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Red Internacional

Un recorrido por los motivos de la conmemoración esta fecha, enmarcada en la campaña de visibilización de la enfermedad transmitida por el mosquito Aedes Aegipti

Jueves 26 de agosto | Edición del día

¿Qué es la enfermedad del Dengue?

El Dengue es una enfermedad causada por un virus, el “virus del dengue” o DENV, y transmitida por mosquitos, generalmente por la especie Aedes aegypti, que también transmite otras enfermedades como el Zika o el Chikungunya. Se conocen cuatro serotipos, o variaciones dentro de la subespecie del virus: DENV-1, DENV-2, DENV-3, DENV4. Y el mosquito es lo que se conoce como “vector”: transmite el virus cuando pica a una persona luego de haber picado a otra ya infectada.

Dependiendo de cómo se desarrolle la enfermedad, el espectro de síntomas es muy variable, pudiendo expresar desde síntomas leves (dolores oculares, fiebre, cansancio, síntomas similares a una gripe) hasta desarrollarse a en cuadros mas complicados e incluso la muerte en los casos de dengue grave.
En la mayoría de los casos la enfermedad se transita de forma leve, pero en los casos de reinfecciones puede complicarse hacia cuadros de dengue grave. Esto se da generalmente cuando una persona se re-infecta pero con otras de las variantes del virus.

A nivel internacional, la OMS informó en junio del 2020 que “en las últimas décadas ha aumentado enormemente la incidencia del dengue en el mundo. Alrededor de la mitad de la población del mundo corre el riesgo de contraer la enfermedad. Si bien se estima que cada año hay entre 100 y 400 millones de infecciones, por lo general más del 80% de estas infecciones son leves y asintomáticas.”

Asimismo, señala que “se ha multiplicado por 8 en las dos últimas décadas, desde 505 430 casos en el año 2000 a más de 2,4 millones en 2010 y 4,2 millones en 2019. Las muertes notificadas entre el año 2000 y 2015 pasaron de 960 a 4032.”
Esta tendencia de subida de casos también impacta en la Argentina, veamos.

Dengue en Argentina, ayer y hoy

El primer caso de dengue reportado en Argentina data en 1916, momento en que afectaba a toda Centro y Sudamérica. En la primera mitad del siglo xx, por medio de la campaña de erradicación de la fiebre amarilla, se logró disminuir solapadamente los casos de dengue en Argentina.

A partir de 1997 se detectaron 20 casos de la enfermedad importados de los países limítrofes y al año siguiente los casos pasaron a ser 300 contagios autóctonos. En los años siguientes el aumento fue ininterrumpido, teniendo hasta la fecha picos de contagio en los años 2009 (26 923 casos y 3 muertes), 2016 (76 803 casos y 11 muertes) y 2020 (59 277 entre casos confirmados y sospechosos, y 25 muertes).

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Las zonas más afectadas por la suba de contagios de dengue son las regiones del Noroeste Argentino (NOA) Salta, Jujuy, Catamarca, San Luis, seguido por el Noreste Argentino (NEA) fuerte impacto en Misiones, Chaco, Formosa, Santa Fe, y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Según el SNVS se notificaron desde finales del 2019 hasta abril de 2020 43 497 casos con sospecha de dengue u otros arbovirus. Fuente: Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS) e información provista por referentes provinciales.

Según el informe 493 del sistema de vigilancia del Ministerio de Salud, en los períodos desde la semana 31/2019 a la semana 15/2020, “Con lo notificado hasta el momento, la provincia de Misiones registra la mayor incidencia acumulada del período con 207,5 casos por cada 100 mil habitantes, seguida por La Rioja, Jujuy y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con tasas de 166,9, 131,5 y 120,5 respectivamente.”

En varios informes se menciona que una de las causas de la transmisión del dengue es el mayor acceso de viajes y traslado de personas, por el mayor acceso de rutas aéreas y movilidad. Otra de las causas que se suele adjudicar tiene que ver con permitir reservorios donde los mosquitos se reproducen, elementos que puedan contener agua, como baldes, tarros, etc., motorizando campañas de responsabilidad individual.

