Política Venezuela

UNA DISCUSIÓN NECESARIA

Entre las calumnias de Jorge Rodríguez a Óscar Figuera y las “contradicciones” del PCV y la APR

El presidente de la Asamblea Nacional respondió con descarada tergiversación e injurias una crítica, más bien tibia, de parte del diputado del PCV/APR. Aquí nuestro rechazo a este accionar contra Figuera, pero también una discusión sobre el profundo balance crítico que aún no se hace la izquierda chavista y que la hace ser presa de sus propias contradicciones.

Ángel Arias

Sociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts

Sábado 13 de febrero | 23:59

La semana pasada en la Asamblea Nacional, esa elegida en condiciones profundamente proscriptivas, al antojo y conveniencia del gobierno, donde el chavismo gobernante, con el voto del 18% de los electores habilitados (68% de los votos válidos en medio de una abstención de casi el 70%) se hizo con el 91% de los cargos de diputados/as, en esa Asamblea se votaba un acuerdo en conmemoración y apoyo del intento de golpe del 4 de febrero del ’92. Jorge Rodríguez respondió con virulencia un apoyo crítico de Óscar Figuera, secretario general del PCV y diputado por la APR.

Figuera intervino para apoyar parcialmente la resolución, manifestando acuerdo con el punto que exaltaba el 4-F y a Chávez, y planteando desacuerdo con el punto en que la AN se comprometía a continuar “los valores y principios que condujeron” al 4-F, por considerar el diputado que la política actual del gobierno va en contra de ese legado. El primer punto reivindica la “rebelión de la juventud patriótica y militar… bajo el liderazgo del comandante de todos los tiempos, Hugo Chávez”, ante el cual Figuera planteó que “en nombre del Partido Comunista de Venezuela, nosotros vamos a votar a favor del acuerdo”, por considerar que “el 4 de febrero se abre un camino para la liberación nacional y para abrirle perspectivas a la construcción de una sociedad distinta, una sociedad socialista”.

Sin embargo, se abstendrían en el segundo punto, el cual, señaló Figuera, “debiera decir más bien que nos comprometemos a rectificar, hay que rectificar la ruta actual, porque esa ruta actual precisamente está en contravía de los objetivos que se planteó el 4 de febrero el comandante Hugo Rafael Chávez Frías”. Hecha esta salvedad, finalizó confirmando: “Votaremos el acuerdo [por] los elementos esenciales del mismo que reconocen el papel del comandante Hugo Rafael Chávez Frías en la construcción de una ruta para transformar nuestro país en interés del pueblo y de su liberación” mediante la acción del 4F.

Hemos podido ver en el video que circula ampliamente por las redes, la “respuesta” de Jorge Rodríguez, en la que, haciendo una estrambótica amalgama, forzando totalmente los argumentos, comparó unas declaraciones de 2019 del nefasto Elliott Abrams –entonces representante de Trump para Venezuela– con la posición de Figuera y el PCV/APR. “En agosto de 2019 Abrams dijo ‘en un año estaremos haciendo la autopsia del régimen de Maduro’… pero no era la autopsia del régimen de Maduro sino del presidente, de la primera combatiente… un intento de destrucción de la República”, afirmó Rodríguez, y continuó, para armar la amalgama: “En esta misma entrevista dijo [Abrams] ‘hay militantes de izquierda que debemos atender porque están de acuerdo en que Maduro debe salir, en que se debe rectificar, y que una cosa es Chávez y otra cosa es Maduro’. Es decir, casi al calco las palabras que acabamos de escuchar”.

Entonces, dedujo “lógicamente” Rodríguez, que la posición de Figuera y el PCV, “no es una discusión política ni una solicitud de rectificación, es una intencionalidad, una quinta columna, una cuña”. Clásico del gobierno: descalificar la crítica que se le hace desde la izquierda, señalándola como favorable al imperialismo. En este caso no se limitó al repetido estribillo de siempre del chavismo, sobre que las críticas desde la izquierda “le hacen el juego al imperialismo (o a la derecha)”, sino que llegó al extremo infame de plantear que la posición no es genuina, que no es porque realmente tengan críticas, sino que lleva la intencionalidad de una quinta columna jugando para los objetivos del imperialismo estadounidense.

