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Red Internacional

A propósito de un aniversario. Chávez quería sindicatos obedientes al gobierno/PSUV, arremetió contra la “autonomía sindical”

Un 24 de marzo del año 2007, ante miles de impulsores del naciente PSUV, Chávez cuestionó duramente que los sindicatos no obedecieran al partido de gobierno, habló de la autonomía sindical como un “veneno”. Aquí lo recordamos y planteamos una discusión para aquellas corrientes del chavismo crítico que hoy rechazan a la burocracia sindical de Maduro y el PSUV, pero siguen reivindicando a ese Chávez, evitando a toda costa relacionar tales orientaciones con la deriva actual, anclados a una idealización que los hechos refutan.

Ángel AriasSociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts

Viernes 25 de marzo | 09:13

¡Ah! No, que los sindicatos son autónomos… tienen su dirección, toman sus decisiones, no hay dirección para ellos… no, eso no puede ser así, bochinche, eso se llama bochinche y nosotros aquí no vinimos a hacer bochinche… han nacido incluso en estos años, sindicatos pero casi todos envenenados con la misma, el mismo veneno, autonomía sindical, porque es la clase obrera…

Hugo Chávez, Primer Evento con Propulsores del Partido Socialista
Unido de Venezuela
(PSUV), 24/03/2007.

Como diría el dicho en las redes sociales, quizás algunos sean muy jóvenes, pero quienes militábamos en la izquierda socialista opuesta al gobierno de Chávez, sabemos que siempre lo incomodaba y reaccionaba con virulencia cuando alguna organización o lucha de trabajadores no se adaptaba a las directrices gubernamentales, como lo expresó con claridad en esa ocasión hace 15 años. Y a decir verdad, también deben recordarlo las corrientes de izquierda que entonces apoyaban al gobierno y al PSUV en formación: unas apoyaron y defendieron esas reaccionarias afirmaciones de Chávez (como Lucha de Clases, en ese entonces CMR), otras, como la C-CURA (que agrupaba a los dirigentes sindicales de lo que más adelante serían Marea Socialista y el PSL), las cuestionaron, aunque haciendo equilibrio, señalando “se puede construir el PSUV y defender la autonomía sindical”, y aún dando explicaciones de que esa posición no implicaba “una falta de compromiso con el proyecto revolucionario”; coincidiendo ambas fracciones en llevar a la corriente sindical al partido de gobierno que impulsaba Chávez.

Fue un 24 de marzo de 2007, en la estelar sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, una de las ocasiones en las que Chávez dejó bien en claro que a la clase obrera la quería disciplinada y obediente al gobierno, es decir, al Estado burgués, ¿no? Varias otras veces –como veremos en este artículo– fustigó las luchas obreras en discursos dados ante cientos de trabajadores, pero esta vez su discurso era ante miles de pioneros del PSUV que empezaba a conformarse. Es decir, el máximo e indiscutido líder estaba dejando claro cuáles serían las bases de la relación entre los trabajadores y el partido de gobierno que él impulsaba: la subordinación al Estado.

Los sindicatos y sus direcciones debían obedecer al partido de gobierno

Era el primer encuentro directo de Chávez con las primeras camadas de militantes del partido en formación, y estaba bajando las líneas de cómo habría de ser el partido, estaba impartiendo directrices. Y una de las bases que quiso dejar claramente sentadas fue que los sindicatos identificados como chavistas o afines al proyecto supuestamente “revolucionario”, debían obedecer al partido de gobierno.

Veamos los argumentos: “es parte de la trampa capitalista y de la trampa del Estado burgués […] yo lo oigo, tengo oyendo esto hace muchos años, dirigentes obreros que dicen que el sindicato no puede estar dependiendo del partido. Una cosa es el partido y otra cosa es el sindicato”. Citaba entonces al intelectual húngaro István Mészáros, “’Se requiere –dice Mészáros– el brazo industrial y el brazo político de un mismo cuerpo’, el partido, los sindicatos, pero no cada brazo por su lado”. De ahí argumentaba entonces para que “el brazo sindical”, en realidad, se subordinara al “brazo partido” de gobierno.

