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Red Internacional

Entrevista.Christian Castillo: “Una campaña de calumnias para acallar la denuncia de los crímenes contra el pueblo palestino”

Luego del acto del Frente de Izquierda en la Embajada de Israel y de la intervención en el Congreso Nacional de los diputados Nicolás del Caño y Juan Carlos Giordano rechazando los ataques al pueblo palestino, una campaña sionista junto a grandes medios hegemónicos tiene lugar contra este espacio, llegando a pedir incluso la expulsión de Giordano de la Cámara de Diputados. La Izquierda Diario entrevistó a Christian Castillo y lo consultó sobre el signficado de este ataque, la necesidad de enfrentarlo y la tradición revolucionaria del trotskismo.

Lunes 24 de mayo | Edición del día

LID: Desde hace unos días hay una campaña impulsada por sectores de la derecha macrista, los grandes medios y la Embajada de Israel. Acusan al FITU de antisemita por criticar el brutal ataque de Israel contra la población palestina. ¿A qué razones atribuís esa campaña? ¿Qué intereses hay detrás de la misma?

CC: Es parte de una campaña más general de calumnias y amalgamas para acallar toda voz crítica a los crímenes del Estado de Israel contra el pueblo palestino, buscando amalgamar todo cuestionamiento a la política colonialista y segregacionista israelí, algo que no ha hecho más que profundizarse desde la fundación de dicho estado en base a lo que el historiador israelí Ilan Pappé ha denominado “la limpieza étnica de Palestina”. La maniobra es sencilla: transformar la crítica al sionismo y su colonialismo reaccionario en sinónimo de antisemitismo, cuando en realidad millones de judíos en todo el mundo no se identifican con el sionismo ni avalan la política criminal del estado israelí y dicen “no en nuestro nombre”.

En realidad, hoy se da la paradoja de que muchos sectores identificados con corrientes de extrema derecha en todo el mundo, de clara raigambre antisemita, están del lado del Estado de Israel y contra la lucha del pueblo palestino, como se vio con quienes apoyaban a Donald Trump en Estados Unidos o en Brasil con Jair Bolsonaro. Y que además el orden imperialista que defiende Israel está manejado por varias grandes empresas multinacionales que en su momento sostuvieron y financiaron al nazismo. En nuestro país hay que sumar los intereses creados por negocios vinculados a las exportaciones israelíes de armamento y material de comunicaciones de las fuerzas de seguridad, que inciden en los posicionamientos de los gobiernos y financiamiento para el lobby ejercido por la embajada israelí. Pero lo cierto es que el mundo ya no está en los tiempos donde Netanyahu contaba con el pleno respaldo de Trump para incrementar su política colonizadora y cada vez más provocadora contra el pueblo palestino. Mientras crecen las movilizaciones solidarias con el pueblo palestino en todo el mundo, incluso en los propios Estados Unidos, hay una crisis muy importante al interior del propio Partido Demócrata, donde hay un fuerte cuestionamiento al alineamiento que mantiene Biden con Israel.

También en Tel Aviv han existido movilizaciones multitudinarias comunes de árabes y judíos contra los bombardeos. Nada de esto se muestra en los medios de comunicación dominantes, que imponen censura frente a las movilizaciones en apoyo a Palestina que se dan en todo el mundo. Incluso ocultan que los enfrentamientos actuales se iniciaron con un fallo de la Corte israelí para desalojar a familias palestinas de las viviendas en las que vivían desde hace décadas en Jerusalén Oriental invocando una ley del Imperio Otomano, lo que se agregó a una serie de provocaciones anteriores, como la entrada de fuerzas israelíes a la mezquita de Al Aqsa y la prohibición de la reunión de jóvenes palestinos en la Puerta de Damasco. Incluso medios corporativos internacionales como New York Times o Financial Times reconocen estas provocaciones. Esto generó protestas que Israel respondió con una brutal represión.

Acá los medios lo presentan como si de la nada a Hamas se le hubiera ocurrido tirar cohetes desde Gaza contra Israel, sin señalar que fueron una respuesta a la brutal represión israelí, luego multiplicada con los bombardeos asesinos que se cobraron la vida de más de 250 palestinos y entre ellos 60 niños. En el Parlamento, mientras el resto se calló la boca, solo Nicolás Del Caño y Juan Carlos Giordano intervinieron para denunciar los bombardeos y la represión israelí contra el pueblo palestino. Ante el ataque y las calumnias venimos impulsando un pronunciamiento que ya ha cosechado importantes adhesiones, como la de Adolfo Pérez Esquivel o Nora Cortiñas. Tenemos que multiplicar los esfuerzos por repudiar este ataque y esclarecer lo que verdaderamente está en discusión. Todos los militantes y simpatizantes de la izquierda y quienes se reivindiquen antimperialistas y democráticos deben ser parte de esta disputa política contra el intento de acallar a quienes denunciamos los crímenes contra el pueblo palestino.

Este ataque contra el FITU intenta ensuciar la historia de lucha de las organizaciones trotskistas y revolucionarias. ¿Qué respondés a estas acusaciones? ¿Cuáles son las verdaderas tradiciones de nuestra corriente?

