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La idea de “deuda odiosa” y el derecho del pueblo venezolano a desconocer la deuda externa
Ángel Arias | Sociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts

El endeudamiento público externo es una de las pesadas cargas sobre el país, históricamente y en la actualidad. ¿Qué posición necesitan sostener los trabajadores, las mujeres y la juventud al respecto?

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“La única parte de la llamada riqueza nacional que entra real y verdaderamente en posesión colectiva de los pueblos modernos es... la deuda pública” Karl Marx.

En el lenguaje del derecho internacional se habla de “deuda odiosa” para referirse a aquellas deudas tomadas por regímenes políticos en provecho propio pero que le son cargadas a la población del país, y también puede interpretarse más ampliamente como aquella deuda cuyo uso no sirve al interés general de la nación. En cualquiera de los énfasis, la conclusión de esta idea es el derecho legítimo de los pueblos en cuestión a desconocer tales deudas.

Una interpretación corriente de este planteamiento señala que si la deuda ha sido contratada contra el interés de la población y los acreedores eran conscientes de ello o habrían debido serlo, es odiosa y puede ser anulada.

Es una doctrina que, estrictamente, nunca ha sido sustento legal para las negociaciones y reestructuraciones de deuda pública, porque de hecho no forma parte de los instrumentos legales de los países, pero no deja de tener presencia en las discusiones sobre el tema, que es uno de los “traumas” permanentes del capitalismo, a la vez que una de sus savias vitales. Siendo la deuda pública uno de los mecanismos predilectos de acumulación de capital y expoliación de los pueblos de todo el mundo, el término ha sido tomado por importantes referentes intelectuales y movimientos sociales para señalar la justeza del repudio de la deuda externa por muchos pueblos a lo largo de la historia.

El enorme endeudamiento externo venezolano bajo el chavismo ha hecho que se desarrolle en algunos sectores, tanto dentro como fuera del país, la discusión sobre si puede considerarse éste como un caso de “deuda odiosa”.

La deuda pública contra los pueblos

Esta concepción tiene el límite que muchos de sus proponentes asocian lo “odioso” solo a la ilegitimidad de los regímenes políticos que contrajeron las deudas (con lo que dejaría de ser odiosa si el régimen era “legítimo”), y más de conjunto, aún en la versión más a izquierda, de aquellos que le dan una interpretación más amplia, poniendo el criterio central en la utilidad o no para los pueblos, deja abierta la puerta a considerar legítimas un tipo de deuda pública bajo el capitalismo. En el capitalismo, toda deuda pública es un mecanismo por el cual el Estado y sus finanzas son puestos al servicio del enriquecimiento de un puñado usureros y especuladores, haciendo recaer sobre el conjunto de la población el costo de esas deudas.

Por eso, más allá del término en cuestión, si se trata de plantear que una deuda pública puede ser rechazada y desconocida por un pueblo, dado que se contrajo no en su provecho sino en su perjuicio y en beneficio de una minoría, podemos señalar con toda seguridad que la deuda pública externa de Venezuela entra en esa categoría, como detallamos más adelante. Y más aún, podemos afirmar que, en general, toda la deuda pública a lo largo de la historia del capitalismo ha sido una constante de deudas “odiosas” en perjuicio de los pueblos, porque son mecanismos de esquilmar las finanzas públicas y a los pueblos por parte de la clase capitalista en general, y del capital financiero en particular.

Marx señala cómo en los momentos en que la burguesía desarrollaba su poder económico: “La deuda pública se convierte en una de las palancas más potentes de la acumulación originaria. Es como una varita mágica que infunde virtud procreadora al dinero improductivo y lo convierte en capital (…) La deuda pública, o sea, la enajenación del Estado —absoluto, constitucional o republicano—, imprime su sello a la era capitalista”. Explica ampliamente la cadena de relaciones cómplices entre los gobiernos y el naciente capital bancario (la “bancocracia”), cómo este se convierte en “acreedor perpetuo de la nación hasta el último céntimo entregado” y cómo se cargan al pueblo estas deudas.