Se queja Chávez: “¡Ah! No, que los sindicatos son autónomos […] toman sus decisiones de manera autónoma porque eso y que es la democracia; y además los sindicatos actúan como otro partido, tienen su dirección, toman sus decisiones, no hay dirección para ellos… no, eso no puede ser así, bochinche, eso se llama bochinche y nosotros aquí no vinimos a hacer bochinche”. Los sindicatos obreros son organizaciones de trabajadores que se afilian a los mismos, ¿dónde y quién debe tomar las entonces las decisiones de los mismos? Según Chávez, no debería ser en el ámbito de los sindicatos, sino que ¡las decisiones de los sindicatos deben ser las decisiones del partido de gobierno! ¿Qué potestades le daba entonces a los trabajadores afiliados del sindicato? Ninguna.

Pero va más allá, es tan reaccionaria y autoritaria su concepción, sus ansias de controlar desde el Estado a las organizaciones obreras, que cuestiona también la existencia misma de direcciones sindicales como entidades propias, diferentes de las directrices del partido gobernante: “los sindicatos actúan como otro partido, tienen su dirección, toman sus decisiones”. Veamos, ¿quién elige a las direcciones sindicales? Deben ser los trabajadores y trabajadoras, ¿no? Pero el “obrerista” Chávez quería que las direcciones sindicales no tuvieran ninguna voluntad propia diferente a la voluntad del partido de gobierno, lo que es lo mismo decir, a Chávez le importaba un bledo lo que los trabajadores afiliados a los sindicatos opinaran sobre lo que debía hacer o no la dirección del sindicato, en su lógica, las direcciones sindicales deberían hacer lo que dictara la dirección del partido, es decir, valía cero lo que las bases obreras opinaran.

Y ojo que los asistentes al evento aplaudían entusiastas esas afirmaciones. Así daba sus primeros pasos ese monstruo burocrático, autoritario y antiobrero que resultó ser el PSUV.

Vaya malabarismo discursivo: para evitar la “trampa del capitalismo”, lo sindicatos deben subordinarse al partido que gestiona… el capitalismo

La llamada “revolución bolivariana” es un extraordinario ejemplo histórico de cómo se pueden hacer malabares discursivos para justificar cualquier cosa, vaciar de contenidos las palabras, llamar de una manera a cosas que no tienen nada que ver o incluso son lo contrario, etcétera, y en eso Chávez sentó escuela, como no podría ser de otra manera, pues era el líder indiscutido y el que marcaba la pauta. En esta ocasión tenemos un claro ejemplo.

Primero hay ponerse de acuerdo en algo básico: el carácter de clase del Estado venezolano bajo Chávez. El Estado es la principal maquinaria de control social y político, que no es “neutra” en cuanto a los intereses de las diferentes clases sociales, sino que tiene un carácter de clase definido, ¿y qué le da el carácter de clase?, pues el tipo de relaciones de producción y distribución que garantice y sostenga ese Estado. ABC del marxismo. Así, un Estado cuya Constitución, leyes, código de comercio, código penal, tribunales, policías y militares sostengan como pilar de la economía la propiedad privada capitalista, es un Estado burgués. Y esas son las características del Estado venezolano al frente del cual estaba Hugo Chávez.

Es tan obvio eso, que el propio Chávez lo decía más de una vez, solo que hablaba del “Estado burgués” ubicándose él mismo por fuera de este, como si no fueran él y el gobierno que lideraba los que estaban al frente de ese Estado. Pero bueno, qué se le va a hacer… Lo cierto es que estaríamos de acuerdo en que Chávez estaba al frente de un Estado capitalista, ¿no? No importa cuántas veces echara pestes sobre ese Estado y prometiera “desmontarlo”, y etc., etc., mientras nada de eso pasara –y nunca pasó, al contrario, lo fortaleció– Chávez y su partido eran los administradores del capitalismo venezolano y su Estado, ¿cierto?

Pero entonces, según Chávez, exigir autonomía o independencia (no son lo mismo, sobre eso volveremos abajo) de los sindicatos frente al partido de gobierno, era un “veneno” del capitalismo, una “trampa del capitalismo, del Estado burgués”, y por eso entonces decía que lo “revolucionario” era que los sindicatos se subordinaran al partido de gobierno que estaba al frente de… un Estado burgués. ¡Vaya sin sentido! Pero claro, a Chávez las corrientes de la izquierda subordinaba le pasaban todo… y las consecuencias no se hicieron esperar años más adelante.

