Cultura

Murió Luis Sepúlveda: el artista chileno fue víctima del Covid-19

La pandemia del Covid-19, este jueves 16 de abril, toma el aliento del internacionalmente reconocido artista chileno Luis Sepúlveda Calfucura a sus 70 años, víctima de una neumonía asociada al coronavirus, en Asturias.

Viernes 17 de abril | 11:44

La pandemia del Covid-19, este jueves 16 de abril, toma el aliento del internacionalmente reconocido artista chileno Luis Sepúlveda Calfucura a sus 70 años, víctima de una neumonía asociada al coronavirus, en Asturias.

Nacido en Ovalle, el primero de octubre de 1949, con una vida llena de aventuras y desventuras, el cineasta, periodista y escritor del hermoso libro “Un Viejo que leía Novelas de Amor”, fallece a las 10:18 horas. Este galardonado personaje, quien llevaba 48 días internado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), fue el primer paciente diagnosticado con Covid-19 en Asturias.

Iniciada su vida consciente del mundo en que vivía, a los quince años se adentra a la militancia en las Juventudes Comunistas de Chile, para luego militar en el Ejército de Liberación Nacional, una fracción del Partido Socialista. Publicó su primer libro poemario a los 17 años, se llamaba a sí mismo como “rojo, profundamente rojo”, y dijo haber vivido los mejores años con la Unidad Popular (UP). Con la dictadura de Pinochet lo encerraron en el Regimiento Tucapel de Temuco por casi tres años, y le conmutaron 28 años de cárcel por ocho años fuera de sus tierras chilenas, en el exilio.

En 1977 es sacado de Chile contra su voluntad, pasando por Buenos Aires, Montevideo y Brasil, Paraguay, Perú, Bolivia y Ecuador, donde conoce a los indios Shuar e ingresa a la Brigada Internacional Simón Bolivar, con quienes partieron a Nicaragua para vivir en carne propia y ser partícipes de la Revolución Sandinista, en 1979, para luego asentarse en Alemania, Hamburgo. Más adelante fue corresponsal de Greenpeace navegando por los mares del mundo entre 1983 y 1988.

«Contar bien una buena historia y no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos.»

Con personajes de su alter ego Belmonte, entregó aventuras literarias como exguerrillero y escolta de Allende, intrigas policíacas con referencias al intento de libertad de Miguel Krasnoff condenado a 1.000 años de cárcel, las torturas abominables de Pinochet, y a quienes pasaron por el infierno de Villa Grimaldi, con el fin de «hacer memoria» y combatir «a quienes defienden la amnesia como razón de Estado, como se quiso hacer en Chile».

Sin duda, una vida de altos y bajos, marcados por la realidad y la política, del lado de los pobres y desposeídos, con increíbles narrativas dignas de todos los reconocimientos recibidos.

Y que, nuevamente, deja al descubierto como hoy las políticas de gobiernos de diferentes países desmantelaron los sistemas de salud pública y privatizaron la salud y ciencia, viviéndose ahora las consecuencias, sin detectar tempranamente la infección del virus con testeos masivos y aumento del presupuesto para hospitales, garantizando insumos y todos los implementos necesarios para enfrentar esta pandemia.

Antonio José Bolivar Proaño se quitó la dentadura postiza, la guardó envuelta en el pañuelo y, sin dejar de maldecir al gringo inaugurador de la tragedia, al alcalde, a los buscadores de oro, a todos los que emputecían la virginidad de su amazonía, cortó de un machetazo una gruesa rama, y apoyado en ella se echó a andar en pos de El Idilio, de su choza, y de sus novelas que hablaban de amor con palabras tan hermosas que a veces le hacían olvidar la barbarie humana.

Un Viejo que leía Novelas de Amor. Luis Sepulveda. 1989.






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