Economía

OPINIÓN

El gobierno parece haber comprado su propio relato

Confianza excesiva en el poder de los CEO. Primero el sinceramiento, luego el pago a los buitres, después la “lluvia de inversiones”, ahora el blanqueo es la pieza central. ¿Alcanzará para tanto?

Esteban Mercatante

@EMercatante

Sábado 30 de julio de 2016

1. América Latina podemos decir que se encuentra en una situación paradojal. Después del ciclo de gobiernos posneoliberales en varios países de la región, en el último año vemos la sincronía de un nuevo momento, donde se imponen gobiernos que buscan retomar agresivamente la agenda neoliberal. Pero esto ocurre en cierta medida a contramano de las tendencias globales. El Brexit, el triunfo de Trump como candidato republicano (y por izquierda el sorprendente desempeño de Sanders en la interna demócrata), así como la amenaza en Europa de que puedan ganar otros partidos de extrema derecha, son las expresiones más salientes de que este consenso neoliberal que busca hacerse fuerte en la región es el que, a derecha pero también a izquierda, se está descomponiendo en los centros imperialistas. Pero también en la coyuntura, sumado el visible agotamiento de China como motor capaz de seguir operando como contratendencia al crecimiento limitado de EE. UU. y el estancamiento del resto del mundo desarrollado, plantean fuertes interrogantes sobre las posibilidades de estabilizar este giro hacia gobiernos con agenda de “sinceramiento”, que ya están sufriendo además en Brasil y la Argentina el desgaste por el rechazo de vastos sectores de los trabajadores y sectores populares ante los planes de profundizar el ajuste. En lo inmediato ayuda la continuidad de la política de bajas tasas de los EE. UU., pero esto podría no ser suficiente para frenar la caída de inversiones extranjeras que se viene registrando en los últimos dos años.

2. En este contexto internacional, el gobierno se lanzó desde diciembre a aplicar una serie de medidas que representaron un verdadero shock sobre la economía: liberalización cambiaria y devaluación, eliminación de retenciones a las exportaciones, tarifazos, apertura importadora. En pocos meses produjo una espiral de transferencia de ingresos a sectores del capital que supera los 20 mil millones de dólares. Junto con esto, una política monetaria contractiva y una espiral de endeudamiento que agregó a la deuda pública 30 mil millones de dólares, en su mayoría en moneda extranjera y a tasas elevadas. El correlato de una política de transferencia hacia los más ricos, es la descarga de los costos sociales del ajuste sobre los trabajadores y sectores populares. Para los trabajadores registrados, se estima una pérdida de ingresos a causa del aumento del costo de vida que podría estar en 15 por ciento o más para este año.

3. Los resultados que este paquete de medidas tuvo en términos económicos parecen tener en estado de perplejidad al propio gobierno. Confió excesivamente en el poder que tendría la llegada de un elenco de CEOs para traccionar inversiones que hace años venían en declinación. Hemos visto cómo se fue corriendo la anunciada llegada de un punto de inflexión. Primero era el sinceramiento, la vía para crecer. Después, dijeron que el acuerdo con los buitres y el pago de 10 mil millones de dólares marcaría el verdadero comienzo del semestre... ahora está el blanqueo como nueva meta. En el medio, el gobierno saca a relucir que las inversiones estarían llegando. Hace unos días hizo circular que los compromisos de inversión estarían en 30 mil millones de dólares. Mucho de eso son compromisos ya anunciados en 2015, varios tienen plazos de varios años, con lo cual el impacto de las cifras se desdibuja.

4. Vemos que estas expectativas están lejos de cumplirse, y todos los indicadores ilustran una situación de deterioro económico que no sólo no parecería estar a punto iniciar la reversión que el gobierno quiere anunciar, sino que se sigue profundizando. Los datos de empleo recientemente difundidos por el ministerio de Trabajo, que revelan que mayo fue el mes de mayor pérdida mensual de puestos de trabajo en el sector privado formal (60 mil), la dramática caída de la construcción en junio (19,5) y de la industria (6,4), el desplome de la inversión que según Ferreres cayó 5,3 %, exponen este deterioro sin piso. Sólo los cultivos del agro pampeano y la minería se sustraen a la tendencia recesiva, mientras las finanzas prosperan gracias a los altos rendimientos que permites las bicicletas que alimenta la política monetaria. La economía marcha hacia una caída que superará en el año el 2 %.

5. Es que, por un lado, fuera del agro, la minería, o la obra pública, los motivos para inversiones son pocos. Los que invierten para aprovechar el mercado argentino o del Mercosur, ven que Brasil va a caer 8 % en dos años, y en 2017 tampoco parece que vaya a mejorar, que en la Argentina la caída del poder adquisitivo está desplomando el consumo, y obviamente no van a poner plata. Algunos anuncios de inversión entran para aprovechar los planes que proyecta el gobierno, pero acá también golpea en lo inmediato el hecho de que apenas se haya ejecutado un 20 % de lo presupuestado para este año.

