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Con más de 40 000 contagios diarios el Gobierno francés pierde el control de la pandemia

Con las terapias intensivas saturadas, el personal sanitario exige al gobierno medidas inmediatas y un plan que permita bajar la presión a la que se ven sometidos.

Lunes 29 de marzo | 19:33

Luego del primer año de pandemia marcado por los escándalos sanitarios, desde la falta de mascarillas, pasando por los tests, hasta una estrategia de vacunas cuya lentitud desafía todo lo esperable, el gobierno de Emmanuel Macron sigue sin dar respuesta ante una nueva ola de contagios.

Con días que superan los 40.000 y el número de enfermos en las unidades de cuidados intensivos aumentando, este lunes llegó a los 4.974, una cifra que supera al pico de 4.903 registrados durante la segunda ola de la pandemia, según datos de la agencia sanitaria francesa.

Los médicos exigen a las autoridades cambiar su estrategia y no forzarlos a decidir, en menos de dos semanas, quién vive y quién muere en las terapias intensivas de los hospitales franceses.

Este lunes un grupo de nueve médicos publicó en el diario Le Monde un artículo donde remarcan que "es hora de que el Ejecutivo asuma clara y públicamente las consecuencias sanitarias de sus decisiones políticas".

En otro artículo publicado en el Journal du Dimanche otros médicos aseguran que se vive “una situación de medicina de catástrofe”. “En los próximos 15 días” -estiman los médicos en su solicitada- ya sabemos que nuestra capacidad para hacernos cargo se verá desbordada”.

Cuarenta directores médicos del sistema de salud pública de París (AP-HP) advirtieron durante el fin de semana que se enfrentan a una “catástrofe médica”, a medida que se agotan las camas de cuidados intensivos. Se están preparando para elegir qué pacientes salvar, evocando el fatídico término "triaje", que provoca escalofríos en el partido gobernante. Es lo que sucedió en Bérgamo hace un año cuando Italia fue sorprendida por la pandemia de Covid. Hay menos excusas políticas para dejar que suceda un año después.

Los hospitales se ven forzados a trasladar a sus enfermos a otras regiones en helicópteros o trenes sanitarios para descomprimir las terapias. A causa de las variantes y sus rápidas mutaciones, los enfermos permanecen más tiempo en terapia intensiva que antes.

Otra situación que encendió la alarma son los contagios en escuelas y liceos. El gobierno se niega a cerrarlos, pero aclaró que si se da un contagio cada escuela debe cerrar varias semanas. El liceo Eugene Delacroix de Sainte Denis tiene 20 clases suspendidas y hay más de 3.000 clases cerradas en el país.

Los médicos afirman que cada vez más jóvenes están contagiados, con síntomas leves, pero preocupa la transmisión a los adultos. “Tengo padres hospitalizados juntos, cuyos hijos van a una misma clase”, afirma un médico.

"Vamos a chocar contra el muro", advirtió la profesora Catherine Hill, decana de los epidemiólogos franceses. “Ya estamos saturados y se ha vuelto totalmente insostenible. Ya no podemos aceptar pacientes que no sean de Covid. Es una locura". La profesora Hill afirmó a la Radio France Info que la política del presidente Macron de ganar tiempo es nada menos que una "estrategia de muerte".

La profundización de la crisis es lo suficientemente grave como para retrasar la reapertura económica hasta mediados de año, lo que inflige agravaría la crisis en la economía.

El gobierno francés no logra disimular su falta de plan capaz de hacer frente a esta tercera ola del Covid. Las variantes sudafricana y brasileña avanzan en el Grand Este y la Ile de France y el norte del país está seriamente afectado por la mutación británica. Son esas mutaciones del virus las que han provocado esta nueva crisis.

El jefe de Estado insiste en un cálculo político que afecte su imagen, pero tras un año de gestión de la crisis sanitaria, Macron nos ha llevado a una situación dificilísima que termina en una nueva cuarentena.

Ante la situación actual, que está llevando a un desborde de los hospitales, y sin responder a los requerimientos gubernamentales, es más que necesario oponer nuestra solidaridad colectiva desde abajo para evitar miles de muertes.

En este contexto, al tiempo que se denuncian las modalidades represivas que el gobierno intentará imponer, también es necesario un plan alternativo para luchar realmente contra la epidemia, respetando al máximo los protocolos sanitarios pero también desarrollando los propios, que garanticen la seguridad de los trabajadores y sus familias por sobre las ganancias de las empresas. Esto también requerirá la requisición inmediata de las empresas farmacéuticas, así como el levantamiento de las patentes para liberar la vacuna, la única forma real de acabar con la epidemia.






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