CC: En lo que hace a quienes nos reivindicamos de la herencia del bolchevismo y del trotskismo son acusaciones que se enfrentan a toda nuestra historia de lucha. Los bolcheviques se hicieron enfrentando los pogromos antijudíos en la Rusia zarista. El nazismo se construyó contra los “judíos bolcheviques”. Quizás una de las muestras más claras de la regresión que significó el stalinismo fue que en su persecución contra Trotsky reeditó los prejuicios antijudíos del zarismo. En la segunda guerra mundial, los trotskistas polacos de origen judío que editaban el periódico Czorwony Sztandard participaron activamente en la gran gesta que fue el levantamiento del gueto de Varsovia, mientras las tropas de los aliados se negaban a bombardear las vías férreas que transportaban a los prisioneros judíos a los campos de exterminio y Stalin detenía el avance de sus tropas permitiendo el aplastamiento del gueto. No podemos dejar de mencionar a Martín Monath, joven militante trotskista judío alemán infiltrado en las filas del ejército alemán, finalmente fusilado por los nazis. Un joven Ernest Mandel, hijo de emigrantes judíos de Polonia cuyo padre había estado en la Liga Espartaquista dirigida por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, escapó dos veces de los campos de concentración nazis, donde había sido llevado por su actividad en la resistencia contra la ocupación en Bélgica. Toda esta tradición de lucha contra el nazismo y contra el antisemitismo forma parte de nuestro ADN, tanto como enfrentar toda forma de opresión y dominación colonial como la que ejerce Israel sobre el pueblo palestino. De ahí la oposición de la IV Internacional a la partición de Palestina votada por la ONU en 1947 que dio base a la fundación del estado israelí.

La campaña de criminalización contra quienes critican al Estado de Israel e internacional ya tiene algunos años. Es un intento de igualar cualquier crítica a un ataque antisemita ¿Podés explicar de qué se trata este intento y cómo ha venido avanzando?

CC: Previamente al genocidio realizado por los nazis contra el pueblo judío, así como contra comunistas, gitanos y otros pueblos, el sionismo constituía una fuerza muy minoritaria dentro del pueblo judío y los judíos de izquierda lo consideraban como una forma de nacionalismo reaccionario. Su peso posterior devino de su alianza con las potencias imperialistas y del apoyo que lograron también de Stalin, en los mismos momentos que aumentaban las persecuciones antijudías en la Unión Soviética, para la partición de Palestina y la fundación del Estado de Israel. Este se creó sobre la base de una premisa completamente falsa: “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Pero lo cierto es que había un pueblo que allí vivía y que fue expulsado a sangre y fuego, como han documentado también los llamados “nuevos historiadores” israelíes, demostrando la falsedad de los mitos de origen del estado sionista.

Toda la cobertura que daba a la política colonialista israelí el sionismo de izquierda se ha desvanecido con el brutal giro a la derecha de la política israelí que tan claramente expresa Netanyahu. Quienes hoy se emblocan con el Estado de Israel lo hacen con una política de colonialismo y apartheid. Decir que “Israel es la única democracia de Medio Oriente”, como algunos plantean para justificar su apoyo al estado sionista, sería como haber considerado a la Sudáfrica del apartheid dirigida por el blanco Partido Nacional como “la única democracia del continente africano”. Lo mismo el argumento que busca justificar el apoyo a Israel en el carácter islamista de Hamas. Obviamente no compartimos ni la ideología, ni el programa ni los métodos de Hamas. Pero hacemos esta crítica desde el apoyo incondicional a la lucha del pueblo palestino por su autodeterminación y de la defensa de su derecho a la resistencia frente a los ataques del estado colonialista israelí.

En su momento señalamos que la salida de “dos estados” establecida en los “Acuerdos de Oslo” y sostenida por la Autoridad Nacional Palestina, heredera de la antigua OLP, era un engaño. No nos equivocamos. El supuesto “estado” palestino según estos acuerdos no tenía unidad territorial e incluía un enclave de asentamientos de colonos protegidos por el ejército israelí. Desde entonces no han hecho más que multiplicarse los colonos judíos que desplazan a la población palestina. En 2018 se proclamó el carácter puramente judío del estado israelí, con una formulación aún más segregacionista que la de la Constitución fundacional. ¿Qué diríamos si el Congreso de Estados Unidos vota que el suyo es un estado blanco y protestante? Lo peculiar es que los mismos que cuestionan el carácter confesional de Irán, por ejemplo, no hacen lo propio con el Estado de Israel. De ahí que nuestro planteo es que la única salida progresiva para terminar con el apartheid, la colonización y el racismo es un estado único, laico y no racista en el territorio de la Palestina histórica, donde pueden convivir de manera democrática y pacífica y con plenos derechos culturales y religiosos árabes y judíos, y también para quienes se reivindican cristianos y otros pueblos que habitan el territorio.

Planteamos que esa perspectiva solo será posible en una Palestina socialista porque, como demostró Sudáfrica luego del fin del apartheid, aunque la población negra consiguió derechos políticos la gran mayoría sigue siendo explotada y oprimida por no cuestionarse las bases capitalistas del estado, con el poder económico en manos de los antiguos racistas y un sector de nueva burguesía negra. Sin liquidar las bases materiales de la opresión y la explotación no habrá verdadera igualdad y convivencia democrática entre los pueblos. Por eso sostenemos contra el proyecto colonizador del sionismo y el Estado de Israel aliado al imperialismo norteamericano, y contra las reaccionarias burguesías árabes y las variantes islamistas, como Hamas, que proponen la creación de estados confesionales la lucha por un gobierno obrero y campesino en la Palestina histórica y una federación socialista en el Medio Oriente.




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