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Wanda Nara y Jesica Cirio: ¿por qué el cuerpo de las mujeres es objeto de debate público?

Parece mentira que en una Argentina donde se acumulan problemas políticos y económicos estemos discutiendo si Wanda Nara tiene celulitis o si a Jésica Cirio se le fue la mano con la cirugía. Sin embargo, los cuerpos de estas dos mujeres fueron noticia en las últimas horas.

Jueves 12 de julio | 17:36

Parece mentira que en una Argentina donde se acumulan problemas políticos y económicos, donde peligra la sanción de la legalización del aborto producto del creciente lobby eclesiástico, donde repuntan despidos –como los que sufren 357 periodistas de Télam- y los salarios siguen perdiendo por goleada frente a la inflación, estemos discutiendo si Wanda Nara tiene celulitis o si a Jésica Cirio se le fue la mano con la cirugía. Sin embargo, los cuerpos de estas dos mujeres fueron noticia y tema de ríspidos debates en las últimas horas.

El nuevo look que Cirio estrenó en La peña de morfi desató una catarata de desafortunados tuits y memes, que los medios reprodujeron gustosos. Uno de los ejes de las burlas pasó por juzgar el nuevo aspecto de la modelo como “demasiado masculino”. Se buscaron símiles entre la conductora y hombres con mandíbulas portentosas como Ricardo Fort, Michael Jackson y hasta una caricatura de la película Shrek.

La pregunta sería ¿acaso tener la mandíbula de determinado modo es rasgo de hombre? ¿Los hombres con maníbulas pequeñas son menos hombres? Y si fuera un rasgo masculino, ¿qué problema hay con que una mujer quiera verse más masculina? ¿y por qué verse masculina es asociado inmediatamente con la fealdad? En todo caso, ¿por qué el aspecto de una mujer debe ser tema de debate público?

Wanda Nara fue foco de debates similares al trascender fotos suyas en bikini, sin filtros ni photoshop. Luego de una primera catarata de críticas en las redes sociales, por parte de gente sorprendida de que una mujer de 30 años con 5 hijos tenga celulitis, salieron muchas otras personas a defenderla, entre ellas personalidades como Paula Chaves, Maypi Delgado, Valeria Degenaro y Oriana Sabattini.

Nuevamente los medios se hicieron un festín, publicando una noticia tras otra. El Trece quiso hacer un guiño al movimiento de mujeres y tituló “¡Por fin una mujer real!”. Nos permitimos dudar de la autoridad del canal para definir qué es una mujer real. Lo cierto es que el multimedio se engolosinó y pasó a publicar otras fotos de famosas que fueron retratadas “al natural” en algún momento de sus vidas. Piola.

La cuestión es que tanto para detractar como para defender, el asunto sigue siendo el mismo: se juzga sobre el cuerpo de las mujeres como si fuera un asunto público y siempre en relación a exigencias estéticas imposibles de cumplir para la inmensa mayoría.

Lo preocupante en todo caso es que los ataques surjan incluso contra estas mujeres que ponen una especial atención en cumplir e incluso reproducir dichas exigencias estéticas como parte de los códigos y normas que se manejan en los ámbitos profesionales que ellas han elegido. Si Jesica Cirio y Wanda Nara son juzgadas de este modo ¿qué nos queda al resto?

Porque el problema sin dudas existe más allá del mundo de los famosos. ¿Cuántas mujeres son rechazadas diariamente en entrevistas laborales porque no tienen la “presencia” que se desea? ¿Cuántos anuncios para trabajos piden fotos de cuerpo entero a las mujeres? ¿Cuántas chicas son foco de bullying en las escuelas por no verse como se supone que tiene que verse una mujer? ¿Y a cuántas nos han gritado cosas por la calle, cosas sobre nuestro cuerpo como si fuera dominio público para que quien quiera opine sobre él?

La costumbre de opinar públicamente sobre el cuerpo de las mujeres y colocar sobre ellos un sinnúmero de estereotipos de belleza -que para los medios hegemónicos es un gran negocio- es uno de los aspectos más naturalizados de la opresión que sufrimos diariamente. Porque si se puede opinar públicamente sobre un cuerpo, ese cuerpo es público también para hacer otras cosas: acosar, maltratar, atar a las tareas domésticas, violar y hasta matar o simplemente dejar morir en la camilla de una clínica clandestina.

En el libro “Teoría King Kong”, la escritora Virginie Despentes pone el foco en la contradicción que existe entre los nuevos derechos conquistados por el movimiento de mujeres en los últimos años y el hecho de que “nunca antes una sociedad había exigido tantas pruebas de sumisión a las normas estéticas, tantas modificaciones corporales para feminizar un cuerpo (…) La refeminización de las mujeres parece una excusa que viene después de la pérdida de las prerrogativas masculinas, una manera de tranquilizarse, tranquilizándoles. ‘Liberémosnos, pero no demasiado’”.

En nuestro país y a nivel internacional, el movimiento de mujeres viene dando pasos enormes. A menos de un mes del debate sobre la legalización del aborto en el Senado, se plantea redoblar la movilización y la pelea para evitar que el lobby de la Iglesia y los senadores derechistas gane terreno y nos arrebaten este derecho largamente postergado. Pero aún si triunfamos el 8A, todavía queda un camino por recorrer para que sea verdaderamente cierto eso de que “mi cuerpo, mi decisión”. Por eso vamos.







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