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El Gobierno chileno mantiene la represión contra las protestas, que no le dan tregua

Este jueves nuevamente hubo jornadas de protestas en donde se sintió fuerte la represión, especialmente en ciudades como Antofagasta, Valparaíso y Concepción. El gobierno no da tregua, nosotros tampoco podemos dársela. La Mesa de Unidad Social debe tomar la propuesta de los portuarios y convocar ya a una nueva huelga general.

Jueves 21 de noviembre | 23:00

Lejos de la “normalización” que exige el gobierno de Piñera, durante toda esta semana se han realizado movilizaciones en las principales ciudades del país. Junto con el paro de los trabajadores del sector público, se han mantenido las manifestaciones, y también la represión y la resistencia.

Este jueves hubo protestas y se vivió una dura represión especialmente en zonas como Antofagasta, Valparaíso y Concepción. En Antofagasta hubo cientos de heridos con perdigones, pese al anunció oficial que supuestamente las fuerzas de Carabineros suspenderían su uso.

El Gobierno no ha dado tregua a la represión. La “paz” que firmaron los partidos del régimen en la "cocina" (pacto) del Congreso, incluyendo al grueso del Frente Amplio, fue sólo una paz que benefició al gobierno de Piñera. Al día siguiente de ese acuerdo murió Abel Acuña, en plena Plaza Italia de Santiago de Chile, luego de que Fuerzas Especiales reprimiera a las brigadas de socorro y a los trabajadores de la emergencia médica que intentaban reanimarlo.

Casos aberrantes de represión siguen estallando. Este jueves miles de jóvenes se concentraron en las afueras del Mall de Quilicura y se enfrentaron con la policía, respondiendo a múltiples denuncias de que el lugar funcionó como un centro clandestino de torturas de la PDI (Policía de Investigación).

Si el Gobierno no da tregua con la represión, tampoco deben darla las protestas. Porque como demuestran estos días, cualquier respiro para Piñera, rápidamente hace que la derecha se envalentone y vaya por más. Así lo demuestran los dichos de Andrés Allamand (senador por el derechista Renovación Nacional), poniendo en cuestión el propio acuerdo realizado en el Congreso. Así lo demuestran los senadores, que quieren darle un miserable y humillante aumento de pensiones a los jubilados.

Hablan hipócritamente de “paz y acuerdos”, pero lo que queda claro es que harán todo lo posible para evitar que los jubilados tengan pensiones dignas, que haya salud, educación y transporte público y de calidad, porque defienden con uñas y dientes sus privilegios a punta de represión y trampas.

Hablan de Derechos Humanos, pero “rechazan categóricamente” el informe de Anmistía Internacional que sólo confirmó lo que todos saben en Chile: que Carabineros y el Ejército han reprimido “con la intención de dañar y castigar a manifestantes”. Hablan de democracia, pero impulsan una descarada persecución política, como la que vive Dauno Totoro (referente del Partido Revolucionario de los Trabajadores) que fue querellado por la Ley de Seguridad Interior del Estado por decir lo que millones gritamos en las calles: que se vaya Piñera.

Ante esto diferentes sectores le exigen a las principales organizaciones sindicales de la Mesa de Unidad Social que convoquen a una huelga general de 48 horas y un plan de lucha. La Mesa de Unidad Social rechazó el “Acuerdo por la paz y una nueva Constitución”, pero luego de la gran huelga general del martes 12 que dejó a Piñera en el aire, no convocaron a nuevas medidas nacionales para profundizar ese camino. Un ejemplo de continuidad de la lucha utilizando la huelga lo dan los portuarios.

Las resistencia y las protestas siguen, pero si los principales sectores de los trabajadores, concentrados en los puertos, en el transporte, en las minas, en la industria forestal, no imponen una verdadera huelga general, la represión golpeará más duro y los partidos del régimen tendrán el camino allanado para imponer un desvío institucional lleno de trampas, engaños e impunidad. Sólo una huelga general, indefinida y que pare la producción, permitirá que se vaya Piñera e imponer una Asamblea Constituyente realmente democrática, libre y soberana, y no la trampa de “Convención Constitucional” propuesta desde el Gobierno y pactada a espalda de la población en el Congreso.

El Partido Comunista, que tiene peso en sectores estratégicos de los trabajadores, no plantea ningún paso serio en este sentido. Aunque no firmó el “Acuerdo por la paz”, ya anunció que sus esfuerzos estarán en “perfeccionarlo” en el Congreso e impulsar movilizaciones, pero no para que se vaya Piñera, sino para presionar a los parlamentarios por un mejor acuerdo. La acusación constitucional a Piñera es un saludo a la bandera, porque se necesitan los votos de la derecha en el Senado. Un verdadero callejón sin salida.

La fuerza está en los cientos de miles que siguen peleando. En todas y todos esos trabajadores que no están dispuestos a volver a aceptar las humillaciones de los empresarios, como lo demostraron los recolectores de residuos o como los trabajadores del Metro que enfrentan ajustes y despidos. Está en los estudiantes secundarios que siguen impulsando tomas, universitarios y de institutos terciarios que continuán movilizados. La fuerza está también en los trabajadores del sector público, que recibieron un portazo por parte del gobierno a sus demandas.

La fuerza está en las múltiples iniciativas de auto organización, como lo han demostrado trabajadores, pobladores, estudiantes y profesionales de Antofagasta con el Comité de Emergencia y Resguardo; o iniciativas como las brigadas de socorro, las coordinadoras, cordones y asambleas territoriales. Para preparar la huelga hay que multiplicar instancias como los comités de emergencia y resguardo y exigir que las principales organizaciones sindicales los impulsen con asambleas de base y delegados.






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