6. Pero además del poco atractivo que genera para el capital el deterioro económico actual a la hora de definir inversiones, hay un problema más de fondo para el gobierno, y es cómo evalúan las medidas tomadas los trabajadores y sectores populares por un lado, y los grandes empresarios y financistas, por otro. Para los primeros, se trata de un shock en toda la línea que va a marcar un nuevo año de caída en el poder adquisitivo (como ya se había vivido en 2014 pero en mayor escala). Desde la perspectiva opuesta, en cambio, el plan es visto como excesivamente gradualista en numerosos puntos. Apuntan sobre todo a los objetivos de recorte de los subsidios, vistos como demasiado escalonados. Y además, amenazados por la justicia. La misma evaluación hacen sobre el relajamiento de la pauta para los acuerdos salariales. Aunque los promedios de 30 % en los acuerdos representan una pérdida significativa contra la inflación, están por encima del objetivo original del gobierno de que ninguna supere el 25 %. La cuestión del gasto choca con las aspiraciones de que la gestión estatal absorba una porción menor del plusvalor absorbido a través de los impuestos, y plantea además el interrogante sobre la posibilidad de financiarlo, a pesar de los bajos niveles de endeudamiento heredados gracias al “desendeudamiento” kirchnerista.

7. El gobierno de Macri definió una serie de medidas para contrarrestar los efectos del plan aplicado durante el primer semestre del año. Acelerar el ritmo de la obra pública, y avanzar con la actualización de las jubilaciones son, junto con la apuesta a que se sienta el efecto de las paritarias, las piezas con las cuales el gobierno pretende ejecutar un “control de daños”, algo que frene la caída de la economía cuando se empieza a venir el clima electoral. Es decir, hacer una pausa en el ajuste para retomar la agenda proempresaria de “sinceramiento” en caso de lograr fortalecerse políticamente para hacerlo. En esto el blanqueo se transformó en una pieza central. Con el blanqueo el gobierno apunta a que ingresen capitales que busquen aprovechar las bajas tasa de penalidad (7 % en promedio sobre los fondos declarados) para entrar al país, y se destinen en parte a actividades productivas. En parte, también, busca captar algo de esos fondos para financiar al Tesoro, a través de los bonos intransferibles que ofrecerá como alternativa para quienes no quieran pagar penalidad (sin rendimiento en el caso del bono a 3 años, y con 1 % para el caso del que es a 7 años). A cambio de no cobrar penalidad, aspira a que resulten suficientemente atractivos para atraer fondos, y así financiar el mayor gasto que el gobierno anticipó que va destinar a obra pública sin tener que ampliar la emisión de deuda.

8. ¿Podrá alcanzar el blanqueo para tanto? Habrá que verse si termina más cerca de los 60 mil millones pronosticados por el titular del HSBC Gabriel Martino, o más bien alrededor o incluso debajo de los 20 mil millones de dólares, número con el que el propio gobierno salió a sostener que podría estar conforme. Otra pregunta es: incluso si se cumpliera un pronóstico cercano a los 20 mil millones de dólares, ¿cómo se conecta con la reactivación económica que promete el gobierno? No resulta fácil la respuesta. Excepto por la parte de los fondos blanqueados que se traduzca en bonos que financien el gasto del gobierno y permitan volcar más recursos a la obra pública –monto que nadie se atreve a predecir– no está claro que el destino de los capitales declarados vaya a ser la inversión ni por tanto el estímulo a la actividad productiva. Las tasas de interés que el Banco Central mantiene en 30 % y se resiste a bajar, resultan una invitación a meter los fondos blanqueados en la bicicleta financiera.

9. Sin la pata auxiliar del sindicalismo, así como los gobernadores e intendentes peronistas, el gobierno no podría sostener su agenda. El gobierno cuenta con un formidable apoyo, que es la pasividad de las burocracias sindicales que más allá de alguna confrontación en los discursos mantienen la tregua. A pesar de que con la amenaza del desempleo y el envalentonamiento de las patronales intentan mantener el quietismo en los lugares de trabajo, hay fuertes indicios por abajo de que hay vocación de enfrentar las medidas ajuste. Una primera cuestión en la agenda política hoy entonces para los trabajadores y los sectores populares es concentrar fuerzas en romper esta tregua, pelear desde los lugares ocupados por sectores del sindicalismo combativo y la izquierda por un verdadero paro general para enfrentar el ajuste.

10. Desde sectores del kirchnerismo a comienzos de este año alimentaban la expectativa de que este espacio político sería el puntal de la resistencia contra el ajuste. El terremoto generado por López, pero también la comprobación de la colaboración activa del peronismo en las políticas que se aplican desmintieron rápidamente estas expectativas. Para quienes apostaron honestamente a la perspectiva de una transformación social duradera que pudiera venir de la mano del kirchnerismo, que postuló al Estado como el gran sujeto para encararla y reconstruir una burguesía nacional con su apoyo, son tiempos de reflexión, de barajar y dar de nuevo. Este proyecto político perpetuó el conjunto de las contradicciones que caracterizan el atraso y la dependencia nacional, mientras alegremente afirmaba que estaba haciendo lo contrario. Para generar una fuerza capaz de enfrentar al gobierno de Macri y su política de profundizar las ataduras de la dependencia, pasa por otro lado. Es necesario apostar a la construcción de una fuerza política con inserción en la clase trabajadora y la juventud, que lejos de apuntar hacia un imposible “capitalismo en serio” despliegue un programa anticapitalista y antiimperialista. Hay que girar a la izquierda.






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