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CUARENTENA Y REPRESIÓN
“Tenemos hambre”: continúan las protestas y cacerolazos en Colombia
Milton D’León | Caracas @MiltonDLeon

Continúa la agitación y las protestas en Colombia tras una cuarentena decretada por el Gobierno de Duque sin la más elemental medida social para sobrellevarla. Intermitentemente y en distintas partes del país el grito de “tenemos hambre” ha venido resonando. Incluso se han reportado cacerolazos y hogueras en proximidades de la casa presidencial.

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El presidente derechista Iván Duque, anunció este lunes que la cuarentena para combatir el coronavirus se prolongará hasta el próximo 11 de mayo y que incluirá entre sus excepciones a los sectores de la construcción y manufacturero, esto sobre una cuarentena que comenzó el pasado 25 de marzo y que ya había sido alargada hasta el 27 de abril. Todo en un país donde la mitad del empleo es informal y que está impedida de realizar sus actividades para llevare el sustento diario, por la cuarentena.

Duque también afirmó que "para proteger la vida y la salud" de los colombianos es vital "mantener ese principio de aislamiento hasta el final de la emergencia sanitaria", pero no dice absolutamente nada de los miles de pobres y trabajadores informales que suman millones en Colombia que pasan una cuarentena sin posibilidad de obtener los alimentos esenciales, lo que transforma sus palabras en puro cinismo. De lo contrario, ¿a qué se deben las oleadas de protestas que pican y se extienden en los distintos puntos del país, y a las que se les responde con represión?

En las grandes barriadas populares y que concentran a millones de pobres en diversas ciudades del país se ha encontrado también una nueva modalidad de protesta: colocar en las fachadas de las casas un trapo rojo "para informar que tenemos hambre, que la necesidad es mucha para todos nosotros" como dicen sus habitantes.

Un trapo rojo como grito de auxilio que se repite en las casas de muchísimos lugares, sobre todo de viviendas informales, y que empieza a esparcirse por el país como un nuevo símbolo de protesta contra la pobreza que vive el séptimo país más desigual del mundo, de acuerdo al ranking que establece el Banco Mundial.

No hay día en que en algún lugar no haya un cacerolazo, trancas de calle o cualquier tipo de manifestación para hacer sentir el descontento social con carteles con mensajes como “Están matando de hambre al pueblo”, “Las promesas pasan y el hambre queda”, y que tuvieron su inicio días antes incluso de iniciarse la cuarentena.
En su mayoría son trabajadores informales y de las grandes barriadas pobres de las principales ciudades del país, pero también en zonas rurales. Es un cuadro que se desarrolla en distintos barrios de las ciudades de Medellín, Bogotá, Cali y Pereira.

En los últimos días en diversos lugares de Bogotá se pide ayuda para las personas de bajos recursos que no tienen cómo hacerle frente a la cuarentena ocasionada por el coronavirus. Así, este domingo en Ciudad Bolívar, en el sur de Bogotá, a pesar de la cuarentena social vigente en medio de la emergencia sanitaria que provoca la COVID-19, se realizaron protestas.

Se trata de los habitantes del barrio Arborizadora Alta que bloquearon vías y retuvieron algunos vehículos, entre ellos cuatro autobuses, un transporte de combustible y varios camiones. Aunque los manifestantes expresaron que no habían vandalizado ningún vehículo, se hizo presente el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) para reprimir, disparando contra los grupos de vecinos que reclamaban.

También se vio cómo cerca del Palacio de Nariño se registraron incidentes, incluida la quema de neumáticos de autos y concentraciones de protestas ese mismo día. Los manifestantes solicitan a las autoridades que los asistan para poder sortear la crisis. Reclaman que a sus comunidades no están llegando las ayudas que el Gobierno dice que ha dispuesto. Escenas similares se observan por muchas ciudades del país desde que se dio inicio la cuarentena.

El cuadro de Colombia es dramático, con millones de trabajadores con contratos precarios, sin registro e informales, que de no ir a trabajar no tienen ningún tipo de ingreso. Colombia tiene una población de 49,07 millones de acuerdo a los últimos datos del Banco Mundial para 2017, de ese total, 22,4 cumplen con los requisitos para trabajar. Sin embargo, solo 7 millones tienen un empleo formal y por lo menos otros 2 millones alimentan los índices de desempleo.

Y peor aún, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en agosto la informalidad laboral alcanzó el 62%. Los índices son aún más dramáticos en el campo donde la cifra es del 84%. Es decir, por lo menos 14 millones de personas corren el riesgo de pasar hambre porque no tienen cómo abastecerse. Este es el cuadro de fondo de las protestas que se generalizaron en el país tras las medidas gubernamentales de cuarentena.

En este terrible contexto, desde el comienzo de la cuarentena hay despidos masivos de trabajadores en el sector petrolero, en la refinería de Barrancabermeja, la de Cartagena y de algunos campos petroleros en el Magdalena Medio y el sur del país. “En total son entre seis mil y siete mil despidos” denuncian dirigentes sindicales del principal sindicato petrolero Unión Sindical Obrera. En el Meta, el sindicato también denuncia el despido de por lo menos cinco mil trabajadores de la industria petrolera. También hay despidos masivos en empresas como Avianca, en cadenas de hoteles, en call centers, y otras industrias y prestaciones de servicio.

El clamor del pueblo se empieza a sentir en las calles, donde el hambre castiga a los más pobres. Un clamor que ya se había hecho sentir en las protestas del 21N del año pasado, mostrando la indignación del pueblo colombiano contra las políticas del Gobierno de Duque.

Los sindicatos en el país tienen que levantar las demandas más elementales para hacerle frente a esta situación, empezando por el reclamo de ni un solo despido, salario igual a la canasta familiar para todos los trabajadores, salario de cuarentena al nivel de la canasta familiar para todas y todos aquellos que tengan que cumplir el aislamiento obligatorio y no tengan una licencia laboral paga, extensivo a todos los trabajadores informales y precarizados, así como un subsidio de cuarentena equivalente a la canasta familiar para todos los y las jefas de hogar de las familias pobres. Medidas como parte de un programa de emergencia obrero y popular para hacerle frente a la crisis.

 
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