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La Izquierda Diario
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INJERENCIA IMPERIALISTA
Hace 30 años culminaba sangrienta invasión a Panamá al rendirse el dictador Noriega
Raúl Dosta | @raul_dosta

El 3 de enero de 1990, se entregaba a las fuerzas armadas estadounidenses el general Manuel Antonio Noriega, luego de dos semanas de bombardeos, persecuciones y asesinatos perpetrados para echar atrás la implementación de los tratados Torrijos-Carter que pondrían en manos panameñas la administración del Canal.

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A diferencia del 9 de enero, en que se rememora una batalla más contra la ocupación yanqui de la Zona del Canal que en 1964 dejó decenas de estudiantes y lugareños muertos a manos de la policía estadounidense, el 20 de diciembre pasado no fue un día feriado en Panamá. El gobierno panameño había decretado, a treinta años de la masacre genocida originada por la invasión militar yanqui, que ese día sería sólo un día de luto para evitar que el sentimiento anti yanqui aflore en las calles panameñas.

Un sentimiento nacionalista y de justo repudio a la injerencia de la burguesía imperialista yanqui, a la que no le importó dejar una estela de más de 4,000 panameños muertos o heridos para cambiar al gobernante dictatorial por un títere "democrático" que obedeciera sus planes de no perder el control del enclave de la Zona del Canal.

Y es que lo menos que quisiera el gobierno del presidente Laurentino Cortizo es que este sentimiento de repudio antiimperialista pudiera empalmar con el descontento social existente que en 2018-19 ha irrumpido en las calles panameñas tanto por una serie de huelgas reivindicativas así como por las recientes movilizaciones de sindicatos y otras organizaciones contra las reformas constitucionales, las mismas reformas que ya estamos padeciendo en México.

En cambio, entre las voces de protesta por la tibia actitud del gobierno, que lo más que se atrevió a hacer fue una declaratoria de "día de luto" sin crítica alguna a los asesinos de hace treinta años, destaca la de Rubén Blades, quien vía twitter planteó:

Hace 30 años, el Ejército estadounidense irrumpió en Panamá para retirar "por la fuerza al dictador que Estados Unidos ayudó a crear y que apoyó mientras así convino a sus intereses geopolíticos en el área"...

Se refiere al dictador Manuel Noriega, construido por el imperialismo desde la CIA y del que terminaron por deshacerse con la invasión. Blades, reconocido cantautor, actor, abogado y activista panameño, agregó además:

(La invasión) "es el evento que más vidas panameñas ha cobrado en toda la historia nacional por causa de una agresión extranjera", muchas de las víctimas estaban indefensas y desarmadas, y sin embargo "aún el hecho continúa sin ser debidamente estudiado, analizado y resuelto", reclamó el artista y exministro de Turismo (2004-2009) [1]

Puedes ver el tuit completoaquí:

A continuación planteamos los principales aspectos que tuvieron que ver con dicho crimen del gobierno de George Bush padre al servicio de garantizar los planes de dominación en el patio trasero del imperialismo yanqui, mismos que fueron descargados brutalmente en las espaldas del pueblo panameño, reiterando que lo de la aprehensión de Noriega sólo era un vil pretexto.

Antecedentes históricos

  • Ya desde los tiempos de la Colonia española el istmo de Panamá era utilizado para el intercambio comercial entre la metrópoli peninsular y sus colonias sudamericanas en el que destacaba el trasiego de metales preciosos, oro y plata, extraídos del Perú y Bolivia. En ese entonces se lo atravesaba una parte por vía marítima y otra por tierra, a lomo de mula.
  • Para mediados del siglo XIX se produce el fenómeno conocido como “la fiebre del oro” y la necesidad resultante de transportarse desde las ciudades de la costa del noreste estadounidense hacia la costa del Pacífico, especialmente a San Francisco, California. El proceso de expansión de la naciente potencia imperialista impulsado con la construcción de líneas férreas era lento y costoso como para satisfacer el auge extractivista de entonces.
  • La alternativa más conveniente sin tener que rodear las costas sudamericanas era reactivar la vieja ruta española mediante la construcción de una línea de ferrocarril que uniría las ciudades portuarias de Panamá y Colón.
  • A partir de este primer megaproyecto de los capitalistas yanquis en Latinoamérica, al que se integraría medio siglo después el canal interoceánico, el destino de Panamá como un país separado políticamente de la Gran Colombia quedará ligado al tutelaje semicolonial de Estados Unidos, el cual se aprovechó así de las aspiraciones independentistas de la oligarquía terrateniente panameña usándola para sus propios fines.
  • El desarrollo desigual de ambos países se combinaría en la conformación de un país clave para el comercio mundial, encargado del traslado a través del Canal del 6% del comercio mundial marítimo, y a la vez en la instauración de un enclave estratégico para la dominación regional mediante la implementación de bases militares yanquis.
  • Esto daría como consecuencia un enclave de corte colonial en la Zona del Canal: una franja de ocho kilómetros a cada lado del canal de propiedad exclusiva y soberanía única estadounidense, es decir, fronteras internas yanquis dentro de las fronteras panameñas. Dentro de la Zona, los residentes eran principalmente de origen estadounidense, tanto técnicos y administrativos del servicio comercial como militares, además de panameños privilegiados, con un poco mejor nivel de vida, al servicio de éstos.
  • Fuera del Canal, el grueso de la población y sociedad típicas de los que se conoce como “repúblicas bananeras” centroamericanas, caracterizadas por su atraso económico y dependencia de la expansión de las grandes trasnacionales estadounidenses principalmente de la agroindustria y su concomitante explotación de las mejores tierras para la exportación de plátano, caña y hortalizas.
  • Este esquema de dominación estaría garantizado por la permanente injerencia militar yanqui, basada en la supresión de fuerzas militares locales y sólo permitiendo el desempeño de labores de seguridad, policíacas, de la Guardia Nacional. Los tratados firmados por Panamá y la potencia imperialista (comenzando por el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903) implicaban la “responsabilidad” de la seguridad de esta nación en las fuerzas armadas yanquis.
  • De esta manera se garantizaba cualquier desliz nacionalista que afectara los intereses estadounidenses, mientras el ejército y armada, instalaban 14 bases militares, varias destinadas a realizar ensayos militares y una de ellas, la Escuela de las Américas, destinada a entrenar y adoctrinar a selectos miembros de los ejércitos latinoamericanos. De ahí que los historiadores hayan contabilizado hasta el 20 de diciembre de 1989 veinte intervenciones militares.

