Internacional

TRIBUNA ABIERTA

Antivacunas, conspiranoicos y neonazis marcharon en Berlín

El fin de semana berlinés estuvo marcado por una manifestación de escépticos de la pandemia. Entre ellos se encontraron antivacunas, teóricos de conspiración y hippies, pero también fascistas militantes.

Lunes 31 de agosto | 09:49

Aunque Andreas Geisel (SPD), Senador de Asuntos Interiores de Berlín, había prohibido la protesta por el riesgo de contagio que esta llevaría consigo, los manifestantes llegaron desde todos los puntos del país. El sábado en la mañana esa prohibición fue tumbada por la justicia -un escándalo si consideramos que una semana antes la misma justicia alemana había prohibido la protesta de los familiares que perdieron a sus hijos en febrero de este año durante un ataque fascista en Hanau.

Aunque el permiso judicial incluía la obligación de mantener el distanciamiento social, eso no se respetó en ningún momento, como ya se preveía desde la propia conferencia que rechazaba tanto el distanciamiento como el uso de barbijos. Si bien hubo algunas intervenciones policiales durante el día, en general los dejaron marchar, a pesar que no cumplían con ninguno de los requisitos.

Entre los manifestantes había escépticos antivacunas, ultraderechistas con símbolos neonazis, y todo tipo de personajes que sostienen distintas teorías conspirativas.

La más grande desde el fin de la Segunda Guerra

Mientras que en octubre de 2018, en respuesta a una escalada de violencia racista, agitada por grupos de ultraderecha, se organizó una movilización de casi 250.000 personas bajo el lema #Unteilbar (indivisible), éste sábado sólo hubo una pequeña acción de oposición a esta marcha a la que llamaron los sindicatos, la socialdemocracia, el partido verde y autonomistas y que llegó a agrupar aproximadamente mil personas en la mañana y ni siquiera 200 en la tarde. La policía dice que del otro lado participaron unos 40.000, mientras que los convocantes le responden que las calles habían sido llenadas por un millón. Muy probablemente han sido 70 a 80 mil. En todo caso queda claro que esta movilización llegó a ser la manifestación derechista más grande en Alemania desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

No es fácil analizar la composición de los manifestantes. Mientras que se veía a familias y jubilados que por el hecho de verse afectados por el Covid-19 - y de hecho lo son - quieren volver a la normalidad anterior, también había grupos fascistas o conspiracionistas como los Reichsbürger [1]. Eso conllevó a un complejo tipo de consignas. Algunos gritaban: "Fuera Merkel", una consiga apropiada por la derecha islamofóbica, otros habían escrito "Paz, Libertad, Amor" en sus carteles. Pero todos parecen estar de acuerdo no sólo en que los barbijos son innecesarios sino también en lo que concierne a su desconfianza en este gobierno.

En los medios alemanes se habla mucho de una escena que sucedió frente al Reichstag, el parlamento alemán, que los nazis supuestamente intentaron tomar por asalto. Ahí se trata de una minoría de aproximadamente 2.000 personas, convertida en un mar de banderas del Tercer Reich y encabezada por un ex-funcionario del partido nacionalsocialista alemán (NPD, por sus siglas en alemán), que sobrepasó varios policías. Este "intento" fue más bien un acto simbólico que la derecha usa para su propaganda.

Si bien existen protestas similares, aunque más pequeñas, y ésta de hecho fue la segunda en agosto, el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD), ha venido perdiendo parte de su base, según distintas encuestas.
Es que las tendencias a la derechización se vienen dando en otros ámbitos, más institucionales. En los últimos años y meses han sido descubiertos células fascistas tanto dentro de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas unificadas), que realmente estaban preparándose para la toma del poder y la matanza de sus oponentes políticos como dentro de la policía que amenazaron a políticos, a abogados de familias que han sufrido una pérdida a la mano de fascistas y a las mismas familias mediante cartas de muerte con la firma del NSU 2.0 - una referencia al grupo fascista Clandestinidad Nacional Socialista (NSU, por sus siglas en alemán) que financiado por el Estado había matado a 9 migrantes entre 2001 y 2006.

Una larga tradición de apoyo a las estructuras de la derecha

Los cientos de casos de terrorismo de extrema derecha, los innumerables enredos entre el Estado y la derecha y el establecimiento de organizaciones de ultraderecha por parte de la Oficina de Protección de la Constitución son declarados una y otra vez como casos individuales. Pero el Estado tiene una larga tradición de apoyo a las estructuras de la derecha.

La desnazificación fracasó no sólo porque no hubo un juicio coherente. Los mayores ganadores de la guerra y los que apoyaban a Hitler, los grandes capitalistas, salieron impunes. Los jefes económicos habían ganado mucho con la expropiación de los judíos, con la guerra y con el trabajo forzado. Corporaciones como Volkswagen se basaban en la economía de guerra patrocinada por el estado y apenas había una gran empresa que no se beneficiara del trabajo forzado. A todas aquellas se les permitió conservar sus ganancias de los robos después de la guerra.

Hoy son los primeros efectos de la crisis económica, cuyo ritmo está acelerado por la pandemia en todo el mundo, los que forman un terreno fértil para todo tipo de tendencias reaccionarias, que tanto históricamente como hoy en día tienen su mayor base social en la pequeña burguesía.

El Estado rescata a las grandes empresas, pero las pequeñas y medianas empresas reciben poca ayuda. Al mismo tiempo, muchos trabajadores han sido obligados a trabajar a jornada reducida y, por tanto, también privados de una parte de su salario. Con sus protestas contra las medidas que se están tomando frente al Coronavirus, dan una respuesta reaccionaria a la cuestión social porque la derecha está aprovechándose de la desesperación.

Para que estas cosas realmente cambien, no necesitamos compromisos con la derecha, sino una unidad de los explotados y los oprimidos, es decir, de los trabajadores y los migrantes, las mujeres y los jóvenes.



[1Reichsbürger (ciudadanos del Tercer Reich) creen que Alemania está ocupada desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que el Tercer Reich nunca dejó de existir. Aunque son ideológicamente heterogéneos son una fuerza ultraderechista.





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