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La Izquierda Diario

Martes 18 de Junio de 2019

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FRACCIÓN TROTSKISTA - CUARTA INTERNACIONAL
Lucha de clases y nuevos fenómenos políticos en la situación internacional
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Con los chalecos amarillos en Francia y los levantamientos contra regímenes dictatoriales proimperialistas en Argelia y Sudán, los explotados han irrumpido en un escenario internacional convulsionado.

En el último año, se han profundizado las tensiones económicas y la inestabilidad política que se vienen gestando desde la crisis capitalista de 2008 pero que han dado un salto con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, en el marco de una desaceleración de la economía mundial.

La crisis sin salida del Brexit, la guerra comercial de Trump contra China, y en menor medida contra la Unión Europea, las tendencias nacionalistas en los países centrales, la perspectiva de un conflicto entre grandes potencias, la crisis de los partidos tradicionales, la polarización social y el surgimiento de nuevos fenómenos políticos e ideológicos tanto a derecha como a izquierda, y las tendencias más radicalizadas de la lucha de clase son expresiones de que se ha abierto un período transitorio en el que se están preparando grandes conflictos entre los Estados y las clases.

A esto nos referimos cuando decimos que la situación internacional se caracteriza por tendencias a la crisis orgánica –es decir, crisis de hegemonía burguesa- en varios países entre los que se encuentran potencias imperialistas. Esta situación supone tanto los intentos de la burguesía de cerrar esta crisis con gobiernos bonapartistas de derecha -como el de Bolsonaro en Brasil o el propio Trump- como la radicalización en la lucha y en la respuesta política de los explotados ante los ataques capitalistas. Para eso nos preparamos.

América Latina entre el intento de golpe a Venezuela y una derecha no asentada

En América Latina estamos viviendo una ofensiva recolonizadora del imperialismo norteamericano que intenta recuperar terreno ante el avance económico de China en la región. El gobierno de Trump se apoya en los gobiernos de la derecha proimperialista que hoy prácticamente dominan en el Cono Sur para alinear a lo que considera su “patio trasero” detrás de Washington. Mientras intenta otras tácticas de presión para lidiar con el gobierno llamado “progresista” de López Obrador en México.

La expresión más aguda de esta política es el intento de golpe en Venezuela planificado en común por la derecha de Guaidó y el gobierno estadounidense y apoyado por el llamado “grupo de Lima” que reúne a los gobiernos de la derecha continental y Canadá. Y en otro terreno la vuelta recargada del FMI en Argentina, que con el gobierno de Macri se encuentra bajo la tutela de este organismo y sus planes de ajuste al servicio del capital financiero internacional.

Sin embargo, en el marco de que la ofensiva golpista sobre Venezuela se encuentra por el momento empantanada, los gobiernos de la derecha regional encuentran límites para poder asentarse y poder cambiar la relación de fuerzas para aplicar las contrarreformas que les exigen los capitalistas. Incluso el gobierno de Bolsonaro, el más de derecha de la región, está atravesado por disputas entre los diversos sectores que componen su coalición y ha perdido gran parte de su popularidad, aunque aún estas divisiones de los de arriba no han llevado a que se exprese la resistencia activa de las masas. La inacción de las burocracias sindicales -ligadas a fuerzas como el PT brasilero o el kirchnerismo en Argentina- ha sido esencial también para limitar esta respuesta desde abajo.

En líneas generales, hay una orientación más o menos común de estos gobiernos de derecha de avanzar con medidas neoliberales que implican un salto en el ataque contra las condiciones de los trabajadores y sectores populares, principalmente reformas laborales y del sistema de jubilaciones, aunque aún no han logrado una relación de fuerzas favorable para hacerlo, lo que implica que las batallas centrales todavía están por delante.