Más que autonomía, la independencia de clase de los sindicatos

Históricamente, las y los revolucionarios han luchado por la independencia de clase de los sindicatos, que no es exactamente lo mismo que la “autonomía”. Los sindicatos surgieron en la historia del capitalismo como organizaciones de clase, de la clase trabajadora para pelear contra la explotación capitalista, sin embargo, con el desarrollo del capitalismo y sus Estados, la independencia de clase se ha visto a menudo comprometida, direcciones sindicales que, a pesar de luchar por algunas reivindicaciones obreras, sin embargo, comprometen a los sindicatos en el apoyo a uno u otro proyecto político capitalista, a uno u otro gobierno burgués.

Por eso, los socialistas revolucionarios luchamos no solo por la autonomía sindical sino por la independencia política y de clase de los mismos. La autonomía puede darse en los marcos de un proyecto burgués, es decir, de un proyecto ajeno a los intereses de clase de los trabajadores: se apoya un proyecto político o gobierno capitalista, pero se exige autonomía como organización sindical, en el marco de ese proyecto.

El punto es que ni siquiera eso toleraba Chávez, eso lo irritaba. Los sindicatos chavistas no tenían independencia de clase, obviamente, porque el de Chávez no era ningún gobierno obrero sino un gobierno capitalista, y estos lo apoyaban. Pero, como organizaciones específicas, de la clase obrera, un importante sector de estas no quería ser tragado por completo por la maquinaria gubernamental, y en el caso de los miles de dirigentes sindicales de base y activistas chavistas en el movimiento obrero, muchos de los cuales eran parte de los más importantes procesos de lucha que libraba la clase obrera, una correcta intuición de clase, un elemental interés por cuidar que las organizaciones sindicales no les fueran impuestas directrices desde afuera, desde el gobierno, los hacía aspirar a esa “autonomía sindical”.

Quizás ninguna de las variantes de nacionalismo burgués que conoció América Latina en el siglo XX fue tan agresiva en negar abiertamente el derecho elemental de los sindicatos afines a funcionar como entidades propias. Chávez no se contentaba con tener sindicatos que apoyaran su gobierno, sino que les exigió abiertamente subordinarse a las directrices del partido gobernante.

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¿De dónde surgieron los Wills Rangel, Carlos López, la CBST y demás, sino de esa concepción de Chávez?

Aun declarándose partidarios del proyecto de Chávez, apoyadores de su gobierno, es decir, sin independencia de clase, muchos dirigentes sindicales querían tener niveles de autonomía como dirigentes elegidos por los trabajadores en sus respectivas organizaciones. Pero Chávez no toleraba eso, Chávez quería una burocracia sindical obediente, que fuera una segura correa de transmisión entre los trabajadores de las políticas del gobierno. Y para eso trabajó conscientemente y lo consiguió… no sin ayuda de parte de la izquierda que hoy cuestiona a Maduro.

Mostrar el recorrido histórico sería muy largo para esta nota. Sin embargo, se puede ejemplificar con un caso emblemático: el derrotero de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT). Ya antes de 2003 Chávez quería hacerse con una central sindical propia, afín al gobierno, no lo había logrado, pero los acontecimientos históricos de 2002-2003 le facilitaron la política: logró fundar una nueva central impulsada directamente desde el gobierno, que la apoyaba con recursos económicos, logísticos y con el brazo del Ministerio del Trabajo facilitando la fundación de sindicatos nuevos para que se afiliaran a la nueva central oficialista.

Por supuesto, la conformación de la UNT se alimentó también de procesos genuinamente antiburocráticos por abajo, a nivel de las bases, en fábricas y lugares de trabajo, para desplazar a la podrida burocracia de la CTV, patronal, golpista y proimperialista, aunque con ese límite político por arriba de encuadrarse en una central patronal patrocinada por el gobierno. Sin embargo, con el importante elemento contradictorio de hacerse sin independencia política de clase, subordinada la formación de esa central a la política del gobierno. Sería tema de abordar con más amplitud y detalle en otra nota, pero lo importante aquí es mostrar cómo, aún esa central, surgida como parte de la política de Chávez, su gobierno procedió a boicotearla y combatirla porque no logró controlarla completamente a su antojo.

En la UNT existía ese tipo de burócratas sindicales que Chávez quería, que más que representantes de las exigencias de los trabajadores ante el gobierno y los patronos, eran en realidad representantes del gobierno-patrón ante los trabajadores. El núcleo duro era la FBT (Fuerza Bolivariana de Trabajadores), pero en el II Congreso de la UNT, junio de 2006, resultaron en franca minoría, ante un sector que se decantaba a favor de dos cuestiones importantes: exigir elecciones de la central –puesto que ya llevaba años con la directiva provisional no electa de cuando se fundó– y reivindicar la “autonomía sindical” (aunque no independencia de clase) ante el gobierno. Viéndose perdidos, ese sector más rabiosamente gobiernero decidió romper el congreso, desconocerlo y empezó a debilitar a la central.