Resistencia popular: por soberanía y devolución del Canal

Las magras condiciones de existencia y la Zona del Canal militarizada, generaría múltiples conflictos con la población civil panameña. Esta situación ha generado importantes movilizaciones contra la injerencia imperialista, ya desde 1947 se demandaba la soberanía panameña en la Zona del Canal y la derogación del recién firmado Tratado Filós -Hines.

Éste nuevo tratado otorgaba la cesión a Estados Unidos por un lapso prorrogable de 10 años de territorios para más bases militares en Jaqué, Isla Grande, Isla del Rey, Las Margaritas, Pocrí, Punta Mala, la base del Río Hato, Salud, San Blas, San José, Taboga, Taboguilla y Victoria.

Las fuertes movilizaciones obligaron a la Asamblea Nacional a rechazar dicho convenio, y los estadounidenses mantuvieron solo las bases ubicadas al interior de la Zona del Canal al cual se le ha considerado como un enclave colonial dentro de esa nación centroamericana.

Pero la demanda de la soberanía sobre la zona del canal seguía latente, con movilizaciones entre los años 1958-59 que irrumpían en sus terrenos para colocar banderas panameñas , las cuales terminaban invariablemente en represión por la policía militar yanqui.

Los mártires del 9 de enero

Posteriormente, en enero de 1964 se dio un movimiento iniciado por estudiantes del Instituto Nacional, quienes marcharon cargando la bandera panameña de esa escuela con el fin de introducirse a la zona del canal e izarla al lado de la estadounidense. Esto desató una masacre sobre los jóvenes estudiantes y pobladores movilizados, encabezada por civiles habitantes de la Zona, es decir, familiares de administrativos y militares yanquis adscritos al canal quienes, acompañados por la policía militar, cantaban el himno estadounidense.

En medio de la refriega, un policía rompió la bandera panameña que llevaban los estudiantes, lo que desencadenó la furia de los habitantes de la ciudad de Panamá y se desató una revuelta que intentaba derribar las cercas del la Zona del Canal, al tiempo que se extendían disturbios en la ciudad de Colón y otras ciudades menores. Los militares yanquis irrumpieron y mataron al menos a 22 manifestantes, hiriendo a más de 350.

Tratados Torrijos-Carter

La noticia de la masacre del 9 de enero generó el repudio alrededor del mundo, destacando la protesta del líder nacionalista egipcio Gamal Abdul Nasser, quien planteó que Panamá nacionalizara el Canal, como los egipcios habían hecho antes con su Canal de Suez. El embajador de Colombia ante la Organización de Estados Americanos denunció: "...en Panamá existe hoy otro muro de Berlín." Inclusive el impresentable dictador español Francisco Franco acusó a Estados Unidos de agresión contra Panamá.

El clima de repudio internacional dio paso a la declaración de ruptura de relaciones de Panamá con EE. UU., lo que llevó unos cuantos meses después al establecimientos de mesas de diálogo para realizar un nuevo pacto bajo la demanda panameña de recuperar la soberanía del Canal y el desmantelamiento de las bases militares. Estas negociaciones culminarían en los Tratados Torrijos-Carter de 1977 que fundamentalmente establecían la entrega de la administración de las instalaciones canaleras a ciudadanos panameños a comienzos de 1990 como paso previo a la devolución total en diciembre de 1999.