Como parte de nuestra batalla contra el imperialismo y sus agentes regionales, desde el PTS y la FT-CI impulsamos una fuerte campaña antiimperialista contra el golpe en Venezuela, sin darle ningún apoyo al gobierno antipopular y represivo de Maduro, así como contra el bloqueo y cualquier tipo de agresión imperialista contra Cuba.

La rebelión de los Chalecos Amarillos

La rebelión de los Chalecos Amarillos en Francia es el proceso más importante de la lucha de clases a nivel internacional. Se trata de un elemento novedoso que no estaba presente en el período anterior y es un cambio cualitativo que tiene lugar en una de las principales potencias imperialistas. Este estallido tomó por sorpresa a los partidos del régimen político y tuvo elementos muy importantes de radicalidad en los métodos. En el curso de su desarrollo pasó de reivindicaciones parciales a pedir directamente la renuncia de Macron, y lograr un importante apoyo social.

Sin embargo, es un movimiento contradictorio social y políticamente. Si bien en su mayoría son asalariados, no se trata de los sectores concentrados y organizados del movimiento obrero, y no utilizó los métodos de lucha de la clase obrera, como la huelga general. En esto han cumplido un rol nefasto las direcciones burocráticas evitando la unidad con los trabajadores sindicalizados. En este marco, aunque minoritarias, en determinados lugares se desarrollaron tendencias a la coordinación democrática de las que el punto más avanzado fueron las asambleas nacionales de Commercy y Saint-Nazaire.

Ahora estamos en un momento en el que como movimiento de lucha está en retroceso y la participación en las acciones de los sábados bajó, en el marco de que el movimiento ya lleva muchos meses y fue fuertemente reprimido. Aun así sigue conservando un fuerte apoyo de masas, que se mantiene a pesar de las maniobras de Macron con el llamado “gran debate” y las próximas elecciones para el parlamento europeo.

Mientras la extrema derecha de Marine Le Pen intentó capitalizar el movimiento en sus inicios, JL-Mélenchon y su movimiento “populista” de La France Insoumise ha sido impotente para darle otra orientación. Es en este marco en el que está planteada una batalla estratégica para ganar a lo mejor de la vanguardia de este movimiento para la revolución socialista, los partidos de la extrema izquierda lamentablemente no han estado a la altura, y han tenido una política rutinaria.

Pero es difícil que Macron pueda cerrar un proceso que tiene raíces profundas. Se trata de demandas estructurales de parte de un sector postergado durante años, que existe en todos los países centrales, por lo que muchos dicen que Chalecos Amarillos hay en todos lados, producto de las consecuencias de la globalización neoliberal. Y lo más importante, es que es una experiencia que puede reeditarse incluso con mayor intensidad ante futuros ataques.

Este cambio en la lucha de clases en los países centrales, que puede ser el inicio de un giro importante en la situación internacional de conjunto, hace que Europa se esté transformando también en uno de los centros de la actividad para las organizaciones que componen la FT-CI.

El “socialismo millennial” en el corazón del capitalismo

Estados Unidos es el epicentro de uno de los fenómenos políticos-ideológicos más interesantes: el llamado “socialismo millennial”. En el corazón del sistema capitalista, hoy una mayoría de jóvenes de entre 18 y 29 años ve más positivo el “socialismo” que el capitalismo. Este fenómeno que se fue gestando incluso antes de la crisis de 2008, eclosionó con la candidatura de Bernie Sanders –el candidato “anti establishment” que con un discurso reformista de izquierda compitió con Hillary Clinton en la primaria demócrata. Y hoy se expresa organizativamente en el DSA (Democratic Socialist of America), un partido que se reivindica “socialista democrático”, y que en los años de la presidencia de Trump, pasó de 5.000 a más de 55.000 miembros, en su mayoría jóvenes. Este giro a izquierda de amplios sectores también se expresó en las elecciones de medio término, en las que emergió como figura política la congresista Alexandria Ocasio Cortez.

