente nada, más allá de la retórica cargada de siempre.Ya hemos escrito en otros artículos sobre el aumento de la gasolina, y lo tan alardeado de que no iba a tener impacto sobre los pasajes del transporte público. Se la guardaron en el momento, y ahora resulta que sí se viene, o mejor dicho ya llegó. Recientemente el ministro de Transporte Terrestre y Obras Públicas, Luis Sauce, aclaró que previo al ajuste de las tarifas del transporte, el gobierno tomó un conjunto de medidas, que contribuirán a “no impactar al usuario general en las rutas inter y suburbanas del país”. Si alguien puede entender que un aumento entre un 75 % y 100 % de aumento en el pasaje urbano no impacta al usuario, las matemáticas parecerían no funcionar.

Y es que no es lo único que oficialmente se ha autorizado para el aumento de los precios. El turno recayó en el café tostado y molido, cuyo aumento fue autorizado para productores/importadores y consumidores por la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde). La Providencia 024, publicada en la página web del ente, indica un incremento del precio máximo de venta al público según la presentación, destacando el kilogramo de café, el cual fue elevado 1.389 %, para ubicarlo en 694,21 bolívares, comparado con los 46,60 bolívares en que estaba desde mayo de 2014. Y así le cayó al precio del arroz y otros productos básicos.

Pero no crea el lector que por este aumento los productos aparecieron en los anaqueles, pues el drama de la escasez se torna tanto más perverso, más aún cuanto viene acompañado por una galopante inflación que según el Banco Central de Venezuela superó en 2015 el 180 %, una cifra que ya de entrada es completamente engañosa. Cualquiera puede hacer un recorrido por los distintos mercados municipales de Caracas, por ejemplo, y podrá comprobar cómo semana a semana aumentan los precios, revelando cuán engañosos son los datos oficiales, mientras los ingresos de los hogares populares se siguen depreciando.

Empresarios, transnacionales y los acreedores agradecen

Y para hacer bajar aún más el salario llegó la devaluación; no nos referimos a la del mercado paralelo que hace rato se fue lejos, no, a la devaluación oficial. Pero como siempre el gobierno para hacer creer que no devalúa, “sin querer queriendo” como diría el famoso comediante mexicano ya fallecido, hace pasar de 6,30 a 10 bolívares por dólar –el llamado cambio protegido– para los llamados productos esenciales como medicinas, alimentos y otros, además de la materia prima para la fabricación de los mismos. Suena bien, “protegiendo al pueblo”, pero no, los productos al consumidor no llegan a precios de esa tasa preferencial sino muy pero muy por arriba. Pero esto esconde también un conjunto de beneficios para empresarios, pues la importación de dichos productos esenciales no los hace solamente el gobierno –y que se beneficia una alta burocracia corrupta– sino también el sector privado que viene a obtener de esta manera un negocio redondo al vender en el país a los elevadísimos precios de siempre.

Pero el gobierno implementó también el llamado Sistema Marginal de Divisas, Dicom, que funciona con el mercado, otro negocio, sobre todo para exportadores (PDVSA en primer lugar, pero también otros del sector privado) pero también para las transnacionales que podrán tener mediante este tipo de cambio una mano de obra más que barata. Este miércoles el dólar estadounidense cerró a 249,43 bolívares, pero he aquí que cuando se lanza este nuevo tipo de cambio, arrancó con 199 bolívares por dólar, es decir, en unas pocas semanas ya aumentó 50 bolívares. A este ritmo nadie dudará en cuánto se estará cotizando en los meses venideros.

Mientras todo esto acontece, con un pueblo pagando la crisis, a los acreedores internacionales no se les ha dejado de pagar “hasta el último dólar”. Millones de dólares que tendrían que ser destinados para atender las necesidades del pueblo de manera urgente, se van vía el pago de la deuda externa a los bolsillos de los buitres internacionales. Y las reservas internacionales continúan cayendo para dar cuenta de esta sangría, y hasta las reservas en oro las están rematando. Por eso no han sido casualidad las nuevas y descaradas concesiones a la transnacional Gold Reserve para la explotación del oro, además de una gran destrucción ambiental que trae ya de por sí. ¡Ah!, pero eso sí, los empresarios, las transnacionales y los acreedores internacionales agradecen. ¡Y el gobierno de Maduro tiene el descaro de seguirse llamando “socialista”!






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