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Ecuador: continúa la persecución gubernamental a medios alternativos y opositores

En estos días la persecución contra los medios de comunicación alternativos ha pegado un salto en Ecuador, en el contexto de la política represiva de Lenín Moreno. Este último martes, uno de los principales colaboradores de la “Revista Crisis” fue amenazado por policías en su propio domicilio.

Miércoles 27 de noviembre de 2019 | 22:31

La enorme movilización de principios de octubre, que protagonizó el pueblo ecuatoriano contra las medidas de ajuste del gobierno de Moreno, hizo retrocer el aumento en las naftas.

Pero ahora (en gran medida gracias a que las organizaciones sindicales no llevaron adelante un plan de lucha contra el conjunto de esos planes), Lenin Moreno, con apoyo de las oligarquías, ha desatado una tormenta de persecuciones, censura y represión que amenaza con convertirse en una estrategia a largo plazo para poder apuntalar su debilitado poder político.

El relato gubernamental intenta “explicar” la enorme respuesta social del pueblo ecuatoriano mediante la teoría de la conspiración. De esta manera, con ayuda del Poder Judicial se empezaron a perfilar las acusaciones contra medios, movimientos sociales y opositores políticos. Los delitos que se les atribuye son los de “sedición” e “intento de golpe de estado”.

Las primeras semanas, mientras aun se celebraban las rondas de negociaciones con el movimiento indígena y los sindicatos, se produjeron diversas órdenes de búsqueda y captura contra varios de los líderes del movimiento político ligado al ex presidente Correa.

Después la persecución se dirigió contra los líderes de los movimientos sociales, con amenazas explicitas por parte del Gobierno hacia los mismos.

Ahora son los medios de comunicación los que parecen estar en el punto de mira del aparato estatal. A Rusia Today (RT), televisión financiada por el gobierno de Putín, le han cortado sin aviso previo la emisión del canal.

RT está lejos de poder considerarse un medio alternativo, pero fue una de las pocas televisiones con señal en Ecuador que informó de las movilizaciones, así como de la feroz represión por parte de la Policía y los militares contra los manifestantes.

Casos parecidos tuvieron lugar contra TeleSur o HispanTv, que sufrieron bloqueos informativos durante los sucesos de octubre. El Gobierno atribuía el supuesto intento de golpe de Estado a una imaginaria intervención rusa y venezolana, como principales promotores, de ahí el ataque a estos medios.

Sin embargo, esta tesis sostenida por Lenin Moreno y su gabinete, contrasta fuertemente con el hecho de que sean los medios alternativos los que más duramente están siendo perseguidos.

Es el ejemplo de lo sucedido el pasado martes con uno de los redactores principales de la Revista Crisis en Ecuador, Carlos Pazmiño, quien fue asaltado en plena noche en su casa por parte de la Policía de operaciones especiales. Estos entraron de forma amenazante; y como el periodista relata se trató de una operación política con la intencionalidad de recabar información y sobre todo de aplicar un escarmiento y generar miedo.

En los días de más bloqueo informativo, con la complicidad obscena de los grandes medios de comunicación, eran precisamente la Revista Crisis, Wambra y otros muchos pequeños medios los que con un gran esfuerzo lograron romper el cerco mediático impuesto por el Gobierno.

Lenin Moreno, como otros mandatarios que están pasando por situaciones parecidas en América Latina, no olvidan el papel que jugaron los activistas que sostienen estos medios y ahora descarga su represión sobre quienes se pusieron del lado de los intereses del pueblo pobre en aquellos momentos de agudo enfrentamiento con el Estado.

Desde la Red de diarios de La Izquierda Diario nos solidarizamos con todos los medios que soportan estas arremetidas represivas por parte de gobiernos y regímenes que solo intentan defender los intereses de clase de una minoría privilegiada.

En Chile y en Bolivia son nuestros compañeros militantes de La Izquierda Diario los que cada día enfrentan el intento de acallar mediante el ruido de las balas las legítimas demandas de los pueblos.

Porque cuando la lucha de clases avanza, contar la realidad se convierte en un acto revolucionario.






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