Sus referentes políticos como Sanders y la dirección del DSA intentan mantener este fenómeno progresivo dentro de los marcos del partido demócrata, uno de los dos partidos imperialistas que históricamente ha cooptado los movimientos que surgen a su izquierda para evitar que se radicalicen en un sentido revolucionario. Así sucedió con el movimiento de los derechos civiles o con el movimiento contra la guerra de Vietnam.

Este giro ideológico hacia izquierda de la juventud en particular de Estados Unidos, pero también en otros países imperialistas como Gran Bretaña, es muy importante porque puede estar anticipando procesos políticos y de la lucha de clases más radicalizados.

Para eso es fundamental combatir las estrategias neo reformistas que no son más que una copia senil de la vieja social democracia, como la que plantea la dirección mayoritaria del DSA con su política de apoyar candidaturas por dentro del Partido Demócrata, y pelear por construir una alternativa de independencia de clase y una corriente marxista revolucionaria. Con ese desafío pusimos en pie Left Voice en Estados Unidos.

La emergencia y consolidación del movimiento de mujeres

El movimiento de mujeres sigue siendo un actor político importante y hasta ahora el único que tiene un carácter internacional. Donde hay lucha de clases, hay mujeres en primera fila como se ve con los Chalecos Amarillos, en las movilizaciones de Sudán y Argelia, en las huelgas docentes de Estados Unidos, etc. Esto fundamenta nuestra hipótesis estratégica sobre el rol de vanguardia que podrían jugar las mujeres, en el próximo período, en la revitalización de la clase obrera y la recuperación de los sindicatos, como así también en la construcción de partidos revolucionarios y, en perspectiva, en la refundación de la Cuarta Internacional.

Fue significativa la repercusión y la gran concurrencia que hubo en las actividades de la reciente y exitosa gira de Andrea D’Atri en Europa, donde nuestra posición feminista socialista y de la clase trabajadora resulta atractiva para sectores de vanguardia del movimiento feminista, de otros movimientos sociales y de trabajadoras independientes y puede ser una vía privilegiada para la construcción de partidos revolucionarios. En los últimos meses se fundó Pan y Rosas en Alemania y Francia, sumándose a la corriente internacional que ya tiene presencia en 14 países.

El internacionalismo y las tareas de los revolucionarios de la FT-CI

Los grupos que conformamos la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional intervenimos en los distintos países donde actuamos en los procesos de la lucha de clases y en las batallas ideológicas y políticas para poner en pie partidos revolucionarios obreros e internacionalistas. Impulsamos la Red Internacional de diarios digitales en 11 países y 7 idiomas, que es la única del movimiento trotskista que recibe millones de visitas mensuales, haciendo que las ideas revolucionarias lleguen a amplísimos sectores de la vanguardia obrera, de la juventud y el movimiento de mujeres. Ante el fracaso de las variantes neo reformistas que se proponen gestionar el capitalismo y alientan el “mal menor”, como Syriza que se transformó en aplicadora del ajuste, o Podemos que se prepara para gobernar con los partidos del régimen, levantamos bien alto las banderas de la independencia política de la clase trabajadora y la necesidad de terminar con este sistema de explotación y opresión y comenzar la construcción de una nueva sociedad, basada en la propiedad colectiva de los medios de producción y en órganos de democracia directa de los trabajadores y las masas.

Sabemos que como decía Marx, la lucha es nacional en su forma pero internacional en su contenido.

En las siguientes páginas vamos a hacer un recorrido por las principales batallas políticas e ideológicas que llevan adelante cada uno de los grupos que componen nuestra organización internacional, como así también los esfuerzos y la política activa de la FT-CI para intentar confluir y fusionarnos con otras corrientes que evolucionen hacia izquierda no solo con la discusión sino también con una práctica política común. Como parte de esta política es que venimos planteado tácticas como la propuesta de construir un Movimiento por una Internacional de la Revolución Socialista, la Cuarta Internacional (MIRSCI).

 
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