Economía

CRISIS

Desplome histórico de la economía española con una caída del 18,5% del PIB en el segundo trimestre del año

Debido a las restricciones derivadas de la pandemia y al cierre económico, de marzo a mayo se volatilizó una cuarta parte del PIB. La economía del Estado Español entra por tercera vez en recesión en el siglo XXI.

Jose Lavín

Madrid

Viernes 31 de julio | 12:40

La actividad se ha reducido en un 22,1% durante el último año. El PIB sufre un desplome del 18, 5% en el segundo trimestre. El rescate europeo adelanta nuevas ofensivas contra la clase trabajadora y abren la puerta a una posible agudización de la lucha de clases.

El consumo de los hogares se hundió un 21% en el trimestre, retrocediendo a los niveles de 2002, y la inversión productiva se redujo un 26%. El comercio y la hostelería perdieron el 40% de su valor añadido. La actividad se redujo un 22,1%. Con este descenso la economía española suma dos trimestres consecutivos con el PIB en negativo y, por tanto, entra en recesión técnica. Hasta ahora los mayores retrocesos trimestrales del PIB habían sido el del primer trimestre de este año (-5,2%) y el del primer trimestre de 2009 (-2,6%). En la serie del INE que arranca en 1970 no existen cifras similares. En los peores momentos de la crisis de Lehman Brothers, la caída anual del PIB nunca llegó a superar el 4,5%. En la crisis de 1993 el retroceso fue de un punto. Tan sólo encontramos una caída comparable a la actual remontándonos hasta la Guerra Civil, con un hundimiento de la economía del 26,8% anual en 1936. Nos encontramos en el umbral de una crisis histórica.

El diario El País afirma que “para dar una noción de las magnitudes, si estas cifras se prolongasen durante todo un año, la producción del país se recortaría salvajemente en un 70%”. Sin embargo, el paulatino relajamiento de las restricciones se reflejó en una cierta recuperación. En estos dos trimestres de recesión, la economía española ha dejado de producir casi 87.000 millones de euros con respecto a los niveles previos a la crisis. Una cuantía equivalente al mantenimiento de toda la sanidad pública durante un año.

El INE señala que el empleo, en términos de horas trabajadas, registra una variación intertrimestral del -21,4%. Las empresas detuvieron la inversión en maquinaria y bienes de equipo, que se redujo un 26%, situándose en los niveles de 1998. Las exportaciones también se hundieron, como consecuencia de la dependencia hacia el sector del automóvil y el turismo las ventas al exterior cayeron un 33,5%. Las importaciones, muy ligadas a las exportaciones, sufrieron un descenso del 28%. Por sectores únicamente crece la agricultura con un 4,4% trimestral, y la banca, con un 3,4%. La industria pierde un 18,5%; la construcción, un 24,1% y los servicios, un 19,1%. Dentro de los servicios, es en el comercio, el transporte y la hostelería donde se da el mayor descenso: un 40,4% en un solo trimestre. El sector de entretenimiento y arte sufrió un desplome del 34%.

La caída es mayor que la experimentada por otros países. El Estado Español se sitúa a la cabeza de Europa en deterioro económico. Italia registró una contracción del 12,4% entre abril y junio. Alemania ha experimentado un retroceso del 10,1% de su actividad, EEUU un 9,5% y Francia un 13,8%. Si bien estas cifras no aportan información cualitativa sobre las repercusiones en el deterioro de las condiciones de vida de los y las trabajadores de los respectivos países, ponen de manifiesto la debilidad de la economía del Estado Español. Un sector productivo dependiente del turismo, el automóvil, la construcción y servicios que precisan de la interacción humana. “Teniendo en cuenta las perspectivas del turismo internacional, que representa en torno a un 9% en el PIB con el efecto arrastre, el escenario central de previsiones se ha vuelto más pesimista”, explica el economista Pedro Antonio Merino. En agosto de 2019 entraban a nuestro país 10 millones de turistas con 12.000 millones de euros. Esta vulnerabilidad de la economía se explica, por tanto, por la propia política seguida por las patronales y sus gobiernos tras las reformas neoliberales de finales del siglo pasado.

El acuerdo alcanzado en el último Consejo Europeo consiste en un paquete de reconstrucción (o rescate) “post-Covid” de 750 mil millones, un plan de inyección masiva de dinero y créditos para tratar de evitar una caída estrepitosa de la economía europea y, al mismo tiempo, tratar de evitar las fuertes tendencias a la fragmentación geopolítica en su interior. El fondo de 750.000 millones de euros se basa en la emisión de bonos, nuevo endeudamiento. El fondo se va a componer de 390.000 millones de euros en subvenciones directas (el 52% del total) y 360.000 en préstamos (el 48%).

En lo que coinciden todos los gobiernos, desde la derecha como Macron, Rutte o Merkel, hasta los progresistas como Sanchez, es que este paquete de ayudas se debe dirigir hacia las grandes empresas de sectores como el turismo o el automóvil. De nuevo una socialización de las pérdidas de empresas que llevan décadas haciendo beneficios milmillonarios a costa de avanzar sobre los derechos de los trabajadores.

Para devolver la deuda conjunta se implementarán nuevos impuestos comunitarios. Después cada Estado tendrá que devolver su propia deuda, algo que en el caso de Italia y el Estado español sitúa la deuda pública en niveles nunca vistos y que los condiciona a avanzar en nuevos planes de ajuste como pudieran ser contareformas laborales o del sistema de pensiones a cambio de los fondos europeos.

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En el desembolso de fondos, las condiciones para acceder a los créditos y las subvenciones, que supervisará el Consejo a cambio de planes de reformas, será un elemento de tensión. El Estado español recibirá 140.000 millones del fondo de recuperación. 72.700 millones en subsidios directos y el resto en préstamos, que se harán efectivos entre 2021 y 2022. La aplicación del fondo aumentará, de este modo, el endeudamiento del Estado Español, limitando aún más sus presupuestos, y condicionando cualquier tipo de políticas “sociales”, presionando a futuro por nuevas reformas a favor de las empresas multinacionales y contra los derechos de la clase trabajadora. Ofensivas del capital contra los trabajadores que serán rubricadas por el “gobierno progresista”.

Nada tienen que ganar los trabajadores y los pueblos oprimidos con estos pactos de la Europa del capital. Pero tampoco son alternativa los discursos que proponen, por derecha o por izquierda, el falso retorno a "soberanías nacionales" en los Estados imperialistas. La lucha internacionalista por programas anticapitalistas y de independencia de clase, por gobiernos de la clase trabajadora y por los Estados Unidos Socialistas de Europa son el único horizonte progresivo ante esta crisis.






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