Más recientemente vimos cómo la nueva crisis aguda del capitalismo que estalló en 2008 (los enormes desequilibrios, las burbujas especulativas de los capitalistas y las quiebras) se la cargaron al conjunto de la población de los países donde la crisis tuvo centro, aumentando el endeudamiento público para destinar enormes recursos a salvar a los bancos y empresas. Dando como resultado una crisis de deuda pública, es decir un enorme endeudamiento de todos esos pueblos para financiar el rescate a las grandes corporaciones y sus fortunas. Como señalamos en su momento, una demostración más de que en el capitalismo mientras las ganancias se las apropia una minoría, cuando hay pérdidas éstas sí se le “socializan” al conjunto de la población.

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La deuda externa venezolana

Si este es el mecanismo de la deuda pública en general, la particularidad de la deuda pública externa en países de capitalismo dependiente como el nuestro, es que esta constituye uno de los mecanismos predilectos de su expoliación y su dominación por parte del capital financiero internacional. Es “odiosa” e ilegítima por naturaleza, porque solo sirve para el enriquecimiento del capital usurero y fracciones de las propias burguesías nacionales, mientras los pueblos son sometidos a múltiples privaciones.

Desde 2007 el gobierno de Chávez inició un vertiginoso proceso de endeudamiento externo que duplicó por varias veces la deuda. Entre 1999 y 2017 la deuda externa creció 223%, dando como resultado que si en 1999 cada venezolano “debía” un aproximado de 1.200 US$, en 2017 cada uno de nosotros debía 3.900 US$. Los cálculos ubican la deuda externa actual en unos 180 mil millones de dólares, un momento enorme que equivale a prácticamente un año completo de Producto Interno Bruto y a varios años de ingresos petroleros. Si en 2007 el monto de la deuda externa era similar al valor del 56% de las exportaciones petroleras del país, en 2017 equivalía a un 434%.

Gracias a esa realidad el país tiene hipotecado el futuro, tiene por delante, como mínimo, una década de altos pagos de intereses y capitales, lo que sin duda implicará, como ya viene siendo de hecho en los últimos años, someter al país y sus mayorías a grandes necesidades.

La usura del capital financiero internacional y el parasitismo de los capitalistas venezolanos

¿Por qué y para qué se endeudó de semejante manera el país, cuando estaba en medio de uno de los períodos de mayores ingresos petroleros? Paralelo al gran endeudamiento corrió también una enorme fuga de dólares al exterior: entre 2003 y 2016 aumentó diez veces la cantidad de dólares en cuentas de venezolanos en el exterior, pasando de 49 mil millones a aproximadamente 500 mil millones, una cifra fabulosa, equivalente a muchos años de ingresos petroleros nacionales.

A medida que aumentaba el endeudamiento externo aumentaba también la fuga de capitales, mientras por la puerta le entraban al país grandes recursos (por ingresos petroleros o endeudamiento) por la ventana se le iban por otras vías, una de las cuales fue este saqueo, hecho por vías tanto legales como ilegales.

En uno de los períodos históricos de mayores ingresos petroleros, en que el país recibió una entrada extraordinaria de recursos, asistimos a un enorme saqueo de la renta nacional, mediante el acceso de los capitalistas al dólar barato proveniente de los ingresos petroleros públicos y el endeudamiento externo. Un saqueo del que participaron las empresas transnacionales que operaban aquí y las diferentes fracciones de la burguesía venezolana, tanto la tradicional como la pegada al chavismo. El endeudamiento externo formó parte del esquema del saqueo, pues la deuda financió gran parte de la fuga de capitales de los banqueros, empresarios y testaferros criollos.

¿Quiénes son entonces los grandes beneficiarios de la deuda externa que sufren las mayorías trabajadoras y empobrecidas del país? Los especuladores del capital financiero internacional y la burguesía venezolana fugadora de renta, que abultan sus fortunas privadas a costa de las cuentas que le toca pagar al pueblo venezolano.

Un esquema que muestra además con cruda contundencia el parasitismo de la burguesía venezolana como clase, más allá de la particularidad de algún empresario o sector. Si durante todos estos años, de cada 100 dólares que ingresaban al país por exportaciones más de 90 eran por ingresos petroleros del Estado, además de los que entraron por endeudamiento público, ¿de dónde salen esos descomunales recursos fugados al extranjero? La burguesía nacional no genera prácticamente ingresos en dólares al país pero, en cambio, es la principal beneficiaria de los “petrodólares”… para fugarlos o, en el mejor de los casos, “producir” solo en la medida en que los trabajadores y consumidores se arrodillen a sus condiciones para obtener ganancias.

