Economía

PANORAMA ECONÓMICO

Calma cambiaria provisoria y frenazo, el combo de la economía hacia las elecciones

El gobierno muestra una economía estable en el plano cambiario, lograda a fuerza de alimentar un veranito financiero. Mientras tanto, la actividad económica no da signos de reanimarse. El techo a las paritarias en 27 %, pone límite a las expectativas para el segundo semestre.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Martes 19 de mayo de 2015

El gobierno muestra una economía estable en el plano cambiario, lograda a fuerza de alimentar un veranito financiero. Mientras tanto, la actividad económica no da signos de reanimarse. El techo a las paritarias en 27 %, pone límite a las expectativas para el segundo semestre.

El año pasado estuvo atravesado por estridencias en el mercado cambiario. No sólo a principios de año, cuando el salto de la brecha entre el mercado paralelo y el dólar oficial forzó a la devaluación del peso frente al dólar. La segunda mitad del año volvió la tensión cambiaria, que sólo pudo aplacarse a fuerza de swaps de divisas con el Banco de China y liquidación adelantada de dólares de las exportadoras de cereales.

El contraste con lo que ocurre este año no podría ser mayor. A pesar de la caída que se viene registrando en el ingreso de dólares del comercio exterior, el Banco Central (BCRA) no afronta este año pérdida de reservas. Por el contrario, estas aumentaron desde principios de año en 2.500 millones de dólares.

Recurriendo nuevamente a los dólares del swap chino (que ya suman 5.000 millones de dólares), y con las colocaciones de 3.000 millones de dólares de nueva deuda que realizaron el tesoro nacional e YPF, el BCRA obtuvo 8.000 millones de dólares. Con esto puede solventar la compra del dólar ahorro. Este incremento de la disponibilidad de dólares viene acompañado de medidas para ofrecer una elevada rentabilidad en dólares a quienes recurran a plazos fijos o títulos en el mercado local. Con esta bicicleta financiera, que se alimenta de la idea de que no habrá ajuste cambiario antes de las elecciones, a pesar de los reclamos empresariales por la aducida sobrevaluación del tipo de cambio, se ha logrado una estabilidad cambiaria que el ministro “heterodoxo” contrasta en cada oportunidad que tiene con los pronósticos agoreros de los analistas y consultores que exponen más abiertamente la rancia ortodoxia liberal. Los costos de esta calma y los plazos durante los que podrá sostenerse, son otro cantar.

Pesada herencia para el sucesor

El “veranito” financiero impulsado por el gobierno tiene como correlato una pesada factura a cobrarse en 2016. Tenemos, en primer lugar, la suma de vencimientos de las nuevas emisiones del Bonar, el repago del swap con China, los pasivos acumulados de importadores y por remesas de divisas frenadas, y los reembolsos por los sobrecargos del dólar ahorro y de los viajes y compras en exterior. Sumarán, según diversos cálculos, nada menos que 25 mil millones de dólares, una parte de los cuales sólo pueden saldarse en moneda verde (o alguna otra moneda que cuente con la aceptación internacional que no posee el peso argentino).

Si se mantiene el actual ritmo de compras de dólar ahorro, turista y de compras en el exterior, cálculos privados prevén que el gobierno deberá devolver en 2016 al menos 11 mil millones de pesos. Esto sería por la recaudación anticipada de Ganancias del 20% para el ahorro y 35% para viajes, y compras online. Sólo el dólar ahorro alcanzó un ritmo de compras de 500 millones de dólares mensuales.

A eso se suman los vencimientos de intereses de la nueva deuda en moneda extranjera. El pago de intereses de la emisión del Bonar 2024, de 1.415 millones de dólares, implican para 2016 el pago de intereses por 123,8 millones de dólares. Pero como es probable que se amplíen las emisiones, el costo total podría rondar los 800 millones de dólares el año próximo.

Pero los capítulos más fuertes vienen por los pasivos acumulados por los importadores, que no pudieron hacerse de los dólares para saldar sus compras. Y por la remesa de utilidades de las empresas multinacionales, que el gobierno bloqueó pero dejando inalterado el marco legal que convierte este saqueo en un “derecho” de las empresas. Aunque con el mayor ingreso de dólares el gobierno viene destrabando las compras al exterior, persiste una deuda que desde el sector importador estiman hoy no menor a 4.200 millones de dólares. Los cupos que se aseguraron sectores como el automotor, las siderúrgicas y químicas, la producción de electrónicos de Tierra del Fuego, o grandes empresas de consumo masivo, habrían permitido apenas reducir estos pasivos en un 10 %. Por el lado de los giros de dividendos frenados, alcanzarían los 15 mil millones de dólares, que las empresas aspiran a liberar en la próxima administración, al menos en parte.

A esto se suman otros pasivos fuertes. Basta señalar que sólo por el pago de los intereses generados por la magnitud a la que ascendió la deuda del BCRA, principalmente en Letras que absorben los pesos y alimentan las tasas que pagan los bancos a los ahorristas, el próximo gobierno debe hacer frente a un costo anual de aproximadamente 70.000 millones de pesos.

La actividad, sin repunte

Lejos de otros años electorales, durante los cuáles se ampliaban las transferencias para estimular la economía, la perspectiva del gobierno de quedarse en 2016 llevó al ministro Kicillof a adelantar algún ordenamiento de cuentas. Este no se da en el gasto público, que sigue creciendo, pero sí en el cepo salarial. Si se confirma el techo de 27 %, la pérdida que registrarán los salarios versus la inflación acumulada podría trepar al 5%. Para los sectores alcanzados por Ganancias de la cuarta categoría, el efecto sería aún mayor, ya que el aumento de 27 % representaría, descontado el impuesto, un aumento de entre 25 % (para las categorías más bajas) y 22 % (para las más elevadas).

Este panorama, sumado al hecho de que los sectores medios y altos participan de la bicicleta financiera impulsada por el gobierno, priorizando el ahorro sobre el consumo, permite prever un segundo semestre tan flojo como el primero.
Resultado de un ajuste, que el gobierno aplica aunque prefiera no admitirlo. Y que, bien al modo de la ortodoxia económica más rancia que el ministro Kicllof gusta de criticar, tiene a los trabajadores como principales destinatarios.






Temas relacionados

Ajuste   /   Recesión   /   Opinión   /   Economía Nacional   /   Economía

Comentarios

DEJAR COMENTARIO