Pero si bien la dispersión del dengue en el norte y centro argentino es multicausal (por condiciones climáticas, ecosistema, introducción del virus por viajes, etc.), el enfoque de la “responsabilidad individual” oculta deliberadamente un hecho más profundo y estructural: el alarmante incremento de casos desde fines de los años 90 hasta la fecha, tienen relación directa con los modos de explotación del suelo y ecosistema de la pampa y norte argentino. Y el factor principal se trata de un viejo conocido: el agropower sojero.

La soja y la plata se van,el dengue y los agrotóxicos nos quedan

En un documento publicado por el ingeniero agrónomo Alberto J. Lapolla, éste expresa que ”el crecimiento desusado de la población de mosquitos es la causa principal de la expansión de la epidemia del dengue según señalan la mayoría de los especialistas y su relación con los agrotóxicos de la soja es casi directa.”

¿Cómo se da concretamente esta relación? Lapolla explica que “la sojización mantiene una doble línea de influencia sobre la expansión del dengue. Por un lado el complejo de agrotóxicos utilizados para el sistema de la Siembra directa-sojaRR, se basa en el uso masivo de glifosato, endosulfán, clorpirifos, 2-4-D, atrazina, paraquat, y otros pesticidas. Todos poseen una fuerte acción devastadora sobre la población de peces y anfibios, predadores naturales de los mosquitos, transmisores del dengue y la fiebre amarilla”.

Por supuesto, si avanzamos más allá de este mecanismo encontramos, al final del recorrido, los intereses millonarios de los empresarios rurales en complicidad del Estado. El avance de estos agronegocios se da a costa de destruir el equilibrio natural del ecosistema, acelerando nuevas formas de propagación de los vectores y las enfermedades que conllevan. Por eso no es casual que las zonas donde hay mayor número de casos de dengue sean las zonas más afectadas por el agronegocio.

Tampoco es casual que la coincidencia entre los años de los picos de crecimiento de dengue y el boom sojero: en 1996, durante el gobierno peronista de Menem y por designación del entonces secretario de Agricultura Felipe Solá (actual Ministro de Relaciones Exteriores) se autorizó la soja transgénica RR de Monsanto, y a partir de allí el agronegocio arrasó con el suelo y fauna de nuestro país llegando hasta por lo menos 5 millones de áreas desmontadas, de los cuales el 95% se usa para el monocultivo de soja transgénica resistente al glifosato.

Como vimos, el dengue (así también cómo otras enfermedades de transmisión por vectores zoonóticos) y su peligrosa expansión en el territorio están relacionados intrínsecamente con los sistemas productivos que corrompen el ecosistema. Las campañas de “descacharrar” en las temporadas donde el mosquito se reproduce son parte del cuidado, pero esto no es suficiente si desde el Gobierno y el empresariado del campo se destruyen año a año millones de hectáreas, se erosionan los suelos por los agrotóxicos y modifican el metabolismo de la naturaleza.

Cualquier relación con el coronavirus NO es pura coincidencia. Ambas son consecuencias propias de la industrialización capitalista de los territorios. Pero en nuestro país esta irracionalidad se ve con un solo ojo: el que ve necesario saquear y contaminarlos para conseguir dólares que enriquecerán los bolsillos de los empresarios y para el pago de la fraudulenta deuda al FMI, mientras los afectados por éstas enfermedades son los sectores populares, el pueblo trabajador, las vecinas y vecinos de los pueblos rurales o los barrio de bajos recursos. Terminar con el dengue implica visibilizar y terminar con sus causas estructurales.

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Fuentes:

Informe OMS

informe Dra. Griselda Berberiana

Lapolla, E., “Argentina: sojización y dengue, una mancha más para el complejo sojero”.

Informe SAP




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