Por supuesto, los gobiernos de Chávez –y luego Maduro– son los principales responsables de esa brutal transferencia de la renta pública hacia el capital privado, pues siendo el Estado el dueño y administrador de la renta, así como del esquema de la deuda, ¿quién sino el chavismo en el gobierno facilitó esto? ¡Todo esto mientras vociferaban un supuesto “anticapitalismo”!

La historia de la deuda externa es una historia de sometimiento nacional y privaciones para el pueblo

Esta realidad no es sino la expresión más reciente y trágica del papel que ha jugado la deuda externa en la historia nacional. En su ensayo “Proceso histórico de la deuda externa venezolana en el siglo XX”, que recorre desde que en 1902 las potencias imperialistas bombardearon y bloquearon nuestras costas para reclamar pagos de deuda, Tomas E. Carrillo Batalla y José Crazut plantean el balance (evidente) de que “El proceso del endeudamiento externo venezolano, puede afirmarse en líneas generales que no ha sido feliz”. Cuando se refieren a la realidad de mediados de los 80’s (fecha del ensayo), dan cuenta de cómo la deuda significaba un “aumento de la pesada carga que gravita sobre el pueblo venezolano” y condicionaba un cuadro de “desarrollo económico comprometido; el nivel de vida, ya bastante bajo de nuestras clases de menores recursos, seriamente amenazado y ya deteriorado en buena parte”.

Héctor Valecillos, en Acumulación de capital y desigualdades distributivas en la economía venezolana, también de mediados de los 80’s, es decir, en pleno desarrollo de lo que los economistas llaman la “crisis estructural del capitalismo rentístico” (que heredó y continuó el chavismo, hasta llegar a donde estamos hoy), constata la tendencia regresiva de la distribución del ingreso nacional y el aumento de la pobreza, y señala como uno de los factores claves: “la naturaleza y contenido de las políticas de ajuste adoptadas por los gobiernos de Herrera Campíns y Lusinchi (…) políticas que han estado fuertemente condicionadas por la estrategia en relación al pago de la deuda externa” (p. 183).

En ese ciclo anterior de endeudamiento de los 80’s se vivió también -¡cosas de la vida!- el fenómeno de que períodos de aumento del endeudamiento nacional fueron acompañados por aumentos en la fuga de capitales, y tuvimos el ingrediente adicional de cómo gran parte de la deuda privada se convirtió en pública, cargándole al pueblo las deudas de la burguesía nacional. Esa deuda del puntofijismo que con razón la izquierda denunciaba como fraudulenta e ilegítima, el chavismo la reconoció y la siguió pagando religiosamente, agregando luego su propia gran carga de deuda.

Es tal el peso de la deuda que se estima que en 2016, por ejemplo, se fue en pago de deuda externa nada más y nada menos que un tercio del ingreso petrolero del país ese año. Más aún, las penurias que hemos padecido los últimos años tienen mucho que ver –además de con el saqueo de la renta hecho por los diferentes grupos capitalistas– con que el gobierno de Maduro ha priorizado pagar deudamientras ha disminuido drásticamente los recursos para importación de bienes básicos, como por ejemplo alimentos y medicinas.

En la misma línea, pero peor, se ubica Guaidó como agente del plan de recolonización impulsado por Trump, a través de la agresión imperialista y el golpismo (por ahora fracasado). Mientras Maduro quiere seguir aumentando la deuda del país pero está imposibilitado de hacerlo por las sanciones imperialistas, el plan de Guaidó es… también endeudarnos más, pero esta vez bajo tutela directa del FMI, caracterizado por imponer a los países políticas económicas de “austeridad” contra los pueblos para garantizar los pagos a la banca internacional.

De hecho, como hemos denunciado, Guaidó aún cuando no es gobierno usa recursos del pueblo venezolano para pagar deuda externa: apoyado en el esquema de “gobierno paralelo” impulsado y sostenido por los EE.UU., usa el control que le da Trump al confiscar y retener bienes del país, para destinar recursos a los especuladores internacionales, mientras sin ningún pudor sigue dándose golpes de pecho sobre las necesidades del pueblo.