La andanada de silogismos siguió acusándolos de “coincidir” y “estar de acuerdo” con los asesinatos de militantes revolucionarios y las matanzas del pueblo en general, ocurridas en Guatemala y El Salvador en los 80’s, en las que tuvo responsabilidad el político imperialista. Completaron el cuadro los aplausos fervorosos cada tanto, incluso de pie, de parte de la bancada oficialista ante las palabras de Rodríguez, los diputados del que ya va siendo uno de los gobiernos más entreguistas en la historia contemporánea del país, responsable de la mayor caída de las condiciones de vida del pueblo y de una destrucción salarial jamás vivida, acompañado de métodos represivos cuasi-dictatoriales contra el pueblo trabajador, aplaudían y gritaban sonrientes “¡La patria no se vende, la patria se defiende!”.

La calumnia es indignante y reprochable siempre. Si lo sabremos quienes militamos en una tradición revolucionaria con la del trotskismo, contra la cual se vertieron las falsificaciones y calumnias más grandes hechas contra una corriente revolucionaria, en especial por el stalinismo. Por supuesto, rechazamos y deploramos las calumnias y la amalgama totalmente infundada del PSUV y el gobierno, en la persona de Jorge Rodríguez, contra la posición de Figuera, el PCV y la APR. Tal como hemos denunciado los diferentes ataques que recibió la APR desde su aparición.

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Sin embargo, el ataque del gobierno/PSUV es solo una parte de este asunto, otro aspecto es la propia política que han tenido tanto el PCV como el conjunto de quienes hoy se agrupan en la APR, de un seguidismo y apoyo no solo al proyecto de Chávez en general, sino también al mismo gobierno de Maduro hasta “no hace mucho”: tan cerca como hasta los primeros meses del año pasado, es decir, no ha pasado ni aún un año de que el PCV y las organizaciones de la APR dejaran de apoyar a este gobierno. Y aún, luego del “deslinde”… siguen, desde la mayor tribuna pública que tienen, pidiendo “rectificación”, en el marco de apoyos críticos.

Por esto nos parece pertinente volver sobre algunas discusiones claves que abordamos meses atrás sobre la APR, con el objetivo de abrir un diálogo político y debate franco con los compañeros y compañeras militantes de la APR que se proponen llevar adelante una política revolucionaria.

Entre los pedidos de rectificación y el deslinde que nunca fue: la cuota de responsabilidad del PCV (y las organizaciones de la APR) en la situación actual

Seamos directos. El PCV, y la APR de conjunto, están recibiendo dosis de un autoritarismo gubernamental que contribuyeron a fortalecer, así como contribuyeron también a la debilidad en que se encuentra el movimiento obrero y popular para hacerle frente a este gobierno. Y de eso en la APR no hacen ningún balance crítico, parecieran reivindicar el camino que los condujo hasta este presente indeseado.

La extrema debilidad actual de la clase trabajadora y el conjunto del pueblo pobre ante el poder burgués (gobierno y capitalistas), la facilidad con que el gobierno de Maduro y las FF.AA. imponen su voluntad a las masas, no eran en modo alguno un destino inevitable, no eran la única realidad posible. Como les planteamos en un artículo previo:

“La historia, sobre todo la de la lucha de clases, no se puede comprender de modo fatalista, rendidos ante los hechos consumados, como si fueran el único resultado posible. Precisamente es en el terreno de la lucha, de la estrategia y la política revolucionaria, donde, partiendo por supuesto de determinadas condiciones materiales concretas, se dirimen los resultados de la historia. Los revolucionarios no pueden juzgar los hechos exteriormente, de manera ‘objetivista’, sin considerarse a sí mismos como parte del cuadro de elementos y fuerzas actuantes, sin sopesar su papel en los hechos, lo que hicieron o dejaron de hacer”.

Puesto ante una realidad económica distinta a la que gestionó Chávez, y habiendo heredado de este una altísima deuda externa y enorme fuga de capitales, así como altos niveles de estatización y pasivización del movimiento obrero y popular, y un fuerte posicionamiento de los militares en la gestión gubernamental, el de Maduro giró prontamente hacia un gobierno ajustador y cada vez más represivo, camino en el que siguió siendo apoyado por los partidos y grupos de la APR. Quienes hoy conforman la APR no dejaron de dar apoyo político a ese gobierno, al tiempo que, consecuentes con eso, nunca plantearon ante los trabajadores y sectores que influencian, que una tarea clave era derrotar mediante la lucha los planes del gobierno.

Un momento clave de ese proceso es cuando, para responder al profundo descontento social y a la ofensiva de la derecha proimperialista, el gobierno avanzó combinando mayor autoritarismo y entreguismo, primero con las sentencias del TSJ 155 (para reforzar medidas autoritarias contra la protesta y la disidencia política) y 156 (para firmar acuerdos entreguistas con el capital transnacional sin pasar por el parlamento), y luego con la farsa de “Asamblea Nacional Constituyente”. El PCV, PPT y demás grupos de la APR estaban ahí firmes con el gobierno.

