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Red Internacional

Se estrenó la adaptación cinematográfica de la novela de Samanta Schweblin en Netflix. Maternidad, miedos universales y terrores contemporáneos. Columna de Cultura en El Círculo Rojo (jueves de 22 a 24 por Radio Con Vos FM 89.9.)

Celeste Murillo@rompe_teclas

Viernes 15 de octubre | Edición del día

· La plataforma Netflix estrenó Distancia de rescate, la adaptación cinematográfica de la novela de 2014 de la escritora argentina Samanta Schweblin.

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· Distancia de rescate cuenta la historia de dos mujeres Amanda y Carla (Carola en la película) y explora temas universales como la maternidad, el miedo a que le pase algo a tus hijos e hijas o alguien que cuidás, y temas contemporáneos como los agrotóxicos y el desastre ambiental que provoca el capitalismo.

· Parecen temas sin relación entre sí pero en Distancia de rescate se mezclan todos esos temas en un género que podríamos definir de suspenso o terror psicológico. Terror sin sangre ni sobresaltos, pero inquietante de principio a fin.

· La adaptación cinematográfica está dirigida por Claudia Llosa, una directora peruana (La teta asustada, una película sobre las violencia sexual contra las mujeres utilizada en el contexto del conflicto político en Perú). El guión está escrito por ella y la propia Samanta Schweblin.

· La película, igual que el libro, empieza con la voz de David, un narrador que no conocemos y en el que no sabemos si podemos confiar. Escuchamos a Amanda que le pregunta dónde está su hija, que le dice que no pensaba que iba a estar tan poco nerviosa cerca de la muerte. No sabemos si ella está secuestrada o está soñando. ¿Lo que pasa es real o es parte de su imaginación?

· Amanda (María Valverde) llega a un pueblo de la provincia de Buenos Aires con su hija Nina. Conoce a Carola (Dolores Fonzi), una mujer cautivante y extraña que enseguida le llama la atención. Carola le dice que ella también tiene un hijo (o tenía), pero no quiere contarle la historia de David porque si sabe la verdad, no va a querer verla más ni dejará jugar juntos a sus hijos.

· En las charlas entre Amanda y Carola aparece el tema de la “distancia de rescate”. Amanda la explica sencillamente: “Yo siempre pienso en el peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara”.

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· Carola le cuenta lo que pasó con su hijo e introduce algo muy interesante de la literatura de Samanta Schweblin, una mezcla de realidad con detalles fantásticos pero verosímiles, que te hacen dudar todo el tiempo. Un caballo muere misteriosamente, un nene se enferma y una curandera lo salva pero pierde la mitad del alma. No sabe si su hijo es su hijo o es alguien más y, sin decirlo, se hace la pregunta aterradora, si lo sigue queriendo, le teme o las dos cosas.

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· En esa trama aparece la pregunta de qué estarías dispuesta a hacer si tu hijo o hija están en peligro y el femenino no es azaroso en la pregunta. Porque en la novela como en la película, en los momentos límite, las mujeres cargan solas la responsabilidad.

· Me detengo importante: esa responsabilidad desproporcionada tiene menos que ver con la posibilidad biológica de reproducir la vida que con la obligación social de la crianza y el cuidado infantil. En Distancia de rescate las dos protagonistas son madres en soledad, de formas distintas. Amanda porque su marido está lejos por trabajo y Carola porque su marido está pero es como si no estuviera.

· De la naturalización de esa “responsabilidad” en soledad surgen los prejuicios de la “mala madre”, ¿o no se culpa casi exclusivamente a las mujeres cuando un niño o una niña se lastima, sufre o muere? Aunque las condiciones escapen absolutamente a su control. Esto tiene consecuencias en la vida real. Sin ir demasiado lejos, Yolanda Vargas, una mujer salteña cuyos hijos murieron cuando se incendió la casa de madera en la que vivían mientras ella trabajaba fue acusada de homicidio agravado por el vínculo.

· A medida que avanza el relato, Amanda descubre que su esquema de “distancia de rescate” puede ser obsoleto cuando el peligro no se puede ver ni tocar.

· Si leyeron el libro, quizás encuentren algunas historias con más peso en la película, como la atracción que ejerce Carola sobre Amanda, imágenes muy fuertes que retratan un momento, como una de Amanda fumando un cigarrillo en su Torino mientras pasa un caballo u otras que imaginamos de otra forma.

· Samanta Schweblin dice en una entrevista que la literatura no necesita acercarse al cine para ser visual, que cuando alguien lee “se miró los zapatos” vos como lector pensás concretamente en unos zapatos, en las decisiones del lector vive la literatura. En eso, el cine es más limitado porque solo hay un par de zapatos, que elige la directora. Una buena definición para hablar del equilibro entre original y adaptación.

· Si no leyeron el libro, aprovechen para entrar en el mundo de Samanta Schweblin, en el que entrás desprevenido y de repente crees que es lo más normal del mundo que una nena se coma un pájaro vivo o ser parte de la vida de alguien como un peluche a control remoto.

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