La deuda externa condiciona y determina toda la economía nacional, bloqueando cualquier posibilidad de “desarrollo” y siempre en perjuicio de la clase trabajadora y los sectores populares, la amplia mayoría del país. Porque implica recortes del gasto público en salarios, salud, educación, viviendas, etc., aumentos de impuestos, “reducción del sector público” (es decir, privatizaciones y despidos), tarifazos de los servicios públicos, entre otras medidas.

Es un mecanismo de sometimiento nacional y subordinación de los Estados, especialmente los de capitalismo dependiente: por más autonomía política que alguno de estos países pueda alcanzar en determinado momento, el endeudamiento externo funciona como una vía de disciplinamiento de la nación ante las necesidades del capital financiero internacional, haciéndole retroceder en los niveles de soberanía que haya podido conquistar previamente. Es una de las claves de lo que Lenin explica como la condición semicolonial de determinados países sometidos a la dominación del capital imperialista, y Venezuela es un claro ejemplo de eso. Para pagar la deuda los Estados “convienen” en someter sus economías a privaciones y mayor control del capital internacional (rematándole empresas, recursos naturales y energéticos, etc.).

Maduro decidió “soberanamente” someter al pueblo a penurias por pagar deuda externa todos estos años de crisis, así como iniciar un giro entreguista al capital transnacional (Arco Minero, nueva ley de inversiones extranjeras, etc.). Guaidó quiere acabar con todo rastro de soberanía y someter directamente las decisiones de la economía nacional al FMI, así como un plan masivo de remate y privatizaciones, incluyendo la industria petrolera. Es tan arrastrado en lo que refiere a la deuda que acaba de designar como negociador “de Venezuela” a quien durante décadas y hasta hace muy poco fue el abogado estrella de un bufete que representa ¡a los acreedores de la deuda venezolana!

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Liberarnos del yugo de la deuda externa

No hay salida progresiva para el país y el pueblo si no se rompe con el yugo de la deuda externa, si no se rompe con ese círculo, virtuoso para los especuladores internacionales (y la burguesía nacional aprovechadora), pero totalmente nocivo y trágico para el pueblo venezolano. El país se ha endeudado sobre todo para financiar la fuga de capitales de empresarios y banqueros de todo color y pelaje, así como para pagar deuda (más deuda para pagar deuda, y así sucesivamente). El resultado de la debacle del “ciclo rentista” es un país endeudado, un pueblo pobre y un puñado de capitalistas ricos, con fortunas en el exterior o como acreedores de nuestro futuro.

El carácter de la deuda venezolana no se define por la legitimidad o no del régimen que la contrajo, ¿quién, por ejemplo, –salvo la derecha disociada– podría dudar de la legitimidad de Chávez, bajo cuyos gobiernos se contrajo la mayor parte de la deuda actual? Tampoco se limita a si el de Maduro es un régimen ilegítimo, como señalan algunos de quienes asoman la posibilidad de aplicar la idea de “deuda odiosa” aquí, en cuyo caso solo una pequeña parte de la deuda sería “odiosa”. El repudio de esta deuda tiene que ver con una cuestión más profunda y estructural: el sometimiento nacional a las necesidades del capital imperialista y el fraude que los grupos de la burguesía venezolana le hacen al pueblo, bloqueándose cualquier posibilidad de desarrollo y satisfacción de las necesidades de las amplias mayorías del país.

La deuda nos exprime y nos roba el futuro. El pueblo venezolano tiene no solo el legítimo derecho, sino la urgente necesidad, de desconocer una pesada carga que se le echa encima y que se ha sido contraída por los gobiernos para beneficio exclusivo de una minoría de ricos y aprovechadores.

Por eso desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) hemos venimos sosteniendo la necesidad de levantar con fuerza esta exigencia, junto a la demanda de la repatriación obligada de los capitales fugados, así como la nacionalización de toda la banca y el monopolio estatal del comercio exterior, medidas indispensables para cerrar las vías por las cuales los diferentes grupos capitalistas llevan al exterior como riqueza privada los recursos nacionales.

¡No al pago de la deuda externa, dinero para la educación, salud, viviendas, infraestructura y salarios, no para el capital financiero!, es una demanda que tiene que ver directamente con las condiciones de vida actuales y futuras de los trabajadores, las mujeres y la juventud de nuestro país.

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