Esa pantomima de ANC, impuesta mediante un gran fraude electoral (al día de hoy no hay resultados publicados) y el poder de los militares, significó un reforzamiento del poder burgués constituido, desde el cual no solo se hacía frente a la oposición de derecha sino también a la protesta obrera y popular. Desde allí se avanzó rápidamente con leyes entreguistas, como la nueva ley de inversiones extranjeras, leyes con las cuales se ha cebado la represión contra los trabajadores y el pueblo pobre, como la “ley contra el odio”, se pisoteó la voluntad de pueblos enteros que escogieron alcaldes a los que se les arrebató el triunfo, alcaldes del propio chavismo que contaban con el apoyo de partidos de la hoy APR (caso emblemático el del municipio Simón Planas en Lara). Nada de eso fue motivo para que el PCV ni el PPT rompieran con el gobierno.

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Desde que asumió en 2013 hasta finales de 2020 –fecha en que surge la APR–, el de Maduro fue tornándose un gobierno cada vez más represivo con el pueblo, incluso manchado con sangre de protestas populares, y en todos esos no dejó de contar con el apoyo político de las organizaciones de la APR años –salvo alguna excepción tardía–. En el caso del PCV, a mediados de 2016 anunciaron una política de “deslinde” que, sin embargo, nunca llegaba. Operativos policiales asesinos contra la juventud de los barrios pobres, acabar una huelga de Sidor con amenazas y militarización de la empresa, persecución y represión a trabajadores por luchar o denunciar, nada de eso tampoco fue razón para romper con el gobierno.

Al contrario, tan cerca como a mediados de 2019, uno de los principales dirigentes del PCV, pedía a nombre de su partido que la ANC disolviera el parlamento, es decir, le pedían al instrumento autoritario de la casta gobernante, impuesto por las FF.AA., que aplicara más autoritarismo contra otro poder burgués. Más aún, en esa misma entrevista, Carlos Aquino hacía una vergonzosa defensa del gobierno de Maduro y las FF.AA., al decir que las violaciones de derechos humanos no eran una política de gobierno, sino solo de algunos funcionarios: “no es una política de Estado... No lo vemos como un lineamiento emanado desde los más altos niveles de gobierno... Ocurre en instituciones del Estado. Ocurre con funcionarios del Estado. Pero no es un lineamiento”. Semejante lavada de cara a un gobierno asesino que, nada más entre finales de enero y febrero de ese año, había dado muerte a decenas de manifestantes, la mayoría de los sectores populares.

De hecho, hace pocos meses, aún ya existiendo la APR, y luego de que el gobierno interviniera judicialmente sus partidos para arrebatarles el control, el comunicado del PCV (21/08) solo atinaba a decir que se trataba de una “peligrosa tendencia al ejercicio autoritario del poder que se está instaurando en sectores del gobierno nacional”. Apenas una tendencia, que apenas se está instaurando, pero solo en algunos sectores del gobierno...

En lo que hace la política económica, mientras el PCV, en la vocería de Aquino, llamaba en 2014 a “aplicar las orientaciones de Maduro”… resultó que las orientaciones de Maduro de ese año en adelante fueron un durísimo ajuste capitalista por vía inflacionaria y de depreciación brutal de la moneda, volviendo añicos los salarios y condiciones de vida, privilegiando los pagos de deuda externa al capital financiero internacional y la fuga de capitales, a expensas de las necesidades elementales del pueblo y del país. Pero el PCV, PPT y demás grupos seguían apoyando al gobierno. En 2018 este gira a un ajuste “ortodoxo” de “estabilidad macroeconómica” y brutales ataques neoliberales contra la clase obrera y los sectores populares, sin embargo, luego de anunciado semejante paquetazo, el periódico del PCV titulaba: “Faltan más medidas a favor del pueblo” (¡!). Lejos de llamar a los trabajadores a ponerse en pie de guerra, como lo haría cualquier organización que dice defender los intereses de los trabajadores, seguían apoyando políticamente al enemigo de clase y se ubicaban como sus consejeros: luego de cuestionar algunas de las medidas le daban consejos sobre cuáles deberían ser las medidas a tomar.

