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Red Internacional

Panorama económico. “Festival” de importaciones y sangría de dólares: ¿se frena la recuperación económica?

Cristina Kirchner volvió a apuntar contra el Banco Central por la merma de divisas. El crecimiento de la economía impulsa la suba de importaciones producto de la estructura atrasada y dependiente del país. Las exigencias del FMI, tasas más altas y ajuste del tipo de cambio, limitan la expansión de la economía. La mejora económica no fue para todas y todos.

Viernes 24 de junio | Edición del día

La semana culmina con la aprobación del FMI de la primera revisión del acuerdo con Argentina y el organismo girará U$S 4.100 millones. Fondos que el Gobierno necesita para fortalecer las alicaídas reservas del Banco Central.

La “falta” de dólares fue otra vez uno de los ejes que cuestionó la vicepresidenta Cristina Fernández el pasado lunes durante un acto de la CTA, donde criticó al Banco Central, entre otros, porque se le escurren los dólares.

La presidenta del Senado puso el foco en la salida de dólares por las importaciones y las maniobras de las empresas que aprovechan el acceso al mercado oficial para conseguir divisas baratas. Son conocidas las maniobras que realizan las grandes empresas de subfacturación en las ventas al exterior o sobrefacturación de importaciones. ¿Esto solo explica la falta de dólares? Un aspecto que se omite es que la recuperación de la economía provoca el salto de las importaciones producto de la estructura atrasada y dependiente del país.

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La dependencia de la industria

Un problema central es que la industria necesita para funcionar un porcentaje elevado de componentes importados. Como describe Esteban Mercatante “la dependencia de insumos importados existió desde los comienzos del desarrollo industrial del capitalismo dependiente argentino, y siempre operó como un freno para la producción, dado que por cada punto porcentual de aumento del producto las compras al exterior crecen por encima de ese 1 %”.

Esta situación empeoró en los 90 por la pérdida de varias cadenas de proveedores locales y por la reconfiguración de cadenas globales de valor que sustituyeron proveedores locales por otros extranjeros. Durante los gobiernos kirchneristas no hubo transformaciones significativas en la estructura productiva y no hubo cambios sustanciales del aparato productivo. Claro, esto no lo mencionó la vicepresidenta.

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Esto es lo que explica una parte considerable del aumento de las importaciones. En mayo el Indec confirmó un nuevo salto de las compras al exterior. Según el último informe de Intercambio Comercial Argentino las importaciones aumentaron a U$S 7.870 millones, un máximo histórico, un 53,1% en relación al mismo mes del año pasado y en lo que va del año alcanzaron los U$S 32.722 millones, un alza del 44,2% en comparación al mismo período de 2021. Si se analiza la composición de dichas importaciones predomina el aumento de combustibles y lubricantes básicos y elaborados, que aumentó un 205,3% en los primeros cinco meses del año en relación al 2021, también bienes de capital (+36,7%), bienes intermedios (34,8%). Si se analiza la evolución histórica se observan aumentos de las importaciones entre 2003-2008, 2010-2011, y 2021, años que coinciden con los de crecimiento de la economía.

Además de la merma de dólares por las importaciones, la economía también pierde dólares por el pago de deuda (esta semana se pagó al FMI U$S 2.700 millones), deuda del sector privado, la remisión de utilidades de las grandes empresas extranjeras y la fuga legal e ilegal. Esta pérdida evita juntar reservas en el Banco Central, otra meta que exige el Fondo, y disminuye potencial de crecimiento a la economía. En el comunicado del FMI publicado este viernes la titular del organismo, Kristalina Georgieva, reconoce que los precios mundiales más altos de los alimentos y la energía desafían los objetivos fiscales y de acumulación de reservas de Argentina.

Los dólares son un insumo importante para que no se frene el crecimiento y puede ser un cuello de botella que fuerce al Gobierno a frenar la economía para garantizar los dólares para honrar la deuda. En este sentido, la consultora Ecolatina advierte que “de cara al segundo semestre, cuando la oferta de divisas decae por motivos estacionales y el deterioro de la balanza energética y de servicios se agudiza, el panorama se complicará: la meta de reservas le pone un tope a las importaciones que se pueden pagar con la oferta disponible de divisas”. Si bien las exportaciones aumentaron por la suba de precios internacionales, se enciende otra alarma por la posible decisión de la FED de una mayor suba de la tasa de interés que abaraten las commodities, lo que empeoraría el saldo comercial.

El informe de Ecolatina agrega que el Gobierno se enfrentará al dilema de “no obturar la provisión de insumos y, con ello, la reactivación, o priorizar el cumplimiento del compromiso asumido ante el FMI mediante la administración de las importaciones y/o convalidando una aceleración en la devaluación”. Es decir, se agrega un posible escenario de mayor devaluación que los aumentos del tipo de cambio que ya realiza el Gobierno, incremento que podría acelerar aún más la inflación. La consecuencia sería un mayor golpe al bolsillo de la clase trabajadora.

Recuperación precaria

El Producto Bruto Interno (PBI) creció 0,9 % en el primer trimestre del año aunque en la comparación interanual, subió 6,0 %, según informó este jueves el Indec. Una leve suba, y se prevé una desaceleración de la actividad económica. Según el relevamiento del Banco Central (REM), en el segundo y tercer trimestre habría una caída de la economía del 0,9 % y 0,4 %, respectivamente.

Si bien en 2021 hubo recuperación económica el PBI fue de 3 puntos porcentuales menor que en 2011 y 5 puntos porcentuales más bajo que en 2015 y 2017 (los años de mayor producción en la última década). En términos de producto per cápita el país atrasa incluso más de una década.

Además del problema de los dólares, hay que recordar que el mismo acuerdo con el FMI incluye en sus metas un débil crecimiento, se prevé “un crecimiento potencial en torno a 1,75 % - 2,25 % a mediano plazo”. La política de suba de tasas de interés que realiza el Banco Central y la devaluación en dosis del peso argentino limitan la recuperación de la economía.

Por su parte, la proyección de la economía argentina tampoco se puede analizar por fuera del panorama mundial. El último informe Perspectivas económicas mundiales elaborado por el Banco Mundial advierte que se exacerbó la desaceleración de la economía mundial y que podría convertirse en un período prolongado de escaso crecimiento y elevada inflación.

La contracara de la recuperación de la economía argentina es que no llegó a mejorar las condiciones de vida de las trabajadoras, los trabajadores y los sectores populares. La inflación continúa siendo un flagelo para las mayorías populares, así la canasta alimentaria aumentó un 62,3 % en un año, por encima de la suba de precios general. La desocupación afecta a 1,5 millones de trabajadores y hay más de 7 millones de trabajadores no registrados, es decir que no tienen aportes jubilatorios. El poder de compra de los trabajadores aún está por detrás de los niveles del 2015, mientras mejoraron los negocios de todos los grandes empresarios. A la luz de estos resultados, no hubo un Estado “estúpido” como dijo Cristina Fernández. Como lo definió Marx hace muchos años en el Manifiesto comunista, el Estado moderno es “una junta que administra los negocios comunes de la burguesía”, así lo que hubo en los últimos años fue un proceso de recuperación de las ganancias de los grandes empresarios.

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