Adivinemos a quién apoyó Chávez entonces: obviamente, a sus burócratas sindicales. Empezó un proceso de saboteo gubernamental a la UNT, de quitarle apoyos económicos y logísticos, de negarle incluso los recursos que les correspondían legalmente a los sindicatos, etc., hasta que decidieron abrir tienda aparte, romper la UNT y fundar otra nueva central, la “Central Socialista Bolivariana” (CSBT). ¿Y quién la bendijo? Chávez, por supuesto. ¿Y quién fue el primer presidente de la misma? Claro, Wills Rangel… el mismo que sigue ahora con Maduro.

Y la escuela que dejó Chávez incluía también condenar como “saboteo” las luchas obreras en empresas del Estado e instituciones públicas. Se quejaba en estos términos: “Vemos sindicatos que se dicen revolucionarios, que en una región […] arremeten en contra de un gobernador, de un alcalde, o dentro de una fábrica en vez de pregonar la unidad, lo que hacen es sabotear a la fábrica o a la empresa”. En más de una intervención pública (como aquí) Chávez fustigó las huelgas y paros obreros de las industrias estatales, culpando a estas acciones del deterioro de las empresas, señalándolas como “saboteo”, “traición al pueblo”… y que hacían a los trabajadores alejarse de su corazón, del de Chávez.

Chávez fue tan lejos en ese camino bonapartista, en esos mecanismos de control del Estado burgués sobre las organizaciones del movimiento obrero, que recortó incluso un aspecto elemental de la autonomía sindical, como lo es organizar sus elecciones: en la nueva ley del trabajo que sancionó Chávez en 2012, le quitó a los sindicatos las potestades para organizar y legitimar sus elecciones, dándole esas potestades al Consejo Nacional Electoral (CNE). Esa arma de inaceptable injerencia estatal que instituyó Chávez, le sirvió, y sobre todo a Maduro, para impedir las elecciones sindicales donde no saldrán favorecidos sus burócratas, y para obstaculizar el camino a fracciones sindicales no oficialistas.

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Esa excrecencia de burocracia sindical gobiernera que ha apoyado a rajatabla las drásticas políticas laborales antiobreras y represivas de Maduro, no salió de una caja de cereal, no apareció por arte de magia. Es el producto legítimo, lógico y directo de la concepción de Chávez que expresaba hace 15 años al fundar el PSUV. De hecho, los dirigentes que encabezan esa traidora burocracia son los mismos que ya tenían el favor gubernamental bajo Chávez.

¿Qué lecciones saca hoy la izquierda chavista crítica?

Desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS), que nos mantuvimos planteando siempre la necesidad de la independencia política de los trabajadores ante el proyecto político de Chávez y su gobierno, en una serie audiovisual que hicimos a finales de 2020, dedicamos un capítulo en a tratar este tema de Chávez y la independencia política de los sindicatos, entre otros muchos materiales donde exponemos balances a profundidad del chavismo.

Sin embargo, aun hoy está ausente en las corrientes de izquierda que se distanciaron de Maduro, pero reivindican a Chávez, un análisis crítico. No digamos ya del chavismo en general, sino de este aspecto. Por ejemplo, Lucha de Clases, que apoyó abiertamente que Chávez quisiera negar incluso la limitada “autonomía sindical”, por ejemplo, Marea Socialista, que aún después de eso decidió romper un intento de partido de trabajadores para incorporarse a ese partido de gobierno que Chávez impulsaba, ¿no tienen un examen crítico de su política entonces?

Hoy cuestionan a la burocracia sindical del PSUV, su anterior partido, pero es la misma burocracia sindical de cuando Chávez, es el producto de lo que Chávez quería. ¿No ven falta de coherencia o de sacar conclusiones políticas hasta el final, en rechazar hoy a los hijos sindicales de Chávez al tiempo que reivindican la política sindical del mismo?

Son elementos que nos parece evidente que deben ser revisados y tener respuestas, si se quiere realmente sacar conclusiones estratégicas sobre lo que ha significado para la clase trabajadora el apoyo político a Chávez.

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