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Frente único obrero no, frente único con el gobierno burgués sí

El apoyo político del PCV y el PPT a ese gobierno ajustador, hambreador y represivo, se complementaba con una negativa a desarrollar la lucha de clases para derrotarlo en las calles. Cualquiera que haya tenido que ver con las luchas del movimiento obrero todos estos años, sabe que el PCV (y su Frente Nacional de Lucha de la Clase Trabajadora - FNLCT), se negaba obstinadamente a señalar a Maduro y su gobierno como responsables de las políticas antiobreras, prefiriendo apuntar solo contra algún ministro o funcionario de segundo orden, así como eran también contrarios a impulsar la coordinación y masificación por la base para hacer grandes acciones de lucha (huelgas, paros regionales, ocupación de fábricas, tomar las calles, etc.), limitando la “lucha” a pequeñas concentraciones demostrativas ante el Ministerio del Trabajo para presionar porque se instalaran “mesas de trabajo”… contribuyendo con esa política del gobierno para dormir las luchas y derrotarlas.

De esta manera, el PCV no solo sustituía la lucha de clases por la rutina del sindicalismo burocrático, sino además progubernamental, puesto que se negó siempre a la unidad con trabajadores en lucha que no apoyaran al gobierno de Maduro.

Así, mientras en el segundo semestre de 2018 se vivió el intento más importante que ha tenido la clase obrera por ponerse en pie de lucha contra los brutales ataques del gobierno, con luchas duras como el paro nacional de las enfermeras y movilizaciones en las empresas básicas, la administración pública, docentes y universitarios, entre otros, el PCV y el FNLCT contribuyeron a la división de las fuerzas obreras al negarse tajantemente a sumar fuerzas para la lucha. ¿Por qué? Porque esas luchas enfrentaban abierta y decididamente la política gubernamental. El PCV prefirió mantener a los trabajadores que influenciaba aislados de esa dinámica de lucha, limitados a concentraciones ante alguna oficina del ministerio del Trabajo en las que se debía declarar la lealtad al chavismo, el apoyo al gobierno… y se pedía “rectificación”. Condenando a la impotencia a esas luchas.

“Los comunistas” se negaron a un frente único obrero, un frente de clase, para enfrentar la política antiobrera del gobierno, prefiriendo en cambio mantenerse en frente único con el gobierno burgués, es decir, un frente de colaboración de clases. En lugar de un frente obrero para fortalecer la capacidad de lucha de la clase, y en ese camino disputar con las direcciones sindicales que son correa de transmisión de la oposición burguesa proimperialista en el movimiento obrero, prefirieron un frente con el gobierno capitalista… y en ese camino pedirle “rectificación” y, por enésima vez, que por favor los tomara en cuenta para la “dirección colectiva” del gobierno (petición compartida por el PPT). ¡No querían que el movimiento obrero derrotara en las calles y con la lucha de clases al gobierno hambreador y represivo, querían que Maduro los tomara en cuenta para ser parte del gobierno!

Y esta falta grave, de preferir ser aliados de un gobierno burgués en lugar de apostar a la unidad de clase en las luchas, ha llegado al extremo de que durante todos estos años de profundización del autoritarismo contra el movimiento obrero, el PCV no ha formado parte de las organizaciones que luchamos por la libertad de los trabajadores presos por luchar, sino que se ha limitado a pedir por la libertad solo de aquellos que están identificados explícitamente con el chavismo y el gobierno; por lo cual toda una serie de obreros y habitantes de sectores populares presos, no existen para el PCV, no han formado parte hasta el día de hoy, de sus pedidos de libertad. Con lo cual abona a una lógica nefasta y reaccionaria que en realidad no lucha contra la criminalización en sí de las luchas obreras y populares, que no pone como principio la defensa de las libertades democráticas de la clase, sino que pone por delante como condición para exigir las libertades democráticas de los trabajadores o manifestantes populares, la identificación ideológica con el gobierno o el chavismo, dejando a su suerte al resto de la clase o del pueblo que no sea chavista (o de su partido).

Una muestra más de una política totalmente inconsecuente con el enfrentamiento que desde la clase obrera y el pueblo pobre se debe tener frente al gobierno. Una grave falla política que arrastra al conjunto de la APR, por cuanto Figuera, que es su único diputado y principal referente público, expresa esa posición.

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¿No se van a sacar lecciones de una política tan errada? ¿Se seguirá el camino que condujo a la impotencia actual?

¿Acaso hubiese sido la misma realidad actual del movimiento obrero, si partidos como el PCV y el PPT, que dirigen varios sindicatos, cuentan con cientos de militantes en el movimiento obrero, suman en general miles de afiliados y simpatizantes, y cierta influencia electoral (expresada en 170 mil votos el pasado 6-D), hubiesen tenido una política diferente?

