Internacional

Injerencia imperialista

Con el visto bueno de Estados Unidos asume Ariel Henry como primer ministro de Haití

Con el visto bueno del imperialismo, asumió el cargo Ariel Henry reemplazando a Claude Joseph. Luego de que el grupo de contacto liderado por Estados Unidos le quitó el apoyo al ex al primer ministro al que había apoyado en primera instancia tras el asesinato del presidente Jovenel Moise.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Martes 20 de julio | 12:00

Ariel Henry: nuevo primer ministro de Haití

Si quedaban dudas sobre el nivel de injerencia imperialista en la política interna de Haití, este nombramiento las despejan por completo.

En medio de una fuerte disputa por el liderazgo en el país tras el asesinato del presidente Jovenel Moise, el pasado 7 de julio, Claude Joseph se había proclamado primer ministro interino, teniendo en ese momento el respaldo de Estados Unidos.

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Sin embargo, la situación cambió este fin de semana cuando el grupo de contacto (Core Group) liderado por Estados Unidos y conformado por varios países le restó apoyo a Joseph forzando su renuncia para entregar el poder al Ariel Henry, que había sido indicado por Moise como primer ministro antes de su asesinato, aunque nunca había sido oficializado.

El pasado sábado Henry recibió el respaldo expreso de Naciones Unidas, la OEA y de un grupo de potencias extranjeras para formar Gobierno. El grupo de los seis embajadores que forman el Core Group (Estados Unidos, Francia, España, Brasil, Alemania y Canadá) decidieron el sábado quién debe encabezar y cómo debe ser el nuevo gobierno de Haití.

Tras la decisión el "traspaso de poder" tendrá lugar este martes y está previsto que Claude Joseph permanezca en el nuevo Gobierno liderado por Henry, en el cargo de ministro de Exteriores.

Estallidos sociales, fragmentación política y lucha por el poder

Al margen de la brutalidad con la que queda expuesta esta injerencia sobre Haití, Estados Unidos también busca evitar nuevos levantamientos sociales en una región cruzada por las revueltas y estallidos en medio de la crisis económica, social y sanitaria agudizada por la pandemia.

Haití ya viene de protagonizar muchos de estos estallidos, el último y más importante de ellos en febrero de este año cuando Moise se negó a renunciar al cargo a pesar de que amplios sectores de la oposición consideraban que su mandato había finalizado.

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Ante este escenario, con la posibilidad de nuevos estallidos latentes y con una casta política fragmentada, la injerencia imperialista pretende una solución de "consenso", como quedó plasmado en el comunicado emitido tras la reunión de embajadores del sábado. Allí el grupo pidió la formación de "un Gobierno de consenso e inclusivo" y animó "encarecidamente" a Henry a continuar con "la misión que se le ha encomendado para formar dicho Gobierno".

Esa empresa, sin embargo, no parece sencilla de cumplir. Los principales referentes de la oposición y organizaciones sociales criticaron el respaldo de estos países a Henry e insistieron con un nuevo gobierno interino desvinculado de los partidos políticos tradicionales de Haití. También señalaron que no reconocerían como líder interino a nadie que hubiera sido nombrado por Moïse, como es el caso de Henry.

Por su parte la mayoría de los únicos 10 senadores que habían quedado en su cargo tras el cierre del parlamento propiciado por Moise en 2020, también rechazaron el acuerdo entre Claude Joseph y Ariel Henry y votaron a su propio candidato. Propusieron a Joseph Lambert, actual jede del Senado, como presidente interino del país. Aunque Lambert no pronunció palabra, y de hecho es rechazado por Estados Unidos, la propuesta del Senado muestra la fragmentación política y las luchas por el poder.

La muerte de Moise planteó un problema sucesorio, puesto que al haber ocurrido cerca del final de su mandato, la Constitución prevé que el Parlamento debe elegir un jefe de Estado interino para terminar el periodo presidencial. Esto fue imposible por el golpe que Moise le dio al parlamento al cerrarlo virtualmente en 2020. Por su parte el presidente de la Corte Suprema que podría haber sido otra de las figuras en la línea sucesoria falleció recientemente por Covid.

La trama oscura del asesinato de Moise

A esta injerencia directa sobre la sucesión de Moise, se suma el aún oscuro episodio en el que ocurrió el asesinato del exmandatario. Por este hecho se detuvo a al menos 26 exmilitares colombianos, todos ellos formados por Estados Unidos y dos ciudadanos estadounidenses, uno de ellos con lazos con la agencia de drogas, DEA.

La investigación llevada a cabo con la "ayuda" de Estados Unidos tiene como principal hipótesis una trama bastante extraña que vincula a un médico y pastor de 63 años, un vendedor de equipos de seguridad y un agente hipotecario y de seguros en Florida. Ninguno de ellos con capacidad ni contactos para realizar semejante operación por su cuenta ni menos aún para hacerse del poder en Haití. En medio de ella, sin embargo, aparece el nombre de Antonio Intriago, propietario de la empresa privada de seguridad y equipamiento que contrató a los antiguos comandos colombianos y los llevó a Haití.

Intriago sería socio de Alfred Santamaría, excandidato por la alcaldía de Miami Dade y que fue apoyado en su momento por el presidente Colombiano Iván Duque.

Si bien, esto no explica que Duque esté involucrado directamente, si muestra el grado de connivencia entre la política y el paramilitarismo, con el respaldo estadounidense, que durante años fue moneda corriente en Colombia y que, ahora, puede estar actuando "libremente y a demanda" en otros países.

Puede que este entramado y la participación de diferentes autores haga que la investigación sobre el asesinato de Moise termine quedando en el olvido, mientras negocian un nuevo gobierno para la isla.
Esta nueva injerencia directa de Estados Unidos y otras potencias, respaldada por la golpista OEA y por la ONU, responsable de la misión humanitaria que fue denunciada por violaciones, asesinatos y torturas, no puede más que traer más miseria y frustración al pueblo haitiano. Estados Unidos es responsable mediante la intervención militar y política directa e indirecta de la degradación de las condiciones sociales, económicas y políticas en la isla. Este hecho no es más que un nuevo episodio de esa intervención imperialista.






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