El rechazo de la oligarquía estadounidense a estos Tratados se recrudecía conforme se acercaban los 90’s y exigía abiertamente su derogación y más concesiones. Manuel Noriega lo explicaba así en entrevista a Proceso:

“En 1990 comienza el cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter en cuanto a la administración del Canal, donde la proporción de cinco a cuatro, ellos como jefes, debe modificarse a favor de los panameños. Este es el primer paso de importancia para el devenir estratégico de Estados Unidos, que va tomando posiciones para lograr que en 1999 se prorrogue su presencia militar en el territorio de Panamá”.

Y es que el paso del Canal a manos panameñas implicaban un tropiezo estratégico para el dominio imperialista no sólo en este pequeño país y su peso estratégico de controlar el paso marítimo comercial y militar; sino de poder intervenir militarmente desde ahí en toda la región. El mismo dictador Noriega lo explicaba en 1986:

“Desde este punto geográfico, geopolítico, existe el control del área Sur, que corresponde a todo Sudamérica; del Este y el Oeste, que significan el Pacífico y el Caribe, y el Norte inmediato, que vienen a ser los países de Centroamérica. Estamos por eso ante una clara maniobra estratégica de dominación y de control”

Los estrategas al servicio de los líderes del Partido Republicano planteaban así su posición al respecto:

EE. UU. y Panamá, una vez que esté en el poder un gobierno democrático, deben comenzar a planear seriamente la adecuada administración del Canal, que pronto requerirá una importante y costosa reparación general. Al mismo tiempo, deben iniciarse las discusiones sobre una defensa realista del Canal después del año 2000.

Esas conversaciones deben incluir la retención por EE. UU. de un número limitado de instalaciones en Panamá (principalmente la base aérea Howard y la estación naval Rodman) para una adecuada proyección de fuerza en todo el Hemisferio Occidental.

Estas cuestiones no han sido tratadas y deben serlo para principios de la década de 1990, si se han de afianzar los intereses nacionales de Panamá y EE. UU. para el próximo siglo. [2]

La masacre imperialista

La negativa de Manuel Antonio Noriega a algunas de las exigencias imperialistas [3] hizo que cayera de la gracia del stablishment estadounidense.

Entre las administraciones Reagan y Bush se desplegó toda la fuerza del imperio para aplastar al ahora enemigo. Se decretaron sanciones económicas que dejaron a la economía panameña destrozada en pocos meses. Noriega pasó de informador de la CIA y fiel colaborador de la DEA, según la propia agencia antinarcóticos, a ser uno de los narcotraficantes “más peligrosos” del mundo [4].

En las cortes de Miami y Tampa, desde 1986, se giraron órdenes de aprehensión contra Noriega por narcotráfico y lavado de dinero, las cuales fueron utilizadas por el presidente Ronald Reagan para intentar forzar al general a renunciar a cambio de que se olvidaran dichas acusaciones. Pero la terquedad del viejo colaborador y el apoyo que lograba en sectores de las masas populares que le permitieron robarle el triunfo en las urnas al títere de los yanquis, Guillermo Endara, convencieron a EE. UU. de lanzar una ofensiva que fuera ejemplar para las masas de la región. Así es que el 20 de diciembre de 1989 Estados Unidos quiso dejar patente lo que le esperaba a quien dentro de su patio trasero se resistiera a sus planes de dominación.

Ese día arribaron 26,000 soldados, para sumarse a los 12,000 existentes en las bases militares de la Zona del Canal; fueron apoyados con tanques, misiles y los entonces novedosos helicópteros artillados Apache y los caza-bombarderos “invisibles” F-117 Stealth, que se ponían a prueba por primera vez en un escenario de guerra y luego serían ampliamente usados en las invasiones de Irak y Afganistán.

Los bombardeos se centraron en el barrio El Chorrillo, devastándolo por estar adyacente al cuartel general de las fuerzas armadas panameñas y fueron complementados por una cruenta persecución de civiles y militares "norieguistas".

Al comenzar el bombardeo y desatarse la matanza, Noriega se escondió y apareció posteriormente protegido por la Nunciatura Apostólica de Panamá, rodeada por las tropas yanquis. Finalmente, se entregó luego de dos semanas de asedio, para ser enviado a Florida y ser mantenido, previo juicio por narcotráfico, alejado de su país mientras los gobiernos títeres -Endara juramentó como Presidente el día de la invasión en una base militar yanqui- intentaban recomponer las cosas en favor del patrón imperialista, lo cual no pudieron lograr del todo y los yanquis tienen que compartir con el gobierno panameño una buena tajada del negocio del Canal.

Pero los de abajo, los trabajadores y campesinos pobres que tantas vidas dieron por implantar su bandera en la zona del canal siguen en pie de lucha, ahora levantan las banderas roja y negra de las luchas de los maestros, portuarios, obreros de la construcción y estudiantes contra los planes de precarización y las reformas legislativas que buscan legitimarlos.

 
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