Posiblemente una ubicación correcta, acorde con las exigencias elementales del clasismo –es decir, sin ninguna subordinación al gobierno burgués–, no hubiese sido suficiente para cambiar todo el rumbo de los acontecimientos, pero sí hubiese podido significar una mejor y más dura resistencia, con luchas ejemplarizantes, e incluso algunas victorias. Hubiese hecho posible batallas que, habiendo triunfado, sirvieran de estímulo y punto de partida para un cambio en la correlación de fuerzas y en la moral de combate de nuestra clase. En fin, la posibilidad de una situación mucho mejor que la actual para la clase obrera. En cambio, se facilitó el camino a las derrotas y a los elementos de desmoralización.

De hecho, no solo sobre esta actitud ante el gobierno ajustador y represivo de Maduro cabe el balance… porque tampoco allí comienza la historia que nos ha llevado hasta aquí. ¿Acaso está todo bien para la izquierda revolucionaria, “marxista” y “leninista”, reivindicar el 4-F y el proyecto de Chávez? Sobre el significado del 4-F y la desmitificación que del mismo toca hacer desde la izquierda, hemos escrito ampliamente en un folleto de 2012, al cual remitimos a las lectoras y lectores interesados. Baste por acá con señalar que cualquier militante revolucionario en Venezuela tiene que poder explicar cómo llegamos aquí: ¿cómo fue que ese pueblo que hizo la revuelta de febrero del ’89, que a pesar de la sangrienta derrota protagonizó en los 90’s un ascenso de luchas, que fue la pieza fundamental para derrotar un golpe de Estado apoyado por el imperialismo estadounidense (abril 2002) y para derrotar dos meses de duro paro patronal y saboteo a la industria petrolera, terminó tan impotente para enfrentar los brutales ataques a sus condiciones de vida? ¿Qué relación hay entre el proyecto de Chávez, sus gobiernos y lo que ha venido después?

En artículo anterior sobre la APR señalamos parte central de nuestra explicación:

“La continuidad bajo Chávez del saqueo del país por los capitales imperialistas (a pesar de las pugnas y las políticas tibiamente nacionalistas), y por las distintas fracciones de la burguesía nacional, están en la base de la severa crisis que se nos vino encima. Así mismo, la estatización de las organizaciones obreras y populares o su encuadramiento bajo la disciplina estatal, su confianza en alcanzar sus demandas mediante la legalidad del Estado burgués administrado por un gobierno ‘amigo’, los golpes duros del gobierno y desarticulación de aquellos procesos que se salían de lo permitido, la renovada confianza en unas Fuerzas Armadas ‘del lado del pueblo’, todo esto fue desarmando políticamente a las organizaciones obreras, campesinas y populares, y anulándolas como instrumentos de lucha capaces de presentar batalla cuando, al cambiar bruscamente las condiciones económicas, ‘se rompió el pacto distribucionista’ y el Estado pasó a primer plano su faz ajustadora y represiva, violentando incluso sus propias leyes ‘progresivas’ del período anterior”.

Si no discurre por allí la explicación, ¿cuál es entonces? Pero de acordar con estos elementos que planteamos, ¿no corresponde a los militantes de la APR que se reivindican anticapitalistas, incluso marxistas, hacer un profundo balance y sacar lecciones estratégicas por izquierda?

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Las últimas dos décadas de la lucha de clases en nuestro país, ameritan de las revolucionarias y los revolucionarios estudios y reflexiones profundas para este balance más estratégico, lo que incluye, naturalmente, revisar la política de las propias organizaciones en las que uno ha militado. En lo inmediato, consideramos que es impostergable para las y los militantes de la APR discutir sobre toda esa política que tuvieron ante Maduro y si va a seguir siendo hoy casi la misma: combinando apoyos críticos, cuestionamientos parciales, con llamados a la “rectificación”, y la sempiterna negativa a desarrollar la lucha de clases ni frentes únicos de clase –incluso ni siquiera para luchar por la libertad de todos los trabajadores presos por luchar–, limitando la “lucha” a actos demostrativos de los militantes y simpatizantes que se identifican con el chavismo. Todo lo cual, no solo los ha llevado en el pasado reciente a ser parte –conscientes o no– de quienes contribuyeron a debilitar la capacidad de lucha de la clase obrera, sino que también, de hecho, los condena a la impotencia ante esos ataques y calumnias del gobierno/PSUV.

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